domingo 27/9/20
MÚSICA CONTEMPORÁNEA

"El trueque yo te programo-tu me interpretas es lo más ruin de la política musical de este país"

El músico madrileño, Alfonso Ortega ha explicado a Nueva Tribuna sus caracteristicas en una entrevista en la que también expresa fuertes críticas hacia la creación artística y la política musical académica institucional.

El compositor ha ideado un innovadora técnica que amplía de manera espectacular las posibilidades del saxofón, un instrumento básico en la creación musical actual

NuevaTribuna: Ha ideado un sistema mediante el cual se amplían de manera espectacular las posibilidades del saxofón, un instrumento básico en la creación actual. ¿En qué consiste?

Aportar algo, aunque sea poco, ya es un milagro. Una vez confirmado con grandes maestros del instrumento a nivel internacional que jamás se había realizado anteriormente, puedo decir que mi obra es la primera escrita para una técnica que he llamado “saxofón preparado”. La técnica no es compleja, es una disposición sobre un tipo de interpretación llevada a cabo por cientos de saxofonistas, como es la de saxofones simultáneos, en la que un solo instrumentista trabaja con dos saxos a la vez; muchas veces esta interpretación se realizaba con una mano en cada uno, al estilo del aulós griego, y si se hacía con las dos en uno, el otro funcionaba como bordón en la afinación del saxofón, con todas las llaves abiertas. La aportación consiste en la preparación de uno de ellos mediante la obturación de una combinación de llaves para la consecución de diversas afinaciones imposibles de obtener de otra manera. Con esto consigo realizar combinaciones sonoras que pueden mutar en relación a la estructura elegida para cada fragmento o movimiento. Esta técnica en dos saxofones de diferente afinación me ayuda a trabajar con sonoridades adyacentes, consiguiendo una interesante riqueza tímbrica y armónica. Me recuerda, lejanamente, a la preparación que Cage hacía de sus pianos, de ahí lo de “saxo preparado”. 

Gallo (P)

Dragón (P)

Serpiente (P)
(Fotos y partituras: ©Alfonso Ortega)

NT: La aplicación práctica de esta innovación es la obra Hanshakou Kôbô (Fábrica de Reflejos en japonés) para piano, saxo y saxo alto preparado...

Es la primera obra escrita con esa técnica en la historia del saxofón, más exactamente su segundo movimiento Shukakushitsu (Sala de Recolección), que es donde está desarrollada. Por otro lado, en el tercer movimiento, Tenjishitsu (Sala de Exposiciones) realizo una técnica que intenta evocar las partituras del Ars Subtilior, a la que denomino Pareidolias, ya que el resultado es la sonorización de dibujos realizados con estructuras sonoras, algo que me llevó un tiempo, ya que esas imágenes sonoras deben funcionar técnicamente, si no se quiere caer en un simple y absurdo manierismo deshonesto. 

NT: Será presentada el 27 de marzo del año próximo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Cómo está siendo la experiencia de ensayar con Andrés Gomis y Kayoko Morimoto, instrumentistas de lujo que acometerán el estreno mundial?

Cuando uno sabe que se confía a profesionales fiables, duerme tranquilo. Esa es mi experiencia, la calma, la serenidad, la garantía de que mi obra está en las mejores manos. Kayoko es amiga desde hace años, mimará e interpretará la obra a la perfección. Para mí significa despreocupación y calma. Joan Guinjoan me repetía: “Ten cuidado con quien interpreta lo que escribas, porque ante el auditorio, el culpable siempre eres tú, nunca el instrumentista”. He tenido experiencias traumáticas con algunos intérpretes que, por falta de nivel o de estudio, han destrozado mi música. Con Kayoko tengo garantía de que lo que escribo va a sonar como lo he escrito. En cuanto a Andrés, fijémonos en su dilatada y exitosa carrera, poco más debo añadir. Estoy feliz.   

alfonso-2NT: Usted se ha relacionado con algunos de los compositores más importantes de la Generación del 51, de la que forman parte nombres ilustres como Agustín González Acilu, Claudio Prieto, Luis de Pablo, Cristóbal Halffter, Antón García-Abril... Cuando uno los lee, o conversa con ellos, da la impresión de que nada ha cambiado. ¿Está el mundo cultural nacional en su peor momento histórico o, sencillamente, siempre ha sido igual?

Nos toca nacer donde nacemos, es algo que no elegimos, y desde que nacemos debemos socializarnos, lo mejor posible, donde nos ha tocado ver la luz. Nací en un país donde el desprecio por la música y sus “proletarios” es mayúsculo, donde las migajas de la política necia -dominada por sujetos carentes de espíritu crítico constructivo, ético y estético- marcan la realidad de este arte. España tiene un legado musical, no solo igual sino muy superior al del resto de países occidentales a los que mitificamos tanto, por nuestra falta o desprecio a la memoria. De la misma manera existe un nexo atemporal que une a Tomás Luis de Victoria con cualquier compositor sinfónico actual; la queja y la angustia permanente por lo mal que está todo y la poca esperanza de que algún día este desastre pueda cambiar a mejor ya se tenía claro en el siglo XVI, y sin embargo nuestra idiosincrasia es la que es. Momentos históricos lamentables para nuestro hiperatomizado gremio han existido toda la vida, y seguirá habiendo, porque quienes gimotean y lloran desconsolados por los rincones de sus propias burbujas existenciales nunca han movido un dedo si no ha sido más que por su propio ombligo. Es fácil rasgarse las vestiduras en privado y luego reptar por las migajas que el politicastro o el mísero gestor funcionario te lanza como a las palomas en los parques y, de paso, no dudar en pisotear a quien ose disputártelas. Comenzando por el trueque, cuya propuesta reza: “Yo gestiono, yo te programo, tu me interpretas” y la respuesta “tú gestionas, tú me programas, yo te interpreto”, aunque sólo sea una vez, nos encontramos ante lo más bajo, vil y ruin que puede existir en la política musical académica de este país, una dinámica obsoleta y mercadera en un bucle infinito, en el que algunos nadan como verdaderos tiburones.

NT: ¿Hay que llamar al público, atraerlo, o sencillamente ignorarlo?

Escribo para ser escuchado, comprendido, con la necesidad de compartir mi experiencia vital con los demás. Componer es dar, esperando, aunque sea, el reconocimiento de la experiencia estética de quien te escucha. Si, por el contrario, lo único que se recibe es la incomprensión o la mirada perdida del que no ha entendido nada, termina siendo un estéril y absurdo monólogo. Por otro lado, debo ser coherente con el espacio-tiempo que ocupo, con la sociedad en la que habito, y esto conlleva una serie de “obligaciones” para el papel que te ha tocado jugar, y ser consecuente: no puedo convertirme en un ser anacrónico, no puedo y no debo permitírmelo aunque el auditorio lo sea, de hecho lo es auditivamente en varios siglos, aunque no lo sabrán jamás si alguien no se lo evidencia. Debemos ser realistas, si al público le haces experimentar más allá de la estructura de villancico renacentista y de las sonoridades del clasicismo, sin llegar a Beethoven por supuesto, creen asistir a acontecimientos subversivos. Evidentemente, el adoctrinamiento sonoro es bestial; cuando naces tienes dos sensaciones primigenias que se te quedan grabadas a fuego: el rostro de tu madre y el sistema tonal. Las formas de acercar las estéticas coetáneas al auditorio para evidenciar su anacronismo han obtenido éxitos diferentes, pero, en conjunto, podemos decir que apenas han conseguido lo que se proponían sus promotores, así que esto nos lleva a pensar que no se están haciendo bien las cosas. 

12106815_10153121592787761_1678026379572692363_nNT: ¿Cómo podría un compositor musical hacer ver al público lo necesario de que se forme culturalmente, como una vía de desarrollo personal?

Algunos realizamos un arduo trabajo en el proyecto Echoes 1.61 Ensemble, que recorrió en 2013 varias universidades y conservatorios superiores, una gira que incluso nos llevó a Portugal. Realizábamos un acercamiento práctico a las vanguardias del siglo XX a profesorado, estudiantes y público. Contó con una calurosa acogida, porque funcionaba y llegaba, levantaba el ánimo y la curiosidad. La praxis demostró que esa vía daba frutos inusuales, socializaba el conocimiento y entendimiento de los lenguajes de vanguardia y acercaba al público, como nunca antes, a los grandes exponentes. Muchas piezas podrían ser valoradas por un público más preparado en los lenguajes que les son propios. Algunos “exponentes” del paisaje “creativo” del Estado, en connivencia con el ente público, no tardaron en destrozarlo, y aquella “misión pedagógica” quedó neutralizada en su fase inicial, en la que se consiguió mucho más que el resto de iniciativas programáticas juntas emprendidas hasta el momento. Sin incluir los enormes resultados de Almuvan, primer ensemble de música contemporánea formado, exclusivamente, por alumnos de grado medio de todo el Estado, al que luego han seguido muchos otros en otros centros... pero una trama de corrupción latente hoy día dio al traste con el conservatorio, y todo lo en él contenido. O las cuatro ediciones de los Encuentros Nacionales de Creación e Investigación, que los mismos protagonistas hicieron lo imposible por hundir cuando la fórmula comenzó a dar resultados sorprendentes. Lo que realmente me ha quedado es un muestrario ingente de dudas: ¿Realmente existe voluntad de ayudar a conocer? ¿Realmente se quiere atraer al público hacia la belleza, lo más objetiva posible, o hacia el alimento de la autoestima del que ha escrito “eso” que nadie entiende?  

NT: ¿El arte nos hace más felices? 

Aquí entra en juego la subjetividad. Objetivamente, el arte, de poseer una función, evidentemente es la de promocionar de alguna u otra manera la felicidad, o lo que se pueda considerar como tal. Pero todo es relativo. Si por felicidad entendemos la capacidad de ser consciente, el placer que procura el poder de discernimiento puede proporcionar algo cercano a la felicidad, siempre que no se utilice como vara de medir con la realidad circundante. Si, por el contrario, uno aboga por “la celebración de la ignorancia” saganiana o la estulticia, evidentemente el arte es una fuente inagotable de desgracia, por lo que de consciencia y humildad de la propriocepción conlleva; por esto, cuando un estúpido se siente en desventaja eleva el entretenimiento chabacano y el subproducto resultante de la “creatividad” proveniente de la mercadería industrial, en un sucedáneo de enjundia intelectiva al alcance de todo integrante del sistema y se incluyen adjetivos como "bonito" y "entrañable", o se confunde la puerilidad y mediocridad con la falta de prejuicios y el combate a una élite que no es tal, porque la élite es un grupo prefabricado, no es natural, el arte sí lo es, o al menos es la herramienta por la que el hombre y la mujer intentan plasmar su visión de la naturaleza de la que forman parte.

P: ¿Su respuesta sería...?

No lo sé. En mi caso es algo bipolar, una verdadera experiencia estética me proporciona una felicidad única e incomparable, quizá es lo más cercano al amor que siento por mi hijo pero a nivel general. Me provoca un efecto filantrópico, un acto sexual con todos mis semejantes. 

NT: Vivimos en un mundo donde, probablemente por influencia de las redes sociales y el protagonismo que ofrecen, todo el mundo se considera como un creador de contenidos dignos de ser reseñados. No obstante, la verdadera innovación y creación sigue estando reservada a unos pocos...

Existe una tendencia que es la de la autosugestión, considerarse el centro del universo; paradójicamente, el mayor fenómeno de masas de la historia de la Humanidad se ha convertido en una herramienta para exacerbar el individualismo y el SuperYo. Todo el mundo se ha convertido en enfermizamente exhibicionista, en un ejército uniformado de protagonismo pueril, con los problemas que reporta esa actitud, sobre todo en los menores. Si añadimos el “algo es verdad en la medida en que yo lo conozco”, “algo es válido en la medida en que yo lo comprendo”, “algo existe en la medida en me suena”, o “algo merece mi consideración en la medida en la que se ha creado mientras yo existo”, aderezado con la fugacidad meteórica de la memoria y el horizonte de sucesos, al final te encuentras a personas que aseguran haber descubierto la rueda o el fuego sin tan siquiera hacer una mínima indagación o un breve ejercicio de observación, mirando qué son esas cosas de goma sobre lo que se desplazan las bicicletas o los coches, o qué es eso que surge de las velas o los mecheros con los que su padre enciende un cigarrillo. El desconocimiento y la negación de todo lo que se escapa a tu precaria existencia te hace perder información y perspectiva, lo que conlleva una sobrevaloración y una patética impresión de unicidad de lo que eres y una indiscutible invención de lo que generas. La verdadera innovación está reservada a aquellos que están dispuestos a cotejar todos y cada uno de sus movimientos y además no temen buscar y requerir toda la información que tire por tierra su supuesto “descubrimiento”. Ser honestos con la utilización de esa información, y sobre todo respetuoso y humilde con todo lo que te antecede, ser consciente de lo que supones en los cientos de millones que te han precedido y de los que has heredado lo que eres y de los casi ocho mil millones de conciudadanos con los que cohabitas en la tierra; pero, para eso, es necesaria la cualidad que hace diferente al artista y al creador, que es la empatía. La confusión de la que hablamos, el estado real de todo esto, desnivela más la balanza hacia la antiartística y soez psicopatía en las que tiene fuerte fundamento el pirateo de ideas. Pero me gustaría terminar, si me lo permites, con un tono más optimista y aconsejar a todo el mundo que registre, registre y comparta todo, pero registre; las ideas están para ser propagadas y disfrutadas como cada cual estime oportuno, pero sin olvidar nunca que las ideas son uno mismo.

"El trueque yo te programo-tu me interpretas es lo más ruin de la política musical de...
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