jueves 2/12/21

La belleza del cemento

SUSANA IVÁN
Maquetas, bocetos, revistas, correspondencia, fotografías, más de 200 dibujos, vídeos y animaciones digitales son los soportes en los que el Museo Guggenheim de Bilbao ha reconstruido el trabajo de Frank Lloyd Wright, en una exposición que se exhibirá hasta el 14 de febrero del próximo año.
NUEVATRIBUNA.ES - 2.11.2009

En cada faceta de la vida existen unos nombres que se han convertido en sinónimo de calidad, de prestigio y de una forma personal de hacer las cosas. En sinónimo de arte. Evocan una tendencia, un estilo propio que no sólo se adapta a las corrientes estéticas, sino que las crean con su talento. Son estudiados en facultades, en escuelas de bellas artes, en museos. Y son admirados por millones de personas alrededor del globo. Personas de culturas distintas, con diferentes tradiciones y escalas de valores estéticos. Frank Lloyd Wright es uno de esos afortunados tocados por un genio universal que ha transformado el mundo en el que vivimos. En su caso literalmente, y para mejor.

Edificios de oficinas, edificios públicos, gubernamentales y religiosos, casas, ideas para teatros y auditorios… Nada ha escapado a su mesa de dibujo y diseño. Ni a su mirada, capaz de jugar con las formas y las texturas de los materiales de construcción para combinarlos con el escenario e innovar continuamente. Siempre creándose a sí mismo, siempre aprendiendo, siempre enseñando que no todo está inventado, pero que es necesario el talento para ser capaz de mejorar.

Y eso mismo, la creación, la innovación, el reinventarse a uno mismo y a su estilo es algo que definió no sólo su quehacer arquitectónico, sino también su vida personal. Porque sólo se puede dejar la huella de uno en alguna faceta del arte cuando lo ejecutas igual que vives, cuando impregnas las obras de tu conciencia, de tus valores y de tu forma de entender el mundo. Frank Lloyd Wright así lo entendió, y del mismo modo que después de cada tragedia personal resurgía con más fuerza que nunca, así volvía a emerger, más sabio, más fuerte y forzándose siempre a dar más de sí mismo.

Suyos son algunos de los edificios más emblemáticos construidos el pasado siglo: la Casa Winslow (River Forest, Illinois), el Edificio de la Prensa (San Francisco), el Templo Unitario (Oak Park, Illinois), Taliesin (Spring Green, Wisconsin), el Hotel Imperial (Tokio, Japón), el Museo Guggenheim de Nueva Cork y, por supuesto, la Casa de la Cascada (Ohiopile, Pennsylvania), un icono de la arquitectura y la mejor muestra de cómo el ser humano puede fundirse con la naturaleza, sacándole partido pero sin que su huella la arrase o le reste belleza para sumarle comodidad.

Maquetas, bocetos, revistas, correspondencia, fotografías, más de 200 dibujos, vídeos y animaciones digitales son los soportes en los que el Museo Guggenheim de Bilbao ha decidido reconstruir el trabajo del arquitecto estadounidense a través de algunas de sus obras, seleccionadas por su repercusión y su excepcionalidad, y mostrarlo a sus visitantes en la exposición “Frank Lloyd Wright”, que se exhibirá hasta el 14 de febrero del próximo año. Y entre los trabajos seleccionados no sólo se encuentran obras que podemos disfrutar en vivo, sino que los responsables de la muestra han tenido el acierto de incluir algunos de sus trabajos nunca realizados, como La Ciudad Viviente. En este proyecto Wright se oponía una vez más al concepto americano de ciudades abigarradas y deshumanizadas con un proyecto en el que destacaban las extensas praderas, lagos y ríos que convertían al espacio en mucho más que un sitio para vivir, ofreciendo comodidad, seguridad y, ante todo, belleza. Un concepto que para él era capital y que supo trasladar a todas y cada una de sus construcciones.

La belleza del cemento
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