miércoles. 17.04.2024
Jordi Borja

Junto con Carmen Claudín, Dolors Folch y Andreu Claret, he tenido el placer y el honor de presentar el 23 de febrero de 2023, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el último libro, “UN PUENTE – Ciudades, Universidades, Amistades-”, de mi amigo Jordi Borja. Aporto a continuación las notas de mi intervención.


Afirma Jordi en la contraportada del libro que no se trata de “una autobiografía”. Estoy de acuerdo. Porque no es una, sino cuatro: tres autobiografías y una biografía. Una que transita por ciudades, países, universidades, …, cargos públicos e iniciativa privada, … amores (personas -algunas hay en esta sala-, países -América Latina en particular-,…). Otra cronológica, y una tercera de sus numerosas publicaciones a lo largo de su larga vida de acción social y política. Más la cuarta, la biografía que resulta de las aportaciones de algunas de sus muchas amistades.

Todas ellas, todos sus recuerdos, son además perfectamente catalogables como expresión del “efecto Rashomon”, contrapuestos los menos, coincidentes o complementarios los más.

Me interesa, me importa, subrayar lo que Jordi dice cuando manifiesta que no viene a lamentarse, como sucede a veces a personas (bastantes justificadamente, porque han sido los años determinantes de sus vidas) en cuyos recuerdos aparecen en primer lugar sus lamentaciones por lo que han sufrido.

Porque Jordi ha disfrutado de su vida, lo que comparto, porque seguramente aquellos fueron los mejores años de su vida, como han sido sin duda en mi caso. No éramos irresponsables, sabíamos a lo que nos arriesgábamos, pero quizás (en mi caso estoy seguro) tuvimos más suerte que otros, porque el balance es de una intensidad tal, y de resultados personales y colectivos, que nos permite afirmar su intensidad. Y en positivo.

Con Jordi hemos coincidido mucho y muchas veces en estos 64 años desde que nos conocemos. De los que aquí estamos, creo que soy el segundo, después de Isidre Molas, de los que hace más años le conozco. Isidre Molas me presentó a Jordi para sustituirle en el Comité Interfacultades de la Universidad de Barcelona (el precursor, y motor, del SDEUB) en representación de Derecho, el tingladillo que creamos con María Rosa Borrás en 1959, después de una “Ruta” a Montserrat y de pasar una noche bastantes decenas de estudiantes en las celdas de sus monjes, hablando, aunque no sólo.

Jordi Borja

Una etapa en la que, después de proponerle su incorporación al PSUC, y de su aceptación, tuvimos que organizar la “célula de los quemados”. Con él, con Jordi Sales, con María Rosa Borrás y yo, y en relación con la que la policía franquista confirmó luego el acierto de nuestra decisión con una octavilla provocadora, ampliamente difundida en la Universidad, que, con nuestros tópicos burdamente copiados, estaba firmaba por el supuesto “Comité Revolucionario de la Universidad de Barcelona”.

Luego el exilio en 1961 a raíz de una ”caiguda” importante del PSUC, desde Badalona llegando hasta “Pedro” (Vicente Cazcarra, creo), el responsable de la relación del Partido en Catalunya con la dirección en el exilio. Después de varios meses escondidos (primero juntos en una casa de Ricardo Bofill), Jordi se quedó en París y creo que acertó. María Rosa Borrás y yo, con María Rosa Solé y su hermano, marchamos a la RDA (“Alemania oriental”). De ésta salimos María y Rosa en 1964 y yo con nuestra hija Ester porque nos estábamos ahogando intelectual y políticamente, y no queríamos acabar en la cárcel, como luego pensé nos podía haber sucedido al ver la película “La vida de los otros”.

Mi siguiente coincidencia con Jordi fue en 1974, cuando Bandera Roja se incorpora al PSUC. Fue una importante operación política calificada como “integración”. Jordi y yo negociamos y pactamos (con anécdotas de cómo se aprobó en el Secretariado del CE del PSUC) un proceso de incorporación que en realidad fue en mi opinión más bien de fusión organizativa, aunque sí de integración política. Una especie de “SUMAR” de la época, en relación con el que me gustaría que la apuesta hoy de Yolanda tuviera ahora la misma eficacia.

Una operación entonces, política y organizativa, que supuso un indudable refuerzo al PSUC, y al PCE, y que contribuyó a que éstos desempeñaran el importante papel que jugaron en la última etapa del franquismo y en la primera de la Transición. Luego pasó lo que paso, 4º y 5ª Congresos del PSUC, …,una etapa en la que, como particular síntoma en un complejo político de mayor entidad, se escuchó lo que para mí es hoy un recuerdo positivo, una afirmación de evidentes coincidencias, el epíteto de ”bandera blanca”que se me adjudicó cuando nunca fui “bandera roja”.

Jordi sigue haciéndonos partícipes en su “puente” de sus consideraciones sobre temas de permanente actualidad. Como el significado de la “gobernanza” nacional, incluso global, desde las ciudades, un tema importante que exige reflexionar sobre lo que ha sucedido en Berlín o Roma estos días. En todo caso, sus aportaciones subrayan la importancia de las ciudades para vivirlas, para vivirlas en libertad, con derechos de ciudadanía como una de las bases de los derechos de convivencia.

Y nos aporta también Jordi algunas claves de cómo abordar la vida “política”. Reivindicando la política con el método necesario de “aprender en la actividad”, o el de “gritar para que te oigan”. También interesantes consideraciones sobre lo que era, y debería ser, la Universidad, de particular interés ahora cuando está de nuevo abiertamente en discusión un proyecto legislativo, y práctico, sobre cómo ordenarla en nuestro país.

En todo caso, una consideración general sobre este libro: la necesidad de que la reflexión, la elaboración y el análisis, las propuestas de estrategia y táctica, deben, deberían, hacerse desde la intervención, no desde una supuesta función de espectadores ilustres o ilustrados. Una consideración de indudable actualidad cuando asistimos a demasiados discursos políticos, programas incluso, que parecen orientados a pontificar sobre lo que deben hacer los demás sin abordar, organizar e impulsar, la necesaria acción social y política desde los intereses y derechos colectivos e individuales.

Ofrece Jordi en su libro un planteamiento no sectario conscientemente asumido, señalando que quien se arriesga a intervenir (de esto se trata) asume, como Jordi subraya permanentemente, que no ha de estar nunca plenamente seguro de sus planteamientos, pero ha de entender siempre que sólo interviniendo y reflexionando sobre los resultados de la acción puede aproximarse a la verdad, pero nunca alcanzarla. Asumiendo lo inevitable del error, dispuesto a asumirlo para entenderlo. Un planteamiento no sectario, no dogmático, enlazando, y coincido de nuevo con él, más con la “Revolución” de 1789 (“Liberté, Égalité, Fraternité» …) que con la de 1917, sin dejar de reivindicar ésta como un hito importante (“Los 10 días que sacudieron el mundo”) en nuestra historia colectiva.

Unas memorias las de Jordi, éstas, una o cuatro, muy útiles. No son un libro de historia, no lo pretenden, pero sí son, creo, insisto, un libro para la historia, para el futuro, para transmitir ideas, esperanzas, posibilidades, prácticas, también para que los historiadores lo estudien. Y aprovecho para estimular a todos y todas, los y las que aquí estamos, para que dejemos notas escritas de nuestros recuerdos, de nuestras experiencias, de nuestras reflexiones, de nuestros pasados, para que se conviertan conscientemente en lo que son, un instrumento de futuro.

Y por todo ello, me permito terminar con un GRACIAS JORDI, por tus recuerdos, por tu testimonio. Por éste y los demás libros de tu larga aportación, para ayudarnos con ellos y con tu acción a vivir en libertad. A ayudarnos a construir cada día nuestra libertad.

GRACIAS JORDI por construir este puente, estos puentes, con, como tú dices, “ciudades, universidades, amistades”. ¡GRACIAS!

Jordi Borja, constructor de puentes