<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
viernes. 07.10.2022
Santa Teresa de Jesús. François Gérard. Wikimedia Commons
Santa Teresa de Jesús. François Gérard | Wikimedia Commons

Desde una postura objetiva y desvinculada de interpretaciones religiosas, se propone en primer lugar que las experiencias místicas comparten unas características comunes y nucleares; en segundo lugar, ante la experiencia se da una interpretación posterior, en la cual el bagaje intelectual del místico va a permitir una reflexión superior; en tercer lugar, hay una indiferencia causal, es decir, no importa la forma en que se alcance la experiencia, desde que posea las características esenciales puede considerarse como mística. 

  1. Experiencias trascendentes
  2. Niveles de experiencia mística
  3. Detonantes de la experiencia mística
  4. Lóbulo temporal
  5. Santa Teresa de Jesús
  6. Fenómenos psicofisiológicos 
  7. Descargas temporo-límbicas
  8. Tálamo e hipotálamo
  9. Lóbulo parietal

Experiencias trascendentes

La manifestación de experiencia mística se puede diferenciar en varios niveles: el término experiencias trascendentes ha sido otro nombre con el que se conocen este tipo de experiencias.

Se ha propuesto una división en dos subgrupos de experiencias trascendentes: la primera de ellas era la “tipo inmadura”que generalmente se refiere a experiencias transitorias que suelen involucrar sensaciones de alto placer, pueden ocurrir abruptamente como resultado de algún evento o alguna práctica religiosa o espiritual específica; el segundo, eran las de “tipo madura” que suelen ser duraderas y en las cuales las sensaciones tienen que ver más con serenidad y ecuanimidad, y están más relacionadas con la entrada en otro nivel de consciencia o en la percepción espiritual de la persona. 

Niveles de experiencia mística

Se describen tres niveles de la experiencia mística; el primero de ellos está relacionado con el deseo de superarse o de trascender; el segundo, involucra una experiencia de “iluminación”, una sensación de “compañía divina”; y el tercero, es la verdadera meta de la experiencia mística, el contacto intuitivo con la realidad última. 

Las experiencias místicas se caracterizan por la inefabilidad, la persona no encuentra palabras para expresar o describir su vivencia; la cualidad noética, puesto que se experimentan estados de profundo conocimiento acerca de las realidades del universo, son iluminaciones, revelaciones, la experiencia se torna altamente significativa para la persona y altera su vida de acuerdo con este conocimiento. 

De igual forma, hay dos características adicionales comúnmente presentes durante la experiencia: la transitoriedad, que tiene ver con el carácter esporádico de la experiencia y la pasividad que está relacionada con la sensación que tiene el místico de que hay una suspensión de su voluntad.

Detonantes de la experiencia mística

La investigación acerca de los detonantes de la experiencia mística no solamente se ha referido a medios “artificiales”como las drogas psicodélicas, sino que también los métodos tradicionales de las diversas religiones han sido objeto de interés para los investigadores en esta área; métodos como el ayuno, la flagelación, la privación sensorial y la meditación han sido estudiados desde un marco empírico.

Es posible que estos fenómenos psicofisiológicos hayan constituido la fundación de muchas religiones como las descritas en textos canónicos religiosos como la Biblia y el Corán

Otros detonantes comunes de las experiencias místicas son: oración, asistencia a la iglesia, eventos vitales significativos, como los nacimientos o las muertes, y experiencias asociadas con la música, el sexo y los enteógenos. 

Las experiencias religiosas y místicas son producto de la estimulación espontánea de las estructuras del lóbulo temporal, y así, la estimulación magnética transcraneal, con complejos campos magnéticos débiles, evocaban estas experiencias; sin embargo, una revisión posterior de estos estudios sugirió que la estimulación magnética no era lo que provocaba las experiencias e incorporaron otros factores individuales que las hacían más predecibles, tales como la privación sensorial, las creencias previas de los sujetos estudiados y los rasgos de personalidad.

Lóbulo temporal

Es interesante recordar aquí que el lóbulo temporal tiene una fuerte asociación a las experiencias religiosas, en investigaciones experimentales se ha observado que las experiencias religiosas ícticas durante los ataques epilépticospueden estar acompañados de emociones intensas de la presencia de Dios, alucinaciones con su voz, la sensación de estar conectado con el infinito, alucinaciones visuales de una figura religiosa, o la repetición de una frase religiosa.

 Las epilepsias del lóbulo temporal, normalmente asociadas a lo religioso, tienen que ver principalmente con el hemisferio derecho del cerebro, puesto que parece que este lóbulo está involucrado en la síntesis de sensaciones y estados místicos.

Se ha encontrado que estos estados están relacionados con funciones cerebrales normales, pero varían en intensidad y pueden ser alteradas por anomalías funcionales en esta área cerebral; de esto se deduce que las experiencias místicas son normales, el lóbulo temporal está involucrado en su síntesis y algunas han sido frecuentemente asociadas a patología. 

Santa Teresa de Jesús

La epilepsia se ha formulado como hipótesis explicativa de los fenómenos místicos en Santa Teresa de Jesús. La Santa carmelita comienza a los 17 años a sufrir “grandes desmayos”, que la llevan a entrar en coma a los 24 años, y considerarla muerta (excepto su padre). Este cuadro ha sido analizado y parece corresponder a un estado epiléptico (“la boca hecha pedazos de mordida”). Tras recuperarse lentamente y con un ritmo irregular, se repiten episodios breves (“el tiempo de una avemaría”) en que de forma brusca tiene sacudidas “recias” en un brazo que fueron diagnosticadas de “perlesía”. A los 43 años y con largos períodos asintomática comienzan los éxtasis. La descripción es perfecta y completa.

Todas las preguntas que le haría un especialista son de sobra contestadas por la santa. El modelo era: Inicio con una luz(“resplandor, sol, brillo”), anulación sensorial (“ni ve ni oye”) y una cierta inmovilidad (“extática”). En esta situación emergen las alucinaciones, vívidas, multisensoriales, escenográficas, como la famosa alucinación del querubín. Se acompañan de “gozo, deleite interior”, o “delicioso sufrimiento”. Todos los arrobamientos ocurren de forma espontánea, rara vez tras “un cantarcillo”. Finalizan en unos segundos y queda un estado postcrítico, “durante un día o dos como embobada”. 

Estas crisis se han identificado en  pacientes con lesiones atribuibles a disfunción del lóbulo temporal derecho. En nuestra santa pensamos que la causa de las crisis podría haber sido una cisticercosis cerebral.

Fenómenos psicofisiológicos 

Una de las principales investigaciones que permite ver esta diversidad de áreas y procesos que se ven involucrados en la experiencia mística, es el estudio de Beauregard & Paquette (2006) con 50 monjas contemplativas de la Orden Carmelita, a quienes examinaron en tres condiciones: mística, control y línea base, a través de neuroimágenes (imagen por resonancia magnética funcional -fMRI) y cambios del nivel de oxígeno en sangre (BOLD). 

El lóbulo temporal ha sido frecuentemente asociado a las experiencias místicas y religiosas. Llamado también “el lóbulo de Dios”, se ha dicho que es la “sede” de las experiencias espirituales. Hay muchas razones por las cuales este lóbulo se encuentra tan estrechamente relacionado con lo religioso, una de ellas es el nexo que tienen algunas características de la experiencia como la intensidad de las emociones y la producción de experiencias sensoriales intensas con algunas estructuras del sistema límbico, como la amígdala y el hipocampo que se alojan allí, las cuales son sede de respuestas emocionales y juegan también un papel importante en la memoria.

El lóbulo temporal está fuertemente involucrado en la cognición y el lenguaje, así que esto podría, de alguna manera, soportar las experiencias religiosas, especialmente en términos de cómo es expresada a través del lenguaje. Varios fenómenos psicofisiológicos, que se vinculan con actividades alteradas del sistema límbico, son a menudo interpretados en contextos religiosos, incluyendo sueños, alucinaciones, despersonalización, experiencias déjàvu, y cercanas a la muerte. 

Estas experiencias pueden ser interpretadas como visiones sagradas, voces divinas, profecías, resurrección, o una sensación de unificación o desapego. Es posible que estos fenómenos psicofisiológicos hayan constituido la fundación de muchas religiones como las descritas en textos canónicos religiosos como la Biblia y el Corán. 

Descargas temporo-límbicas

Saver y Rabin (citados en Beauregard, 2012) han teorizado que descargas temporo-límbicas subyacen cada una de las características comunes de las experiencias espirituales. 

Las descargas temporo-límbicas pueden marcar experiencias como: (1) despersonalizadas o desrealizadas, (2) crucialmente importantes y auto-referidas, (3) indicativo armonioso de una conexión o unidad entre elementos dispares, y (4) éxtasis profundamente gozosos. 

De acuerdo con la hipótesis, el marcador límbico, los elementos perceptuales y cognitivos de las experiencias espirituales son comparables con las experiencias cotidianas, excepto que son etiquetadas por el sistema límbico como de una profunda importancia. 

Tálamo e hipotálamo

Por su parte, el tálamo (otro núcleo cerebral de muchas conexiones), trabaja en conjunto con los lóbulos frontales, coordinando el flujo de la información sensorial a las áreas de procesamiento cortical, por lo que está involucrado en la generación de la percepción de la realidad

En cuanto al hipotálamo, este regula el sistema nervioso autónomo y a su vez está asociado a cambios en la variedad de niveles hormonales y está altamente interconectado con el sistema límbico. 

Esto crea un circuito tal que las emociones generadas por el sistema límbico resultan en modificaciones en el hipotálamo y subsecuentes cambios en el sistema nervioso autónomo. 

Por otra parte, los estudios de Beauregard & Paquette (2006) soportan la visión de que la activación de la corteza cingulada anterior dorsal izquierda refleja el aspecto de la conciencia emocional asociada a la detección introspectiva de señales emocionales durante la condición mística. 

Esta región cortical proyecta fuertemente a la regulación visceral en el hipotálamo y la materia gris periacueductal del mesencéfalo. En cuanto al núcleo caudado, se ha visto implicado en emociones positivas como la felicidad, el amor romántico y el amor maternal; es así como resulta posible que en el estudio de las monjas Carmelitas la activación del núcleo caudado encontrado en la condición mística estaba relacionado con el sentimiento de dicha y amor incondicional descrito durante esta condición. 

Lóbulo parietal

El lóbulo parietal también se ha encontrado fuertemente asociado a las experiencias místicas. En el estudio de las monjas Carmelitas, se propuso que, debido a que el lóbulo parietal superior derecho está involucrado en la percepción espacial del yo, la activación de esta región parietal durante la condición mística podía reflejar una modificación del esquema corporal en las participantes, asociado con la impresión de que algo más grande que ellas las absorbía. 

Es importante mencionar que en la investigación de las monjas Carmelitas se encontró un locus de activación en la corteza visual extra-estriada durante la condición mística, la corteza occipital está, entre otras cosas, implicada en la imaginería visual mental, por lo que es probable que la activación de los niveles de oxígeno en sangre en las áreas corticales visuales estaba relacionada con la imaginería visual reportada por las monjas.

Por último, compartir esta reflexión de Chesterton: “El lógico desequilibrado se afana por aclararlo todo y todo lo vuelve confuso, misterioso. El místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso para que todo lo demás resulte explicable".

Misticismo, sensaciones de alto placer