sábado 16/10/21
EL MADRID DEL PRIMERO DE MAYO

Un Madrid científico

El Jardín Botánico, la Academia de Ciencias Naturales, el Observatorio Astronómico...
Royal Gate of the Royal Botanical Garden of Madrid (Spain). Built in 1781.
Puerta Real del Jardín Botánico. (Wikipedia)

'El Madrid del Primero de Mayo', de Francisco Javier López Martín, por entregas en Nuevatribuna.


CAPÍTULO 6º |

Jardín Botánico. Estamos por tanto en el mismo lugar donde nació el 1º de Mayo en Madrid. Por este mismo tramo que ahora recorremos, pasaba antes de construirse el Jardín el arroyo del Abroñigal Bajo. El arroyo nacía cerca de Chamartín, así llamado porque los abróñigos o ciruelos silvestres, debían acompañar el cauce del riachuelo.

En las proximidades del parque Tierno Galván se juntaba con el Abroñigal Alto y luego ambos desembocaban en el Manzanares, al sur de Legazpi. Eran los tiempos en los que el Prado era lugar de olivares y huertas. Cuando los reyes de la casa de Austria, pasaban temporadas enteras en los Jerónimos y construían allí un palacio para su Retiro.

Decía de él el conde de Villamediana:

Llego a Madrid y no conozco el Prado,

y no lo desconozco por olvido,

sino porque me consta que es pisado

por muchos que debiera ser pacido.

Lope de Vega, Cervantes, Quevedo, entre otros, componen poemas en los que el Prado y sus fuentes son ensalzados. Un Prado poblado de fuentes, palacios, monasterios, ventas y mancebías. Espacio para fiestas, como los Carnavales o San Juan, duelos, paseos en carroza, manifestaciones populares y, más tarde,  levantamientos como el Dos de Mayo.

Hubo que esperar a los Borbones para que se piense en dotar a Madrid de una estructura urbanística propia de la capital de un Imperio, decadente pero imperio al fin. Hasta entonces el Prado será poco más que lugar de paseo para los madrileños que vivían en las proximidades, pasarela  de moda para las carrozas de los señores y las damas de la Corte, lugar de cortejo para caballeros y damas y, en las zonas más discretas y apartadas, prestaba refugio para prostitutas y espadachines bien embozados en sus capas.

Felipe V, el primer Borbón, aprovecha el incendio del Alcázar de Madrid para construir sobre sus ruinas el Palacio Real. Durante su reinado, Ribera dirigió la construcción del Puente de Toledo y la urbanización del Paseo de la Virgen del Puerto. Como arquitecto municipal es también el responsable de otras obras que contribuyen a redefinir el interior de la ciudad: el Cuartel del Conde Duque, el Monte de Piedad, la Puerta de San Vicente y el actual Museo Municipal que fue construido para albergar el Hospicio de la ciudad. Todo ello sin contar las iglesias y palacios que dejó repartidos por la ciudad.

El reinado de Fernando VI, nos dejó, además de algunas iglesias como las Salesas Reales, el Registro de Planimetrías General de la Villa de Madrid, que sirviera de base para todas las obras futuras de remodelación del viejo Madrid.

Hay que esperar a Carlos III, que llega a Madrid en 1759, para impulsar definitivamente las obras que crearon buena parte de las señas de identidad del Madrid que hoy conocemos. Por su parte, Carlos IV se dedicó a dotar de lujo y refinamiento a los Sitios Reales, abandonando las mejoras generales de la capital. Claro que basta detenerse un poco en la contemplación del conocido cuadro de Goya en el que pintó a la familia real, para comprender que el impulso innovador estaba dando muestras de un espectacular estancamiento.

Pero volvamos al año en que Carlos III abandona su corte de Nápoles y Sicilia para hacerse cargo del Reino de España. El hijo de Isabel de Farnesio llegaba a la capital de España, a golpe de destino y de paciencia. Efectivamente, como hijo de Felipe V tenía opciones a ocupar el trono de España, pero como hijo de la segunda mujer del rey, tuvo que suceder que Luis I falleciese prematuramente a los pocos meses de ocupar el trono y que Fernando VI, el otro hijo varón de la primera esposa del rey, María Luisa de Saboya, muriese sin sucesión, para que esas opciones tuvieran visos de realidad.

La paciencia de Isabel de Farnesio, había ido fraguando un apetecible futuro para sus hijos, para lo cual no dudó en relanzar la intervención española en Italia, con el apoyo de Luis XV de Francia. Así, Carlos, que había nacido en Madrid el 20 de Enero de 1716, se vio coronado en Palermo como Rey de las Dos Sicilias en 1734.  Sería, por lo tanto, rey de Nápoles y Sicilia durante un cuarto de siglo. Estaban contentos los napolitanos de tener rey propio y recobrar la independencia que les había sido arrebatada en 1501.

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El Madrid del Primero de Mayo de Francisco Javier López
(Todos los capítulos publicados).

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