jueves 6/8/20
LECTURAS SUMERGIDAS | REVISTA LITERARIA

John Banville: “La literatura es una vía de escape”

Por Emma Rodríguez | John Banville, el nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Letras, acababa de publicar “Venganza”, de la serie detectivesca firmada con el seudónimo de Benjamin Black.

John Banville. Fotografía por Nacho Goberna © 2014
John Banville. Fotografía por Nacho Goberna © 2014

lecturassumergidas.com | @lecturass | Emma Rodríguez | John Banville, el nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Letras, acababa de publicar “Venganza”, de la serie detectivesca firmada con el seudónimo de Benjamin Black, así como “Antigua luz”, entrega de su otra vertiente, la de la escritura más honda, con mayúsculas, cuando mantuvimos este diálogo. El autor, Black y Banville, dos en uno, nació en Wexford, Irlanda, en 1945 y mantiene muy alto el listón de las letras anglosajones, de esa riquísima corriente irlandesa de cultivadores de las palabras. El día de este encuentro vestía de negro y gris, hacía gala de un magnífico sentido del humor y parecía disfrutar con las preguntas que le conducían a indagar un poco más en sí mismo.

- Aunque aparentan no conocerse, John Banville y Benjamin Black se parecen entre sí mucho más de lo que demuestran a simple vista. ¿Hasta qué punto a Black le interesan las mismas cosas que a Banville, aunque de menos rodeos y sea mucho más directo a la hora de decirlo, de expresarlo?

- ¿Cómo...? -gesto de sorpresa-. Podemos decir que Black trabaja mucho más directamente, sí. Es un escritor que hace declaraciones y para quien la narrativa, el diálogo, la trama y la caracterización son muy importantes. Podríamos decir que es un novelista chapado a la antigua. El siglo XIX le habría reconocido, habría sido su época. Pero Banville hace algo que es distinto y que es mucho más difícil de definir, sobre todo porque a mí muchas veces me produce zozobra. No acabo de entender del todo su trabajo.

- Sin embargo, hay ambientes y temas que están presentes en ambos. Tanto en “Antigua luz” como en “Venganza”, nos encontramos con el peso del pasado, de la memoria.

-  A todos nos obsesiona el pasado porque quizás sea lo más intenso y lo más real que hayamos experimentado. El pasado es algo que a mí siempre me ha fascinado y que sobre todo fascina a Banville. Escribir sobre el pasado parece mucho más vívido que hacerlo sobre el presente, porque, de hecho, ese pasado fue un momento presente, tan aburrido y tan poco remarcable como lo que podemos estar viviendo ahora mismo. En efecto, tanto a Black como a Banville, les obsesiona el pasado.

- El pasado es el motor que mueve muchas páginas de la literatura, el pasado y, sobre todo, la infancia. Pocos escritores se han resistido, se resisten a recrear esta etapa. ¿Cómo la contempla?

- La infancia es una gran reserva, sobre todo para los artistas. Baudelaire decía que la genialidad consiste en resumir la infancia y los deseos. Y no se refería tanto a ser un genio con mayúsculas, sino al  saber, al aprendizaje. Ahora que ya he cumplido los 60 y estoy bastante lejos de mi infancia, creo que para mí ya no es tan importante como lo fue cuando tenía 20 años. Me doy cuenta de que antes pensaba en esa época con frecuencia y de que ahora ya no lo hago. Yo no he escrito sobre mi infancia, sino que he escrito cosas de mi infancia; la he utilizado para la ficción. Y creo que, a lo mejor, lo que me está sucediendo ahora es que mi orientación está cambiado. Está girando hacia la muerte, justo 180 grados. Quien ahora me está fantasmeando en lugar de la infancia es la muerte.

- ¿Está más proyectado hacia el futuro, qué le está aportando cumplir años?

- Cuando no estoy trabajando mi mente está llena de cosas triviales. Es como una papelera cargada de papeles, de basura, de cosas que no sirven, y esto es algo nuevo para mí. Es una característica que tiene que ver con hacerse mayor que no conocía antes. En cierto modo es fascinante, y junto a ello, lógicamente, sigue estando esa experiencia de ir andando por la calle, oler unas flores y sentir que me transporto al pasado, que vuelvo de manera inmediata a la infancia. Eso es algo irremediable, que no desaparece y que me atrevería a decir que es una de las sensaciones más exquisitas que podemos tener. Proust, todo su trabajo,  su enorme trabajo, está alimentado por todas esas experiencias... Y, además, me preguntas por lo que aporta el paso de los años y debo decir que cuando era joven,me aterraba la muerte, pero ahora no. Cuando era joven la muerte era una figura mística muy fuerte, era un hombre de negro con la guadaña que llegaba para llevarte; pero ahora me he dado cuenta de que la muerte no es nada místico, simplemente es el final de la vida. Y la vida va a seguir, mis hijos van a seguir viviendo y seguirán viviendo existencias fascinantes aunque yo no esté aquí. ¿Respondo a la pregunta? ¿Es demasiada información? Quizás me estoy convirtiendo en un hombre mayor, un hombre viejo que no hace más que divagar. Un día que estaba enfermo, le dije a mi mujer: “me siento como un pequeño hombre mayor; bueno, en realidad soy ya un hombre mayor...” (risas).

- Los protagonistas de “Venganza” pertenecen a los ambientes empresariales, de las finanzas. Muy sutilmente hay una crítica velada a la corrupción que se produce en estas esferas que nos acerca bastante al presente. De hecho, lo que sucede puede ser un caso de los que habitualmente aparecen en los periódicos. ¿Qué opina de lo que está pasando, cree que la crisis económica es una crisis inventada por el poder para cambiar las reglas del juego?

- Lo que creo es que con lo que está pasando de lo que nos hemos dado cuenta es de que el hielo por el que andamos es muy fino. Yo a la gente en Irlanda le digo: “os habéis dado cuenta de lo que es el capitalismo porque las cosas van mal, porque cuando sacamos ventaja, cuando obtenemos dinero, no nos molesta el capitalismo”. Creo que lo que más ha sorprendido a la gente es que pensaba que vivía en un mundo estable y ha descubierto que no es tan estable como parecía. En realidad, esta es la base de todas las novelas negras. Alguien tiene un secreto, alguien ha cometido un crimen, y eso lo acaba desestabilizando todo. Las novelas negras tratan de crisis y en ese sentido “Venganza” sí refleja lo que está ocurriendo, pero yo creo que todos los tiempos, todos los momentos, son críticos. Cuando pensamos que vivimos en épocas de tranquilidad, de calma, lo único que tenemos que hacer es simplemente pensar en otro lugar donde no estamos. Porque mientras nuestros hijos están bien alimentados, bien vestidos y recibiendo una buena educación, hay miles de millones de personas que se mueren de hambre. Siempre he sentido que si pudiésemos ver por un segundo el sufrimiento que hay en el mundo ahora mismo; si yo pudiera sentir todo ese sufrimiento en un instante, creo que esa visión me destruiría, porque la vida es posible gracias a los efectos que tiene la imaginación en nosotros.

- ¿Cómo se siente ante la realidad, en el mundo en el que vivimos?

-  Me siento extraño. Creo que tendríamos que haber sido unas personas distintas en este mundo. Es demasiado dulce, suave y cómodo para nosotros. Pienso que las personas somos el virus más exitoso que el mundo haya tenido y quizás algún día el mundo se cure, se acabe con el virus y se consiga generar otro más fuerte que acabe con todos nosotros. Espero que no... Está muy bien hablar del final de la civilización, pero fíjate las cosas que perderíamos. Todo: nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos y así sucesivamente... Hasta los cuartetos de Beethoven se perderían y sería una pérdida enorme. Y pese a todo eso, sin embargo, creo que el mundo quedaría mejor. Nada de eso supondría su desaparición. Todo esto, lo que conocemos, se caería y crecerían árboles, el entorno sería verde... Hay un poema de Thomas Hardy, que es maravilloso, muy cortito, en el que se dice que hubo un tiempo, antes del nacimiento de la conciencia, en el que todas las cosas funcionaban bien y nadie sufría; pero sucedió que luego llegó la conciencia y todo empezó a ir mal. Hardy se pregunta algo cuándo volverá aquello y responde algo así como quién sabe... Es de los poemas más interesantes y más agudos que conozco.

- ¿Hasta qué punto la literatura es un refugio?

- Seguro que cuando yo era joven era un refugio, pero también una vía para escapar, para escapar de una vida aburrida, en una ciudad pequeña, en un país pequeño, con gente pequeña. Me gusta pensar que crecí en la literatura, que aprendí algo del amplio y maravilloso mundo de la literatura. Tal vez lo que aprendí no sirve de nada, pero voy a seguir pensándolo porque me reconforta.

- Ya que hablamos de poesía, en “Venganza”  hay un homenaje a Yeats. Se hace referencia a su vanidad...

- Todo el mundo me dice que estoy influido por Beckett y Nabokov, pero yo en realidad estoy influido por Yeats y Henry James y nadie habla de estos escritores.

- ¿Qué les debe?

- Digamos que de Henry James he aprendido la cirugía que practica en las motivaciones de la gente. Y a Yeats le debo mi falta de miedo a la retórica, a hacer una gran prosa. Su gran problema es que no tiene ningún sentido del humor. Es difícil ser un gran hombre con sentido del ridículo, pero él lo fue y su trabajo es magnífico. Ha hecho cosas que nadie más podría haber hecho. Fue levantando su escritura heroica al mismo tiempo que T. S. Eliot componía sus poemas. Eso me atrae mucho. Dos cosas tan distintas, en el mismo tiempo. Yeats también es para mí el ejemplo de una persona que vive una vida literaria sin pedir perdón por ello. Como dijo en un discurso: “No somos pequeñas personas”. Y estaba hablando de su clase, pero también de sí mismo como artista.

- ¿Qué papel cree que le queda al escritor, al intelectual, en un presente en el que la supremacía ha pasado a manos de los que controlan los números, el dinero? La palabra ya no tiene la fuerza, la potencia, que sí tuvo en el pasado, para influir en la vida de las personas.

- El papel de los escritores yo creo que va a ser mantener el lenguaje puro, conseguir que siga vibrante, no permitir que las palabras desaparezcan porque la gente las utiliza mal o porque se olvida de ellas. Supongo que también va a ser presentar constantemente ejemplos de excelencia, no de perfección, pero sí de excelencia. La novela es uno de los mejores artefactos de la imaginación que se pueden crear. Hay muy pocas cosas que podamos encontrar en la vida como las novelas.

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