miércoles 28/7/21
ENTREVISTA | LIBROS

Subura, crónica de una generación perdida en el supermercado

El periodista y escritor Israel Merino publica su primera novela sobre la decadencia y la precariedad de la juventud moderna.
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Israel Merino

Israel Merino es escritura gonzo para los muy cafeteros. No importa si uno lo odia o lo ama, no importa si cree que es un constructo ficticio, una persona humana, un personaje novelesco, un pringado o un genio. El hecho objetivo es que sabe escribir y escribe, lo que le convierte como mínimo en escritor.

Lo ha demostrado en las columnas que escribe medio deshaciéndose en su página de Medium, en los artículos, reportajes en los que colabora en varios medios nacionales que no teme recordar en sus redes sociales, y lo demuestra en esta ocasión con la publicación de su primera novela, Subura, que ha autoeditado en su propio sello editorial, Libros del Humo y que en tan solo una semana ha llegado a su segunda edición.

suburaCon un marketing de acoso y derribo, como si fuera una alarma de coche que no se calla en toda la noche, Israel Merino se propone acercarse a los lectores a una novela que podría ser quinqui, pero que prefiere aspirar a no serlo. Que quiere alejar esa belleza idealizada de la izquierda por el concepto de barrio y la identidad, que tal y como dice el escritor, solo se unía “por la coacción de la heroína y la pobreza más absoluta”. Con intención de alejar el romanticismo por el barrio y lo obrero, y dar cuenta de esa realidad, Merino usa el espacio del barrio como su tablero de juego en el que los personajes se dan cabezazos contra un futuro que no está asegurado.

Subura es una novela breve, más cercana a una crónica larga que a un texto de prosa y aspira a ser su propia versión decadente de Miedo y Asco en Las Vegas de Hunter S. Thompson, esta vez, ambientada en el barrio madrileño de Chamberí. Lo logre o no, Subura es una experiencia vertiginosa por el mundo nocturno de una ciudad, en la que al llegar el día solo queda volver al trabajo y fingir que no ha pasado nada. Si Joe Strummer cantaba perdido en el supermercado, el protagonista de esta novela se ha encontrado reponiendo en el pasillo de los garbanzos en conserva.


Inés Villodre​ | Me llama la atención que tu primer manuscrito pasó de tener 500 páginas a tener apenas 160, tuviste que pulir mucho.

Israel Merino | Sí, pero esto no fue tanto como pulir, porque cuando terminas una novela tienes que pulir y quitar, pero esto no fue quitar, sino desestimar y empezar de nuevo. Me gustaba la idea, la tesis de la novela, lo que quería contar, pero la forma me parecía muy pedante. Yo leía el manuscrito y pensaba que era una soberana mierda, que no habría ni Dios que se lo querría leer, a veces me ponía ñoño, a veces me ponía tierno, a veces macarra y no me terminaba de molar, y muy importante, estaba contado en tercera persona, que era un registro en el que yo no escribía y el resultado no me gustó nada. Decidí con la tesis de la historia ir creando una serie de personajes que iban tomando forma y que iban encontrando su propio camino, aunque a ti no te guste ese camino (risas) y decidí contarlo en formato crónica, muy rápido, en una semana. Y la terminé en tres semanas o así.

Esta es una novela en la que todo va muy deprisa, ¿no?

Estoy obsesionado con la literatura del pop, que decía Kerouac de meter la tercera marcha y pisar hasta que se desgaste el motor. Esa idea de Kerouac de que la literatura tenía que ser como el ritmo de una pieza de jazz me flipa, me fascina. Quise que sonara así, a toda hostia, que todo fuera muy rápido, con secuencias muy rápidas, que fuera lo más rápido posible. Creo que es uno de los beneficios de la crónica, que te permite ir to follao.

Es algo muy gonzo.

Creo que cumple todas las características. No te voy a engañar, el sueño de hacer un Miedo y Asco en Las Vegas 2 me molaba mucho como idea, porque Miedo y Asco en Las Vegas no es solo una novela graciosa de dos tíos que se van con droga a Las Vegas a liarla, también habla de la decadencia americana, del espíritu, de la pérdida del yo y ese trasfondo me gusta mucho, entonces en esa estructura también me he fijado mucho: toma drogas, toma desfase, toma locura, pero aquí hay algo más, intento contar una historia más allá de eso. Creo que a nivel estructural lo cumple también, esa forma de narrar en primera persona subjetiva.

¿Te consideras identitariamente gonzo?

Me gusta considerarme un gonzo, evidenciando además que lo soy estrictamente, mis consumos semanales de cocaína lo reivindican

Yo me siento identitariamente gonzo. Hay dos cosas que me dan mucha pena, una es que el soplapollas este de La Sexta se haya apropiado del término Gonzo, y que a la hora de explicar el tipo de periodismo que haces la gente te asocie con él, cuando el tipo de periodismo que él hace no es gonzo. Eso me cabrea mucho. También me cabrea mucho que se haya perdido ese tipo de periodismo tal veloz, que busca ser trascendental, que busca ir más allá de la noticia y que busca tocar temas muy serios pero por qué no a través de un poco de humor negro o de decadencia graciosa, de “esto es tan decadente, tan absurdo que te hace gracia” creo que eso se ha perdido y es algo que intento reivindicar siempre, además de bueno, el uso de la crónica y la primera persona. Y me gusta considerarme un gonzo, evidenciando además que lo soy estrictamente, mis consumos semanales de cocaína lo reivindican.

Hay un montón de influencia quinqui en tu novela...

La novela originalmente se iba a llamar posquinqui, pero no terminó de gustarme el nombre y lo cambié por el nombre del bar. El mundo quinqui me fascina y me parece interesantísimo, he mamado de todas las películas de cine quinqui, de Navajeros, Perros Callejeros, El Pico, Arrebato… son películas de las que he mamado mucho.

¿Crees que ha vuelto la sensación identitaria de barrio?

Ha habido un resurgir de la identidad de barrio, pero que es un poco falso porque antes la identidad estaba coaccionada por la heroína y por la pobreza más absoluta. Algo que me cabrea mucho es que el chavalito de antes era el muerto de hambre que atracaba un estanco para pagarse un pico y ahora es un chavalito de barrio que hace rap y lleva chándal. Sigue sintiéndose esa identidad de barrio pero en el mundo quinqui concreto, ha cambiado mucho.

Te hicieron propuestas editoriales pero al final apostaste por la edición, ¿cómo ha sido esto?

Una editorial muy grande me contactó, a raíz de lo que me pasó con los neonazis que me amenazaron de muerte. Fue como que de repente salté a la palestra pública, a salir en medios de comunicación más mainstream, y eso a las editoriales les mola, te garantiza una serie de ventas. Esta editorial además ya sabía que colaboraba en El Confidencial, en CTXT, en Público, estaba muy metido en el ajo y saben que tengo notas de prensa garantizadas con esta gente por puro compromiso. Cuando estalló esta movida de repente se aceleró el proceso y que había que sacar la novela ya y ponernos a sacar la novela adelante, porque era un momento muy bueno. Recibí el contrato, lo leí y no me gustó nada lo que me proponían. Lo que realmente me mosqueaba es que era una tirada muy corta, de muy pocas copias y que no invertía un solo céntimo en publicidad, y yo entendía que era porque las ventas que se iban a obtener eran del yo trágico, de la gente a que yo muevo y mis capacidades en los medios de comunicación. Después de una noche de sudores fríos decidí mandar a tomar por saco al grupo editorial. Cuando los rechacé, varias editoriales, no tan grandes, pero de gran tamaño empezaron a ofrecerme publicar con ello, con mejores condiciones. Pero ya me entró el gusanillo de publicarme yo mi propio libro con mi sello y quería moverlo yo todo. Rechacé las editoriales de buen rollo, algunas de ellas geniales porque quería hacerlo yo todo, probar cómo era hacer campaña de mi libro sin una gran inversión de marketing detrás de lo que estaba haciendo, usando mis propias armas. Cuando pasen un par de meses y acabe el ciclo natural de la novela quiero alejarme un poco de las redes y ver cuál es el alcance real de mis artículos sin que esté todo el día dando la puñeta en Twitter, cuál es el alcance real de un artículo mío publicado sin que yo esté detrás dando la chapa.

¿Cómo es ser autor novel en la industria editorial?

El concepto autor novel es difuso, porque creo que las únicas editoriales que apostamos por el autor novel somos las independientes. En una editorial grande, cuando hablamos de novel hablamos de un autor que no ha publicado libro, pero sí que publica gente que es famosa por algo. Tuiteros famosos, que sí son noveles pero tienen aseguradas las ventas, la campaña de marketing. Publicar a cantantes que está muy de moda, todos los cantautores tristes, que no son autores noveles. Esa peña ya es conocida, ya tiene público detrás. Es difícil ser autor novel hoy en día porque para serlo tienes que tener una campaña detrás, tienes que ir con una estrategia de marketing, y creo que una editorial grande no te compra el libro sino que te compra la campaña de marketing que le vendes. Lo hablaba con un par de editores el otro día y la tendencia de publicar solamente en redes está bajando un montón, ahora necesitan que seas famoso de otra forma, que escribas en un periódico, que seas cantautor. El famoso de redes ya no se vende tanto.

¿Qué papel crees que juegan las editoriales independientes en este aspecto?

Una editorial independiente es David, y una editorial grande es Goliat. El cuento que te venden con una honda es una fábula preciosa, pero no es verdad. Tú tienes una honda, pero Goliat tiene un puto tanque, no se puede, no puedes competir contra ellos. Yo me di cuenta como editor que debía moverme de otro modo, que debía moverme en otro mundo. Buscar un público más culto, buscar más en el underground, y creo que las editoriales independientes ayudan a destacar más en el underground. Cuando tú destacas ahí, lo mainstream te llama.

Subura, crónica de una generación perdida en el supermercado