miércoles 27/10/21
ENTREVISTA | INMACULADA DE LA FUENTE

Republicanas, ilustradas y... ¿burguesas?: un libro clarificador

Tras la edición digital de Las republicanas burguesas, Punto de Vista Editores publica en papel el clarificador libro de Inmaculada de la Fuente. La  historia menos conocida de la intelectualidad republicana: la de sus mujeres.

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"La echadora de cartas", de María Blanchard

Inmaculada de la Fuente, escritora y periodista, estudió Historia Moderna y Contemporánea y Periodismo y entre 1977 y 2012 ha ha estado profesionalmente vinculada al diario El País. Premio Nacional de Periodismo en la modalidad de Reportajes y Artículos literarios. En los últimos años ha dedicado buena parte de su labor a la elaboración de ensayos biográficos de mujeres de la generación de la Segunda República y la posguerra. Fruto de ese trabajo ha sido la reciente publicación de la biografía de María Moliner (El exilio interior. La vida de María Moliner, Turner, 2011). Es autora, además, de la novela Años en fuga (El Acantilado, 2002) y de ensayos de temática histórica como Mujeres de la Posguerra. De Carmen Laforet a Rosa Chacel, historia de una generación (Planeta, 2002) y La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36 (Planeta, 2006). Colaboró en la obra colectiva Historia de las mujeres de España y América Latina (Cátedra, 2006, tomo IV) con el capítulo “Escribir su propia historia”. La reciente publicación de Las republicanas burguesas (tanto en edición digital como en papel) ha venido a situar en el centro de los estudios históricos de nuestro país un espacio poco conocido de la trayectoria intelectual y artística durante la Segunda República, la de las mujeres. Con Inmaculada de la Fuente hemos mantenido una larga y rigurosa entrevista. Necesaria y de una indiscutible actualidad en los tiempos que corren.

Nueva Tribuna: Las republicanas burguesas tiene su origen en una serie de artículos que publicaste en la revista cultural Clarín. ¿Estabas ya pensando en el libro en aquellos momentos o éste surge a posteriori, al ver en perspectiva el conjunto?

Inmaculada de la FuenteInmaculada de la Fuente: No, no fue premeditado. Inicié la serie en 2006 con Constancia de la Mora, de quien acababa de publicar una biografía cruzada con su hermana Marichu (La roja y la falangista, Planeta). Y continué  con el dedicado a Zenobia Camprubí. De ahí fueron saliendo oros nombres y nuevas semblanzas y cuando me acerqué a la veintena descubrí que había un libro en ciernes; más tarde al seleccionarlas para el libro, quedaron fuera algunas otras, generalmente porque no coincidían con la época  o por no tener vínculo con el periodo republicano.

IF: Exacto, les une la voluntad regeneracionista y la búsqueda de un lugar en el mundo, pero su grado de compromiso político es diverso. Tanto Isabel Oyarzábal de Palencia, Zenobia Camprubí, María Moliner o Josefina Carabias apostaban por la educación y la cultura para mejorar el país. Ese fue el núcleo principal de su lealtad republicana. Constancia de la Mora e Isabel Oyarzában son las que tienen un perfil político más nítido, ya que militaron, respectivamente, en el PCE y en el PSOE. También hay diferencias individuales claras: el exilio de Mercè Rodoreda y Remedios Varo, con todas sus vicisitudes y penurias, está marcado por la creatividad y el crecimiento interior. Algo, por otra parte, que une a las exiliadas como las que fueron depuradas  y condenadas al "exilio interior". Aunque fueron derrotadas no dieron la batalla de las ideas por perdida. 

NT El calificativo burguesas, en el el libro, se aleja del término que se suele utilizar en economía. Eran, en su mayoría, mujeres de una clase acomodada, pero creo interpretar que es más sinónimo de "ilustradas". A ello te refieres en el prólogo. ¿Burguesas ilustradas?

IF: Interesante pregunta, pero no, la acepción de "burguesas" señala justamente la condición de hijas de clase media y por tanto de la burguesía. Quiero destacar el papel reformista de la Segunda República y su aceptación por parte de sectores de la burguesía, generalmente "ilustrada". Así que lo de ilustradas sería un complemento más. Lo que sucede es que al tratarse de catorce mujeres no a todas les va igual de bien el término burguesa: Constancia de la Mora, por ejemplo, procedía de la alta burguesía y su familia se movía en la esfera del poder. María Moliner, por el contrario, aun siendo hija de médico y habiendo tenido servicio su familia cuando era niña, pasó a tener serias dificultades cuando su padre se marchó a Argentina y no regresó. En realidad utilizo el término burguesa en oposición a obrera o proletaria, y, desde luego, en un sentido nada peyorativo. Aunque la Segunda República y sus leyes reformistas encontraron un inevitable eco en los sectores desfavorecidos, no es menos cierto que para las clases burguesas ilustradas -y para la minoría de mujeres que reivindicaban más derechos- supuso una gran oportunidad histórica para que la sociedad española apostara por la modernización.  

NT: Todas ellas, desde la nacida más temprano como Isabel Oyarzábal, en 1878, hasta la más "joven" cuando se proclama la República, Leonora Carrington, nacida en 1917, adolescente entonces, cubren el espacio de dos generaciones por lo menos. ¿Hay un mayor impulso revolucionario en las más jóvenes y más conservador en las nacidas en el siglo XIX? 

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IF: Podría hablarse, si, de dos generaciones, pero en el sentido meramente cronológico como de atmósfera social y cultural: en algunas, predomina la idea regeneracionista junto a la influencia orteguiana y otros presupuestos propios de la llamada generación del 14; otras están vinculadas a las primeras conquistas de la década de los veinte y las libertades alcanzadas en la de los treinta, junto a la gran frustración generada por la sublevación militar y la hecatombe de la Guerra Civil, con el escalofriante saldo de víctimas y el retroceso histórico en todos los órdenes. No creo que se pueda decir que las mayores lucharon menos, quizás solo difirieran las formas: Oyarzábal se comprometió como la que más con el Gobierno republicano durante la contienda; aunque quizás sea más llamativa la contundencia de Çonstancia de la Mora al ingresar en el PCE a los pocos meses del golpe militar para combatir a los sublevados de forma más organizada. El caso de Leonora Carrington es excepcional, porque para empezar no era española, pero, huyendo de la ocupación nazi de París se topó con la iniciada posguerra española y  fue recluida en una clínica mental de Cantabria. Su historia es muy potente y tiene vínculos importantes con Remedios Varo. Ambas razones fueron las que me incitaron a incluirla en esta recopilación.

NT: Algunas se comprometieron políticamente llegando incluso a militar, como Constancia de la Mora, en el partido comunista, otras limitaron su compromiso al ámbito profesional (ser arquitecta, como Matilde Urcelay, ya era casi una provocación)... pero la mayoría se situó en la izquierda moderada. ¿Es así?

IF: Es que pedir derechos, estudiar carreras que habían sido solo de hombres y defender la modernidad eran opciones sensatas, de izquierda moderada. La Segunda República, sobre todo en sus inicios, era eminentemente reformista. La llamada Revolución vino después, cuando este primer experimento de vida democrática se vio frenado por la intransigencia de unos y las prisas de otros, que además, tenían hambre. España necesitaba reformas, cualquiera podía verlo, y los privilegiados se resistían, lo que frustraba aún más a los impacientes. Y cuando las urnas dieron paso a la derecha, resulta que, aunque formalmente era un Gobierno republicano, parte de su acción fue renegar de lo hecho en el primer bienio... Volviendo a Matilde Ucelay: fue la primera mujer con titulo de arquitecto. Termino justamente en 1936, meses antes de que se cerrara la Universidad al iniciarse la guerra. Su "delito" fue apoyar a un compañero para reabrir el Colegio de Arquitectos de Madrid (la cúpula había huido y había sido cerrado) para dar sensación de normalidad. Esa "rebeldía" y el hecho de que en el homenaje que se le hizo al acabar la carrera asistieran varios prohombres republicanos, le valieron la prohibición de firmar sus obras en el franquismo.    

maricc81a-molinerNT: ¿Es posible establecer una relación directa entre sus vidas y los avances del feminismo y, en general, del protagonismo de la mujer en la sociedad española?

IF: Sin duda. Isabel Oyarzábal fue una de las fundadoras del Lyceum Club (como Zenobia Camprubí) y formó parte de varias asociaciones que reivindacaban el derecho al voto.Estuvo presente, por tanto, en las primeras oleadas de feministas. Constancia de la Mora, por su parte, fue una de las primeras mujeres de clase alta de la época que se puso a trabajar y fue ella posiblemente la primera dentro de su clase que se acogió a la ley de Divorcio de 1932 y se casó por lo civil con el militar republicano Ignacio Hidalgo de Cisneros. La dictadura  impuso un paréntesis, cortó los incipientes avances en esta materia, pero a partir de los años cincuenta diversas mujeres del mundo del derecho y del periodismo comenzaron a denunciar sutilmente los excesos del patriarcado y demostraron la injusticia de considerar a la mujer una perpetua menor de edad legal. Entre ellas Josefina Carabias, que apoyó con sus artículos cualquier avance legal a favor de la mujer, al igual que defendió la candidatura de María Moliner a la Real Academia de la Lengua en 1972. 

NT:. Revisando las biografías de quienes protagonizan el libro, advertimos una doble pugna: con los valores dominantes en la sociedad y con el propio ámbito familiar. Da la impresión que todas vivieron, con mayor o menor grado de intensidad, esa doble lucha.

IF: Algunas, como Carmen de Zulueta, Isabel de Oyarzábal o Zenobia Camprubí, sí contaron con la complicidad familiar y pudieron estudiar lo que quisieron. Al igual que María Brey, Matilde Ucelay y las hermanas María y Matilde Moliner. Otras, como De la Mora, tuvieron que romper con su entorno. Constancia de la Mora tuvo una educación esmerada, pero clasista e inútil para los tiempos venideros y, aunque logró que sus padres le dejaran ir unos años a Reino Unido, se plegó a la vida que le estaba destinada hasta que se separó de su primer marido y vio que su necesidad de cambio estaba ligada a la suerte de España, que en 1931 se disponía a cambiar. En el caso de Josefina Carabias, una adolescente que leía a Unamuno en la España rural, no fue tanto la oposición familiar como la social: tuvo que estudiar el bachillerato por libre y casi en secreto porque en Arenas de San Pedro (Ävila), su ciudad, solo había un centro educativo que preparara para Secundaria y al que en la práctica solo iban chicos, y siendo ella la única chica, en el entorno vecinal no se veía bien que una jovencita compartiera las aulas con varones, por lo que su padre se apresuró a sacarla.. 

"Fue, al menos, la edad de la excelencia -y de las oportunidades-, en la que coincidieron mujeres de talento excepcional en diferentes campos"

NT: Carmen de Zulueta se enamoró de Nueva York, tuvo una inclinación fuertemente cosmopolita. ¿Hasta qué punto esa inclinación impregnó la labor del resto de las republicanas del libro?

IF: Isabel Oyarzábal se exilió en Estados Unidos (era bilingüe); el exilio de Zenobia entre Cuba y Puerto Rico es más conocido: siguió a Juan Ramón y murió sabiendo que le concedían el Nobel -un Nobel que en realidad era un reconocimiento moral a su dedicación al poeta-. Remedios Varo se marchó a París y de allí, huyendo del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, recaló en México. En cuanto a Mercè Rodoreda, se hizo escritora -encontró su voz y su estilo- entre París y Ginebra. 

NT: María Moliner, Mercé Rodoreda, María Blanchard, Remedios Varo... ¿Se puede hablar de una "edad de oro" del protagonismo femenino en nuestra cultura en la primera mitad del siglo XX?

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IF: Fue, al menos, la edad de la excelencia -y la de las oportunidades-, en la que coincidieron mujeres de talento excepcional en diferentes campos. María Moliner ya era una mujer excepcional antes de hacer el Diccionario: colaboró con las Misiones Pedagógicas en el área de Valencia y durante la Guerra Civil dirigió la Biblioteca Universitaria y otras muchas actividades...Rodoreda fue autodidacta. Apenas tenía estudios reglados -dejó de ir a la escuela muy pronto- pero se puso a leer y escribir en su casa y gracias a los vientos de cambio de los años treinta empezó a ir a las redacciones a ofrecer entrevistas, comenzó a publicar y, cuando marchó al exilio lo hizo ya arropada dentro de un grupo de poetas y escritores catalanes. Luego vinieron las angustias y las penalidades y tuvo que trabajar de  modista para sobrevivir pero al mismo tiempo iba escribiendo sus cuentos y pergeñando su estilo. En cuanto a Blanchard, la gran cubista, estamos ante la artista total que comparte con Juan Gris o Diego Rivera el París de las vanguardias de igual a igual. En realidad, María Blanchard no es propiamente republicana, por razones cronológicas, pero las mujeres de la Segunda República, a iniciativa de Clara Campoamor, le rindieron un homenaje en el Ateneo de Madrid a su muerte, un acto de reconocimiento en el que Federico García Lorca le dedicó una Elegía. Blanchard, ambiciosa como artista y aquejada de un defecto físico, no podía vivir en la España oscurantista e ignorante de principios del siglo XX: marcharse a París fue su salvación. Pero qué duda cabe que en la España reformista de los años treinta sí hubiera tenido sitio y afinidades. 

NT: El surrealismo, las vanguardias, la gran mutación que para la literatura supuso la Generación del 27, han sido casi siempre estudiadas desde la óptica del protagonismo masculino.  ¿La aportación de las mujeres fue silenciada? ¿Fue de mayor alcance de lo que nos cuenta la historia "oficial"?

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IF: Desde luego, la historia de la cultura no ha sido escrita pensando en las mujeres. Eran musas, o esposas, o hijas o amantes... Pero claro que estuvieron y que fueron. Se ha pasado de silenciarlas a elegir solo a una como representante de cada época o especialidad. En la generación del 27 o en la llamada Edad de la Plata había mujeres, claro está. Maruja Mallo, por ejemplo, era la cuarta cabeza creativa del triángulo formado por los amigos de la Residencia Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel... Se empieza a reconocer, pero es que resulta que Mallo no fue la única surrealista, ahí está Remedios Varo, una surrealista con una personalidad cautivadora. 

NT: La Guerra Civil y, sobre todo, la dictadura de Franco, cortaron de raíz ese impulso plural de las mujeres "burguesas" republicanas. ¿De qué forma se adaptaron al destierro aquellas que tuvieron que abandonar España? 

IF: Hubo de todo. Isabel Oyarzábal se adaptó bien y escribió libros, y Carmen de Zulueta encontró su lugar en Nueva York y se convirtió en hispanista y memorialista de la España que conoció de niña y que descubría en sus viajes posteriores. Era una mujer muy austera aun viviendo en su acomodada casa, siempre abierta a los españoles del exilio o de la cultura que vivían o visitaban Nueva York. Rodoreda lo pasó mal al principio, pero en Ginebra logró escribir a destajo y convertirse en la escritora que quiso ser. Constancia de la Mora, exiliada en México, murió demasiado joven, a los 44 años, pero ya acusaba el distanciamiento de ciertas consignas partidistas (el PCE liderado por Uribe provocó sucesivas divisiones entre los comunistas españoles refugiados), una cierta bohemia y una constante melancolía de la España republicanas en la que se descubrió a sí misma y fue feliz... Remedios Varo también sufrió la inestabilidad que acompañó a tantos refugiados, pero en la segunda parte de su vida se asentó como pintora...

NT: ¿Y las que, como María Moliner, María Brey y Matilde Moliner, permanecieron en el exilio interior? Pasar de la ilustración democrática, progresista al dominio del nacionalcatolicismo y al "feminismo" de la Sección Femenina debió suponer para ellas un trauma brutal. ¿Cómo lo vivieron?

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IF: Nada de lo que habían hecho antes de la Guerra Civil servía en el nuevo régimen. Al contrario, les perjudicaba, ya que fueron depuradas. Era el mundo al revés. Cuando pensamos que el Lyceum Club terminó siendo la sede del Club Medina de la Sección Femenina de la Falange, podemos imaginarnos el panorama. Tuvieron que reinventarse, vivir su pasado con discreción y verlas venir. María Moliner, que era muy práctica, decidió que no iba a llorar, desde luego. A pesar de no ser política militante, optó por quemar cualquier documento o vestigio republicano cuando las tropas franquistas entraron en Valencia y volvió a su antiguo puesto de archivera olvidándose de sus anteriores cargos.  Luego en la segunda parte de su vida, cumplidos los cincuenta, se puso a hacer el Diccionario que siempre había querido consultar y que nadie había hecho hasta entonces..  ...

NT: ¿Crees que Las republicanas burguesas es un libro atractivo para las nuevas generaciones, para quienes han nacido en democracia, bajo la égida de la Constitución de 1978?

IF: Claro. Son mujeres de vida y trayectoria interesantes desde cualquier punto de vista, incluido el humano. Y, además, algunas son más modernas y audaces de lo que lo fueron sus hijas, por lo que son un buen espejo para la generación de sus nietas o biznietas. Si le añadimos el elemento histórico, es de justicia reconocer su trayectoria. La memoria no es rescatar el pasado sin más, sino comprender los avatares de las generaciones precedentes con visión amplia, sin enfoques preconcebidos ni interesados.  

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Fotografías insertas en el texto: de arriba abajo, Inmaculada de la Fuente, Mercé Rodoreda, María Moliner, Zenobia Camprubí y óleo de María Blanchard.

Republicanas, ilustradas y... ¿burguesas?: un libro clarificador
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