miércoles 21.08.2019
TEATRO

Helena Pimenta cierra en el Festival de Almagro su ciclo en la Compañía de Teatro Clásico

Representación 'El Castigo sin Venganza', de Lope de Vega. Fotografía: Sergio Parra (CNTC)-
Representación 'El Castigo sin Venganza', de Lope de Vega. Fotografía: Sergio Parra (CNTC)-

La representación, este domingo, de El Castigo sin Venganza de Lope de Vega en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro supuso la despedida en la dirección de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de su actual directora Helena Pimenta, cerrando un ciclo que comenzó con aquella inolvidable versión de La vida es sueño interpretada por Blanca Portillo que abrió el Festival de Almagro de 2012.

La directora vio finalizar desde detrás del patio de butacas la décima y última representación de El Castigo sin Venganza en la sede oficial de la compañía en el Hospital de San Juan de Dios en Almagro, que desde este año se llama con todos los honores Teatro Adolfo Marsillach.

En su último día como directora de la CNTC acudió por la mañana al encuentro ‘Berenjenas con queso’ donde se reconoció su labor y se convirtió en embajadora del Festival y de la berenjena de Almagro. Una intensa jornada que terminó en el escenario por todo lo alto con  “¡Oh, padre!, ¿por qué me matan?” / “En el tribunal de Dios, / traidor, te dirán la causa.”, sustituyendo la moralina final de Lope de Vega por un impactante adagio con aires de Semana Santa y Pasión. 

El Castigo sin Venganza no ha sido el montaje más redondo de estos años al frente de CNTC pero sí contiene mucho de lo bueno que ha tenido esta etapa

Una tragedia de Lope de Vega que “oculta una profunda reflexión sobre el poder, la justicia, la responsabilidad, el amor y el deseo”, en las propias palabras del programa de mano. Palabras que tenían un regusto especial por cuanto representaba esta función. 

El Castigo sin Venganza no ha sido el montaje más redondo de estos años al frente de CNTC pero sí contiene mucho de lo bueno que ha tenido esta etapa. Una estética monumental, un vestuario atemporal, una atmósfera con vida propia y un atrezzo en el que cada objeto tiene una personalidad arrolladora. En El Castigo sin Venganza el trono-silla de barbero se convierte en protagonista absoluto de la tragedia. Un trono ensangrentado que parece arrastrar el alma de un imponente Joaquín Notario, una plataforma circular de madera que cual rueda de la fortuna es capaz de convertir en pesadilla cualquier sueño o un espejo que nunca refleja la realidad que quisiéramos. 

Todo adquiere una nueva dimensión en esta décima función, la última de Helena Pimenta al frente de la CNTC en Almagro. Quizás mañana sea igual, pero no esta noche, porque esta noche todo se ve a través de un espejo distinto.


Entrevista a Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (mayo de 2012)