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jueves. 01.12.2022
JOSÉ LUIS EGIDO

Pan y toros y los dineros del fútbol

El fútbol español debe 752 millones de euros a Hacienda y no pasa nada, nadie se escandaliza, nadie reacciona.

Eso, en medio de una crisis tan terrible donde muchos españoles dependen de Cáritas para sobrevivir y donde la misma Hacienda es implacable con quien infringe sus plazos.

El mapa de España está lleno de trabajadores cuyas deudas son reclamadas al instante y de pequeñas empresas a quienes han obligado a cerrar por no darles margen suficiente. Ese mismo rasero no se utiliza cuando de poderosos se trata. Hay amigo, entonces los expedientes se retrasan, la memoria se vuelve huérfana, la informática se descontrola, o, si es necesario, aparece un responsable con mando en plaza ordenando suspender el equipo de inspectores políticamente incorrectos o enviando los expedientes a algún sótano perdido donde jamás se encontrarán.

Y con este panorama salta la noticia de las deudas del fútbol en una respuesta del Gobierno a instancia del Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural, pero en datos globales sin detallar cifras, tiempo o nombre de los deudores. “Las fiestas de toros son los eslabones de nuestra sociedad, el pábulo de nuestro amor patrio” dice León de Arroyal en su olvidado panfleto (Pan y toros y otros panfletos sediciosos de finales del siglo XVIII, un libro imprescindible en cualquier biblioteca que guarde un mínimo de rebeldía). Si quienes sufren los rigores del fisco son incapaces de comprender por qué ellos sí y los clubs de fútbol no, aquí encuentran la explicación. Por la sencilla razón de que el fútbol es a la sociedad moderna lo que el circo era para el pueblo romano. Que había crisis imperial, pues más circo. Que hay crisis económica, pues más fútbol. Hagamos de ese espectáculo un circo para que el pueblo se entretenga mientras nosotros dirigimos el poder a nuestro antojo.

Las deudas son negociadas y aplazadas de acuerdo con Hacienda, contestan los dirigentes futboleros. Sólo faltaría. El colmo sería que ese agujero, cada vez mayor, fuera un pozo sin fondo cual patente de corso para la eternidad. Precisamente ése es el escándalo, que al fútbol se le apliquen unos varemos tan laxos como clandestinos. Si ese criterio se hubiera aplicado a las empresas pequeñas, muchas de ellas estarían funcionando.

-¡Eh! que yo no soy, se apresura a decir el Real Madrid. Mis deudas con todo el mundo mundial están a cero. -Pues yo menos, le sigue inmediatamente el Barça. ¿Ustedes les creen? Según los periódicos deportivos hay una víctima propiciatoria que debe la friolera de 155 millones a Hacienda. No podía ser otro que el Atleti. Descartados los dos titanes y pregonado el rojiblanco, en una simple división los restantes 17 equipos de Primera tocan a 35 millones por cabeza, de euros, claro. Todo solucionado ante la opinión pública. Si los dos grandes no tienen deudas se la adjudicamos a los modestos y que siga el son. ¿Ustedes se lo siguen creyendo?

-Que bajen a segunda o desaparezcan, dicen los socialistas, aprovechando la oposición. -Alto, alto dirán Florentino o Rosell. -Eso no me lo dices a la cara cuando quieres venir a la tribuna para exhibirte al lado del emperador. Además, si bajan casi todos ¿cómo les vamos a sacar a Nike o Adidas los jugosos millones? ¿Con quien vamos a jugar la liga que tantos beneficios nos reporta en derechos de televisión? ¿Con el Al coyano? Escrito sea con todos los respetos a tan digno club. -A mí no me apliques la segunda ley concursal, dicen los demás, porque si me llevas al descenso administrativo me obligas al cierre y entonces además de no cobrar se acaba el circo. -Pero si estamos aplicando la política de déficit cero a todo lo que se menea, dice el mandamás absoluto de la mayoría más absoluta. -Pues nosotros somos la excepción, le contestan los dirigentes futboleros, porque sin el circo y mis gladiadores tú no estarías ahí. -De cajón, pensará el mandamás absoluto.

En otras latitudes, el nuevo presidente del Bayer se desboca echando pestes contra los vagos del fútbol español que dilapidan el dinero que sufridamente envían sus compatriotas.-Son teutones, responden por acá. -Además nos tienen envidia por las derrotas ante nuestra selección. En Escocia e Inglaterra han sido igual de inflexibles con los clubs morosos como con sus ciudadanos, hasta el punto de descender a alguno o incluso hacerle desaparecer. -Va, no importa, aquello es la pérfida Albión y nosotros somos el sur futbolístico, responden los señores de la Liga.

Por aquí, el meollo de la cuestión está en aquél verano de 1995 cuando Sevilla y Celta bajaron a segunda. Las manifestaciones populares, quizás debiera escribir populistas, mayores que si hubieran dejado en paro a todos los currantes de ambas ciudades, fueron tan masivas que obligaron a los dirigentes a desdecirse y formar aquella famosa Liga de 22. Y hasta ahora.

En este país se sabe lo que gana el Rey. Se sabe lo ganan los diputados. Se acortan hasta los sueldos de los banqueros. Pero no se saben las cuentas de los clubs de fútbol. Mientras nuestros políticos sigan disfrutando de los oropeles de los palcos; se muestren al lado de la púrpura de los emperadores del bipartidismo futbolístico; o sean tan condescendientes como para recalificar hasta el firmamento para mantener una galaxia insostenible, el pueblo circense saldrá ebrio de emoción del circus máximus mientras los recaudadores de crisis les han cobrado su correspondiente saco de cereales en detrimento de su nutrición anual. “Pan y toros debes proporcionar para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amén”.

Pan y toros y los dineros del fútbol
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