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jueves 19/5/22

Hartismo: el arte de estar harto

Un grupo de artistas se rebela contra el arte oficial, el conceptualismo y el anti-arte. ¿Harto ya de estar harto? Bienvenido al hartismo.

NUEVATRIBUNA.ES | ANTONIO SANTO 18.03.10

Hartos del arte oficial, que tiene que cambiar de forma cada seis meses para seguir vendiéndose. Hartos de que el artista sea el último y más insignificante eslabón de una cadena controlada por galeristas y comisarios. Hartos de que todo valga, de que una obra de arte haya de ser incomprensible y epatante, so pena de ser considerado subcultura o, peor aún, arte popular. Hartos del egocentrismo del artista que cree que es su firma la que imprime valor estético a una obra. Hartos de que sólo un pequeño grupo de iluminados se crean con capacidad para opinar sobre arte.

Del hartazgo de un grupo de pintores gallegos (Mariano Casas, Carmen Martín y Miguel-Anxo Varela) nació el hartismo, un movimiento anti-anti-arte (es decir, de negación del anti-arte). El hartismo se podría considerar la rama española del movimiento anglosajón stuckism, también una respuesta al arte oficial "estancado" (en inglés stuck); si bien los objetivos son bastante parecidos, lo cierto es que el movimiento hartista nació cinco años antes que el stuckista. En 1994, la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra juntó a los tres miembros fundadores y algunos otros colaboradores y amigos; allí crearon una revista contra el anti-arte que fue la primera piedra del hartismo.

El hartismo no aboga por ninguna técnica en concreto, ni destierra las nuevas tecnologías, ni se muestra en contra de ninguna forma artística en concreto. Al principio podría pensarse que es un movimiento que propugna, digamos, una vuelta al clasicismo, pero no es así: no se muestran en contra de formas de expresión como la performance, el videoarte o la instalación; lo que sí reclaman es ponerlas en contexto, colocarlas en su categoría adecuada, llamarlas por su nombre. Una performance, se pongan como se pongan los performers más salvajemente modernos, no es arte plástico ni tampoco la invención de la pólvora, sino una forma más de hacer teatro. Una instalación no se diferencia especialmente de una escultura o de la pura escenografía.

La verdadera lucha de los hartistas va, por un lado, contra la estructura de la industria cultural y artística, que ha convertido en protagonista y dueño de las modas a la figura del tratante de arte o del comisario; por otro, contra el creador que desdeña la técnica y la búsqueda del valor estético en favor de la pura pose, del egocentrismo y la boutade; y finalmente contra el papanatismo de tantas personas que se creen que sólo es arte lo que no se entiende, que siguen sin atreverse a decir en voz alta que el emperador está desnudo.

El movimiento hartista se ha estructurado, precisamente al modo de las vanguardias históricas, alrededor de un manifiesto en el que enumeran claramente cuáles son sus objetivos y sus "enemigos". Su página web sirve de punto de unión para las distintas iniciativas, grupos y formas de comunicación dentro de los miembros del movimiento: desde listas de correo a blogs, acciones públicas, concursos, tiras de humor... El grupo de hartistas va creciendo, y también trasciende ya las artes plásticas para acoger a otros colectivos como escritores, músicos y artistas escénicos. El mayor riesgo que corren es el mismo que acabó con las vanguardias: que el movimiento se transforme en escuela; que el afán de lucha y cambio se disuelva en el establecimiento de una ortodoxia que condene a quienes se salgan del dogma. Por ahora, sin embargo, no parece que corran ese peligro.

Mientras se escribía este artículo nos enteramos del fallecimiento del pintor hartista Laureano Quesada. Desde nuevatribuna.es queremos enviar nuestro pésame para los familiares y amigos.

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