Jugo de Papaya

Camino del Valle
Camino del Valle

Su estado de excitación variaba con cada sustantivo, con cada adjetivo, con cada verbo…él sabía cómo manejar las palabras, colocando una detrás de otra para azotar su culito hasta teñirlo con una mancha encarnada difícil de disimular

De la pantalla del móvil salían cataratas de jugo de papaya. Manaban en forma de palabras que acariciaban el cuerpo de ella, a veces con delicadeza, a veces con violencia. Brotaban en cualquier lugar, sin previo aviso, y predisponían su cuerpo hacia una frontera inexplorada del deseo que la transportaba a un lugar fuera del tiempo y el espacio, a una piscina densa de fluidos en la que permanecer a flote solo con el vaivén de las caricias.

Su estado de excitación variaba con cada sustantivo, con cada adjetivo, con cada verbo…él sabía cómo manejar las palabras, colocando una detrás de otra para azotar su culito hasta teñirlo con una mancha encarnada difícil de disimular. O para erizar sus pezones sonrosados hasta convertirlos en fresas a punto de reventar por efecto de la succión.

Era un mago de las palabras. Tejía metáforas que ella recibía como una red un poco líquida, sobre la que podía tumbarse con la complacencia amable de que todo lo que la rodeaba era fruto de la conjunción perfecta entre su propia mente y la habilidad para enriquecer el lenguaje de su amante. Él tenía recursos para todo, artículos para pellizcar, adverbios para penetrar, conjunciones para unir hasta la extenuación, hasta romper cualquier puerta de entrada, provocando en ella una excitación tal, que sus pechos se encendían como dos antorchas llameantes, que iluminaban la estancia con un clamor rojo propio de ese tipo de lugares bañados por el toque virtuoso de la lujuria.

Las palabras que ella adoraba más eran las que manaban sin freno como jugo de papaya, derramándose por su cuerpo hasta avivar más las llamas de sus pechos, desencadenando un volcán en erupción en el pozo carmesí de su sexo. Palabras como boca, chorrear, fluido, explorar, culebrilla, meter, plátano, fresa, líquido, pis, jugar, comer, mirar, flujo, lengua, semen…conseguían provocar en ella una inundación en toda regla, que sabía a melaza dulce en el vaso de sus labios y que él libaba con ansia, sin desperdiciar una sola gota, como una mariposa dotada de dos lenguas infinitas.