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miércoles. 17.08.2022
CV

Así como antes se decía que “el papel es muy sufrido”, actualmente es fácil comprobar cómo todavía es más sufrida la permisividad de internet para alojar cualquier dato sin hacer comprobaciones de su autenticidad y confiriéndole credibilidad tan solo por su presencia en la nube.

Viene esto a colación de que muchos descontentos consigo mismo y frustrados por su mediocridad, intentan paliar su falta de méritos acicalando su curriculum con aditamentos que, sin ser mentiras palmarias actúan como hábiles verdades a medias que fomentan la confusión por su sutil ambigüedad.

Hace unos días, navegando por la red de redes accedí —reconozco que con ánimo de curiosear—al perfil personal de alguien a quien conozco bastante bien. Se trata un individuo que nunca ha ejercido la docencia y que en el perfil de una red social habla de «mis alumnos» e incorpora un lacónico «estudié tal carrera» (que omito para no despertar suspicacias), tergiversando la realidad al hacer creer que matricularse en una o puede que dos asignaturas universitarias en un momento de su juventud puede convertir a cualquiera en licenciado o doctor por obra y gracia de la confusión con que alimenta su ego.

No es mi intención hacer una crítica maliciosa de este modo de dar lustre y esplendor a los propios méritos, algo que prácticamente todos hemos hecho en alguna ocasión en un intento de dar una pátina de brillantez a nuestros méritos , pero sí quiero dejar constancia de que esta práctica (inflar y maquillar la lista de méritos personales), llevada a extremos que incurran en la mendacidad, es un síntoma que frecuentemente aflora en personas con baja autoestima y frustración por metas nunca alcanzadas, así como también en ciertos engreídos que recurren a una vacua palabrería y a eufemismos rimbombantes con intención de ocultar una realidad que da muy poco de si y en nada les satisface.

Los resultados, en estos casos, suelen ser tan patéticos como triste sería que un basurero –trabajo que merece mi absoluto respeto siempre que quien la ejerza se lo gane con su entrega profesional y su calidad humana– se autodenominara como un “profesional técnico municipal especializado en la recogida y traslado de detritus a los centros de procesamiento” cada vez que alguien le preguntara por su actividad laboral.

Curiosamente, si nos trasladamos al polo opuesto, resulta interesante comprobar como hay personas cuyo mayor mérito se asienta sobre los cimientos de la humildad y la modestia. Siempre he admirado la sencillez de quienes se refieren a sí mismos con una recatada sencillez que es mayor conforme más grande es el bagaje de su rango, prestigio y logros. Mencionaré como fin de esta reflexión la anécdota —real— de alguien que me fue presentado en el descanso de un concierto en el Palau de la Música de Valencia, una persona de trato afable y una educación exquisita quien en el curso de nuestra conversación me dijo «yo trabajo en la universidad» sin especificar si era administrativo, bedel o profesor.

Luego supe que era el rector.

Esos mediocres que falsean su currículum