lunes. 20.05.2024
Angela Figuera 1

Ángela Figuera Aymerich nace en Bilbao, el 30 de octubre de 1902, y muere en Madrid, el dos de abril, de 1984. Hija mayor de la valenciana Amelia Aymerich y de Jesús Ángel Figuera, tuvo que dedicar mucha atención a sus hermanos más pequeños, ya que su madre estaba muy delicada de salud. Fue entonces cuando comenzó a escribir cuentos infantiles y poesía. Natural de La Habana, el padre era catedrático de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao; aficionado a la pintura, a la música y a todo tipo de actividad cultural, solía acompañarle su hija hasta que éste murió, en 1926. Ángela lo recuerda en unos versos de 1953:

Mi padre era ingeniero y amaba los paisajes.
Quería capturarlos en rectángulos breves
y llevarlos consigo.
Cuando íbamos al campo o al mar, en vacaciones,
meticulosamente, sabiamente pintaba.

Ángela estudió en el Sacré Coeur, un colegio de monjas francesas y obtuvo el título de Bachiller en 1924, en el Instituto Provincial de Bilbao. Como alumna libre, inicia estudios de Filosofía y Letras, realizando los primeros exámenes en Valladolid y terminándolos en Madrid, ciudad donde se trasladó a vivir la familia en 1930. En 1931 comienza a trabajar en el colegio privado Decroly de Madrid y un año después en el colegio Montessori. En 1933 saca una cátedra de profesora de Enseñanza Media y la destinan a un instituto de Huelva. Ese mismo año se casa con su primo, Julio Figuera, y ambos se trasladan a Huelva. En 1935 Ángela pierde a su primer hijo en un parto muy difícil. En 1936 debe confirmar su nombramiento de catedrática realizando unos cursillos y el matrimonio regresa a Madrid, sin saber que ya se está preparando la sublevación de Franco en Marruecos. Al comenzar la guerra civil, el marido de Ángela, de ideología socialista, se alista en el ejército. Es en Madrid donde nace su hijo, Juan Ramón, el 30 de diciembre de 1936, cuando las bombas llueven sobre la ciudad. En febrero de 1937, Ángela y su familia se trasladan a Valencia, y allí es destinada al Instituto Alcoy. Dos años más tarde, Ángela pide el traslado a Murcia para estar cerca de su esposo, al que habían destinado a Molina de Segura. En los primeros años de la posguerra, Ángela se dedica a su hijo y a escribir; fruto de ese tiempo es su primer libro, Mujer de barro, el cual se publica en 1948. Un año después escribe Soria pura; un homenaje a la ciudad castellana donde pasó algún tiempo y en la que se percibe el influjo de Antonio Machado.

Me fui con tu libro allí
y luego no hacía falta:
todos tus versos, Antonio,
el Duero me los cantaba.
Siempre los canta.

Su trayectoria poética

La trayectoria vital y poética de Ángela Figuera está marcada por su compromiso social y su crítica al franquismo, motivo por el cual la dictadura la desposeyó de su plaza de maestra. En un mundo dominado por hombres, cuestiona el modelo que la cultura impone a la mujer; visión que deja plasmada en su obra poética.

Mujer de barro y de Soria pura fueron sus poemarios más intimistas y sin una crítica abierta al régimen, pero a pesar de ello los libros tuvieron problemas con la censura por su sensualidad y velado erotismo. En su libro, Vencida por el ángel, de 1950, irrumpe la "etapa preocupada"; uno de los mayores ejemplos de la poesía social española de postguerra. El poemario muestra la miseria extrema de España, la desolación de los vencidos y la situación de las mujeres empobrecidas y explotadas. Prosigue su obra Con El grito inútil, de 1952, libro en el que se consolida su nueva forma de escribir: verso libre donde predomina la anáfora, el apóstrofe y la metonimia. En sus versos distingue entre la explotación del hombre por el trabajo y el de la mujer, cuyo protagonismo viene dado por la maternidad y la casa; en el poema Rebelión queda la huella:

Serán las madres las que digan: Basta.
Esas mujeres que acarrean siglos
de laboreo dócil, de paciencia,
igual que vacas mansas y seguras.(…)
No más parir abeles y caínes.
Ninguna querrá dar pasto sumiso
al odio que supura incoercible...

Le siguen Los días duros y Víspera de la vida, en 1953. En Víspera de la vida, Ángela reclama el pleno sentido de vida, sin tener que dar “úteros fecundos, hornos de dios”, donde los hijos crecen en un mundo en el que ellas no han tenido la palabra.

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Pensando que en una ciudad grande les resultaría más fácil pasar inadvertidos para poder reconducir sus vidas, el matrimonio decide regresar a Madrid. En 1952, Ángela comienza a trabajar en la Biblioteca Nacional, y al poco tiempo se incorpora al servicio de bibliobuses; sistema que se ocupaba de llevar libros a la periferia de Madrid. En una carta que escribió a Blas de Otero, en 1956, Ángela contaba:

“Sabrás que a mi vejez he resuelto dedicarme a la vida activa y trabajo por la mañana en la Biblioteca Nacional y por la tarde en una biblioteca ambulante o bibliobús que va prestando libros por los barrios extremos y suburbios madrileños. Este último es un servicio estupendo y yo lo hago encantada, con verdadero apasionamiento, aunque la remuneración es muy pequeña, como todas las que se cobran en España salvo raras y casi siempre honrosas excepciones. Se pone uno en contacto con el pueblo y se le orienta y se le educa en la lectura y no sabes cómo lo agradecen y qué contentos y amables se muestran con nosotros las bibliotecarias, y hasta nos toman afecto…”.

En 1953, es consciente que no conseguirá publicar el libro que estaba terminando, Belleza cruel, en el que reafirma su compromiso con los desfavorecidos. Las expresiones de este libro son más enérgicas, el lenguaje más conciso; su tono acusa desesperación. Sabe que no será fácil pasar la censura para la edición y decide enviar el manuscrito a unos amigos que residían en México. Sin advertir a la autora, presentaron el libro al premio de poesía, Nueva España; el libro consiguió el premio de poesía, concedido por la unión de Intelectuales Españoles de México. Belleza cruel se publicó en México, en 1958,  con un prólogo de León Felipe que causó un gran revuelo en España.

angela figueroa libroEn España, Belleza cruel circuló en pequeñas ediciones clandestinas. Ángela dijo: “Belleza cruel con eso de publicarse en México y no estar censurado aquí, me está costando más molestias, disgustos y dinero de lo que vale. Todos lo quieren, recibo muy pocos, una o dos librerías de Madrid lo venden con cuentagotas y con precauciones... Tengo otro terminado, Toco la tierra, que está en Francia para publicarlo en Shegers, en edición bilingüe. Pero si tardan demasiado, aún no hemos hecho contrato, ya les he dicho que lo retiro e intentaré que salga aquí, aún no sé dónde ni he hecho gestión alguna ni sé si lo pasará la censura. ¿Por qué seré tan «mala» que tengo que verme en estas dificultades?”. Belleza cruel consolidó a su autora como una de las grandes voces de la poesía social del momento. En 1969, Invitada por el librero exiliado, Alfredo Gracia, visitó México. Tras escribir Letanias, en 1962, obra que se resume en unas pocas composiciones circunstanciales, Ángela guardó un largo silencio; silencio solo roto para publicar dos libros infantiles y poemas sueltos.

Emilio Miró denominó a Gabriel Celaya, Ángela Figuera y Blas de Otero como "el triunvirato vasco de la poesía de posguerra". En 1971, cuando el matrimonio regresó a Madrid nadie parecía esperarla y, por otro lado, ella se mantuvo alejada de los ambientes literarios. Ángela fue crítica con el modo en que se realizó la transición, tras la muerte del dictador, pero no pudo manifestar la crítica en sus textos porque ya estaba muy enferma y sin fuerzas.

El olvido

Pocas antologías de La Generación del 27 recogen su nombre. Será La antología de la poesía social del año 1981, de Leopoldo de Luis, donde aparece por primera vez, y junto a ella sólo hay tres mujeres más: Gloria Fuertes, María Beneyto y María Elvira Lacaci. En total, la antología recoge la obra de 30 poetas, 26 de ellos son hombres.

En palabras de Miguel Barrero: “En el caso de Ángela Figuera Aymerich, están claros los motivos que provocaron que en su propia época no ocupara nunca un papel protagonista: era mujer, pertenecía al bando derrotado en la Guerra Civil y su poesía, lejos de camuflar esa condición o de adaptarla al gusto de la retórica triunfante, incidía en ella y la empleaba como base desde la que lanzar una mirada ácida, rabiosa y escéptica a la sociedad que se desenvolvía en sus alrededores”. 

El libro de Cuentos tontos para niños listos, se publicó primero en Monterrey (México), en 1979; en España será en 1980. En 1984 llegó a las librerías la que fue su última obra Canciones para todo el año después de su muerte.  

La desmemoria sobre la poeta se ha mantenido hasta que la editorial Hiperión publicó sus obras completas, en 1986. Sus poemas son comprometidos y rotundos que exponen el desarraigo existencial con el que vivieron quienes rechazaron la posibilidad del exilio. Vivir entre los verdugos del régimen fascista exigía mucha valentía. Ángela desarrolló su labor creativa durante las décadas más duras de la dictadura, en la que había una férrea censura. Sus libros debían pasar por el control y obtener la autorización para su publicación. Todos los expedientes de su obra publicada en España están en el Archivo General de la Administración Civil del Estado en Alcalá de Henares. 

Es de justicia recuperar la poesía de esta mujer sensible y comprometida con los desfavorecidos, con los vencidos y con la mujer, principal víctima de las guerras y de las dictaduras. En el año 1950, Ángela escribía en el poema Exhortación impertinente a mis hermanas poetisas, publicado en el nº 45 de la Revista Espadaña.

Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica.
Dad al viento el cabello. Requemaos la carne
con el fuego y la escarcha de los días violentos
y las noches hostiles aguzadas de enigmas.
No os quedéis en el margen….

Ángela ha sido condenada al olvido, primero por un régimen cruel y después por la desidia de los gobiernos que no han sabido afrontar la memoria histórica con la dignidad que las víctimas merecen.

Contra el olvido: vida y obra de Ángela Figuera