martes 21/9/21
EL MADRID DEL PRIMERO DE MAYO

Extraño este Madrid, en el que el centro es una Puerta

'El Madrid del Primero de Mayo', de Francisco Javier López Martín, por entregas en Nuevatribuna.

puerta del sol
Puerta del Sol.

(Capítulos 47 y 48)

47.-  LA PUERTA DEL SOL

Extraño este Madrid, en el que el centro es una Puerta. Una puerta de arrabal que hoy ejerce como núcleo central. Paradigma de una ciudad que fue árabe, judía, cristiana, comunera, capital de una Corte Imperial, liberal, monárquica, republicana y, sobre todo, trabajadora. Sede del centralismo borbónico y de la opresión franquista. Símbolo del antifascismo, siempre en vela, hasta el punto de hacer exclamar a Alberti que Madrid no puede dormirse/ porque si Madrid se duerme/ querrá despertarse un día/ y el alba no vendrá a verle”. Y de la resistencia al poder absoluto de Carlos I, ilustrado de Carlos III, imperialista de Napoleón, mezquino de Fernando VII, palaciego de Isabel II, caprichoso de Alfonso XIII o anacrónicamente fascista del generalísimo enviado por un dios en quien no creo, para salvar España.

Madrid, ciudad abierta, con una puerta en su corazón. De ella decía Manuel de Palacio que en Madrid, “donde más de una vez se cierran las puertas del trabajo al hombre laborioso, las de la caridad al mendigo y las de la Academia al sabio, hay, sin embargo, una puerta que no se cierra nunca: la Puerta del Sol”.

Los orígenes de la Puerta del Sol hay que buscarlos en el muro levantado en torno a 1438 para englobar los arrabales de San Martín, San Ginés, Santo Domingo y Santa Cruz, los cuales quedaban fuera del recinto urbano que fue creciendo con sucesivas murallas y cercas, desde el momento en que se fundó el primer núcleo defensivo musulmán, a finales del siglo IX.

Estos arrabales, separados del núcleo urbano por zonas de cultivo, son cercados por motivos sanitarios, de protección y seguridad y de control de las mercancías. En ese momento la Puerta de Sol era poco más  que el solar del que partían los caminos que conducen hacia Guadalajara y Alcalá. De hecho, no parece que comience a ser poblada hasta finales del siglo XV.

Las primeras casas se construyen junto a la cerca y a la vía de acceso, por lo cual la Puerta del Sol tiene, en esos momentos, más el aspecto de una calle ensanchada, que de una auténtica plaza.  Es un alargado embudo exigido por la necesidad de un espacio amplio y despejado para que los arrieros detengan sus carretas, antes de emprender el largo camino, o cuando entran en la ciudad, antes de internarse en la calle Mayor.

Durante el reinado de Carlos I, en la primera mitad del siglo XV, en la Puerta del Sol encontramos ya un Hospital Real, una mancebía, es decir un prostíbulo y los conventos de la Victoria y de San Felipe. Era un Madrid de casas bajas, en las que se hacinaban tres y cuatro familias, sin fuego, porque la leña era cara. De calles polvorientas, sin aceras ni alcantarillado, a las que iba a parar directamente el contenido de los orinales, creando un hedor insoportable, pues tampoco había letrinas, según la descripción de Camilo Borghese, que vino como Nuncio del Papa Clemente VIII, allá por 1554.

Frailes, carreteros, prostitutas, monjas, escuderos, caballeros, damas, mozas, mendigos, rufianes, joyeros de la inmediata calle Mayor y la nobleza, que en sus carruajes se encamina hacia el Prado, constituían parte de la variada fauna humana sobre la que reinaba la diosa Venus bajo la advocación de la Mariblanca. No en vano, en las escalinatas de acceso a San Felipe se encontraba el mentidero de la Villa, auténtica agencia pública de noticias, bulos y comidillas de todo tipo.

Y en la plaza, el Hospital del Buen Suceso, que se fundó en 1438, fuera de la población, para atender a los contagiados por la peste declarada en la ciudad aquel mismo año. Carlos I lo reconstruye en 1529 para que en él se curen sus soldados. El reloj de su iglesia marcaba los horarios de la ajetreada actividad de la plaza.

San Felipe el Real, de los agustinos descalzos, por su parte, es fundado en 1547. Presentaba el aspecto austero de las construcciones de la época de Felipe II, si bien sus gradas y la lonja servían de emplazamiento, como ya dijimos, al Mentidero de la Villa. Allí podríamos encontrar a los discípulos de López de Hoyos, a Cervantes y a Calderón ocasionalmente, a Quevedo con asiduidad, a Lope de Vega, Moreto, Alarcón o Rojas. Al Duque de Villamediana, acompañado de los aristocráticos donlindos. Oficiales de reemplazo de los tercios de Flandes, pícaros, poetas, funcionarios, damas y jóvenes que acudían a misa.

Con este ambiente, no es extraño que el Mentidero ostentase merecida fama de generar rumores que, como bolas de nieve, iban creciendo y aumentando a medida que recorrían Madrid. De allí salieron las coplas, atribuidas a Lope de Vega, en las que se deja entrever la mano del rey Felipe IV en el asesinato de Villamediana, debido a los amoríos de éste con la reina.

Tal aglomeración de gente se producía, para no perder puntada de los acontecimientos extraordinarios que sucedían en la plaza, que llegó a ocurrir, en cierta ocasión, que al empujar la balaustrada ésta se vino abajo, cayendo varias personas al vacío,  produciéndose varios muertos y heridos.

La iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, se emplazaba en el lugar que hoy ocupa la calle Espoz y Mina. Fue fundada en 1561 y era famoso lugar de encuentro de damas y galanes. Esas damas morenas, menudas, de ojos brillantes, llenos de expresividad, que nos describirá el aristócrata inglés Henry Swinburne, ya en pleno reinado de Carlos III.

48.- LA CASA DE CORREOS: LOS PRIMEROS PASOS DEL ESTADO MODERNO

real casa de correos

Durante el siglo XVII, las inmediaciones de la Puerta del Sol se van poblando de nuevas construcciones barrocas. La Cárcel de Corte, el Convento de las Calatravas, la iglesia del Carmen. El propio Convento de San José, ante el que hemos pasado, siendo ya del siglo XVIII, corresponde a este mismo estilo barroco madrileño, que pervive durante el reinado de los primeros borbones -Felipe V y Fernando VI-, aunque matizado por influencias fundamentalmente francesas.

Ya os he contado que, con la llegada de los Borbones se abordan las primeras tentativas para cuestionar la estructura urbana del Madrid de los Austrias. En 1719, con Felipe V en el trono, se dictan las ordenanzas de Ardemans. Durante el reinado de Fernando VI, Nicolás de Churriguera elabora el Catastro, para conocer realmente la trama urbana madrileña y se acomete la urbanización y remodelación del entorno del Monasterio de las Salesas Reales, fundación de la esposa del Monarca, Bárbara de Braganza, al tiempo que se realizan los primeros diseños del Paseo del Prado, prolongado hacia Atocha y Delicias.

En 1748 arde el Palacio de Aranjuez y, dado que se trata de un Sitio Real, se concibe una amplia operación urbanizadora y de embellecimiento. En Madrid, las intervenciones reales se concentran en el Palacio Real de Juvara y Sachetti, el Hospital General de José de Hermosilla, del que ya hemos hablado, y la Casa de Correos de la Puerta del Sol, como símbolo del nuevo Estado que se asentará en una poderosa burocracia.

A finales del reinado, en 1756, Ventura Rodríguez es encargado de los estudios y de las  tasaciones preliminares para la compra de los solares sobre los que se edificará la Casa de Correos. De hecho, hasta 1760, presenta varios proyectos en los que contempla diversas posibilidades, según se corte o no la calle de la Paz, se tome en cuenta la alineación con la calle de Correos para adaptar el edificio a la disposición de las gradas de la Iglesia de San Felipe o se intervenga en la calle Carretas y en la ordenación de las aceras de la Puerta del sol.

Sin embargo, la realización definitiva del proyecto y la dirección de las obras serán encargados a Jaime Marquet, en 1760, ya iniciado el reinado de Carlos III. Si los conventos y las iglesias habían marcado el paisaje de la Plaza, será ahora el Estado moderno el que imprimirá su imagen, definiendo la plaza en su conjunto, utilizando y alineando las manzanas 205 y 206. No se trata ya exclusivamente de embellecer la ciudad, sino de intervenir y ordenar el espacio urbano.

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