ENTREVISTA A VÍCTOR MORENO

"En Navarra, solo hubo un ejército que libró una guerra de exterminio con el aplauso de las autoridades militares, civiles y religiosas"

En diciembre del año pasado, Víctor Moreno publicó Villafranca en la Republica (1931-1936). Un sueño convertido en pesadilla. Ahora, en abril de 2018, acaba de editarse, Villafranca bajo el terror golpista (1936-1939). Tiempos de malquerer. Libros publicados por la editorial Pamiela, de Pamplona, y cada uno de ellos de 550 páginas.

Aclaremos al lector que Villafranca (Navarra) es una población campesina del sur de la Ribera, cercana a Tudela, y que contaba con 3475 habitantes en 1936. De este pueblo, surgirían durante el periodo republicano dos figuras políticas importantes y totalmente antitéticas a nivel ideológico, el fascista Tomás Domínguez de Arévalo, conde de Rodezno, y la socialista Julia Álvarez Resano. Tras el 18 de julio de 1936, de julio a diciembre, 40 villafranqueses serían asesinados por los falangistas y carlistas del pueblo. Dos serían mujeres. Una de ellas, Carmen Lafraya sería violada delante de su propio padre, Esteban, a quien también asesinaron. A ellos se unirían, dos crímenes más; uno, el de José Calvo, en febrero de 1937, en Pamplona; y un segundo, el de José María Jiménez, maestro, en septiembre de 1939, en Barcelona. El libro es una radiografía de los escenarios de la represión y de la muerte por los que pasaría la población.

libro2Nuevatribuna.es | A muchos lectores les parecerá muy fuerte el título: Villafranca bajo el terror golpista… Suena durísimo.

Víctor Moreno | Probablemente. Pero no deberían olvidar que las derechas navarras en tiempo de la II República, tras el triunfo del frente Popular desde antes de las elecciones de febrero, venían hablando del “terror soviético” en que vivían bajo la presidencia de Azaña. ¡Qué cinismo! Ojalá que el terror soviético de los republicanos navarros hubiera sido como el terror implantado por los fascistas tras el bando del renegado Mola. Durante ese terror moscovita, en Navarra no hubo ningún asesinato, ningún crimen, ni quema de iglesias. En cambio, en 1936, desde el mes de julio a diciembre, en Villafranca se cometieron 40 asesinatos. Por las bravas. Sin cargos, sin juicio. Solo por ser de izquierdas, republicanas o socialistas.

Incluso así, la aspereza del título sigue ahí.

No se puede remediar. Es lo más cercano a lo que sucedió. Este libro nunca se hubiese escrito si quienes convirtieron Villafranca en un infierno habrían dicho la verdad cuando pudieron hacerlo, sobre todo, a partir de 1978, fecha en que ciertos ex falangistas comenzaron a ver las orejas al lobo de sus conciencias.

Carlistas y falangistas colaboraron al unísono, por activa y por pasiva en que tal masacre se llevase a cabo

Si ellos o sus familiares más directos, hubiesen contado quiénes fueron los matones y quiénes los cerebros intelectuales de los asesinatos cometidos, no sería necesario de investigar acerca de cómo fue posible dicha masacre. Solo los psiquiatras, y no los historiadores, tendrían que hacer el análisis. Es cierto que saber la verdad de lo sucedido no aminoraría el dolor de las víctimas y de sus familiares, pero se hubiera rebajado o desaparecido la tensión que se vive en el pueblo cuando se toca el tema.

La verdad suele ser terribley, al final, cuando se busca siempre se sabe.

Así es. Y por no contarla, seguimos teniendo muchas dudas acerca de la autoría intelectual y matonil de estos asesinatos. Y, como suele decirse, es posible que a la hora de señalar culpables paguen justos por pecadores. En cualquier caso, en una cosa no me equivoco: carlistas y falangistas colaboraron al unísono, por activa y por pasiva en que tal masacre se llevase a cabo. Como sugiere el subtítulo, fue un tiempo de malquerer, es decir, de venganza, de rencor y de odio. Y siempre será muy difícil de explicar cómo se pudo llegar a odiar tanto para llegar a cometer tales sevicias.

Cuando presentaste el primer libro, Villafranca en la II República, dijiste que no era una historia de buenos y de malos. Estamos ante el mismo panorama moral.

Ojalá se pudiera decir lo mismo, pero la realidad es otra. En este tiempo de malquerer, estamos ante una historia de culpables y de inocentes. Culpables fueron los falangistas y los carlistas, la Guardia civil y el Párroco. Y culpables fueron todos aquellos que teniendo poder político público e institucional no lo utilizaron para evitar la masacre. Desde luego, ninguno de los terratenientes del pueblo y ricos del lugar movieron un dedo por acabar con aquellos crímenes.

E inocentes fueron los 42 asesinados. Sin paliativo alguno.

He leído infinidad de documentación municipal y no consta en ella el nombre de ningún falangista, ni de carlista que, con cargo institucional o público, laico o religioso, se opusiera a tales crímenes, de los que eran perfectos conocedores, cuando no instigadores.

¿Actuaron al unísono golpista siguiendo la consigna del escarmiento del bando de Mola, pronunciado en Pamplona?

En efecto. En cualquier caso, las derechas ya venían preparándose para esta escabechina desde abril de 1936, y así lo denunciaron los socialistas del pueblo. Las derechas del pueblo aplaudieron y colaboraron de modo activo en los crímenes; incluso, actuando de forma autónoma.

Vicente Azcona Jaime, alias El Cojo, fue un furibundo fascista que, desde el púlpito, no solo no intentó detener los crímenes, sino que, además de justificarlos teológicamente, alentó la actividad depuradora emprendida por las autoridades civiles

Llama la atención la actitud beligerante del párroco.

Vicente Azcona Jaime, alias El Cojo, fue un furibundo fascista que, desde el púlpito, no solo no intentó detener los crímenes, sino que, además de justificarlos teológicamente, alentó la actividad depuradora emprendida por las autoridades civiles. Nunca se le oyó desde el púlpito dirigirse a las milicias armadas de falangistas y carlistas diciéndoles que se detuvieran en sus atropellos. Al contrario, firmó informes sobre presos donde solo le faltó decir que lo mejor que se podría hacer con ellos era fusilarlos. Nunca usó tanto el hisopo como en esta época bendiciendo a los golpistas y sus asesinatos.

Globalmente, ¿cómo describirías el libro? ¿Qué se va a encontrar el lector?

El libro es una descripción minuciosa y analítica de los hechos que, mes a mes, protagonizaron los falangistas, carlistas, Iglesia, Ayuntamiento y vecindario, desde 1936 a 1940, convirtiendo Villafranca en un infierno para quienes habían sido republicanos y, sobre todo, socialistas.

Describe el escenario terrorífico que se creó en el pueblo tras el golpe, que fue lo más parecido a un campo de concentración, donde los republicanos mas cualificados fueron asesinados y el resto ingresado en la cárcel del partido, Tudela y en la de Pamplona, así como en el Fuerte san Cristóbal.

Es el periodo más horrible vivido por Villafranca a lo largo de su historia. Ni la primera guerra carlista, a pesar de su crueldad, alcanzaría cotas tan altas de sadismo. Y eso que la situación de 1936 guarda con esta 1ª guerra carlista bastante parecido. De hecho, los carlistas repetirían el mismo comportamiento cruel.

libro1¿En qué base documental has basado tu investigación?

- La más importante está en el archivo municipal de Villafranca que es muy rica en describir todos y cada uno de los desmanes que se llevaron a cabo. Luego, están los archivos, el General de Navarra y el Militar, el archivo de la Memoria Histórica de Salamanca, el AGA de Madrid, el Archivo Militar nº tres de Barcelona y el de Guadalajara.

Y está la rica e imprescindible información oral que he ido recogiendo desde 1979 hasta hace cuatro días; siempre de boca de quienes vivieron en la república y los años inmediatos a la guerra, familiares de republicanos asesinados o simplemente testigos de aquel horror.

Ante lo sucedido en Villafranca a partir del 18 de julio de 1936, en especial desde julio a diciembre, la gente se sigue haciendo las mismas preguntas: ¿Quiénes perpetraron tal masacre? ¿Quiénes fueron sus cerebros intelectuales? Y, sobre todo, ¿por qué la cometieron?

- Lo he hablado mucho con hijos de asesinados. En ocasiones, para explicar lo sucedido me he planteado: ¿qué hacemos cuando nos encontramos en una situación en la que alguien nos ordena hacer algo que entra en conflicto con nuestra conciencia? ¿Qué lleva a una persona a torturar a otra hasta matarla o asesinarla? La situación se vuelve más terrible cuando observamos que no se trata de matar a personas desconocidas, sino personas con las que has pasado toda tu vida, desde la niñez hasta la adultez, compartiendo escuela, juegos, aventuras, amores, fiestas y celebraciones de todo tipo.

¿Qué mecanismo psicológico utilizaremos para acertar con la explicación de este comportamiento? ¿El odio? ¿La venganza? ¿Alguna disfunción cerebral? ¿Enajenación mental transitoria? ¿Circunstancias de la guerra elevadas a la categoría de inevitables?

Sabemos que las circunstancias de la guerra fueron tremendas, pero cabe señalar que en Villafranca como en toda Navarra no hubo frente de guerra. En Navarra, solo hubo un ejército que libró una guerra de exterminio con el aplauso de las autoridades militares, civiles y religiosas. Fue un genocidio.

Siempre se ha dicho que Navarra fue la cuna del Alzamiento…

Más que una guerra tradicional, hubo una guerra de exterminio, que, para colmo, se aprovechó de que no hubiese frente

Y no por decisión de la Providencia, desde luego, como dijo el obispo de la diócesis. Desde un primer momento, una vez que asesinaron a los republicanos militares que se opusieron a Mola, entre ellos Rodríguez Medel, jefe de la comandancia de la Guardia Civil de Navarra, solo actuaron los golpistas. Así que no cabe escudarse en la repetida réplica de que todos, golpistas y republicanos, se comportaron igual. Es mentira. En Navarra no. Cabe indicar que los únicos bombardeos tuvieron lugar en Pamplona, Tudela y Lumbier. Y fueron habas contadas. Incluso, la prensa golpista, Diario de Navarra y El Pensamiento Navarro, tuvieron el cinismo criminal de echar en cara a la aviación republicana de atacar un territorio que no estaba en guerra. Olvidaban que ellos en ese mismo territorio no bélico asesinaron a 3500 navarros.

Más que una guerra tradicional, hubo una guerra de exterminio, que, para colmo, se aprovechó de que no hubiese frente. Por eso, más que presentar estas circunstancias bélicas como atenuante de los crímenes perpetrados, habría que tenerlas como circunstancias agravantes. Porque se exterminó al otro en una situación desigual. No se asesinó en defensa propia como sucede en una guerra con dos frentes, sino que se mató por la espalda y a traición, con premeditación, nocturnidad y alevosía. Algo que suelen hacer los criminales y los asesinos. Así asesinaron a 3500 navarros.

¿Por qué actuaron así? ¿Hay una explicación?

En los años 60, un psicólogo social, Stanley Milgram, realizó unos experimentos donde creyó encontrar la respuesta a este tipo de atrocidades. Su conclusión fue que los humanos somos capaces de lo peor cuando estamos cumpliendo órdenes de una autoridad. Pero no solo. Añadió que quienes participan en estas masacres no se limitan a obedecer, sino que creen estar sirviendo a un bien superior. En el caso que nos ocupa, y por este orden, el bien superior se llamó Dios y España. Por tanto, los matones no se limitaron a obedecer: actuaron así porque creían estar colaborando en una Cruzada, a favor de España y de la Religión, una España y una Religión a su medida claro. La verdad es que idea de Dios resultó ser mucho más tóxica que la de España.

¿Podemos imaginar si estas personas se plantearon el dilema de si sus acciones eran moralmente correctas o no?

Nos equivocaríamos si lo hiciéramos. No hubo tal dilema. Estaban convencidos de que asesinar a sus vecinos formaba parte de un bien superior. Cómo llegaron a concebir tamaña barbaridad es algo que podemos comprenderlo, aunque nunca aceptar.

Había que ser unos disminuidos mentales para ignorar que estaban haciendo daño, mucho daño. Y no lo eran. Les bastaba ver a los familiares de los asesinados sumidos en el dolor para darse cuenta del mal que estaban haciendo. El hecho de que argumentaran que eso les pasaba por ser familiares de rojos o de republicanos, mostraba a las claras que sabían que estaban haciendo el mal y que ellos lo consideraban como bien. Un planteamiento que les sirvió de coartada durante más de cuarenta años y que, en algunos casos, sigue funcionando, mutatis mutandis, hoy mismo.

Es decir, no fueron agentes pasivos. No actuaron ciegamente.

No. Estaban al servicio de un Bien Superior, como dijeron los obispos españoles en su Carta Colectiva, alentada por Franco al cardenal Gomá: “lo mismo que los cruzados cuando mataban moros para echarlos de los santos lugares”. Esto no significa que les agradara matar y asesinar, pero el daño que infligieron, lo sublimaron porque se creían que lo era por una causa superior que obviaba cualquier escrúpulo moral. Así que líbrenos el sentido común de quienes luchan por causas superiores. A quienes no den la talla, se los han de cepillar a la mínima de cambio.

La Guerra no habría tenido lugar si la Iglesia se hubiese plantado desde el primer momento. Lo tenía que haber hecho el Cardenal Gomá desde un principio y luego sus subalternos, pero se pusieron de lado de los golpistas contra un gobierno democrático

La Iglesia, como apuntas en el libro, también, ayudó lo suyo.

La Guerra no habría tenido lugar si la Iglesia se hubiese plantado desde el primer momento. Lo tenía que haber hecho el Cardenal Gomá desde un principio y luego sus subalternos, pero se pusieron de lado de los golpistas contra un gobierno democrático. En Navarra, el obispo de la diócesis, Marcelino Olaechea, escribiría en los periódicos que “no es una guerra civil, es una guerra santa”. Por lo que el asesinato era justo y bueno a los ojos de Dios. Menudo aval. Porque en una guerra en la que se defendía a Dios, matar a los herejes era justo, como decía Santo Tomás de Aquino y en cuya doctrina se apoyó la Jerarquía eclesiástica. Y herejes, es decir, hombres malos, eran, ahora, los republicanos, los socialistas, los anarquistas y los comunistas. Y eran peor que las bestias, como señalaba el doctor angélico. Gracias a las arengas de los curas, quienes participaron en esta masacre se sintieron bien consigo mismos porque formaban parte de esta cruzada en nombre de Dios y de España…

¿Se puede decir que en Navarra, al no haber frente de guerra, se creó un clima de guerra de exterminio?

Sin lugar a dudas. Los dirigentes carlistas y falangistas, junto con el poder eclesiástico, crearon el clima social necesario gracias a un discurso permanente que hablaba de muertos por la patria, los nuestros; de funerales colectivos en cuanto había un muerto por el Movimiento Glorioso Nacional; de entrega de medallas a los mutilados que regresaban del frente y elevados a la categoría de héroes; de erección de monolitos, de monumentos, de cruces, de cambio de nombres de calles, de manifestaciones continuas por los motivos más nimios, de actos religiosos, misas y rosarios, de desagravios, de entronizaciones, de procesiones, de colectas y de recolección de cualquier cosa, de adhesiones a los líderes…

No hubo día en que no se celebrara una efeméride religiosa donde no apareciera este discurso, en el que los propios republicanos eran considerados rebeldes al Movimiento Glorioso por no adherirse a su causa y por tanto dignos de ser fusilados. De alucinar. Los golpistas ya no eran los militares y sus secuaces, sino los republicanos por no rebelarse contra la República. Parece cosa de locos, pero fue así, Y cuando se tienen las armas, las palabras dicen lo que el poder de las armas quiere que signifiquen.

La prensa jugaría un papel importante en la creación de este discurso.

En Navarra, el periódico más beligerante fue Diario de Navarra, que se convirtió en el púlpito de los golpistas. Ya lo fue durante la Dictadura de Primo de Rivera. Junto con él, El Pensamiento Navarro, órgano de los carlistas. Podríamos calificarlos tan responsables o más de la muerte de los 3500 navarros asesinados que los que dispararon el fusil. Justificaron y alentaron lo que llamaron la obra depuradora, que incluía la muerte de los republicanos y socialistas y su degradación física, humana y moral. La responsabilidad de ambos periódicos fue tan grave como la de Mola. Recuérdese que el Bando de este fue tipografiado en las dependencias del propio periódico.

Llama mucho la atención la lectura del discurso de Pemán a las Comisiones Depuradoras de Enseñanza en diciembre de 1936. Produce escalofríos. Es puro nazismo.

En efecto. He aquí un breve fragmento para que el lector lo calibre en su justa medida perversa: “la perspectiva del resurgir de una España mejor está en razón directa de la justicia y escrupulosidad que pongan, ustedes, en la depuración del magisterio en todos sus grados”.

Luego añadía: “El carácter de la depuración que hoy se persigue no es solo punitivo, sino también preventivo. Es necesario garantizar a los españoles que con las armas en la mano y sin regateos de sacrificios y sangre salvan la causa de la civilización, que no se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar a los envenenadores del alma popular primeros y mayores responsables de todos los crímenes y destrucciones que sobrecogen al mundo”.

¿Conoces cómo fue la experiencia de quienes obedecieron de este modo, al modo Pemán, quiero decir?

No dispongo de sus confesiones. En una ocasión, un hijo de asesinado me dijo que oyó decir a un supuesto matón del pueblo: “Contentos os podéis ver en Villafranca que solo fueran asesinados 42, en otros pueblos fueron el doble”. Para pensarlo.

Se habla de matones y cerebros intelectuales. ¿Hay alguna manera de saber sus nombres?

Una fuente clave sería la declaración de quienes heredaron la memoria de los vencedores. Pero es muy probable que tampoco lo sepan, porque también fueron hijos y nietos de una generación del silencio y, luego, de la vergüenza. Pero, aunque sepan algo, por poco que sea, tampoco lo dirán. Y, mucho peor aún, si hablan, lo harán justificando su comportamiento. Y esto es lo terrible de esta historia después de ochenta años. Que los herederos del franquismo sigan justificando el comportamiento inmoral de sus antepasados, basándose en una equidistancia de la culpabilidad que no es tal.

Cuando he hablado con familiares herederos del franquismo y les dices ciertas cosas, te dicen que no fue así. Al pedirles que te digan, entonces, cómo fue, callan y no dicen nada. O, si dicen, lo es para encomendarse al territorio de las conjeturas, de las inculpaciones generales, del a mí me dijeron que

Al no hablar, al no decir la verdad, lo que se crea es el territorio de la sospecha y de la fabulación. Es evidente que la única manera de terminar con este prolongado silencio de ochenta años sería contando la verdad, pero cada vez se va haciendo más difícil.

La única ocupación de los golpistas fue asesinar a quienes ya tenían previamente in mente. No hubo ninguna improvisación. Ya se sabía de antemano a quiénes se iba a asesinar. Tenían, además, todo el tiempo del mundo, pues no había frente de guerra. Se lo tomaron con calma y alevosía

Desde la otra orilla, lo que ves de forma muy clara es que el proceso de aniquilamiento de las izquierdas en Villafranca tuvo dos momentos claves. Primero: Aniquilamiento físico. Segundo: Represión brutal en todos los órdenes.

En efecto. Fue la aplicación bárbara y cruel del Bando de exterminio de Mola. El extermino -como forma de escarmiento- fue lo más cruel. Claro que hay gente que ha llegado a decir que el hecho de que aquí no hubiera un frente republicano fue mejor para Navarra, porque, si no, entonces habría habido muchos más muertos. Se habrían matado todos. Ya se sabe cómo es el genio navarro. Y carlista, ni te cuento. Al no haber más que un bando armado, se redujo considerablemente el número de asesinados. Puede que dicha tesis sea verosímil, pero suena tenebroso.

La única ocupación de los golpistas fue asesinar a quienes ya tenían previamente in mente. No hubo ninguna improvisación. Ya se sabía de antemano a quiénes se iba a asesinar. Tenían, además, todo el tiempo del mundo, pues no había frente de guerra. Se lo tomaron con calma y alevosía.

¿Y la represión que siguió tras los asesinatos qué formas adquirieron?

Hubo prisión para los que sobrevivieron, campos de concentración, batallones disciplinarios, exilio, expulsiones de familias y, sobre todo, hambruna. Tanto en las cárceles de Tudela, Pamplona, Fuerte de san Cristóbal estuvieron presos una centena de socialistas, y en las Comendadoras en Madrid, Nicolás Jiménez, maestro, que en 1939 era Director General de Educación de Madrid, con el gobierno de Azaña.

En el campo de concentración de Mauthasen estuvo preso el maestro Carlos Alonso y en GURS Luis Martínez Joaquit (CNT); Cristóbal Adrián Murugarren (UGT); Casimiro Pérez Nanclares (Izquierda Republicana) y Santiago Velasco Marcilla (UGT).

Hubo multas, requisas, confiscaciones de bienes, casas, comercios, tiendas, estancos, bares, ganado, cosechas, joyas, enseres domésticos, haciéndolos pasar después como donativos voluntarios para la Cruzada. No sorprenderá, por tanto, ver en esas listas como voluntarios donantes a familias de republicanos asesinados. Pretendían librarse de una muerte o prisión segura.

Hubo cortes de pelo a mujeres, haciéndolas desfilar públicamente entre insultos, obligándoles ir a misa con la calva descubierta. Hubo bautizos de niños no bautizados durante la República, casados obligados a contraer matrimonio canónico, obligación de ir a misa y comulgar. Huérfanos hundidos en la miseria y obligados a rezar y cantar el Cara al Sol como condición para recibir el rancho en Auxilio Social. En cuanto, al cuadro representado por viudas y ancianos fue atroz.

¿Y todas esas represiones están compulsadas en los archivos municipales?

Una por una. Conocía esta represión por lo que me habían contado quienes vivieron esta época, pero, en efecto, he comprobado que en el archivo se puede seguir paso a paso esta represión sistemática aplicada de forma rigurosa a personas con nombres y apellidos. En este aspecto, el libro relata cada uno de esos momentos, pues, a fin de cuentas, los protagonistas del libro no son los fascistas y asesinos que por él pululan, sino quienes lograron salir de aquel infierno a pesar de todas y cada una de las sevicias a las que fueron sometidos y que cuento con pelos y señales. Falangistas y carlistas, luego franquistas, más tarde demócratas de toda la vida, hicieron todo lo posible para hundir en la miseria a los familiares descendientes de republicanos y socialistas. Todos sus nombres están en el libro.

¿No hay, entonces, ley de amnistía para estos crímenes?

 Sabemos que en 1977 se proclamó una amnistía para los crímenes cometidos antes de esta fecha. Lógico, quienes la firmaron eran herederos directos del franquismo. Se dice que estos crímenes no son genocidio porque esa categoría no se introdujo en el código penal español hasta el 1 de octubre de 2004. Sin embargo, si echamos mano del Derecho Internacional, la perspectiva es bien diferente, porque la norma de este derecho está por encima de cualquier código de alcance estatal. Como dicen los juristas, el principio de jerarquía en Derecho va a misa. En concreto, la llamada lesa humanidad es supraestatal y no prescribe desde que el Tribunal de Nuremberg la tipificara en 1946, en unos juicios históricos contra los execrables crímenes nazis. Y lo hizo, además, con aplicación retroactiva, para que se pudiera aplicar desde el 30 de enero de 1933 contra el nazismo.

El concepto de crimen de lesa humanidad, según el Acuerdo o Carta de París de 8 de agosto de 1945, que estableció el Estatuto del Tribunal de Núremberg, se definió como "crímenes contra la humanidad", es decir, el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra".

Si los crímenes franquistas, sus ejecuciones sumarísimas, las fosas comunes, el secuestro y el robo de niños, no lo son, entonces, es que ya no entendemos nada. Ninguna ley de amnistía puede estar por encima de tales crímenes. Si es así, es que hemos dejado de ser piadosos y nos hemos olvidado de las víctimas.