sábado 18/9/21
EL MADRID DEL PRIMERO DE MAYO

Pasado y futuro del mentidero de la villa

'El Madrid del Primero de Mayo', de Francisco Javier López Martín, por entregas en Nuevatribuna.

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Convento de San Felipe.

(Capítulos 56, 57 y 58)

56.- PASADO Y FUTURO DEL MENTIDERO

Hay que esperar hasta el reinado de Isabel II, para que la Desamortización de Mendizábal en 1836 y la posterior de 1855, permitan el derribo de los conventos de San Felipe y La Victoria. El marqués de Pontejos propone, además, el derribo del hospital y la iglesia del Buen Suceso, pero la oposición del patronato que dirige la institución, esgrimiendo argumentos de todo tipo, que afectan desde la necesidad de servicios hospitalarios, hasta la importancia del reloj que desde la iglesia ordena las actividades de la Plaza, incluida la salida puntual de las diligencias cargadas con el correo, consigue salvarlo de momento.

Desaparece, pues, San Felipe y con él el mentidero de la villa. No obstante, quienes pensaban que muerto el perro se acabó la rabia, poco conocían a los madrileños, puesto que toda la Puerta del Sol se convirtió desde entonces en el mentidero de España, foro popular en el que se debaten las crisis de gobierno, se reparten panfletos y periódicos como el libertario Tierra y Libertad, se airean los escándalos de la Corte, se preparan revueltas, se conciertan negocios, se tararean la últimas zarzuelas y se magnifican las pequeñas noticias convirtiéndolas en grandes catástrofes, resonantes éxitos, secretos a voces.

57.- LAS CASAS DE CORDERO

Se consigue ampliar la plazuela y la calle de Pontejo, liberando el suelo necesario para construir el primer edificio de viviendas de la capital entre 1842 y 1850 y que llevará el nombre de su promotor, Santiago Cordero.

Cuentan que el tal señor Cordero, maragato de nacimiento, basaba el origen de su fortuna en el premio gordo de la Lotería de Navidad, acumulando numerosas combinaciones ganadoras que le hicieron acreedor a un premio de tal cuantía, que  el Tesoro Público se vio obligado a rogarle, por boca del mismísimo rey, que cobrase a plazos, recibiendo además, como compensación, este solar en la Puerta del Sol.

Las Casas de Cordero fueron diseñadas por Juan Sánchez Pescador, alineadas con la Casa de Correos y contribuyendo así a la ordenación de la Puerta del Sol, iniciada ochenta años antes.

Aunque interiormente se articulan en torno a patios, hacia el exterior el edificio aparece con una imagen propia que ordena toda la manzana e introduce innovaciones importantes, como el establecimiento de comercios y cafés en la planta baja y entresuelo, situando las viviendas en la planta principal y dos plantas superiores y eliminando las características buhardillas.

58.- LOS PASAJES COMERCIALES

El ámbito de la Puerta del Sol se convierte en un centro de experimentación arquitectónica, al diseñarse toda una serie de pasajes cubiertos entre calles, que incorporan la arquitectura del cristal y el hierro a la capital.

La desaparición del convento de la Victoria permite ensanchar la calle del mismo nombre y abrir la de Espoz y Mina. Entre ambas calles, Manuel Matheu concibe la construcción de un pasaje cubierto destinado a ser el Bazar de la Villa de Madrid. El arquitecto Antonio Herrero de la Calle se encarga de este proyecto. Entre 1843 y 1847 se realizan las obras.

Para los madrileños de la época, este pasaje suponía incorporar la capital a las tendencias arquitectónicas y decorativas que hacían furor en Europa, de forma que los proyectos de pasajes comerciales cubiertos, en el entorno de la Puerta del Sol, se multiplicarán en los años siguientes, llegándose a proyectar una circunvalación de la Plaza mediante pasajes como los de la calle Cádiz o la calle del Pozo, así como el que se pensaba construir entre Carrera de San Jerónimo y Alcalá, para continuar hasta Montera y, de ahí, a la Plaza del Carmen.

Al final, un proyecto tan ambicioso como el diseñado por Mesonero Romanos en 1846, habría de saldarse con algunas realizaciones de las que poco queda hoy. Tras el Pasaje Matheu, se aborda el de Mateo Murga, situado entre Tres Cruces y Montera, que aún se conserva, y que combina la experiencia de unir el comercio y las viviendas en el mismo edificio.

Paralelo al Pasaje Matheu, el comerciante Antonio Jordá construyó otro destinado al comercio de sedas, joyería y artículos de lujo, que no ha llegado a nuestros días, mientras que la Compañía General Iris afronta la apertura de otro pasaje entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de Alcalá.

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Pasado y futuro del mentidero de la villa