jueves. 25.04.2024
Entrevista de Lucía Hernández-Canut

Manuel Rico: " 'La ficción y la vida' nació en los debates sobre novela de los años ochenta"

Manuel Rico acaba de publicar su nuevo libro. Se trata de una colección de ensayos y artículos escritos entre los años finales de los 80 y el comienzo de la segunda década del siglo XXI. Polémico y apasionado, nos muestra, casi en tiempo real y como co-protagonista, lo que fue su visión de la llamada Nueva Narrativa Española.
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Manuel Rico

Entrevista | LUCÍA HERNÁNDEZ-CANUT LAFUENTE

Poeta, novelista, ensayista y crítico literario; escritor y pensador, en definitiva, Manuel Rico se ha convertido en un autor relevante en el panorama de las letras españolas, además de presidir desde 2015 la Asociación Colegial de Escritores. La reciente publicación de su libro La ficción y la vida. Ensayos y otros textos apasionados sobre la narrativa en el siglo XXI (Sílex, 2024), brinda a los lectores la oportunidad de reflexionar sobre la producción literaria y las corrientes en las que se ha encuadrado esta en el tránsito de un siglo a otro, pero también sobre el propio hecho literario y el necesario discurso entre creador, creación e historia.

Lucía Hernández-Canut.- La ficción y la vida son trabajos y artículos que han aparecido en distintos medios a lo largo de más de treinta años. Sin embargo, su orden no es cronológico: ¿Qué le ha llevado a seleccionarlos y publicarlos así reunidos?

Manuel Rico.- Han pasado tres décadas desde que, en paralelo a la transición política, se hizo visible una nueva narrativa. Fue un fenómeno de gran impacto en nuestra literatura. Suscitó debates muy vivos y hubo una cierta trivialización de la tradición narrativa heredada. Nacía lo que se dio en llamar Nueva Narrativa Española. Participé en algunas de aquellas polémicas y llegué a hacer alguna prospección de futuro que, en parte, se ha confirmado. Durante la pandemia tuve tiempo para revisar todos aquellos textos. Pensé que podrían ser una aportación para las generaciones más recientes. Son textos nacidos, en vivo y en directo, en aquellos años.

LH-C.- Tras su lectura en conjunto parece claro que la intención del libro no es la mera recopilación, sino crear un discurso propio, transmitir un mensaje determinado: ¿Qué querría que extrajese el lector de sus páginas? ¿Por qué es pertinente este libro ahora?

MR.- Creo que el conjunto de los textos conforma una visión, seguro que polémica y cuestionable, de la narrativa y de su relación con la vida en términos amplios. Asuntos como el compromiso, la calidad literaria, el papel de la crítica, la sociedad cultural y la sociedad real, la memoria colectiva y la personal, los vínculos entre crisis económica y literatura, los mimetismos, la literatura «light», la política, etc. Son asuntos actuales, vivos, que a veces se dejan de lado en favor de lo más superficial y efectista.

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El autor de La ficción y la vida, en su cuarto de trabajo

LH-C.- Quizás uno de los debates más interesantes aquí contenido es el que mantienén Constantino Bértolo y usted acerca de la crítica literaria y de la narrativa crítica, planteando, incluso, si esta es posible. ¿Cuál ha sido su aprendizaje personal al repasar su trayectoria como crítico? ¿En qué ha cambiado —si algo— su aproximación a la crítica?

MR.- Yo escribo, sobre todo, crítica de poesía. Pero siempre he estado muy atento a la evolución de nuestra narrativa y a las reflexiones sobre su sentido y su estado. Tentaciones como la frivolización de la herencia de generaciones anteriores, o el descubrimiento de mediterráneos que ya existían en nuestra literatura, como ocurrió con el dirty realism, el opacamiento de tendencias y de autores por razones puramente instrumentales… Todo ello suscitaba en mí una notable inquietud que acabó transformándose en artículos, en reflexiones en voz alta y réplicas. Por otro lado, escribo crítica como una forma de entender el misterio de la literatura y de indagar en mi propia obra, porque —sobre todo— me considero escritor. Creador, quiero decir.  

LH-C.- La memoria colectiva e individual, la de los creadores que nos precedieron. Muchos de sus artículos rechazan que hubiese que «matar al padre» (a los escritores realistas españoles de los años cincuenta y sesenta) en aras de una pretendida modernidad. Parece que el tiempo le ha dado la razón. ¿Cuál es el peligro de negar nuestras raíces? ¿Qué puede aprender un escritor hoy de sus predecesores? ¿De qué no debe olvidarse?

MR.- En alguno de los textos, escritos a finales de los ochenta, me preguntaba si esas novelas que estaban siendo elogiadas entonces, quizá de modo desmedido, superarían la prueba del tiempo y sobrevivirían pasados veinte años, por ejemplo. La respuesta que ya intuía entonces es la misma que doy hoy, pasados no veinte, sino treinta años: solo aquellas ancladas en la memoria colectiva cruzada con la personal o íntima, aquellas capaces de contener el hilo emocional, pero también social, civil y cultural del tiempo en que están escritas lo logran. Si miramos el panorama hoy, vemos que pocos ejercicios estéticos sin anclaje en esos factores, pocas de entre las llamadas novelas «light» —asépticas— han sobrevivido. Las que mantienen su vigencia están ancladas en la vida. Pienso en Martínez de Pisón, en Llamazares, en Chirbes, en Muñoz Molina, en Rosa Montero o en Clara Sánchez, pero también en Marsé, en Carmen Martín Gaite, en la Matute. Y en algunos olvidados.

LH-C.- ¿Qué nombres han quedado fuera?

MR.- En La ficción y la vida hay un hueco para autores olvidados: Juan Eduardo Zúñiga, Antonio Ferres, Armando López Salinas, novelistas críticos que han vivido la relegación de su obra por múltiples razones. Isaac Montero, cuyo debate con Juan Benet en 1969 no vendría mal recuperar por su vigencia para las nuevas generaciones; un desconocido como José Vidal Cadellans, que ganó el Nadal a principios de los 60 y que escribió una novela de ambientes que recuerdan a Walser y a otros autores centroeuropeos antes de que lo centroeuropeo se pusiera de moda ente nosotros…  En todo caso, en el libro no he pretendido establecer una nómina de autores, ni mucho menos. Son textos escritos al hilo de los debates que se suscitaron en un tiempo decisivo para nuestra narrativa. Muchos y muy conocidos narradores no aparecen, pero no es porque los excluya, es porque no irrumpieron, directa o indirectamente, en las polémicas.

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LH-C.- En cuanto a la narrativa extranjera, durante mucho tiempo en España se recibió como «nuevo» lo que ya era «viejo» en su lugar de origen y en nuestro propio país, pero nos deslumbró igualmente y, en muchos casos, supuso un argumento más a favor de la necesidad de descartar la tradición narrativa propia… 

MR.- Uno de los trabajos que forman parte del libro lleva por título «Realismo narrativo made in USA». Lo escribí en medio del boom que, a mediados de los ochenta, se produjo con la publicación en España de cuentos y novelas de Carver, Richard Ford, Tobias Wolff, Jay McInerney que hablaban de la cotidianidad de gentes humildes como camareros, sindicalistas, parados, cantantes fracasados, opositores, etc. Mientras eso se producía, se mantenían en sombra, por costumbristas grandes cuentistas y narradores de nuestro realismo de los 50 y 60, quizá con la salvedad de Aldecoa. Escribir sobre un parado en Minnesota era lo moderno. Si el parado estaba en Écija o Fuenlabrada era costumbrismo «que sabía a ajo y morapio», según Vicente Molina Foix, por ejemplo Hoy aquellas descalificaciones tan rotundas lo son menos, y el paso del tiempo ha mostrado que aquellas novelas de la posmodernidad «para leer en un viaje en avión» han acabo pareciendo literatura de usar y tirar.

LH-C.- Después de tanto tiempo como poeta, novelista, crítico, conferenciante, como artista comprometido con un arte que, necesariamente, debe ser más… ¿Qué regusto queda en el paladar? ¿Dulce? ¿Amargo? ¿Cómo y cuál debe ser el compromiso del artista hoy?

MR.- Publiqué mi primer libro en 1980, un poemario. Sigo fiel a la poesía. Mi primera novela salió, en una pequeña editorial, en 1989. También sigo fiel a la novela. Y sigo escribiendo crítica… En todas esas disciplinas aplico un principio: integrar, sintetizar —o como queramos llamarlo— lenguaje revelador y conciencia crítica hacia el mundo en que vivo. Si no hay lo primero, el texto, sea poético o narrativo, se queda en alegato o reportaje, no en poema o en novela o cuento. No sé si regusto, pero sí queda la sensación de una experiencia con claroscuros, una mezcla de amargura y satisfacción íntima. El compromiso del artista lo ha de ser con el arte y sus exigencias y con la sociedad en la que vive y de la que, aunque no siempre, vive. Tenemos una deuda con la memoria de todos, con las zonas que se ocultan de la realidad, con las grandes incertidumbres y miedos del ser humano…

LH-C.- Tras el repaso que ha supuesto la composición de este libro, es inevitable reflexionar sobre el estado de la actual narrativa española, ¿cuál es su diagnóstico?

MR.- La democracia y el impulso que recibió en los años de la transición dio sus frutos. Ahora conviven varias generaciones con una diversidad de estéticas y con un nivel medio de calidad tirando a alto. Me preocupa sobre todo que se sitúe en primer plano la rentabilidad económica a corto plazo, la fiebre por el best-seller, la sombra de la IA. En todo caso, hay una vitalidad enorme en nuestra narrativa. Y algo que la caracteriza: la eclosión de la novela escrita por mujeres, la aparición de narradoras muy jóvenes y con voluntad innovadora sin dar la espalda a la realidad social. De todo ello, podremos hacer un balance objetivo dentro de 20 años. Los textos más recientes que integro en el libro aluden a la «generación Nocilla» y sus bases teóricas, al peso de Internet y los nuevos horizontes digitales… Eso sí, cuando estaban quizá a años luz de lo que ahora vivimos con ChatGPT y otras hierbas…

La ficción y la vida. MANUEL RICO. Silex Ediciones. Madrid, 2024. COMPRA ONLINE 


LHC firma ed
LUCÍA HERNÁNDEZ-CANUT LAFUENTE
Escritora y agente literaria

Manuel Rico: " 'La ficción y la vida' nació en los debates sobre novela de los años...