jueves 29/10/20
RELATOS | CARMEN BARRIOS

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso lleva guiando su autobús en el primer turno del día tanto tiempo como las columnas que sujetan la casa de Hades sobre la faz del Inframundo. Sortea los flujos de coches que se concentran durante las horas punta con la misma destreza que Caronte, el mítico tripulante que inauguró la línea y cubre el turno vespertino hace una eternidad. Ella es consciente de la pesadumbre que habita las almas de los usuarios, que se acomodan en los asientos del vientre de acero del vehículo como un rebaño de corderos mansos listos para llegar a su destino.

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso es muy concienzuda en su trabajo. Nunca deja nada al azar. Antes de comenzar a deslizarse por las calles revisa cada día la presión de las ruedas, la respuesta de los frenos y el buen estado de uso de los asientos y los asideros. Considera de una importancia extraordinaria que los usuarios de la línea realicen el trayecto con seguridad, pues han pagado el precio por adelantado para llegar a la última parada sin sobresaltos ni incomodidades que puedan perturbar su dignidad.

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso es una mujer experta, que tiene entre sus manos un volante privilegiado para el tránsito. Cuando finaliza su jornada siente la inquietud punzante de la duda si algún pasajero toma el camino de vuelta, porque eso significa que puede quedarse suspendido entre dos mundos como una sombra errante.

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso está segura de la importancia del trabajo que realiza, de la responsabilidad sagrada que atiende cada día, pues debe cumplir con todos los requisitos del ritual de tránsito sin escamotear un solo minuto al tiempo asignado por Crono para cada trayecto. Y lo cumple con la rigurosidad de la salida del Sol o la llegada puntual de la Luna nueva.

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso siente una opresión espesa que exprime su corazón, porque no entiende el motivo por el que Zeus, el dueño de la empresa que la contrató hace ya tanto tiempo, prefiere fijarse en lo bien que le sienta el uniforme en lugar de reparar en el trabajo que ella realiza. Se ha enterado de que Zeus recompensa sus esfuerzos muy por debajo de la asignación que recibe Caronte, cuando ella ha demostrado con creces que sus capacidades son igual de buenas que las de su compañero del turno vespertino.

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso ha decidido detener de forma indefinida su vehículo en la parada del lago Lete como muestra de protesta, en el distrito de Inframundo -a medio camino entre Cementerio y Paraíso- donde los usuarios que tienen el alma blanda pueden detenerse para borrar todos sus recuerdos. Los demás, los que no tienen el alma blanda, han elevado una queja contundente, porque si hay que hacer una pausa indefinida ellos prefieren que sea en Mnemósine, donde pueden beber las aguas del saber y de la consciencia eterna.

El lío monumental que se ha montado en Inframundo ha llegado a los oídos de Zeus, el dueño y señor de la empresa, que está escandalizado por el curso que han tomado los acontecimientos, con cientos de almas errando por Inframundo sin encontrar solución a su destino y miles haciendo cola en Cementerio, al principio de la línea. Está enfurecido y ha amenazado con abrir un expediente terrible a la conductora del primer turno del día de la línea Cementerio-Paraíso.

Sin embargo, ella está tranquila y totalmente dispuesta a persistir en su protesta durante toda la eternidad si hiciera falta, hasta conseguir el mismo trato, el mismo reconocimiento y la misma recompensa que recibe Caronte. Está convencida de que su exigencia es un asunto de justicia y teme con más intensidad las malas pasadas que le puede infligir su propia conciencia si cede, que a un jefe con el carácter de un dios enfurecido.


*NOTA DE LA AUTORA: este cuento está dedicado a todas las mujeres que llevan reclamando derechos de igualdad desde que existen las piedras, desde que sale el Sol cada mañana y la Luna viene y se va para completar un ciclo de 28 días, a todas esas valientes mujeres que se han plantado alguna vez ante los poderosos para decir NO, y con su acción han contribuido a que se den pasos adelante. ¡¡¡Feliz 8 de marzo!!!

La conductora de la línea Cementerio-Paraíso
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