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domingo. 27.11.2022

El reinado de Isabel II va desde el veintiocho de noviembre del año 1843 hasta el treinta de septiembre del año 1868, cuando tiene que abandonar el país debido a la llamada revolución del sexenio democrático.

Veremos dos partes en este artículo, una primera parte donde relato los principales hechos políticos de su reinado y que es lo que se explica en la universidad y una segunda parte donde explicaré aquellos aspectos oscuros que nunca les serán explicados en los textos oficiales de la Historia de España.

  1. ISABEL II Y EL TRÁNSITO HACIA EL MODERANTISMO
  2. LA CONSTITUCIÓN DEL AÑO 1845
  3. LA ETAPA COMPRENDIDA ENTRE EL DOS DE MAYO DELAÑO 1844 Y EL CATORCE DE ENERO DEL AÑO 1851
  4. SU EDUCACIÓN
  5. SU MATRIMONIO

ISABEL II Y EL TRÁNSITO HACIA EL MODERANTISMO

Isabel II no estaba preparada para la política y siempre estuvo en manos de sus consejeros. Con frecuencia se ha hablado de la camarilla que rodeaba a Isabel II.

Cuando triunfó la revolución anti-esparterista, que integraba a moderados y progresistas, se nombró un gobierno dirigido por Joaquín María López que transcurre entre el veintitrés de julio y el veinte de noviembre del año 1843.

El nuevo presidente del Consejo de Ministros pensaba que la única solución para acabar con las conmociones que tenían sumido al país en una permanente anarquía, era dar por finalizado el periodo de las Regencias y declarar mayor de edad a Isabel II, a pesar de que todavía le faltaba un año para poder ocupar el trono, tal como establecía la Constitución del año 1837 en su artículo 56º.

Se convocó una reunión de las Cortes Generales en la que después de algunas objeciones se aprobó la medida, el ocho de noviembre del año 1843.

Joaquín María López dimitió y propuso a Salustiano Olózaga como presidente. Era un hombre del partido conservador y contaba con el apoyo del general Narváez, hombre fuerte del partido. Olózaga había sido preceptor de Isabel II y fue uno de los que la iniciaron en sus prácticas sexuales.

Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía. Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres

Retrato de Isabel II pintado por Federico Madrazo en el año 1846
Retrato de Isabel II pintado por Federico Madrazo en el año 1846

Promulgó una amnistía total para los seguidores del general Espartero, modificó la ley de Ayuntamientos en el mismo sentido que se había planteado a raíz de la revolución del año 1840 y rearmó a la Milicia Nacional. Esto significaba un cambio brusco, que provocó la desconfianza de Narváez y los moderados.

Los moderados del general Narváez presentan a Pedro José Pidal como presidente del Congreso de los Diputados y no al candidato de Olózaga que sale derrotado y no hay otra solución que la disolución del las Cortes Generales.

Con Salustiano Olózaga termina ese período de tiempo de tránsito que se había abierto con el triunfo sobre el general Espartero y se inicia una etapa de claro predominio de los moderados, que la historiografía ha acuñado con el nombre de “La década moderada”.

El conde de Miraflores señala los dos errores que a su juicio hicieron caer a los progresistas del poder:

  • No haberlo compartido con los moderados, con lo cual se exponían a ser zancadilleados por ellos.
  • Haber identificado su suerte con la de Salustiano Olózaga.

La crisis en la que quedaron sumidos los progresistas hará que gobiernen prácticamente sin oposición, lo cual, por otra parte, propicia un periodo de relativa estabilidad política como no se volvería a conocer en todo el reinado.

Intento de asesinato de Isabel II
Intento de asesinato de Isabel II

González Bravo gobierna desde el cinco de diciembre del año 1843, al tres de mayo del año 1844, formando un gobierno puente hacia el moderantismo. Su política en el gobierno fue muy autoritaria, sobre todo frente a algunos brotes de insurrección progresista.

Disolvió la Milicia Nacional y sometió a la prensa a una severa censura. Creó una comisión de reforma del sistema tributario presidido por Javier del Burgo y que contaba con dos técnicos de reconocido prestigio como eran Alejandro Mon y Ramón de Santillán, quienes años más tarde culminarían una profunda reforma de la Hacienda Española.

La medida que mayor trascendencia tomó el gobierno de González Bravo fue la creación de la Guardia Civil, mediante Real Decreto, del veintitrés de marzo del año 1944, y cuyo artífice y organizador fue el duque de Ahumada, que era segundo hijo del marqués de Amarillas.

Trata de cubrir una acuciante necesidad, cuál será la de procurar la seguridad de los campos y caminos de la geografía española, dominados por toda clase de bandoleros, salteadores y contrabandistas.

Su modelo fue la gendarmería francesa, y su eficacia, probada repetidamente, fue haciendo desaparecer paulatinamente los distintos cuerpos armados, de carácter local existentes hasta entonces.

LA CONSTITUCIÓN DEL AÑO 1845

El tránsito hacia el moderantismo culminó cuando, el dos de mayo del año 1844, la reina Isabel II nombraba un gobierno presidido por el general Narváez, entre el tres de mayo del año 1844 y el doce de febrero del año 1846. Desde ese momento los moderados consagraron todos sus esfuerzos a poner en práctica sus ideas políticas.

Había diversas tendencias dentro de los conservadores:

  •  La facción llamada Viluma, que preconizaba la idea de la reconciliación nacional, una síntesis entre la tradición y la revolución.

Este grupo defendía un sistema representativo pero restringido y auténtico, no por medio de los partidos políticos, sino a través de los cuerpos sociales. Era un sistema más o menos doctrinario, que trataba de reflejar las ideas de todos los españoles y que pretendía la reconciliación con los vencidos en la guerra civil de los carlistas.

  • El grupo de los puritanos, encabezados por Joaquín Francisco Pacheco, que buscaba un moderantismo estrictamente legal y constitucional, se separó del grueso del partido con motivo de la discusión del proyecto de la Constitución del año 1945. Son partidarios del orden y la conservación de los logros del liberalismo, pero quieren un moderantismo legal y la aplicación estricta de las leyes existentes.

Preconizan un entendimiento con los progresistas y Pacheco junto con Ríos Rosas, lanza la idea de un turno de partidos en el poder, determinado por unas elecciones sinceras y limpias.

  • La gran masa centrista de los moderados, cuyo cerebro era Pidal y su cabeza visible era el general Narváez, no mostraban especial preocupación por la reconciliación y se basaban en el principio de que el poder no se otorga, se conquista. Convencidos de la idea de la selección de los mejores, creían que éstos eran los moderados y, por consiguiente, no se planteaban la concordia entre los extremos.

Ramón María Narváez disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones en las que fue elegido un solo diputado de la oposición. Se planteó la necesidad de reformar la Constitución del año 1837 en las nuevas Cortes.

La Constitución del año 1845 expresa con exactitud el ideario político del moderantismo. Está dividida en trece títulos y estos en ochenta artículos. Lo primero que se reforma es el preámbulo, en el que se justifica la existencia histórica de dos grandes instituciones, la Monarquía y las Cortes Generales, que acuerdan sus voluntades para regularizar y poner en consonancia las necesidades actuales del Estado, los antiguos fueros y libertades de estos reinos.

Es decir, se omite la mención de la soberanía nacional y se incluye el principio de soberanía compartida, más en consonancia con el ideario moderado.

Los derechos de los ciudadanos no aparecen especificados en dicha Constitución sino simplemente se regulan.

Se introdujeron algunas modificaciones en la composición y en la naturaleza del Congreso de los Diputados. La duración del mandato parlamentario se aumento de tres a cinco años.

Desaparece la cláusula según la cual si el rey no convocaba las Cortes en un año, éstas debían reunirse obligatoriamente el uno de diciembre, aunque se mantenía aquella que establecía que en el caso de la disolución de las Cortes por el Rey, habría de celebrarse nuevas elecciones en el plazo de tres meses.

El número de diputados aumentó a 349, para que así pudiesen estar mejor representados todos los intereses del país.

Se restringía el cuerpo electoral, de tal manera que sólo se concedía el derecho a voto a los españoles mayores de veinticinco años, que pagasen 400 reales de contribución directa y a determinadas capacidades o categorías profesionales que pagasen la mitad de esa cantidad.

Si en la ley electoral con la Constitución del año 1837, el número de españoles con derecho a voto oscilaba entre las 500.000 y 600.000 personas, ahora quedaba reducida a unos 97.000 votantes.

Se cambian las circunscripciones provinciales por los distritos, con el objeto de que cada elector votase al mismo número de candidatos, eliminando así la presunta desigualdad que significaba que los votantes de las provincias más numerosas votasen una lista más grande que las de las provincias más pequeñas.

El Senado sufrió las reformas más importantes, puesto que los legisladores estimaron que con una composición electiva, tal como se contemplaba en la Constitución anterior, no existía una gran diferencia con el Congreso.

Descartado el Senado electivo y también el hereditario se estableció una Alta Cámara de designación regia entre determinadas categorías que disfrutaban de determinadas rentas, con un número ilimitado y de condición vitalicia.

La figura del Rey queda reforzada al retirarse algunas de las limitaciones a su libertad que establecía la Constitución del año 1837. La más discutida de todas fue aquella que se refería una autorización por una ley especial para que pudiese contraer matrimonio.

La función de los Ayuntamientos queda reducida a la meramente administrativa, ya que se le quita toda dimensión política que venían ejerciendo, principalmente al servicio del partido progresista.

El Título X se conserva igual salvo el enunciado del epígrafe. En vez de poder judicial pasó a denominarse como administración de justicia.

En el Título XIII se suprime un artículo que hace referencia a la Milicia Nacional, con lo que se elimina un instrumento, que los progresistas habían usado a su antojo y que se habían convertido en fuente de agitación y de revuelta frente a los gobiernos moderados.

El aspecto más importante de la Constitución del año 1845, es que el gobierno puede contar con una Cámara, el Senado y reunir, suspender o disolver el Congreso de los Diputados, sin más cortapisa, que la de reunirla obligatoriamente una vez al año para aprobar los presupuestos y convocar su elección dentro de los tres meses posteriores a su disolución. Esto permitió a los gobiernos conservadores mantenerse con la sola confianza regía, mientras que las Cortes permanecían cerradas.

La Constitución del año 1845 es la base política sobre la que descanse el sistema liberal hasta la Revolución del año 1868 y si la Constitución del año 1837 había significado una transacción entre los principios moderados y los progresistas, la del año 1945 tienes un claro signo conservador.

LA ETAPA COMPRENDIDA ENTRE EL DOS DE MAYO DELAÑO 1844 Y EL CATORCE DE ENERO DEL AÑO 1851

El general Ramón María Narváez decidió aplicar una política autoritaria dado su temperamento y su carácter más dado a la acción que a la reflexión.

Eso le llevó a infringir la Constitución que el mismo acababa de hacer aprobar, con la justificación de que había que hacer frente a una difícil situación y que era necesario salvar las instituciones y conservar los logros conseguidos. Declaró el estado de sitio en varios lugares del país y procedió a encarcelar a algunos enemigos políticos y suprimió la institución del jurado.

Los progresistas, quienes desde la aprobación de la Constitución se habían aplicado a su tarea revolucionaria, renunciaron a la participación política mediante el retraimiento.

Las dificultades del general Narváez fueron importantes pues tenía que hacer frente no sólo a estas insurrecciones progresistas, sino a las intrigas de las camarillas de su propio partido.

Cuando se analiza el reinado de Isabel II puede dar la impresión de que los diez primeros años de su reinado, la llamada “Década moderada”, constituyen un periodo de estabilidad política. Nada más lejos de la realidad.

La dimisión de Narváez fue la primera de una continuada y frecuente serie de crisis ministeriales, que ponían de manifiesto que, a falta de un progresismo fuerte, era suficiente la división y los enfrentamientos entre los propios moderados para provocar la crisis. Hasta junio del año 1854 hubo doce gobiernos diferentes, alguno de los cuales sólo se sostuvo en el poder por espacio de horas.

El marqués de Miraflores es nombrado presidente el doce de febrero del año 1846 y gobierna hasta el tres de marzo del mismo año. A diferencia del general Narváez contó con el apoyo de una gran mayoría en las Cortes y con la opinión favorable de la prensa. Su propósito era el de dar primacía a las leyes por encima de las pasiones y de los intereses particulares.

Encauzó las negociaciones con la Santa Sede, tomó algunas medidas fiscales, consistentes en la reducción de algunos impuestos y se mostró contrario a la candidatura del conde de Trapani al matrimonio con Isabel II. Esta postura le granjeó la enemistad de Narváez.

Narváez volvió desde el día diecisiete de marzo del año 1846 hasta el seis de abril del mismo año. En el espacio de esos diecinueve días de gobierno, dejó de nuevo constancia de su autoritarismo y de la intransigencia de su talante.

Utilizó el procedimiento de gobernar por decreto para no tener que someterse a lo que llamaba discusiones políticas irritantes, con la intención de dar cuentas a las Cortes posteriormente a sus actos. Se publicó la nueva ley electoral, tomó medidas para llevar a cabo una repoblación forestal y para reorganizar la Academia de las Bellas Artes.

Javier Istúriz gobernó del cinco de abril del año 1846 al veintiocho de enero del año 1847. Tuvo que enfrentarse a muchos problemas, pero pudo tener la satisfacción de ver resuelto uno que era muy importante, cual fue el matrimonio de Isabel II.

La cuestión del matrimonio de la reina se había planteado ya antes de la mayoría de edad, cuando se produjo el intento de casarle con el hijo del infante don Carlos para dar término a la guerra civil carlista y contribuir con ello a la reconciliación nacional.

Francisco de Paula de Borbón Sicilia, conde de Trapani era un hombre serio, piadoso, que había sido educado por los jesuitas y aunque era apoyado por Francia, no era bien visto por Austria, que temía que de esta forma se escapase de su tutela el reino de las Dos Sicilias. Dentro de España, los progresistas rechazaban esta candidatura por tratarse del hermano de la odiada ex-regente y por contar con el apoyo del gobierno francés.

Se habló también en el año 1844 de la candidatura del hijo del monarca francés, Luis Felipe de Orleans, el duque de Aumale.

Otra posibilidad que el gobierno barajó fue la del príncipe Leopoldo de Sajonia Coburgo pero un acercamiento de las dos naciones no interesaba a Francia.

Francisco de Asís, duque de Cádiz, era un hombre poco inclinado a la política y con escasa personalidad por lo que no contaba con grandes enemigos. Francia aceptó a este candidato si se concertaba al mismo tiempo la boda de Luisa Fernanda con el quinto hijo de Luis Felipe y la doble ceremonia se celebró el día diez de octubre del año 1846, el día que Isabel II cumplía dieciséis años.

El matrimonio de Isabel II constituyó un fracaso y la incompatibilidad de caracteres provocó su separación temporal. El rey consorte se marchó a vivir al palacio de El Pardo, mientras que la reina manifestaba su inclinación por el general Serrano, quien tuvo que ser alejado de Madrid mediante su nombramiento como Capitán General de Granada.

La crisis del matrimonio real afectó al gobierno de Istúriz, el cual perdió apoyos tras las elecciones que se celebraron el veinticinco de diciembre del año 1846. Los progresistas consiguieron mayor número de escaños y, unidos a los puritanos de Pacheco, hicieron dimitir a Istúriz.

El duque de Sotomayor gobernó desde el dieciocho de enero del año 1847 al veintiocho de marzo del mismo año. Mostró propósito de esforzarse por conseguir a unión del moderantismo en su discurso ante las Cortes.

Los progresistas, los carlistas y, sobre todo, la facción puritana, reforzada por incorporaciones como la de José de Salamanca o el general Serano, se encargarán de hacerle la vida imposible.

Le sustituye Joaquín Francisco Pacheco que gobernó entre el veintiocho de marzo del año 1847 y el doce de septiembre del mismo año y no dio muestras de una exquisita aplicación de las leyes. Se valió de la intriga, violó la legalidad. Intentó tender a mano a la oposición progresista pero no tuvo ningún resultado.

Le sustituye el general Narváez y gobierna desde el ocho de octubre del año 1847 hasta el catorce de enero del año 1851. La estabilidad gubernamental contribuyó a la unión de las distintas facciones moderadas, que junto a la firmeza de Narváez, permitieron a éste desempeñar el poder de una forma dictatorial.

Narváez tuvo que enfrentarse pronto a una prueba difícil, la crisis económica y los sucesos revolucionarios del año 1848. En cuanto a la crisis económica puede clasificarse como la típica crisis de crecimiento, consecuencia de la alegre y desordenada expansión de los años anteriores y también de los malas cosechas entre los años 1846 y 1848.

De todas formas, no era una crisis específicamente española, pues gran parte de Europa se vio afectada. La carestía de productos agrícolas, la crisis financiera y la quiebra de numerosas compañías industriales, desencadenaron en varios países europeos un nuevo ciclo revolucionario, que tuvo también repercusiones en España.

Loja - Monumento al General Narváez
Loja - Monumento al General Narváez

El veintiséis de marzo del año 1848, se desarrollaron en Madrid unos incidentes promovidos por el ala radical del progresismo, entre cuyos elementos destacaban ya Fernando Garrido, Sixto Cámara, José María Orense, Ordax Avecilla, que no tardaron en integrarse en el nuevo partido demócrata. Los elementos más viejos del progresismo no se atrevieron a dar el paso adelante y la revuelta sólo fue protagonizada por un millar de personas.

El siete de mayo, el levantamiento reunía las típicas características del pronunciamiento militar, pues lo encabezaban hombres como Gándara, Buceta, Serrano y Muñiz y el peso de la acción corría a cargo del Regimiento España, que tenía su sede en el cuartel de San Mateo en Madrid. Narváez simplemente aplastó el levantamiento.

La revolución del año 1848 se redujo en España a una intentona revolucionaria abortada. La revuelta tuvo su trama conspiratoria, en la que hubo una clara participación de Inglaterra para tratar de favorecer en España el restablecimiento de un gobierno progresista, más proclive siempre a ofrecer ventajas a sus intereses comerciales.

El general Narváez salió fortalecido y el hecho de haber detenido la revolución en los Pirineos le convirtió en un héroe para las fuerzas conservadoras de España y de Europa.

Las obras públicas del general Narváez
Las obras públicas del general Narváez

En mayor o menor medida, las distintas fracciones del moderantismo cerraron filas con motivo de los acontecimientos del año 1848. La formación de un bloque unido facilitó la tarea del gobierno de Narváez y explica su mayor perdurabilidad. Al mismo tiempo, se registró a partir de entonces un deslizamiento del progresismo hacia la izquierda que daría origen a la formación del partido demócrata en el año 1849.

Se termina de construir el Palacio de las Cortes en la Carrera de San Jerónimo y también pudieron culminar las obras del Teatro Real. Se urbanizó la Puerta del Sol y se dispuso el abastecimiento de agua a Madrid, mediante la construcción del canal de Isabel II, que fue inaugurado el once de agosto del año 1851.

Las obras públicas fueron impulsadas en todo el país y otros departamentos como el de Comercio, Industria e Instrucción Publica en manos de Bravo Murillo o el de la Gobernación dirigido por Sartorius desplegaron una importante actividad y llevaron a cabo numerosas reformas económicas y administrativas.

Narváez no era bien visto por los personajes más importantes de las Cortes, en la que contaba con la antipatía del propio rey consorte. Esta falta de entendimiento no es suficiente para explicar la dimisión de Narváez del diecinueve de octubre del año 1849, y el nombramiento del fugaz gobierno del conde de Cleonard, que tras unas horas, dio paso de nuevo a Narváez.

Éste continúo gobernando durante más de un año con un gran desgaste político, sobre todo por la erosión que suponía la falta de simpatías con que contaba en palacio. Algunos de sus ministros dimitieron como Bravo Murillo, disconformes con la política de alegre dispendio que practicaba el gobierno.

La dimisión del general Narváez se produjo el diez de enero del año 1851. Desaparecía el hombre que había sido capaz de aglutinar las diversas facciones del moderantismo, apagando temporalmente las ambiciones egoístas, que volverían a salir a flote durante los años siguiente del reinado de Isabel II.

La segunda parte del artículo es de lo que la historia de España nunca cuenta veamos:

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SU EDUCACIÓN

La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre.

Su educación además dependía de los vaivenes políticos, como ocurrió en el año 1841 cuando se produce un cambio radical, siendo nombrado un nuevo preceptor. A ello hay que unir, que con trece años es nombrada Reina de España, podemos entender como fue fácil presa de la manipulación partidista e interesada.

Tampoco el poder político, ya fueran los progresistas o moderados, se preocuparon de preparar a Isabel II, pues todos partían del principio básico, de que cuanto más ignorante permaneciera, mejor resultaría servirse de ella y de su cargo.

El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores Salustiano Olózaga [1], hombre inteligente y que destacaba por su gran preparación jurídica. Recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.

Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III. Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos.

Isabel II tenía un carácter temperamental y apasionado, al mismo tiempo que mostraba una ardiente sensualidad probablemente heredada de su madre. Otro aspecto muy reseñable era su gran generosidad y su ánimo alegre y vivaraz, que hacía muy agradable su presencia.

Isabel II se vio fácilmente manipulada por los intereses partidistas, tanto por sus familiares como por las camarillas cortesanas y determinados políticos. Al mismo tiempo, se veía las dificultadles que tenía para cumplir de forma eficaz las funciones políticas que el sistema constitucional le confería.

De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones [2] de Isabel II:

“A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida”.

Isabel II era una mujer con escasas cualidades intelectuales, como se puede comprobar en las Cartas que se conservan de la Reina en la Academia de la Historia de Madrid, podremos observar la simpleza de sus planteamientos.

SU MATRIMONIO

El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Este matrimonio se convierte no sólo en una cuestión de Estado sino en un problema europeo, pues lo que todos quieren es que no se rompa la actual situación de alianzas y equilibrios, que había en ese momento en Europa. Todos los países maniobran para que la nacionalidad del nuevo Rey no perjudicase sus alianzas e intereses.

Su madre María Cristina, plantea como marido al conde de Trapani [3], que era hermano de su madre y en consecuencia tío carnal. Francia plantea la candidatura del duque de Montpensier [4], que era hijo de Luis Felipe. También aspiraba el infante Enrique que era el segundo hijo de Francisco de Paula y de Luisa Carlota, hermana de su madre María Cristina, pero esta candidatura se vino abajo por su colaboración en el alzamiento carlista de Galicia.

Mientras sectores sociales españoles apoyan la idea de casarla con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín [5], hijo de Carlos María Isidro, el cual abdicó para facilitar el enlace, con lo que el problema dinástico se hubiera evitado, pero Isabel II no aceptó. Para ello contó con el apoyo de los liberales, y ahí está el origen de la segunda guerra carlista.

El general Narváez propuso a Francisco de Paula de las Dos Sicilias, conde de Trapani, pero este fue rechazo por los progresistas. La madre reina, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, propone a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que era pariente de la reina Victoria. Luis Felipe de Francia apoya la candidatura de cualquiera de sus dos hijos, Enrique de Orleans, duque de Aumale [6] o de Antonio, duque de Montpensier, que acabó casándose con la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda de Borbón.

Se celebra la conferencia de Eu, donde tanto Francia como Inglaterra renuncian a que sus candidatos se casasen con Isabel II, por lo que se opta por Francisco de Asís de Borbón, que era considerado un hombre apocado y de poco carácter, que no iba a interferir en la política

Francisco de Asís de Borbón, hijo del Infante Francisco de Paula y de Luisa Carlota, era además primo hermano de Isabel. Esta elección satisfacía a todos los sectores políticos del país, porque lo consideraban un personaje políticamente inocuo y además se fundían en una sola las dos ramas reales.

La boda se celebró en Madrid, el diez de octubre del año 1846, cuando Isabel cumplía dieciséis años, siendo una boda doble pues también se casó su hermana Luisa Fernando de Borbón, que tenía catorce años con el príncipe Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo menor de Luis Felipe I de Francia.

La expresión que se oía esos días en España era: ¡Pobres niñas, condenadas a sendos matrimonios de conveniencia para salvar el trono!

Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio [7], le presionaron para que aceptara. Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: “He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería”.

Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo “que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía”.

La presencia de Francisco de Asís enseguida levantó muchos dichos populares y se crearon numerosas coplas como la siguiente:

Isabelona / Tan frescachona / y don Paquita / tan mariquita

Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía. Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres. Esto producía constante separaciones. Son conocidas, como determinadas personas debían intermediar entre la pareja regia, como fue el general Narváez, el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret [8] y hasta el mismo Papa, Pío IX.


[1] Se le nombra preceptor de Isabel II (reina desde 1833, pero aún bajo regencia de su madre María Cristina). Opuesto a la Ley de Ayuntamientos de la Regente y con un claro apoyo al progresismo y a Baldomero Espartero en su enfrentamiento con aquella, tomó parte activa en la caída de María Cristina. Al ascender Espartero al poder, fue nombrado embajador en París, donde trató de conciliar las posiciones oficiales españolas con las tramas que realizaba María Cristina en el exilio. Tras la caída de Espartero y recién nombrada Isabel II mayor de edad y Reina de España, fue nombrado presidente del Consejo de Ministros.
[2] Álvaro de Figueroa Torres, más conocido por su título de conde de Romanones o, más abreviadamente, Romanones, (Madrid, 9 de agosto de 1863, 11 de septiembre de 1950) fue un político español. Fue presidente del Senado, presidente del Congreso de los Diputados, varias veces ministro y tres veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII. Formó parte delPartido Liberal de Sagasta y Canalejas. Ostentó el título de I conde de Romanones.
[3] Conocido en España como Francisco de Paula de las Dos Sicilias, fue príncipe de Dos Sicilias, perteneciente a la dinastía borbónica y Conde de Trápani. Aunque el Conde de Trápani fue uno de los candidatos para casarse con su sobrina Isabel II, ésta finalmente terminó casándose en 1846 con el duque de Cádiz. Él, por su parte, se casó el 10 de abril de 1850 en Florencia con su sobrina María Isabel, hija de María Antonieta.
[4] Fue un príncipe francés, miembro de la familia real francesa, y de la española por matrimonio. Era el hijo menor de Luis Felipe I, rey de los franceses, y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, princesa de las Dos Sicilias. Es considerado el principal instigador del asesinato del General Prim, habiendo financiado a los autores materiales del mismo.
[5] Conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro de Borbón, pretendiente al trono de España como Carlos V, y de María Francisca de Braganza.
Al igual que su padre, Carlos Luis fue pretendiente carlista al trono de España con el nombre de Carlos VI, y también fue conocido como Conde de Montemolín.
[6] Fue un príncipe francés de la Casa de Orleans, a quien su padre el rey Luis Felipe I, le otorgó el título de Duque de Aumale. Es un personaje bastante conocido por su papel como impulsor del Museo Conde de Chantilly. Escritor y coleccionista, fue propietario delCastillo de Chantilly que al final de su vida donó al Instituto de Francia. Fue miembro de la Academia Francesa desde 1871.
[7] Sor Patrocinio, más conocida como la Monja de las Llagas, cuyo nombre de bautismo era María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo, fue una religiosa de la Orden de la Inmaculada Concepción, de gran presencia en la vida social y política española durante la segunda mitad del siglo XIX, debido a la influencia que ejerció sobre la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asís de Borbón.
[8] San Antonio María Claret y Clará fue arzobispo de Santiago de Cuba y confesor de la reina Isabel II de Borbón. Fundador de lacongregación religiosa católica de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Misioneros Claretianos) el 16 de julio de1849 y, con la venerable María Antonia París de San Pedro, de la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas, el 27 de agosto de 1855.

El reinado de Isabel II, Reina de España