viernes 4/12/20

La hegemonía ideológica, un concepto de ruptura 

Víctor Salmerón 

Antonio Gramsci (1891-1937) fue un político y filósofo Italiano, que sufrió en carne propia los perjuicios del fascismo. De joven estuvo muy interesado en lingüística y filología por lo que se decidió, obedeciendo a los impulsos más nobles de su espíritu, estudiar en la Universidad de Turín, sin embargo su consagración secular al ámbito político no le permitió terminar sus estudios superiores. Él formó parte de los fundadores del Partido Comunista Italiano.

Es considerado por muchos, no gratuitamente, como uno de los intelectuales marxistas más notorios del pasado siglo. Sus trabajos teóricos, de ruptura con los moldes escuetos, y su pensamiento tiene mucha vigencia; la verdad es que. "Su obra ha ido más allá de su tiempo y ha influido en las siguientes generaciones; podríamos decir que incluso está de moda. Se recurre a él en la universidad por parte de multitud de intelectuales que pretenden dotar de base científica y una óptica social sus trabajos; en mítines políticos y sindicales, donde con frecuencia se lo menciona entre los líderes de Podemos o Más País; en análisis periodísticos, etcétera. Se publican biografías sobre él o sobre su familia y surgen nuevas recopilaciones de sus textos. Aparece además, desde su muerte hasta la actualidad, mencionado en espacios ideológicos tan dispares como antagónicos: eurocomunistas, socialdemócratas, liberales, comunistas, reformistas, anarquistas, conservadores (Grupo Akal, 2020).

Antonio Gramsci | ImageOFS en Pixabay

 

La importancia de Gramsci en el mundo académico es irrefutable. Pero su importancia y su vigencia quizá no resida en eso; su filosofía es práctica, no se pierde en abstracciones vacuas. Como sabemos “el análisis teórico para Antonio Gramsci se pone al servicio de la acción política concreta que permita captar, en cada momento, el problema central y actuar en consecuencia” (Iglesias, 2020).

En este corto ensayo me gustaría aproximarme en pocas líneas al concepto de hegemonía ideológica de este eminente filósofo. Es verdad que se ha escrito un sinfín de trabajos teóricos sobre Gramsci, y pues yo, siguiendo el buen ejemplo ajeno, quiero sumarme, sin pretender mayor alcance, a ese noble esfuerzo de proliferar los grandes conceptos de los grandes pensadores, en este caso el de un neo marxista.

1.     LA IDEOLOGÍA EN MARX

Es, sin duda, Marx el primero en plantear sistemática y rigorosamente el concepto de ideología, su análisis exhaustivo de ese concepto lo realizó en la Ideología Alemana, a la cual define como a una falsa consciencia, una suerte de mecanismo de ocultamiento y negación de la desigualdad positiva y de la explotación del capitalismo; en suma: la clase poseedora, la burguesa, la clase más salvaje y sanguinaria de todos los tiempos, intenta, mediante ciertos mecanismos ideológicos, persuadir a la clase proletaria que  sus rastreros y particulares intereses son de carácter universal, y, por lo mismo, deben ser aceptados como naturales por aquella, aunque en la práctica la alienen y la deshumanicen.  Pero a pesar del alcance teórico que su trabajo representó y encarnó fue demasiado limitado, en consecuencia, el término adquirió un significado demasiado peyorativo; limitación que Gramsci, sin ser infiel al pensamiento revolucionario, señaló y se propuso, con éxito, a superar. La clase burguesa, como sostuvo Marx en el prólogo de la Crítica de la Economía política, controla la infraestructura, o la base material, y, por ese motivo, crea una superestructura, un edificio jurídico político, que, gracias a su poder económico e ideológico para distorsionar la realidad en sus aspectos más objetivos, controla a la clase trabajadora. Esta problemática, que afecta directamente los intereses de la clase proletaria, su mundo interno y externo, no puede ser zanjada por las buenas. Para cambiar este último, ese sistema asqueroso e inmundo, para que haya revolución social, la clase obrera, el a priori fundamental de la clase capitalista, tiene que levantarse de forma unida y substraer el control de los medios de producción, cuya posesión les faculta configurar la subjetividad obrera, de la clase capitalista. Sin embargo, esto, por noble o verdadero que sea, no ha superado la categoría de postulado teórico, algo pensable, imaginable y razonable pero, debido a la complejidad real de la realidad ontológica, imposible de concretar empíricamente, no ha acaecido en ninguna época totalmente; surge pues la pregunta ¿por qué, después de todas las luchas revolucionarias y sociales, no se ha logrado objetivar plenamente esta noble intención obrera?   Gramsci, que fue un hombre de vasta erudición y de criterio cuántico, advirtió que “el capital controla los medios de producción no sólo por fuerza y por la amenaza de violencia, sino principalmente por el consenso del pueblo, un consenso que caracteriza cómo ideológicamente forjado” (McNabb, 2020) Su gran primicia teórica estriba en plantear que la superestructura, en la que flota la política, la filosofía, la ciencia y toda representación cultural, no es un mero reflejo de la infraestructura, sino que, de alguna forma, incide positiva y directamente en mantener el control del sistema económico que impera en el campo económico. Es claro pues que:

los medios de producción —como lo advierte Gramsci— incluyen no sólo el trabajo sino también la información, no sólo fábricas y tierras sino los modos de producir y difundir el conocimiento, los sistemas de educación, propaganda, arte, los medios de comunicación, etc. (McNabb, 2020).

La noción de ideología, sobre todo en los análisis políticos de pensadores posteriores a Marx tales como Lenin y el filósofo marxista Georg Luckács, es contrarrestada y adquiere un sentido mucho más amplio. El problema de Marx es que, ingenuamente, criticaba y desenmascaraba a la ideología dominante sin considerar su propia situación social, que su crítica era así mismo ideológicamente formada, desarrollada desde los dominios del capital y desde una perspectiva anti capitalista.

El cuerpo teórico de Gramsci es enorme, sólido y potente, pero de todo ese cuerpo, la médula, el concepto más significativo en el pensamiento de aquel, es, no solo por su popularidad sino que además por el oxígeno que suministró al mundo teórico marxista, el de la “hegemonía ideológica”.

2.     HEGEMONÍA IDEOLÓGICA

Cuando pensamos en hegemonía, lo primero que se nos viene a la mente es algo completamente negativo, se piensa quizá en una especie de dominación monstruosa, policial, donde una parte es reprimida violentamente. Definamos pues este término más en rigor:

Hegemonía se refiere a la dirección suprema, la preeminencia o el predominio de una cosa sobre otra. Más usualmente se emplea en un sentido político para designar la supremacía de un Estado sobre otro u otros. El vocablo —para considerarlo en su raíz etimológica— proviene del griego ἡγεμονία (hegemonía), que significa ‘dirección’, ‘jefatura’ (SignificadosSignificados, 2014).

Pero, ¿Qué es, desde un punto de vista político, el concepto de hegemonía? Íñigo Errejón nos ofrece una magnífica definición, la hegemonía en su enfoque:

[Es] ese tipo de poder político que construye una relación en la que un actor político es capaz de generar en torno a sí un consenso, en el que incluye también a otros grupos y actores subordinados. Es decir, un grupo o actor concreto con unos intereses particulares es hegemónico cuando es capaz de generar o encarnar una idea universal que interpela y reúne(a) no sólo a la inmensa mayoría de su comunidad política sino que además fija las condiciones sobre las cuales quienes quieren desafiarle deben hacerlo. No se trata sólo de ejercer un poder político sino además hacerlo con una capacidad de hacerlo incluyendo algunas de las demandas y reivindicaciones de los sentimientos y sentidos políticos de grupos subordinados despojándolos de su capacidad de cuestionar el orden hegemónico liderado por el actor hegemónico que lo dirige (democratica, 2014).

El concepto de hegemonía hace alusión básicamente a una clase, grupo o colectivo que está, en virtud de su éxito y aceptación social, por encima de otro y, desde su podio, impone, sin necesidad de desplegar sus dispositivos de coerción, un sistema de significados con el fin de definir según sus propios criterios los diferentes ámbitos que constituyen la realidad social, a saber, dada su hegemonía tiene el poder para imponer una cosmovisión que se ajuste a sus intereses ideológicos.

Una acción propiamente política se puede considerar hegemónica si cuenta con el apoyo de la mayoría, necesita el consenso de aquellos.  Si esto no se logra satisfactoriamente, entonces será imposible objetivar un determinado proyecto o una acción política hegemónica. No es que la clase política y dominante carezcan de fuerza, violencia y poder suficientes para controlar a la clase dominada, sí cuentan con suficientes mecanismos de represión para destruir a los rebeldes, el problema estriba en que llevarlo a cabo no es empíricamente beneficioso para ellos e implica un desmedido e innecesario esfuerzo para objetivar un determinado proyecto político. Lo más factible e inteligente resulta ser ganarse su aprobación, sin prodigar una sola preciada bala en la cabeza o en otro segmento del cuerpo de un sedicioso insubordinado. Sin embargo, como sabemos, el Estado no ejerce mayor fuerza policial o sea violencia positiva, sino que le apuesta y con éxito a otra fuerza: la del consenso. Esta fuerza, negativa, no se nutre de la violencia positiva que despliegan los soldados y jueces, sino de instituciones sociales, configuradoras de subjetividades a gran número;  un ejemplo de ello es el sistema de instituciones religiosas, los sindicatos, las escuelas, a saber, todas aquellas instituciones que forman los criterios o normas a seguir por la sociedad civil. Estas instituciones, con sus diferentes enfoques, nos inculcan una forma de concebir el mundo equilibrado y que no afecte o ponga en peligro el buen funcionamiento del orden vigente impuesto por la clase en el poder, ellas justifican y “naturalizan” la hegemonía del bloque dominante. Cuando finalmente se da el consenso, entonces surge una suerte de fuerza que unifica y ata las diferentes subjetividades para que éstas en consecuencia acepten y marchen en torno al proyecto histórico, oportuno y fortuito.

Ahora bien surgen dos interrogantes, ¿qué es ese consenso? y, además, ¿cómo se alcanza tal consenso? Este consenso en palabras sencillas constituye la base o el fundamento que permite el correcto funcionar de un proyecto político o económico. Es el que permite el equilibrio y el orden. Por ejemplo, para que el sistema económico capitalista sea hoy en día hegemónico dentro del campo económico, mejor dicho amo y señor, existe en la sociedad un acuerdo más o menos general que éste sistema económico, con sus virtudes y defectos, es, a posteriori, el mejor y más viable para todos. La clase dominante, que ostenta el poder positivo institucional, podría fácilmente, empleando ciertos mecanismos de represión, obligar a la gente a involucrarse y participar en la consolidación y éxito de dicho sistema, pero eso sería muy dispendioso y la sociedad en conjunto se vería en una situación extremadamente tensa y la cohesión que alcance será muy frágil. Resulta mucho más práctico e indoloro si la mayoría acepta por las buenas los diferentes sistemas que constituyen la totalidad de la realidad social. 

La sociedad, en toda época, tiene un conjunto de valores morales, mitos e imágenes-fuerza que fraguan su carácter en una especie de ethos general; este es “un ethos que se percibe de la misma forma que un individuo, viéndose en el espejo, ve cierto tipo de persona” ” (McNabb, 2020). En ese sentido el consenso se logra cuando “la clase dominante toma ciertos aspectos de esa imagen y los manipulan, resaltando ciertas cosas y reinterpretando otras de modo que los dos queden tan bien el uno al otro como el anillo al dedo” (McNabb, 2020).

Gramsci y la religión cristiana

Uno de los fenómenos culturales más dañinos y potentes en la manipulación ideológica es, por su naturaleza dogmática y alienante, la religión. Él pone como ejemplo la iglesia católica cuyo credo y código moral son en esencia conservadores, es una institución enemiga de todo cambio, suscribe completamente con el principio de identidad, aunque lo niegue. Gramsci no desprecia la religión como un fenómeno ya superado por la razón, es una fuente de inagotable alienación por ello es preciso prestarle la debida atención. También analiza el terreno protestante. Esta ideología tiende a enfocarse más en la individualidad. Por esa razón:

Ahí vemos el acento puesto en el individuo, en llevar una vida de abnegación y auto-control, lo cual implica una represión de energías psíquicas y corporales a favor del trabajo, cuyos frutos constituye una señal de que uno está en el favor de Dios” (McNabb, 2020).

Ambas ideologías religiosas, concluye Gramsci, despolitizan al obrero y lo dejan frágil y débil a la hora de contrarrestar los embistes, bajo la forma de violencia negativa, del sistema económico capitalista.

LA NATURALEZA DE LA HEGEMONÍA

La hegemonía es un proceso, que debido al carácter versátil, insumiso en ocasiones y complejo de las sociedades humanas, inacabado. Si bien la clase dominante quiere naturalizar, mediante la colaboración de las instituciones civiles, religiosas y la fuerza de los medios de comunicación, su cosmovisión; los grupos dominados y anti-hegemónicos, empero, —cuya manifestación positiva se advierte, no únicamente en eso, en las huelgas, las canciones de protesta y la literatura— están dispuestos a resignificar y repensar su realidad siguiendo otros paradigmas, que se ajusten a sus necesidades, deseos y expectativas. Por ello, sostiene Gramsci, siempre habrá luchas y rupturas en la sociedad. Con esto demuestra Gramsci que es marxista de cepa, pues el principio fundamental del marxismo es que afirma la existencia del cambio y no suscribe en absoluto con el principio de identidad. Sin embargo cuando ésta hegemonía dominante peligra, cuando se halla al borde del despeñadero, hace explícita su verdadera esencia, manifiesta su violencia positiva, es pues claro que el orden aparente, que pretende desafiar la variable de cambio, es solo una fachada repleta de ilusión, inmediatamente al sentirse desafiada de una manera real por los grupos anti-hegemónicos manifiesta su esencia, a saber, su violencia, pues todo orden que suscribe con el principio de identidad y absolutiza y diviniza a la hegemonía dominante vigente  es, por definición, violento; éste   tiene como fundamento la violencia y como apariencia la paz o mejor dicho el orden. En fin la hegemonía es un proceso “histórico, coyuntural y eventual” (Dussel, 2006 , pág. 53).

En conclusión, la ideología para Gramsci adquiere un papel cardinal ya que aquella juega un rol determinante en la dominación y determinación política de un pueblo. Pero a diferencia de Marx, gracias a su ingenio filosófico ve más allá que aquel, la ideología no es una simple distorsión, una deformación de la realidad en sus aspectos más objetivos como sostuvo Marx en la Ideología Alemana publicada en 1932 de la que por lo mismo habría que apartarse, pues todo lo demás que no se ajuste al socialismo científico es pura ideología, pero su análisis es inadecuado pues el mismos está indudablemente bajo alguna cierta ideología. La ideología constituye, pues, un elemento sistémico en la conformación y marcha del Estado y la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

democratica, g. (8 de agosto de 2014). Parte I Entrevista a Iñigo Errejón "Hegemonía, Estado, cambio e irreversibilidad". [Obtenido de Arcivo de Video] Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=gIDNJkA5dc

Dussel, E. (2006 ). 20 Tesis de política . México: Mexico: Siglo XXI.

Grupo Akal. (16 de 10 de 2020). Antonio Gramsci. Una biografía y una lectura de sus textos. Obtenido de Nocierres los Ojos: http://www.nocierreslosojos.com/author/admin/

Iglesias, E. S. ( 23 de 02 de 2020). El pensamiento gramsciano ante el cambio social contemporáneo. Obtenido de CTXT: https://ctxt.es/es/20200203/Firmas/31078/gramsci-fascismo-socialdemocracia-cuestion-meridional-hegemonia-eddy-sanchez.htm

McNabb, D. (28 de agosto de 2020). La ideología en Mannheim, Gramsci y Althusser. [Obtenido de Arcivo de Video] Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=Hx5kRPvKL0s

SignificadosSignificados. (26 de 07 de 2014). Significado de Hegemonía. Obtenido de Significados: https://www.significados.com/hegemonia/

La hegemonía ideológica, un concepto de ruptura