viernes 06.12.2019
CULTURA | UNA CONVERSACIÓN CON EMMA RODRÍGUEZ

"Es preciso recuperar el sentido transformador y combativo de la literatura"

Factores como la crisis económica y la revolución digital están generando nuevos proyectos y no pocas reflexiones. Sobre ello, Manuel Rico ha conversado, con tiempo y espacio por delante, con Emma Rodríguez, promotora, con Nacho Goberna, de Lecturas Sumergidas..

©Nacho Goberna / LS / Emma Rodríguez
©Nacho Goberna / LS / Emma Rodríguez

En el ya lejano 1989, Emma Rodríguez fue una de las artífices del suplemento de libros de El Mundo cuando este periódico daba sus primeros pasos. Aquel suplemento, en el que publiqué mis primeras críticas literarias, lo dirigía Manolo Longares, uno de los escritores que marcarían  la narrativa de finales del siglo XX y principios del XXI. En aquella redacción, situada en un local no demasiado grande en lo que fuera el polígono industrial del madrileño barrio de Prosperidad, aquella jovencísima periodista ya apuntaba un fuerte compromiso con la cultura y, sobre todo, con la prensa cultural, un campo en el que la utopía y la calidad suelen pugnar, desde siempre, con la sostenibilidad económica. Casi un cuarto de siglo después, con todo su acarreo de experiencia, acomete un proyecto en el que, por el momento, la utopía se impone por encima de todo, Lecturas Sumergidas. Una revista cultural en Internet: como los tiempos demandan. Desde hace unos meses, esa revista y Nueva Tribuna han construido un puente. Un espacio de intersección. De su experiencia, de Lecturas y de los nuevos retos culturales en la era digital trata esta conversación cuyo contenido afinamos en una fructífera charla en el Café Gijón. Ahí queda..

Manuel Rico: La primera pregunta es obligada, casi un lugar común: ¿cómo nace Lecturas sumergidas?

Emma Rodríguez: Pues nace de la necesidad, podría decir también de la urgencia, de hacer el periodismo cultural que no podía desarrollar en un gran medio. Sentía el impulso, el profundo deseo, de ir a contracorriente, de saltar por encima de ideas que en los últimos años han contagiado a las publicaciones convencionales. Estaba cansada de escuchar que los lectores buscaban noticias divertidas, que huían de las reflexiones; que al público había que darle cada vez píldoras de información más pequeñas, grandes cantidades de espectáculo y de morbo, porque esa era la única manera de que se animaran a leer, de que pincharan en los enlaces de Internet. Estaba cansada de no poder descubrir o apostar por nada nuevo, diferente, de la supremacía de los personajes mediáticos, conocidos, premiados, populares. Estaba cansada de esos argumentos tan manidos y Lecturas Sumergidas nació precisamente para huir de ellos, para recuperar el sentido transformador, combativo, de la literatura, del pensamiento, de la cultura en general.

M. R. :Una revista cultural que se asoma al ciberespeacio, un ámbito que los expertos vinculan a la lectura rápida y de textos cortos, más bien de titulares, con contenidos profundos, textos largos. ¿Es un desafío, un riesgo, una opción meditada?

"Hay gente que busca contenidos en profundidad, contenidos que se salgan de lo convencional y que conecten con sus incertidumbres, con sus búsquedas y emociones".

E. R.: Tiene parte de desafío, pero, ¿qué aventura merece la pena sin desafío?. Y también es fruto de una opción meditada, de la comprobación, de la experiencia, de las conversaciones con mucha gente desencantada con la deriva de esos grandes medios que, de repente, les han ido dejando cada vez más huérfanos de pensamiento. Creo que eso de que Internet es un medio para la lectura rápida es un cuento. Cada vez estamos más cómodos ante el ordenador y cada vez hay tabletas y dispositivos móviles más sofisticados que permiten que nos paremos a leer, a compartir con los demás esos contenidos que nos enriquecen a través de las redes sociales. Es apasionante. Todo está en proceso de cambio y hay que atravesar los mares revueltos del presente para encontrar un cierto equilibrio. Llegará un momento en el que seamos capaces de dejar atrás esa urgencia de querer saber todo el rato, minuto a minuto, lo que está pasando, y busquemos la calma necesaria para encontrar la perspectiva, la distancia que nos lleve a entender lo que nos sucede y lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Si de algo estamos siendo conscientes en este año de aventura a bordo de Lecturas Sumergidas es de que hay gente que busca contenidos en profundidad, contenidos que se salgan de lo convencional y que conecten con sus incertidumbres, con sus búsquedas y emociones. Entre lo más leído en nuestra revista están pensadores como Thoreau, Rabhi, Félix de Azúa o Emilio Lledó. Vivimos momentos muy intensos, con una gran carga de preguntas que necesitan respuestas, reflexiones. La filosofía, el pensamiento, la literatura en todos sus ámbitos, están ahí para ayudarnos a encontrar el sentido a lo que está pasando, el camino hacia el cambio que cada vez más personas deseamos.

M. R.: Vienes de la prensa convencional, una prensa que hoy vive una crisis quizá irreversible. ¿En qué se diferencia el trabajo que desarrollabas en El Mundo con el que afrontas en Lecturas Sumergidas?

E. R.: La diferencia fundamental es la libertad en la elección de los temas, el poder seguir mi propio criterio. En El Mundo los temas que proponía tenían que recibir el visto bueno de mi jefe inmediato y no podía negarme a escribir de determinados compromisos de la casa. “Nadie conoce a ese autor” o “eso es demasiado minoritario”, eran comentarios que tuve que escuchar muchas veces, sobre todo en los últimos años. Todo estaba supeditado a la inmediatez y cada vez se veía con peores ojos que un periodista dedicase tiempo a leer o a preparar un reportaje. La calidad del resultado cada vez se valoraba menos. En Lecturas, como decía antes, puedo hacer todo lo contrario: hablar de un libro fuera de los períodos de promoción, dilatar las lecturas, hacer entrevistas en profundidad... Los tiempos los marco yo. Ha desaparecido la obligación de escribir de libros a los que no les encuentro ningún atractivo. El único compromiso es el de conversar detenidamente con personajes que considero interesantes y difundir aquellas lecturas que a mí me han resultado iluminadoras, enriquecedoras, o que creo que, por un motivo u otro, pueden conectar con las inquietudes de la gente, con las opiniones de la calle.

M. R.: Narrativa y ensayo parecen ser, hasta ahora, las prioridades de Lecturas. La poesía aparece ocasionalmente y el teatro menos aún. ¿Qué motiva esa preferencia? ¿Se modificará en un futuro?

E. R.: La preferencia tiene que ver con mi ámbito de especialización, con aquello que más conozco. Pero Lecturas Sumergidas es un proyecto abierto que va a ir cambiando, modificándose, como la vida misma. Si hay algo peligroso es el anquilosamiento, la repetición. Me dices que la poesía aparece ocasionalmente y te puedo contestar que ante la poesía siento un enorme respeto, que tal vez por eso su presencia sea más tímida, pero también tengo muy claro que la poesía está en todo, que hay prosas que participan claramente de ella y ocupan un lugar importante en Lecturas; ahí están Clarice Lispector, Kawabata, autores españoles como Eloy Tizón o Carlos Castán... Sus textos son altamente intensos, poéticos. La poesía es una corriente subterránea, una tierra fértil, un caudal que nos sorprende en el día a día. Si quieres que sea más concreta te diré que llegarán entrevistas con poetas, claro que sí, y que también podemos abrirnos al teatro, al arte, a la ciencia. Hay mucho camino por hacer, muchas lecturas sumergidas por descubrir. Eso es lo estimulante.

M. R.: La literatura de calidad va perdiendo espacio en las mesas de novedades de las librerías, sobre todo de los grandes almacenes. El best-seller de encargo, las tramas vaticanas o catedralicias, las novelas pensadas para convertirse en series de tv o las series que se convierten en libros ocupan un lugar cada vez más amplio y significativo en esas mesas. ¿Cómo ve Lecturas ese fenómeno?  ¿Y el panorama editorial?

"Las mesas de novedades de las grandes librerías se llenan de best-sellers. Se busca vender, se promueve el oportunismo, se ignora el libro de calidad, diferente"

E. R.: Te voy a contar una anécdota que expresa muy claramente cómo ha ido cambiando el panorama. Un día descolgué el teléfono y cuando escuché, por enésima vez, que alguien me intentaba vender una novela con el argumento de que llevaba vendidos miles de ejemplares, no pude evitar el enfado y le contesté que me llamase cuando tuviese algo más que decirme del libro en cuestión. Cuando empecé en el periodismo cultural, hace ya más de 20 años, desde las editoriales aún te intentaban convencer de la calidad de un autor hablándote de la originalidad de su estilo o de la historia que había escrito, pero a partir de un momento determinado, que no puedo concretar en el tiempo, el argumento cambió completamente: la calidad, la originalidad, se dejaron de lado. Sólo importaba el número de ejemplares vendidos o los idiomas a los que iba a ser traducido un libro en concreto. Ese cambio, ese fenómeno, está ahí. Es fruto de las sociedades en las que vivimos. Las mesas de novedades de las grandes librerías se llenan exclusivamente de best-sellers. Se busca vender, se promueve el oportunismo, se ignora el libro de calidad, diferente. Pero también es cierto que cada vez hay más pequeñas librerías, independientes, que ofrecen otras cosas y que están conectando con ese público inquieto del que hablábamos antes. Es el modelo de Tipos Infames en Madrid, un lugar al que puedes ir, tomarte un café o una copa y dejarte seducir por los libros, magníficamente seleccionados. Cada vez están surgiendo más iniciativas de este tipo en toda España y a la vez otras librerías de toda la vida se están renovando, activando, ofreciendo atractivas actividades paralelas que acercan a los autores a su público, caso de la Rafael Alberti o de la Antonio Machado, en Madrid, o Jarcha, en Vicálvaro, un magnífico ejemplo de la fuerza que generan los libros, la cultura, en la vida de un barrio. Hay espacios muy interesantes, sí. También está La Central, en Madrid, en Barcelona, un lugar dinámico, de encuentro, de actividades, en el que los libros se convierten en toda una tentación. Acudir a cualquiera de estos sitios, y hay muchísimos más, es un verdadero placer.

M. R.: Los suplementos literarios, cada vez más menguados a causa de la combinación crisis económica-revolución digital, ¿compensan esa deriva del mundo editorial? ¿orientan sobre calidad, innovación, descubren o más bien se centran en los más vendido y vendible?

E. R.: Creo que los suplementos han jugado un papel fundamental en la difusión de la cultura desde la Transición hasta nuestros días. Han contribuido a poner de moda la lectura y han abierto las puertas a lo de fuera, pero no han podido, desgraciadamente, mantenerse al margen, de la crisis de identidad, de la pérdida de rumbo de los medios que les acogen. Hay grandes profesionales, gente que vive la cultura con pasión, que contribuyen a mantener el listón alto en muchos casos, pero los gestores no están en esa batalla. Cada vez han ido adelgazando, descuidando más, esas páginas. Hubo un tiempo en el que daban prestigio a un medio y en ese sentido se les mimaba, pero también ahí se ha producido un vuelco. El prestigio ya no importa, importa la rentabilidad. Ahí se han perdido muchos lectores, lectores que de algún modo se han sentido abandonados y que, por otra parte, perciben que los suplementos culturales se prestan demasiado al juego de los intereses: del medio al que pertenecen, con sus respectivos sellos editoriales, de los grupos capaces de gastar más en publicidad y promoción... Está la crisis de la que hablas, económica-revolución digital, eso es evidente, pero yo creo que, sobre todo, hay una preocupante crisis de credibilidad, de independencia. Y una falta también de renovación, de ganas, de entusiasmo, por buscar otros caminos, por hacer las cosas de otro modo.

M. R.: L. S. apuesta, en efecto, por la literatura de calidad. Asume el riesgo de dirigirse a un público formado, culto, pero minoritario. ¿No está reñido ese público con el medio Internet?

E. R.: Repito que en Internet todo está por llegar aún. Está claro que estamos en el umbral de un cambio en todos los sentidos: un cambio en la sociedad, en la economía, en la política, en los usos y costumbres. La cultura tiene que estar ahí, sirviendo como foco, como guía. Ahí es donde estáis vosotros, Nueva Tribuna, todo un ejemplo. Ahí es donde quiere estar, desde su modestia, Lecturas Sumergidas y ahí es donde están nuestros seguidores. Puede que sean una minoría, la misma minoría que aprecia la buena literatura, la cultura como medio de alumbramiento y agitación. Esa minoría que siempre ha representado la avanzadilla está ahí y por supuesto que se informa, que se nutre, a través de Internet, consciente de que no es el medio, el canal, lo que importa, sino saber llegar a los contenidos de interés, en todos los ámbitos, para hacerse una idea del mundo que estamos construyendo, que queremos construir entre todos.

"En Internet está todo por llegar aún. Estamos en el umbral de un cambio en todos los sentidos: en la sociedad, en la economía, en la política, en los usos y costumres. La cultura tiene que estar ahí, como foco, como guía".

M.R. : Cualquier observador puede darse cuenta de que Lecturas Sumergidas es una revista unipersonal o, como mucho compartida entre Emma Rodríguez y Nacho Goberna. ¿Te has planteado ir más allá?

E. R.: Lecturas Sumergidas no hubiera sido posible sin la pasión y el empuje de Nacho Goberna, mi compañero y un pionero del diseño web y de las nuevas tecnologías, además de un estupendo fotógrafo que nutre de imágenes gran parte de las secciones de Lecturas. Él me dio las alas para lanzarme a la aventura y él me hace creer cada día, especialmente cuando mi ánimo y mis energías decaen, que es posible, que merece la pena luchar por algo así y sentirse orgullosos. Los dos formamos un equipo muy bien avenido, sin olvidar la colaboración de Karina Beltrán, que aparte de mi hermana es una artista y fotógrafa maravillosa que aporta las sensibilidad de su mirada. Suyas son las fotografías de la serie “Leyendo con” y de otros apartados de la revista. Tengo la inmensa suerte de contar con gente cercana cargada de creatividad, de impulso y de ganas de hacer las cosas bien. En “Lecturas” nada es improvisado. La propia elección de los temas de cada número ya implica horas de debate, de trabajo. Hay que encajar muchas piezas y hay que optar. Hay muchas cosas que nos gustan y que se quedan fuera. Imposible abarcarlo todo. La mayor parte de las fotografías son de producción propia. Los contenidos son importantes, pero también la forma en que se presentan. Eso nos interesa mucho y lo tuvimos muy claro desde un primer momento. En Internet se puede hablar de libros, de cultura, de una manera profunda, sí, pero también bella, calmada. En cuanto a lo de ir más allá, estamos entusiasmados con la nueva sección que acabamos de abrir, “Pasiones”. Ahí iremos dando paso a nuevas firmas, a colaboradores sumergidos que, como nosotros, crean en el poder transformador de la lectura, en la cultura como ámbito del despertar y de la agitación en todos los sentidos.

M. R.: El medio televisivo y su contribución a la cultura del libro y de la literatura de calidad. A mi juicio, programas que debieran de ser referencia en la Tv pública (pienso en "Página 2") son, en la práctica y salvo honrosas excepciones, plataforma de difusión de autores y libros que entrarían en la categoría del best-seller. ¿Crees que contribuyen a difundir el gusto y la pasión por la lectura o más bien refuerzan la tendencia dominante, marcada por los grandes sellos?

E. R.: Creo que en la televisión hay un gran hueco por cubrir en lo que respecta a los contenidos culturales. Sigue habiendo muy pocos espacios y estos tienen que abarcarlo todo, no pueden dar la espalda a lo más leído. Aquí echo en falta a Félix Romeo y su Mandrágora, un programa donde se demostró el potencial de la pequeña pantalla para hablar de libros de un modo más auténtico. En la televisión faltan más entrevistas en profundidad; faltan más descubrimientos; más contacto con esa poesía subterránea que mencionaba antes. Los narradores, los poetas, los músicos, los artistas, los filósofos, los docentes, los científicos, tienen muchas cosas interesantes que contar. Sus palabras pueden ser estimulantes y divertidas. Cuando se les empiece a admirar, a imitar; cuando se conviertan en ejemplo para los jóvenes, igual que los futbolistas o los tenistas de éxito; cuando se les vuelva a respetar es cuando realmente empezarán a cambiar las cosas. Ahí la televisión tiene mucho papel, una televisión pública no manipulada, claro.

M. R. : En estos últimos años se ha producido una cierta eclosión de editoriales alternativas, que disputan el espacio de la literatura y del ensayo de calidad a las editoriales "históricas". ¿Cómo contemplas esa nueva realidad y de qué modo se refleja en Lecturas Sumergidas?

E. R.: Antes hablaba de que, afortunadamente está surgiendo una nueva generación de libreros independientes, preparados, sensibles, capaces de modernizar sus negocios. Y afortunadamente caminan al paso de todas esas pequeñas e interesantes editoriales que han ido apareciendo en los últimos años y que nos nutren de otras semillas. Ahí están Errata Naturae, Impedimenta y el resto de sellos que conforman el grupo Contexto. Ahí está Páginas de Espuma y su heroica apuesta por el cuento, una distancia que nos gusta recorrer una y otra vez en Lecturas. Ahí sigue, como fuente de inspiración para todas ellas, la labor de excelencia que lleva desarrollando desde hace mucho tiempo Pre-Textos desde Valencia. Y hay muchas otras, imposible citarlas todas. En Lecturas las apoyamos y las seguimos. No puede ser de otro modo cuando luchamos por difundir otro tipo de contenidos alejados del gran supermercado. Pienso, por citar algunos de los contenidos de Lecturas, en Thoreau, en Epicuro, en el Tolstói ensayista. Son increíbles. Nos siguen dando mil vueltas. Curiosamente los tres han sido devueltos al presente por editoriales independientes. Han sido puestos en los escaparates de las librerías sin complejos, desde el convencimiento de su actualidad, de su modernidad, de su espíritu visionario.

M. R.: ¿Crees que el medio digital, la lectura en pantalla, acabará con las revistas culturales en papel? ¿Será (es) posible la convivencia de ambos soportes?

E. R.: Creo que será posible la convivencia, del mismo modo que convivirán durante mucho tiempo los maravillosos libros tradicionales y los atrayentes e-books. La gente cada vez se acostumbrará más a la lectura digital, pero al papel le queda camino por delante. Es curioso, pero más de un seguidor nos ha preguntado por qué no nos lanzamos a hacer una edición en papel de Lecturas Sumergidas. Hay quienes nos preguntan directamente dónde pueden comprar la revista. Contemplan ir al quiosco, pero no se plantean pagar por el contenido digital. Todo eso tendrá que cambiar. Habrá un momento en el que se produzca el cambio de mentalidad.

M. R. : Se escribe más que nunca pero nunca se pagó menos la labor del escritor. ¿Cómo obtener rentabilidad económica de una labor tan "militante", casi voluntarista? ¿Has reflexionado sobre cómo hacer sostenible un medio digital? ¿Y Lecturas Sumergidas?

E. R.: Te decía que tiene que llegar un cambio de mentalidad. Los usuarios de contenidos digitales tienen que pensar que estos no pueden ser gratuitos, que hay mucho esfuerzo, profesionalidad y trabajo detrás. Ojalá que algún día el dinero -los meros papelitos- no sea necesario. Ojalá que los seres humanos seamos capaces de articular una sociedad basada en el intercambio de teneres y saberes: de alimentos, medicinas, conocimientos; intercambiar, por ejemplo, los alimentos que producen unos por las aportaciones de tipo creativo de otros. Estoy soñando o imaginando un posible episodio de la admirable serie de televisión Star Trek... Más allá de divagaciones, mientras esto no sea así, hay que buscar fórmulas para lograr la sostenibilidad. En ello están los nuevos medios digitales de información general y en ello estamos las publicaciones especializadas como Lecturas. Nos gusta imaginar pequeños espacios a lo largo y ancho de nuestro planeta, círculos de especialización, y a lectores conscientes, comprometidos, aportando su granito de arena para hacerlos posibles; lectores que no abdiquen en el tan manido “para eso está la publicidad o las subvenciones estatales”. Desde aquí les animamos a apoyar todas las propuestas independientes, diferenciales, alejadas de grandes medios-mercados-finanzas, que están naciendo. Nosotros creemos en la fuerza de lo pequeño. En nuestro caso, creemos, la viabilidad pasa por el compromiso con nuestros seguidores, el compromiso entre nosotros, generadores de contenidos diferenciados, y esos lectores que cada mes nos esperan, nos leen, y se nutren de esos contenidos. Apostamos porque la gente tome conciencia de que con sus pequeñas aportaciones económicas no sólo es posible ayudar a una publicación a seguir adelante, garantizando su independencia, es necesario. Lo que no podemos es estar quejándonos de la sujeción de los grandes medios a los intereses de quienes les pagan y no hacer nada por promover el cambio. Dicho esto, si este camino no es posible ahora mismo, seguiremos buscando fórmulas para seguir adelante.

M. R.: El limpio diseño de Lecturas parece buscar la síntesis de la revista en papel con el medio digital, huyendo de la acumulación de sugerencias y contenidos. Creo que ese es el camino a recorrer por las revistas culturales. Supongo que es una opción premeditada, que no obedece a la improvisación. ¿Qué me puedes decir?

E. R.: En Lecturas Sumergidas buscamos la calma en medio del indiscriminado ruido, tanto en contenidos como en diseño y estructura, que demasiado a menudo supone Internet. Pensamos que la profundidad y la reflexión requieren de ellos. No somos un gran supermercado cultural, ni lo pretendemos. No creemos en las grandes superficies de la cultura que tanto nos llevan a sentirnos perdidos, desubicados. ¿Alguien puede creer en ellas?. En esa buscada huida del “mucho a granel”, del “cuanto más mejor sin importar el cómo”, el diseño al que haces referencia, los colores, las fotografías, los vídeos, la estructuración de los contenidos, también aportan. Se trata de que el lector entre y se sienta cómodo, acogido, recorriendo las distintas estancias, sin prisas, sin confusiones. Facilitar, en la medida de lo posible, tanto la lectura como el moverse, viajar, a través de los extensos contenidos.  De esa premisa nació también el carácter mensual de nuestra revista.

M. R.: Tal y como estamos viendo, pensamos en una revista cultural en Internet que se dirige al público que viene buscando la profundidad, la reflexión, la mirada crítica, algo muy vinculado a las revistas y libros en papel. ¿Habéis pensado complementar Lecturas Sumergidas digital con algún tipo de publicación en papel?

E. R.: Te comentaba antes que hay gente que parece echarlo de menos y nos encantaría poder sacar una publicación en papel cada cierto tiempo. Ofrecerla a nuestros suscriptores, venderla en librerías. Sería bonito. Pero no contamos con los medios necesarios. Estamos abiertos a propuestas. Puede que haya por ahí algún emprendedor con medios, ideas y ganas de apostar por la cultura. ¿Por qué no soñar con un nuevo Renacimiento? Sí, le podemos dar vueltas a esta posibilidad más adelante, pero ahora estamos en la fase de pensar cómo hacer sostenible la publicación digital, cómo seguir adelante con la aventura.

M. R.: Vivimos, con Internet, la "aldea globlal" con la que soñara Marshall McLuhan hace más de medio siglo. Saltar fronteras, posibilitar la lectura simultánea y en tiempo real de los contenidos en la Patagonia y en cualquier pueblo de Almería. Es un potencial impresionante. ¿Crees que se está aprovechando lo suficiente?

E. R.: Creo que es una maravillosa puerta abierta. Si hay algo que me encanta es acceder a las estadísticas y ver el mapa del mundo coloreado. Comprobar que cada vez acceden a “Lecturas” más usuarios desde Estados Unidos, México, Argentina y tantos otros países; que nos siguen muchos hispanistas franceses o anglosajones. De verdad, es muy gratificante y alentador. Y a la vez poder acceder a otras aventuras innovadoras que se están realizando en otros lugares lejanos. En este sentido el presente es muy estimulante. Todo está por hacer. Todo es posible.  

M.R.: Hay un supuesto principio que defienden algunos "gurús" de Internet que afirma que lo esencial en este medio, más que el texto, son las imágenes. ¿Qué piensas de ese criterio? ¿Como equilibráis imágenes y texto en Lecturas Sumergidas?

E. R.: Para nosotros, insisto, los contenidos tienen que acompañarse de imágenes atractivas, sugerentes. Es curioso, aquí una queja, lo poco que cuidan las editoriales este aspecto. En muchas ocasiones les basta con entregar a todos los medios, por igual, la imagen del autor que aparece en el libro. Nosotros cuidamos mucho la presentación y hay ocasiones en las que jugamos a hacer montajes buscando en nuestros archivos personales fotografías para ilustrar los distintos temas. El lector tiene que entrar, dejarse llevar por el fluir de las palabras, de la reflexión, pero también poder detenerse a tomar un respiro, a observar una fotografía. Hay que huir del concepto de la cultura como algo aburrido, pesado. Hay que contagiar de palabras y de pensamientos el día a día. Hay que abandonar la imagen de la mesa camilla y sacar los libros al aire libre, a los parques. En Lecturas Sumergidas es lo que intentamos.

Emma Rodríguez y Emma Rodríguez con Félix de Azúa, en fotografías pertenecientes a la sección de Lecturas Sumergidas -  "Una Ventana Propia"- © Nacho Goberna


"Es preciso recuperar el sentido transformador y combativo de la literatura"
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