lunes 27/9/21

Las Islas Malvinas no eran un carnaval de huesos, sino un cementerio

Cementerio Darwin | Islas Malvinas

Cuadernos Anagrama edita este mes la crónica de Leila Guerriero sobre la posguerra en las Islas Malvinas, titulada “La otra guerra”

“Soldado argentino solo conocido por Dios” fue el epitafio que muchos soldados caídos en el conflicto de las Islas Malvinas tuvieron desde días posteriores al 14 de junio de 1982, en que se terminó el conflicto bélico, hasta 2018. Fue entonces cuando se reconocieron los lugares en que fueron enterrados, desconocidos hasta ese momento para sus familias y para el gobierno argentino. Las contradicciones burocráticas de la dictadura militar mantuvieron en silencio a todas las familias de los soldados, que llegaron a creer que volverían incluso veinte años más tarde sin saber que realmente habían muerto.

Días después del fin de la guerra, Geoffrey Cardozo, un militar británico fue encargado por el gobierno inglés para construir un cementerio donde enterrar a los soldados argentinos y documentar los enterramientos. Este proceso, casi forense, terminó en un extenso y detallado informe que nunca llegó a las familias a pesar de que el gobierno militar sí lo conoció y no dio explicaciones al respecto, en un contexto donde las desapariciones eran comunes a la realidad argentina. Décadas más tarde, en 2013, ese informe llegó a un veterano argentino, Julio Aro, que empezó una aventura de memoria histórica que se ha extendido hasta principios de 2021.

Una historia de gran complejidad que en menos de 100 páginas, la reconocida periodista argentina Leila Guerriero disecciona con bisturí. El proceso humanitario, político y forense que permitió el reconocimiento de 123 soldados argentinos que fallecieron en el escenario de la guerra de las Malvinas. Muchos de ellos, incluso torturados por sus propios compañeros de pelotón, tal como denunció el CECIM (Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas) “que inició una causa contra 95 oficiales y suboficiales argentinos a los que acusan de haber cometido torturas contra los soldados de su propia tropa durante la guerra”.

La contradictoria situación en la que se produjo la intervención argentina en las Malvinas, en un momento en que el servicio militar era obligatorio y defensores y detractores, torturadores y torturados compartían filas, atraviesa toda esta crónica, llena de voces y testimonios de familiares, veteranos de guerra, políticos y forenses. Un recorrido por la historia de las exhumaciones y pruebas de ADN, que llegaron a ser consideradas como un “carnaval de huesos” por la Comisión de Familiares de Caídos, que por desconfianza en el proceso, fue el organismo más reacio en un inicio a las exhumaciones.

En un clima de fuertes cambios políticos en los que Argentina ha tenido que afrontar su pasado, “La otra guerra” de Leila Guerriero da nombre e historia a esas personas que sí conocieron a los héroes de guerra argentinos y a todas aquellas personas que ayudaron a que el reconocimiento fuera posible. Para colocar, por fin, los huesos y poder honrarlos con flores.

Las Islas Malvinas no eran un carnaval de huesos, sino un cementerio