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jueves. 29.09.2022
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En 1993 conseguimos que Marcel Khalife (1), cantautor libanés muy seguido en todos los países árabes por su compromiso con las libertades y los derechos humanos, digo conseguimos que actuara en la fiesta del PCE gracias, entre otras, a la intervención de Ghassan Saliba, amigo libanés afincado en Barcelona y que dedicó gran parte de su vida a las y los trabajadores inmigrantes como responsable en las CC.OO. de Cataluña. Marcel apenas era conocido aquí, mientras que para las diásporas árabes instaladas en España era un ídolo que sólo podían escucharlo mediante las “cintas de cassettes” clandestinamente,  porque estaba vetado prácticamente en  todos los países árabes y perseguidos los que distribuyeran sus canciones. 

Durante esa fiesta, yo era miembro de la junta directiva de la Asociación de Emigrantes Marroquíes en España (AEME). Teníamos un stand en el espacio de las organizaciones de la Sociedad Civil de la fiesta donde exponíamos nuestros folletos y nuestra literatura  asociativa.

Al lado estaba el stand del FMLN de El salvador que exhibía entre otras, un cartel con la imagen de un guerrillero del Frente en el que ponía: Ahmad Fernando, muerto en combate en Guazapa en 1987. Esa imagen me sobresaltó. Indescriptible el escalofrío que recorrió mi cuerpo. Se trataba de un vecino mío de Tetuán y colega del mismo instituto. Era de la promoción anterior a la mía, pero nos conocíamos y teníamos amigos comunes y nuestras familias se conocían también.  

Mi primera reacción fue pedirles una copia del cartel, pero era el único que tenían. Al finalizar la fiesta, que duraba tres días y tres noches, conseguí que me lo regalaran, porque viendo mi obstinación, sabían que no tenían escapatoria posible.

Enseguida en AEME reproducimos el cartel con una tirada de 200 ejemplares en la imprenta de CC.OO de Madrid. Nosotros habíamos añadido su nombre marroquí, Lissanedine Boukhoubza, al lado del que le pusieron en la guerrilla.

Años después, me visitó mi amigo Pepe Blanco, que trabajaba en la Fundación Paz y Solidaridad de Euskadi, y que por aquel entonces tenían varios proyectos de cooperación en Centroamérica y en El Salvador precisamente. En resumen, resulta que una de las cooperantes destinadas llegó a conocer personalmente a Ahmad Fernando y su singular trayectoria.

Me encontré con ella en Madrid junto con Pepe y me contó largo y tendido sobre el recorrido hasta el fallecimiento de Ahmad en El Salvador. Mucho de lo dicho en ese encuentro salió publicado en un libro reciente sobre nuestro protagonista.

Dicho encuentro me facilitó los suficientes datos para poder contactar con miembros de su familia en Tetuán y contarles la historia. Una de sus primas que es muy  amiga mía, estudió conmigo en el mismo instituto y la misma universidad. En una de sus visitas a Madrid, le enseñe el cartel. El impacto fue similar al que he experimenté yo al verlo!

Ella me puso en contacto con Khalil, hermano de Ahmad, que  era traumatólogo en Tetuán. Digo era, porque falleció poco tiempo después, muy joven por una fulminante enfermedad.

Hablé con él por teléfono y a posteriori en persona entregándole toda la información disponible y sugiriéndole ideas para celebrar la memoria de Lissan, y en su caso hasta prever una posible repatriación de sus restos, porque ya teníamos información sobre la ubicación de sus restos.  De hecho, en una reunión con unos representantes del Consejo Nacional de los Derechos Humanos en Marruecos (CNDH), institución oficial, evocamos esa posibilidad. 

Khalil me respondió después de consultarlo, que ni la familia (vivían todavía los padres), ni las circunstancias eran favorables para una eventual  iniciativa que pretendiera celebraciones de ese tipo y mucho menos la repatriación de los restos. Acepté la decisión tomada por la familia, aunque un par de meses después se pusieron en contacto conmigo unos periodistas marroquíes que querrían recabar información para su publicación.

No sé cómo se enteraron ni cómo sabían que yo era la persona que tenía datos fidedignos sobre Ahmad Lissan. Mi respuesta fue siempre que deberían pedirlo a la familia y si ésta  lo autorizaba, les facilitaría toda la información disponible.

Finalmente, el semanario marroquí Le Journal en el 2001 y Aujoud’hui le Maroc en 2002, publicaron sendos artículos que tuvieron gran impacto particularmente en Tetuán. En 2018 el periódico digital Hespress publicó un artículo muy bien documentado, incluida una entrevista con los padres de Ahmad y otros conocidos muy cercanos. (2)

Todo paró ahí hasta el pasado mes de febrero, una amiga de Tetuán me envía por watshap una invitación a la presentación del libro en francés en presencia de su autora Lucile Daumas: Quand Lissan S’appelait Fernando (cuando Lissan se llamaba Fernando). El libro se presentó en la librería Ágora de Tetuán el pasado 10 de febrero con la presencia de la madre y la hermana, otros familiares y amigos. Tengo reservado un ejemplar para cuando vaya por allí.

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Sin embargo la historia no acaba aquí. Un mes después de la presentación de dicho libro en Tetuán, me vino a visitar a Madrid mi amigo Pepe Blanco de Euskadi, de camino a un viaje privado a El Salvador. Se me olvidó contarle la presentación. Sin embargo al día siguiente de su llegada al país centroamericano me llama para anunciarme que va a asistir en San Salvador a la presentación del mismo libro pero en castellano: “De Lissan a Fernando, vida y muerte de un internacionalista marroquí en la guerrilla salvadoreña”.

Me trajo el libro que he leído con inusitada velocidad por razones obvias a la espera de leer la versión francesa.

La iniciativa de la edición del libro y su presentación en la ciudad natal de Lissan Fernando con la presencia de su madre (su padre murió hace muy poco tiempo), su hermana, sus familiares y amigos me ha llenado de alegría y de orgullo, porque no hace mucho era prácticamente hasta temerario el mero hecho de evocar el nombre de figuras como la suya y mucho menos celebrar su recuerdo y  memoria.

Volveré sobre el libro y sobre Ahmad Fernando, que se licenció en medicina en Rabat y se especializó en Suiza y ejerció en Francia. Militó en la Unión Nacional de los Estudiantes Marroquíes (UNEM), cantera de una generación de grandes militantes y luchadores por la democracia, las libertades y los Derechos Humanos en Marruecos.

De Europa se trasladó a los campamentos del Frente Popular por la Liberación de Palestina en Siria y en el Líbano y de ahí a El Salvador a través de Nicaragua.

(1) https://www.marcelkhalife.com/
(2) https://www.hespress.com/

De Lissan a Fernando: historia para leer