miércoles 29/9/21

Percepción y emociones | "Esto no acaba aquí", una antología de Diego Vaya

Una selección de poemas de los cinco libros publicados por el poeta sevillano entre 2005 y 2015
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"Que ardan la carretera y la mañana"... Diego Vaya

Poesía | JESÚS CÁRDENAS

Como es sabido, la poesía está formada por emociones que sugieren o evocan distintas realidades a través de la misma palabra y, partiendo de ella, de los encadenamientos sonoros, sintácticos, textuales y pragmáticos que establece. En esta línea afirmaba Maurice Blanchot que la poesía es «un poderoso universo de palabras cuyas relaciones, composición y poderes se afirman por el sonido, la figura, la movilidad rítmica, en un espacio unificado y soberanamente autónomo». El libro editado por Maclein y Parker, Esto no acaba aquí: Antología poética 2005-2015, es un magnífico muestrario de la poesía de Diego Vaya, que aúna sensaciones y sentimientos que nos transportan a otras, y, gracias a los encadenamientos de las palabras, logra, en consecuencia, que vayan más allá de lo leído, hasta recalar en el hábitat de las percepciones.

Diego-VayaEl volumen, editado y prologado ampliamente por Ariadna Jaime, contiene los textos más representativos de los cinco libros publicados por el poeta sevillano en la década indicada: Las sombras del agua (2005), Un canto a ras de tierra (2006), El libro del viento (2008), Circuito cerrado (2014) y Game over (2015). A tenor de las fechas de publicación entre el tercero y los dos restantes, y atendiendo a la isotopía de la naturaleza presente en los títulos de los tres primeros con respecto a la nominalización y urbanidad de los últimos, el lector podrá deducir dos etapas, que, efectivamente se analizan con profusión en las primeras páginas del prólogo. En realidad, ambas etapas se unifican en la exploración que el sujeto realiza del mundo que lo habita, a través de un proceso que arraiga en los adentros para terminar extendiéndose en los otros, también en nosotros, los lectores.

En la primera etapa la búsqueda del sujeto viene dada por la pérdida. «Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura, / porque todos estamos heridos», nos desangraba Pizarnik. En Diego Vaya descubrimos un ser a la intemperie, desarbolado, un corazón con recovecos inciertos, como dejaban los versos de su primer libro, entre ecos borgeanos y cernudianos: «Y AUNQUE esta vida se nos desmadeja, / No nos saca jamás del laberinto». Persisten los sondeos en el agua en su segundo poemario, donde confía obtener respuesta en poemas libérrimos en metro y puntuación: «Esperaste en las aguas La sed entonces tuvo rostro». El punto de inflexión en la primera parte lo constituye El libro del viento, además de ser el núcleo del libro, ocupando un lugar y una extensión determinantes en la selección. El sujeto se interroga y pone en cuestión su relación con la naturaleza. Su condición de itinerante es conjugado con su nomadismo creando una tensión espiritual entre el Homo Viator y el Homo Sedens: «CAMINO. Siempre el cielo, / la sed. Acaso es que no existe / otro lugar». En estos poemas la puntuación recobra su lugar y el ritmo, más profundo, ensancha el espacio, en su anhelo de libertad: «Siempre he estado detrás de una ventana / mirando el mundo, y solo ahora veo / la eternidad que dura un día».

Esto-no-acaba-aquiLas relaciones del ser con el mundo como motivo y la urbanidad como estética son los grandes cambios que se hallan en la segunda etapa. Pero se vislumbran algunos más. En Circuito cerrado el poema «Back/Next« avanza un espacio urbano, actual, concretamente, una carretera, donde el hombre está perdido, alienado, con afán de huir, y ahí se entiende toda la desazón: «La mañana de todas las mañanas / miro el retrovisor. La náusea, la lluvia, / ¿quién viaja a mi lado?». En el extenso poema también dirá: «Me miro en los espejos / y no me reconozco: tras todos los que he sido». Hasta que, como ocurre en el poema «Domingo americano», incendiar todo sea la única salida para reiniciarse con el fin de volver al paraíso cernudiano, a la infancia, lo que conlleva alejarse así de la muerte y volver a amar: «Que arda hasta el fin el coche, / que ardan la carretera y la mañana / […] que me olvide de todo, // y entonces podré amar como en mi infancia». El tono épico y el ritmo delirante, de aire Lynchiano, es más propio de escenas cinematográficas que del cántico de T. S. Eliot. Esta habilidad de Vaya es signo de originalidad de su escritura, y también un momento destacado en su trayectoria poética. Por su parte, Game over, mostrando algunos de estos recursos, se convierte en un libro generacional, una respuesta al sueño americano, a la crisis sobrevenida, al deseo de sobrevivir pese a ser un «juego perdido», cuyo resultado en el ser es el fracaso y la decepción. Los destellos de estos poemas residen en la carga irónica que sostienen ya desde los propios títulos: «Oda a una generación», «Oda a la casa propia», «Oda al trabajo». El ritmo endecasilábico y un estilo más coloquial no impide que los poemas no trasciendan. Véase la dureza de estas interrogaciones retóricas con voluntad de repercusión: «Dónde están de verdad esas familias? / ¿Dónde están esos nuevos paraísos diseñados / para hacernos creer en otra vida?».   

En definitiva, la lectura de la antología poética Esto no acaba aquí nos muestra la trayectoria poética de Diego Vaya, en un recorrido palpitante con emociones y percepciones que van de lo natural a lo urbano; un trazado asombroso que bucea desde la intimidad al temblor mundanal.

Esto no acaba aquí: Antología poética 2005-2015, de Diego Vaya. Maclein y Parker, Selección Mirto. Octubre de 2020. 115 Páginas.  COMPRA ONLINE


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Jesús Cárdenas, poeta, crítico literario y profesor.

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