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viernes 20/5/22

La ideología neocon y sus raíces: un fenómeno que será difícil extirpar

La llamada "revolución conservadora" ha calado hondo en la sociedad estadounidense y en buena parte del mundo occidental. En su libro La reacción conservadora. Los neocons y el capitalismo salvaje (ediciones La linterna sorda), José M. Roca analiza las dificultades para transformar el pensamiento neoliberal en su conjunto, a pesar de sus fracasos.
NUEVATRIBUNA.ES - 28.1.2010

En la presentación del libro, su autor, José Manuel Roca, señaló que, pese a la responsabilidad de las recetas ultraliberales en el estallido de la burbuja financiera y en la subsiguiente crisis económica, y de la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, los valores conservadores siguen teniendo vigencia en la sociedad norteamericana. Lo cual no es extraño, pues si desde las elecciones de noviembre de 2008, que dieron la victoria a Obama, nos remontamos hasta las homólogas de 1968, en que el republicano Richard Nixon puso fin a la etapa demócrata iniciada por Kennedy en 1960, observaremos que en esos 40 años, los demócratas han gobernado 12 años y 28 los republicanos.

Tras dos intentos frustrados -Goldwater y Nixon- de desplazar a los demócratas y los inestables años setenta, el origen más firme de esa hegemonía se halla en la victoria del republicano Ronald Reagan en 1980. En los doce años que abarcan los dos mandatos de Reagan y el de Bush padre, se colocaron las piedras angulares de la llamada “revolución conservadora”, que desbordó el marco de EE.UU., para convertirse, con el apoyo de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, Helmut Kohl en Alemania y Juan Pablo II en el Vaticano, en el pensamiento político dominante en buena parte del planeta, en las últimas décadas; en el único pensamiento admitido capaz de entender y de gobernar el mundo. Todo lo demás, ha sido despreciado como fruto de utopías sin sentido.

El autor señaló que el triunfo de Reagan se debió tanto a la situación por la que atravesaba la sociedad americana a finales de los setenta, como al apoyo de varias corrientes conservadoras a la candidatura republicana.

Respecto al primer factor, además de la crisis económica desatada a principios de la década, que indicaba el ocaso del modelo productivo surgido en la segunda posguerra mundial, la sociedad sufría una crisis de identidad.

La agitación que la había sacudido, tanto por la velocidad de los cambios y por la magnitud de los movimientos sociales (derechos civiles, mujeres, chicanos, gays, paz o libertad de expresión), como por las mutaciones en las costumbres (en formas de vida, roles sexuales, críticas al orden establecido, etc) y por la incesante innovación cultural, habían desdibujado el tradicional perfil de los EE.UU. Todo ello acompañado por alarmantes sucesos en el ámbito político, como el elevado saldo de muertos en disturbios raciales, los asesinatos del presidente Kennedy, del fiscal general Robert Kennedy y de Martín Luther King, el intento frustrado de asesinar a Gerald Ford, el descubrimiento de la matanza de My Lai, la publicación de los papeles del Pentágono, el caso Watergate, que acarreó la renuncia de Nixon y, sobre todo, el final de la guerra de Vietnam, en 1975, saldada con una derrota, que para gran parte de la ciudadanía fue inexplicable y para la derecha más fanática fue fruto de una traición.

Respecto a las corrientes conservadoras que apoyaron a Reagan, y que han configurado el pensamiento conservador después a través de bien financiadas fundaciones, universidades y publicaciones, el autor señaló la labor de teóricos como Russell Kirk, Leo Strauss o William Buckley, de economistas como Frederick Hayek y Milton Friedman, de juristas como Lewis Powell, y de nuevos conservadores procedentes de las filas de la izquierda, empezando por Sidney Hook y James Burham y terminando por Irving Kristol y Norman Podhoretz.

También recibió el apoyo de organizaciones confesionales, como la poderosa Mayoría Moral de Jerry Falwell, de la Asociación Evangelista del anticomunista militante y notorio belicista, Billy Graham, del telepredicador Pat Robertson, de la Mesa Redonda Religiosa, de la Iglesia Metodista Unida y el Instituto sobre Religión y Democracia, entre otras muchas.

A pesar de las contradicciones que presentan en conjunto, en particular el neoliberalismo y el conservadurismo, la persistente acción de estas corrientes conservadoras ha penetrado profundamente en la sociedad norteamericana (y en otras), imprimiendo ciertas lógicas perversas que son necesarias para asegurar su permanencia: ha exaltado al individuo sobre, o incluso contra la comunidad; los intereses particulares sobre los intereses colectivos; lo privado y exclusivo contra lo público y compartido; la economía sobre la política; el mercado sobre el Estado, la dictadura de los consejos de dirección de las grandes empresas sobre la representación democrática de los ciudadanos, la posición unilateral sobre la multilateral, la imposición sobre el acuerdo y el uso de la fuerza militar sobre la diplomacia. Lógicas que costará tiempo y esfuerzo transformar, y que explican el vigor de los republicanos y las resistencias sociales, no sólo empresariales, a los planes reformistas de Barack Obama.

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