martes 16.07.2019
ENTREVISTA I JORDI MILAN, DIRECTOR DE LA CUBANA

“La gente está atontada, necesita que les pellizquen el culo para ver si reaccionan”

Éxito de crítica y público. No se puede pedir más cuando hablamos de teatro. La Cubana lo ha conseguido con “Campanadas de boda” que se representa este otoño en el teatro Nuevo Alcalá de Madrid. Su director, Jordi Milán, descubre para los lectores de nuevatribuna.es las claves de una sátira social envuelta en terciopelo a base de música, humor y profesionalidad. Por Fernando Olmeda.

Fotos: Fernando Olmeda.
Fotos: Fernando Olmeda.

Fernando Olmeda: “Campanadas de boda” es una comedia trepidante en dos partes que se inspira en el gran teatro que todo representamos cuando nos casamos. Es, desde luego, un espectáculo para hacer un buen rato al público, pero que esconde -con un humor amable y en apariencia blando- una sátira social que va más allá de las bodas...

Jordi Milán: Preparar una boda es exactamente igual que preparar un espectáculo de teatro. Queríamos contar lo teatral que hay en una boda, sobre todo en la preparación. Todo es un guion que nos sabemos de memoria. Interpretamos el personaje que nos toca. Las bodas son un ejercicio de vanidad, de apariencia, un rito nada sincero. Una gran contradicción, como otras. 

¿No vivimos en un gran teatro?

Sí, de hecho podíamos haber reflejado de otras maneras esa contradicción, no sé, una cena de Navidad por ejemplo. Es lo mismo. Siempre hemos vivido en una parafernalia, quizá ahora más. La gente está atontada, necesita que les pellizquen el culo para ver si reaccionan.

Y da la sensación de que -envuelta en una propuesta de entretenimiento que bombea alegría y buen rollo al espectador-, La Cubana toma postura, porque ponéis el foco crítico sobre las familias de clase media acomodada, pero también sobre el concepto de familia, e incluso uno de los personajes, la tía Consuelo, integrista católica, caricaturiza y pone en evidencia a un sector importante de la población que quizá no se expresa tan exageradamente como ella, pero que en el fondo piensa lo mismo...

La obra se inspira en Cataluña, pero los estereotipos se repiten en todas partes. Queríamos contar cómo esa educación sacrosanta que hay en todas las familias pesa mucho. Es curioso. Cuando maduramos, la educación que hemos recibido influye mucho, nos volvemos conservadores, “Hay que hacer esto”, “es lo que toca”... Puede más lo estipulado socialmente que lo que tú has ido adquiriendo a lo largo de la vida. Una amiga que vivió “todo lo que había que vivir” cuando era joven ahora se escandaliza porque su hija lleva un piercing.

Los espectadores conservadores o votantes del PP, ¿pueden sentirse aludidos, o directamente no pillan el mensaje de fondo de la obra?

Pillan o no pillan si tienen capacidad de reirse de sí mismos. Es muy saludable. En Cataluña y en otras partes de España se han reído con nuestras sutilezas, en Madrid no tanto, en ocasiones cierto público no ve el chiste.

¿Han ido Montoro y Wert a ver la función? 

No, que yo sepa, no.

Lo digo porque, observando su comportamiento en la vida pública, no parecen personas que tengan esa capacidad de reirse de sí mismos...

Pocos políticos saben reirse de sí mismos, y eso que han de ser grandes actores. Antes hablábamos del teatro cotidiano, pues los políticos también. De todas formas, acepto que la política sea teatral, con sus dobles lecturas y sus dobles intenciones. Quiero que sea así. Ahora bien, que sea un teatro bien hecho, honesto, creíble. Que me engañen, pero bien. Me horroriza que me engañen mal engañado, que no interpreten bien lo que están interpretando. Es lo mismo que el teatro, no soporto la declamación, ¡así no se habla en la vida!  No me gusta hablar de los políticos, no me gusta hablar de la competencia.

«Acepto que la política sea teatral, pero me horroriza que me engañen mal engañado»

Por el tipo de personajes -arquetípicos pero a la vez humanos, reconocibles- “Campanadas de boda” conecta con las películas de Berlanga, o más bien con los guiones de Azcona...

Me enorgullece que lo digas porque para mí son dioses, me gustan sus películas y su tipo de humor. De todas formas, cuando empezamos hace treinta años trabajábamos por intuición. Ahora tampoco piensas en referentes. Tenemos la experiencia, pero no me gustan las fórmulas. Somos esponjas sin mentalidad de esponjas, vas chupando de la vida sin ser consciente de ello; almacenas, y luego sale, fluye sin pensarlo. Por tanto, la observación de la realidad y la experiencia acumulada son la base, y la filosofía viene después.

¿Inspira la realidad que nos rodea?

No mucho, la verdad. Inspiraría si hubiera más riesgo, más locura. Ahora da la sensación de que todo está programado, prediseñado, la crisis, los cambios políticos, como las guerras, destinadas a destruir para luego construir. Si La Cubana empezara ahora, no existiría. Nacimos en una época en la que no sabíamos nada, una época oscura pero con ganas de hacer locuras, de abrir las ventanas, salir al balcón y desnudarte... Ahora la gente está apalancada, estamos educados para estar calladitos, nos educaron así. La gente ni se ríe de sus propias contradicciones.

¿Y la realidad de Cataluña?

Lo que está ocurriendo no se está entendiendo por ninguna de las partes. tenemos el “derecho a decidir” hasta en la sopa, y la gente tiene que opinar. Al menos, es lo que yo creo. Se está hablando demasiado, y mucha gente no sabe de qué habla. Como decía Azaña: “Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.” Esto está ocurriendo con el tema de Cataluña.

Se ha destacado especialmente la generosidad de la compañía, el esfuerzo de los actores sobre el escenario...

Nos gusta dar. La Cubana existe gracias al público, es el mecenas que nos mantiene. No escatimamos, queremos que la gente salga contenta. Además, no me gusta que el actor se encasille.

Que le encasille el público, y que el propio actor se encasille... porque es más cómodo.

Exacto. El actor es un ser creativo y creador. Falta locura en el teatro, y en la vida también.

«Falta locura en el teatro, y en la vida también»

¿Y falta generosidad en la vida?

Hay que esforzarse cada día. Quien tiene una tienda, o un taxista por ejemplo, tiene que reinventarse cada día para salir adelante. Nosotros también. Al final de cada función hay notas de dirección, o más bien de entrenamiento. Cuando estrenamos un espectáculo, está bien. Cuando nos despedimos, está aún mejor. Cuidamos la función hasta el último día, el público lo merece.

En Madrid hasta Navidad, y después, ¿hacia dónde se encamina La Cubana?

R: . El teatro es para llevarlo a todas partes, se ha hecho en España una gran labor de recuperación y construcción de teatros que no deben estar vacíos y muertos de risa, pero muchas ciudades ya no pueden contratarte, ahora es imposible. Nos gusta ir de gira, de “bolos”, pero tal y como están las cosas decidimos hacerlo por etapas. Después de un año en Barcelona planificamos Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Madrid... y nos queda Valencia, Canarias, Baleares, parte de Andalucía, Galicia, regresar a Zaragoza o Sevilla... En fin, lo haremos pasito a pasito.

“La gente está atontada, necesita que les pellizquen el culo para ver si reaccionan”