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domingo. 27.11.2022
Captura
Un retrato de Miguel Hernández realizado por Buero Vallejo

Tal día como hoy en Orihuela nacían el niño y el poeta, que vienen a ser lo mismo. Un poeta no es más que un niño eternizado asombrado ante la creación y lo creado que él pretende recrear como un juego trascendente -sin perder la capacidad de asombro- con la magia de las palabras, que son organismos vivos y no símbolos lingüísticos que sirven para representar la realidad.

Lo de escribir poemas o perpetrar versos está al alcance de cualquiera. La técnica y el estilo no bastan para la visión poética, no otorgan el don de la poesía y de ser poeta. La insuficiencia de la existencia provoca la revelación de la poesía, basta saberlo para entenderlo, Miguel Hernández lo sabía y necesitó mitificarse y sacralizarse como creencia a través de la poesía.

Miguel Hernández estaba hecho de barro, como el primer hombre, y el barro fue su profesión y su designio, y cantó y defendió bíblico y sencillo esa esencia primaria que nos determina, ese barro originario que nos funda y nos enmarca: tierra y agua, y libertad para vivirlas y también para soñarlas, las cosas divinas que son patrimonio de la humanidad aunque no aparezcan oficialmente reconocidas como tales.

Miguel Hernández embelleció en sus versos las tres heridas que nos forman y conforman: la del amor, la de la muerte, la de la vida

Hoy celebramos, sobre todo, eso, la esencia, el derecho incuestionable a lo primario; hoy celebramos al poeta de barro ansioso de amor. La represalia, el martirio y la humillación del hombre, sin perderlos de vista, inevitablemente, forman parte de la Historia de España, que de todas las historias de la Historia sin duda es la más triste como poetizó Jaime Gil de Biedma.

Al fin y al cabo todos traemos de serie las tres heridas del Cancionero y romancero de ausencias: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Lo que ocurre luego es que se abren y sangran con mayor o menor intensidad y drama según el destino y el carácter de cada cual. Miguel Hernández embelleció en sus versos las tres heridas que nos forman y conforman sin escapatoria posible porque la misión de todo poeta grande es ser consciente y demostrar que la poesía no es un objeto inútil, sirve. Sirve para arrancarse del alma la derrota y el tormento. Sirve para afrontar en bella defensa las miserias y lo mezquino de lo humano.

Tal día como hoy nació un hombre íntegro y honrado que fue menospreciado y engullido por un contexto cruel y despiadado, y que compuso, como un bálsamo, como un conjuro, algunos de los poemas más estremecedores de las letras españolas  y de la literatura universal.

Miguel Hernández Gilabert