martes 1/12/20

La Orden militar de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama

Las órdenes militares medievales nacieron a partir de la conquista de Jerusalén durante la primera cruzada en el año 1099. Se extendieron de forma muy rápida por toda Europa durante el siglo XII, tanto en su vertiente internacional con la orden de los Templarios, San Juan del Hospital, los caballeros Teutónicos…, como en su vertiente Ibérica con las órdenes de Calatrava, Santiago, Alcántara…

Montesa es una orden religiosa y militar fundada por el rey Jaime II de Aragón en el año 1317. Tras negarse el Papa a otorgar los bienes de los Templarios al propio Jaime II, el rey propuso al Pontífice la creación de una nueva orden militar, de carácter nacional, dotada con los bienes que Templarios y Hospitalarios poseían en el Reino de Valencia. Además, ofrecía como sede de la nueva orden el castillo y villa de Montesa, que eran de propiedad real.

La finalidad de la nueva Orden, como más tarde se expuso en la bula fundacional, habría de ser la defensa del Reino frente a los ataques de los musulmanes. Jaime II proponía al Pontífice la creación de una orden de obediencia cisterciense, sujeta al monasterio de Gran Selva y filial de la orden de Calatrava, pero con absoluta independencia frente a cualquier intervención de la orden castellana.

Tras largas negociaciones, el diez de junio del año 1317, el Papa Juan XXII publica la bula “Pia matris ecclesia”, por lo cual se creaba la orden de Santa María de Montesa. En consecuencia, pasaron a la nueva Orden los bienes que tenían las del Temple (orden que fue extinguida por el Papa, Clemente V) [1], y del Hospital en el Reino de Valencia, excepto Torrent y las posesiones que los Hospitalarios tenían en la ciudad de Valencia. La bula dispuso que Montesa observase, al igual que la orden de Calatrava la regla del Císter.

El monarca, lo que en realidad pretendía, era evitar un desmesurado crecimiento del poder de los Hospitalarios dentro de sus Estados, ya que la asignación de los bienes de los Templarios a la Orden del Hospital hubiera supuesto para la Corona de Aragón la creación de una franja de territorio dominado por esta Orden, que se extendería desde el litoral a tierras de Castilla, separando el Reino de Valencia de Aragón y Cataluña.

Superadas todas las dificultades, el veintidós de julio del año 1319, en la capilla de Santa Águeda del palacio Real de Barcelona, en presencia del rey Jaime II, del obispo de la misma ciudad, de los abades cistercienses de Santes Creus, Valldigna y Benifassà y algunos caballeros de las órdenes de la Merced, San Juan del Hospital y San Jorge de Alfama, fray Gonzalo Gómez impuso el hábito de la nueva Orden a Guillem d´Erill, Galcerán de Bellera y Erimau d´Eroles.

f8El Maestre de la orden castellana debía visitar Montesa anualmente, con el fin de supervisar el buen funcionamiento del convento. Para ello, se haría acompañar del abad cisterciense de Santes Creus, o en su defecto, por el de Valldigna, aunque, en caso de no acudir ninguno de los dos abades, el Maestre podía realizar la visita por sí sólo.

El Maestre, a quien no le gustaba obedecer órdenes ni de su propio rey, el de Castilla, ni siquiera contestó a las misivas. El rey se dirigió entonces al Papa, para que diera la orden al de Calatrava. El Pontífice pasó el encargo al arzobispo de Valencia, que tampoco recibió respuesta por parte del Maestre de Calatrava.

El Maestre de Calatrava se negó a acudir a Valencia, alegando que sus obligaciones de custodia de la frontera se lo impedían, aunque la razón real parece ser, que era la poca disposición por parte de la Orden de Calatrava a ceder las posesiones de Aragón a otra orden. El arzobispo de Valencia envió finalmente hasta Castilla al abad del Monasterio de Nuestra Señora de Benifassà, perteneciente a la Orden del Císter.

El castillo de Montesa estaba situado cerca de la frontera con los musulmanes en el reino de Valencia. Pere Alegre, abad de Santes Creus, eligió primer Maestre de Montesa, por delegación pontificia, al noble catalán fray Guillem d´Erill. Era un hombre anciano, gran experto en las artes militares. El cargo le duró muy poco, ya que Erill fallecía setenta días después de haber sido elegido.

El reino de Valencia se encontraba agitado en ese momento histórico, debido a la revuelta conocida como de la Unión, por la que algunos nobles valencianos, apoyándose en el pueblo, deseaban emanciparse de la tutela del Reino de Aragón y constituirse en un reino independiente.

La elección de la villa de Montesa como sede, fue planteada ya en el año1312. Estuvo motivada por diversos factores:

Por una parte, el rey podía transferirla de inmediato a la nueva institución, pues pertenecía a la Corona.

Por otra parte, geográficamente se ubicaba en un lugar estratégico, ya que se hallaba situada en la frontera sur del Reino, una zona conquistada hacía tiempo, pero contigua a territorios con población mayoritariamente musulmana.

Además, desde Montesa se dominaba el valle del mismo nombre, paso natural de entrada hacia el Reino de Valencia, con lo que militarmente, quedaba cubierto el control de la zona, frente a posibles choques con la Corona de Castilla.

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Durante los primeros años de existencia de la Orden, se mantuvo la distribución tradicional del territorio en castillos con sus villas y lugares, establecidos con anterioridad por Templarios y Hospitalarios. Con el tiempo, el territorio evolucionó hasta configurarse en un total de trece encomiendas, cuya renta percibía cada titular con total independencia del Maestre.

Los miembros de la Orden habían de mantener los votos tradicionales de castidad, pobreza y obediencia. Jerárquicamente, el Jefe Supremo era el Maestre, al cual elegían los demás miembros de la Orden reunidos en capítulo general. Aunque con el tiempo hubo cambios, le seguían en el orden jerárquico el comendador mayor, el clavero y a continuación los caballeros y frailes según su antigüedad en la Orden.

El Maestre solicitó al Papa Clemente VII en el año 1393, que los miembros de la Orden que así lo deseasen, pudiesen ser armados caballeros según las reglas de la caballería, accediendo favorablemente el Pontífice mediante una bula fechada, el cinco de agosto del año 1393.

Parte de ellos se ocupaban de la liturgia en el convento de Montesa, la casa madre de la Orden. Otros debían atender espiritualmente a los caballeros, para lo cual existían varios Prioratos. Finalmente, un nutrido grupo de religiosos servían a algunas de las parroquias enclavadas dentro del territorio de la Orden.

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No obstante, fue más adelante, en el año 1393, cuando fueron autorizados por el Papa para llevar la cruz en sus vestimentas exteriores, igual que la que llevaban en sus escudos y armaduras. Esta insignia se sustituyó en el año 1399, como consecuencia de la fusión con Montesa de la orden militar de San Jorge de Alfama.

A parte de los caballeros, cuya ocupación era, al menos teóricamente, la militar, y a cuyo cargo estaban los distintos territorios de la Orden, distribuidos en bailíos y encomiendas, otro grupo lo integraban los frailes clérigos.

Aunque en principio el ingreso en la Orden era más flexible, con el tiempo el acceso se fue cerrando y se empezaron a exigir pruebas de nobleza y limpieza de sangre, práctica que quedó establecida a partir de las normas o definiciones del año 1573. En un principio, la Orden de Montesa utilizó como insignia la misma que Calatrava: una cruz negra flordelisada.

Por divisa tomó una cruz roja sin flores, y el manto capitular blanco que aprobó el Papa Clemente VII, el cinco de agosto del año 1397. Pero más adelante, con motivo de haberse incorporado a esta orden en el año 1399 la de San Jorge de Alfama, dejó aquella insignia y adoptó una cruz de gules de color rojo por concesión de Benedicto XIII, otorgada en el año 1400 y que el Papa Martín V confirmó posteriormente.

LA POLÍTICA EN EL REINO DE VALENCIA

Se extendió de norte a sur de las tierras valencianas. Su mayor peso territorial corresponde a las comarcas del Maestrazgo de Castellón, con localidades como Vinaroz, Peñiscola y San Mateo. La Orden también fue muy relevante en la Plana de Castellón con los señoríos de Onda, Vilafamés y parte del término de Burriana, igualmente por la huerta de Valencia con Montcada, Silla y Sueca, además del castillo palacio de Montesa y en la zona alicantina debemos destacar el valle de Perputxent.

La orden de Montesa participó activamente en la política de la monarquía catalano-aragonesa, situándose siempre en favor del rey. Pocos años después de su fundación, en 1323, con motivo de la conquista de Cerdeña por Jaime II, Montesa ayudó al rey con hombres y dinero. En consecuencia, el monarca concedió a la Orden una serie de privilegios.

f5Durante el gobierno de Pedro IV el Ceremonioso, ayudaron al rey cuando hacia el año 1336 tuvo que hacer frente a la nobleza de Aragón, aliada con sus hermanastros, los infantes Ferran y Joan. Más adelante, ante un ataque inminente del hijo del sultán de Marruecos, Montesa, a través de su maestre, frey Pedro de Tous, volvió a prestar su ayuda al monarca.

El rey de Aragón encargó al Maestre de Montesa, Arnaldo de Ferriol, que controlara a los sediciosos, convirtiéndose, así los montesanos en una baza muy importante para que el rey, Pedro IV de Aragón, derrotara a los sublevados de Valencia. La Orden se convirtió en la principal fuerza militar defensora del trono.

Al parecer, las relaciones entre Pedro IV el Ceremonioso y el Maestre Tous fueron excelentes. Prueba de ello, la ayuda que durante la Guerra de Castilla o de los Dos Pedros prestó la Orden al Ceremonioso. Tras la muerte del Maestre fray Albert de Tous, se produjeron algunos enfrentamientos entre la Orden y la Corona, en particular con el Maestre fray Berenguer March.

Con el cambio de dinastía, en el año 1412, los montesianos participaron activamente en las campañas de Italia, realizando numerosas gestiones diplomáticas y militares, al lado del rey Alfonso el Magnánimo. Otro aspecto significativo fue el de la participación de la Orden en el estamento eclesiástico de las Cortes Valencianas, donde podemos documentar su presencia a partir 1329-1330.

La Orden de Montesa participó de forma activa en la política valenciana de la época, pues como segunda voz del Brazo Eclesiástico de las Cortes, sus decisiones se tuvieron en cuenta. Se significó en la política del rey Alfonso el Magnánimo por el Mediterráneo, y como las otras órdenes, participó en la conquista de Granada en el año 1492.

f4Sin embargo, los reyes empezaban ya a tomar parte activa en la elección de los Maestres. El rey Fernando II el Católico de Aragón impuso como tal a su sobrino, Felipe de Aragón y Navarra, revocando así el anterior nombramiento.

El último Maestre fue Pedro Luis de Garcerán de Borja, marqués de Navarrés, hijo del duque de Gandía, hermano de San Francisco de Borja, elegido a los diecisiete años. Un tribunal de la Inquisición de Valencia condenó a Garcerán de Borja por sodomía en el año 1572.

Parece ser, que Pedro Luis Garcerán de Borja había estado enamorado tiempo antes de un tal Martín de Castro, un rufián dedicado a la prostitución y el proxenetismo, tanto de hombres como de mujeres, y que fue sorprendido en la cama con el conde de Ribagorza, Juan II de Ribagorza.

Martín de Castro, antes de ser ejecutado en el año 1574 en la Corte, delató a Pedro Luis Garcerán de Borja, dando escabrosos detalles y mostrando su falta de escrúpulos. Garcerán de Borja, que había sido virrey y Capitán General de los reinos de Tremecén, Túnez, Orán y Malzalquivir, se vio comprometido por la crisis interna que sufría la Orden de Montesa, dividida en facciones, y por las enemistades creadas al promocionar a sus favoritos.

Felipe II, que fue consultado por la Inquisición sobre la conveniencia del juicio, decidió emplear el proceso para dar una lección a la nobleza levantisca, neutralizando a la vez la alianza de los Borja con la familia real portuguesa. Garcerán de Borja fue condenado a diez años de reclusión en el convento de Montesa y una multa de 6.000 ducados, a razón de 1.000 ducados al año.

En contra de la costumbre observada por la Orden de Montesa, en el año 1558, el Maestre contrajo matrimonio con doña Eleonor Manuel, para lo cual logró la pertinente autorización de la Santa Sede.

Más adelante, consiguió de Roma la Bula, que permitió a los caballeros contraer matrimonio. El Maestre intentó convencer al Capítulo General de la Orden en el año 1583, para que aceptase a su hijo, fray Juan de Borja Manuel, como sucesor en el Maestrazgo, a lo cual la Orden se negó.

f3Como respuesta, el Maestre negoció con el rey Felipe II la incorporación a la Corona de la última Orden, que se mantenía independiente. El ocho de diciembre del año 1587, gracias a una bula del Papa Sixto V expedido en Roma. Como premio obtuvo la Encomienda Mayor de Calatrava y en 1591 el Virreinato de Cataluña, falleciendo en 1592.

La Bula de la Incorporación fue promulgada por el Papa Sixto V, el quince de marzo de 1587, pero no se hizo efectiva hasta la muerte del Maestre, que falleció en Barcelona el veinte de marzo de 1592. Tras el óbito del maestre, Felipe II otorgó poderes a los frailes de Calatrava, fray Juan Pacheco y frey Juan de Quintanilla para que tomasen posesión del Maestrazgo de Montesa en su nombre.

Los actos de posesión empezaron en el Sacro Convento de Montesa, el día ocho de diciembre de 1592, y continuaron por el resto del señorío.

El paso de la Orden de Montesa a la Corona supuso para el rey una importante fuente de mercedes, pero también el control de un señorío de unos 2.500 Km2, con una población que oscilaría entre los 8.000 y 9.000 vecinos, y una renta bruta cercana a las 30.000 libras anuales, cantidad nada despreciable teniendo en cuenta que el mejor dotado monasterio del Reino de Valencia, el de Santa María de la Valldigna, apenas alcanzaba entonces las 12.500 libras.

Una vez en sus manos, Felipe II tuvo que diseñar un nuevo organigrama para poder gobernar la orden de Montesa, pues la incorporación se hacía a la Corona de Aragón. Ello obligaba al rey a dirigir la Orden desde el Consejo Supremo de Aragón, organismo que en adelante iba a funcionar, en lo que atañe a Montesa, como consejo particular de la Orden.

Puesto que el Consejo no podía entender en materias de jurisdicción espiritual, se instituyó el cargo de Asesor General, oficio que pasaría a desempeñar un caballero de Montesa miembro de dicho Consejo.

f2No obstante, para poder ejercer jurisdicción en el Reino, los fueros de Valencia exigían la residencia en él, por lo que hubo que crear un nuevo cargo, el de Lugarteniente General de Maestre en la Ciudad y Reino de Valencia, oficio que asumiría un caballero de Montesa. En consecuencia, pasó al lugarteniente la jurisdicción temporal y espiritual, gobierno y justicia de toda la Orden.

Felipe II, como Administrador Perpetuo de la Orden, fundó en la ciudad de Valencia en el año 1593, una casa de estudios para los religiosos, el Colegio de San Jorge, lugar donde habían de residir los clérigos de la Orden, que estudiaban en la Universidad de Valencia.

Durante el siglo XVIII, la orden de Montesa, como otras instituciones, entró en una nueva etapa, que se inició con la abolición de los Fueros por parte de Felipe V en el año 1707 y la supresión del Consejo de Aragón.

La política propició la asimilación de la Orden de Montesa por el Consejo de las Órdenes, donde su presencia quedaría un tanto eclipsada frente a las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara. Pese a todo, la nueva dinastía de los Borbones, probablemente en un intento de congraciarse con la nobleza (la mayor parte afín a la causa felipista), confirmó en sucesivas ocasiones los privilegios de la orden militar valenciana.

Un terremoto ocasionó el derrumbamiento del castillo-convento de Montesa en el año 1748. Los frailes supervivientes, siguiendo las órdenes del rey Fernando VI, se trasladaron al palacio del Temple, en Valencia, lugar donde ocasionalmente vivieron los maestres de la Orden y, en la época, residencia oficial del lugarteniente general.

f1Carlos III despachó un Real Decreto, en el año 1761, mediante el cual mandaba construir en el palacio del Temple, en la ciudad de Valencia, un nuevo edificio para convento, iglesia y colegio de la orden de Montesa.

La construcción del nuevo conjunto monacal se encargó al arquitecto Miguel Fernández, que en aquel momento, era teniente director del Palacio Real de Madrid a las órdenes de Francesco Sabatini. Las obras se desarrollaron entre los años 1761-66, inaugurando la iglesia, aún por concluir el cuatro de noviembre de 1770.

La obra se acabó de forma definitiva en el año 1785, con la construcción de la capilla de la Comunión o de San Jorge. Aunque fue un edificio ajeno a la tradición arquitectónica local, pues el modelo venía impuesto desde la Corte, años después y bajo la supervisión de la Real Academia de San Carlos, el convento de Montesa en Valencia se tuvo muy presente en la edificación de otros templos, sobre todo en cuanto a detalles compositivos.

Es durante esta época cuando se produjo una notable presencia de religiosos de Montesa en las aulas de la Universidad de Valencia. Debemos destacar a fray Vicente Blasco, que obtuvo el cargo de rector en el año 1784 y dirigió la institución hasta su muerte en el año 1813. Durante el siglo XIX, la orden de Montesa, al igual que otras órdenes, sufrió los decretos de desamortización de Mendizábal del año 1835.

Los religiosos, cuya jurisdicción pasó a los ordinarios diocesanos a partir del Concordato del año 1851, fueron desapareciendo poco a poco en algunas de las parroquias, cuyo Patronato seguía conservando el rey como Maestre-Administrador perpetuo. En cuanto a los caballeros, al igual que los de Santiago, Calatrava y Alcántara, quedaron reducidos a una corporación nobiliaria.

Un siglo más tarde pasó a ser administrada por la Corona, que asumió el Maestrazgo con el beneplácito de la Santa Sede, por lo que es hoy maestre-administrador perpetuo el rey Felipe VI. Desde el punto de vista eclesiástico y tras el Concordato del año 1851, ejerce el cargo de Obispo-prior de las Órdenes Militares el titular de la diócesis de Ciudad Real y cuenta, a día de hoy, con 53 caballeros: 33 profesos y 20 novicios.


[1] El rey Felipe IV, el Hermoso de Francia, acusó a los Templarios en el año 1307 ante el Papa, Clemente V, de infames crímenes y crueles herejías. Se celebra en el año 1311 el Concilio de Viennes, donde se propugna la desaparición de los Templarios. El dos de mayo del año 1312 promulgó la bula “Ad providam”, por la que todos los bienes de los Templarios son transferidos a la Orden de San Juan del Hospital.

La Orden militar de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama
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