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martes 17/5/22
CAZARABET CONVERSA CON DAVID BECERRA

La Guerra Civil como moda literaria

Una magnífica reflexión, una mirada valiente, sobre todo lo que está desarrollando la literatura en clave de novela, alrededor de la Guerra Civil.

Una magnífica reflexión, una mirada valiente, sobre todo lo que está desarrollando la literatura en clave de novela, y el ejercicio literario, alrededor de la Guerra Civil. El libro está muy bien narrado por David Becerra, editado por Clave Intelectual y prologado por Isaac Rosa.

Lo que nos dice la editorial, Clave Intelectual, sobre el libro:

En las últimas décadas se han publicado en España más de un centenar de novelas sobre la Guerra Civil española escritas por autores españoles. Ante este hecho, que puede calificarse sin duda de moda literaria, David Becerra se pregunta: ¿a qué se debe esta proliferación de títulos, algo que parece cuestionar el pacto de silencio y olvido de la Transición? Pero, ¿son de verdad novelas sobre la memoria histórica? La respuesta es este libro, en el que el autor pone de manifiesto la estructura ideológica y estética de este conjunto de novelas.

El autor ha seleccionado 181 novelas de entre todas las que se publicaron durante ese periodo de tiempo. En la mayoría de ellas la Guerra Civil aparece como trasfondo, un simple escenario. Como si viviéramos en un mundo sin conflictos, se recurre a la Guerra Civil para novelar.

El autor, ensayista, David Becerra:

David Becerra Mayor, doctor en Literatura Española por la Universidad Autónoma de Madrid, es autor del ensayo La novela de la no-ideología, del libro colectivo Qué hacemos con la literatura, de la edición crítica de La mina de Armando López Salinas y de La consagración de la primavera de Alejo Carpentier. Ha publicado artículos de crítica literaria en distintas revistas especializadas alrededor de obras como La Celestina o El Quijote y la producción literaria de escritores como Quevedo, Torres Villarroel, Pérez Galdós, García Lorca, Max Aub o Miguel Hernández, aunque se ha especializado en narrativa española actual. Ha participado como conferenciante en distintas instituciones académicas y culturales nacionales e internacionales. Colabora habitualmente en distintos medios de prensa escrita como Mundo Obrero, La Marea o El Telégrafo de Ecuador. Es responsable de la Sección de Estética y Literatura de la Fundación de Investigaciones Marxistas, donde ha fundado y ha dirigido Revista de crítica literaria marxista. Pertenece asimismo a la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL).

El propio autor ha dicho sobre el libro: “"Estamos, pues, ante un fenómeno peculiar: novelas históricas sin historicidad. Porque más que hablarnos del pasado, estas novelas nos hablan de nosotros mismos. Y aquí se detecta una contradicción sumamente interesante: si, para poder armar una trama, nuestros novelistas acuden, como se ha dicho, a un pasado conflictivo, como es el de la Guerra Civil, reviviendo el tiempo de los héroes, de la épica, de la acción, el cronotopo donde la política se situaba en el centro de la vida, y las grandes pulsiones políticas se ponían al servicio de un futuro todavía por escribir, frente a nuestro presente prosaico, aburrido y democrático, en el que no pasa nada, y que está exento de conflictos y contradicciones, según la ideología posmoderna del Fin de la Historia, paradójicamente, las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben en la actualidad acuden a este pasado conflictivo y políticamente convulso pero reducen todos los conflictos al ámbito de la individualidad: el pasado se despolitiza –se borra la huella de lo político y lo social– para hacerlo funcionar, en definitiva, según las reglas que imperan en nuestro presente."

Cazarabet conversa con David Becerra

David, ¿qué te motivó a escribir esta reflexión sobre la novela que sí estoy muy de acuerdo en muchos años para acá (diría todo lo que llevamos de siglo) ha ido convirtiendo el escenario de la Guerra Civil Española como el trasfondo de muchas novelas?

Precisamente eso, el ver que la Guerra Civil se estaba banalizando, se estaba convirtiendo en un mero escenario para construir una trama que poco o nada tenía que ver con la Guerra Civil, entendida esta como un conflicto histórico, político y social. Observé, por un lado, que se estaban escribiendo muchas novelas sobre la Guerra Civil, lo cual era positivo, motivo sin duda de celebración, pero observé también que estas novelas, que se estaban presentando como novelas de la memoria histórica, en realidad no se preocupaban demasiado por nuestra memoria. Empecé a leerlas, a analizarlas, y llegué a la conclusión de que en estas novelas la memoria histórica brillaba por su ausencia, que no eran más que novelas con la guerra como atractivo telón de fondo.

Ya en el prólogo Isaac Rosa dice y argumenta que hay demasiada producción literaria, en forma novelada, tomando como escenario la Guerra Civil española, pero que hay poco calidad en el tratamiento literario y que, luego, las propias novelas contestan poco a ciertas preguntas que ciertas personas nos hacemos. Bueno, yo creo que esto lo podemos o para ser justos lo deberíamos trasladar a todos los trasfondos y escenarios en los que se andan basando las novelas que se van produciendo, ¿no crees?

En efecto, este tratamiento literario e histórico no es exclusivo de las novelas sobre la Guerra Civil. La despolitización de los conflictos, que se observa en las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben en la actualidad, donde todo conflicto se interpreta desde lo individual, nunca desde lo político, es un rasgo que define la novela dominante actual. No es exclusivo de las novelas sobre la Guerra Civil. Este tema –el desplazamiento de las contradicciones radicales por otras asumibles por la ideología dominante; o dicho de otro modo: la interpretación de todo conflicto desde el yo y nunca desde el nosotros– lo he estudiado en mi libro anterior, La novela de la no-ideología (Tierradenadie, 2013).

Porque lo que sí que hay es mucho escritor y escritora que hoy en día a través de pequeñas, medianas editoriales o autoediciones lanzan a sacar su libro, su historia habiendo sido autodidactas o habiendo salido de escuelas literarias o de creación literaria y , claro, no todos pueden salir y acertar a la primera o segunda cosa que componen… También hay que tener en cuenta que hay muchos escritores y muchos lectores que asumen que la novela está, primero que nada, para entretener… ¿Qué nos puedes argumentar acerca de estas dos reflexiones?

Creo que a la literatura hay que exigirle algo más que ser mero entretenimiento. Decía el poeta y novelista ecuatoriano Jorgenrique Adoum que el capitalismo ha convertido al escritor en una niñera que entretiene a los adultos cuando están solos. Pero no necesitamos niñeras: somos mayores de edad y no necesitamos que nos entretengan. La literatura no debe entretenernos, sino retarnos, hacernos reflexionar, empoderarnos, convertirnos en sujetos activos y críticos. Sin embargo, la literatura hoy, bajo el capitalismo, no es más que un discurso destinado al ocio y al negocio. Urge transformar esta noción de literatura.

Otra cosa, creo que por ahí va parte de tu reflexión, es que haya demasiado escritor que escoja como escenario la guerra civil, que “se aproveche” de este acontecimiento histórico para escribir de primeras o intentar apuntalar algún premio de esos literarios (que dicho sea de paso cada vez pierden más credibilidad) y que “para consagrarse” en vez de arriesgarse y crear algo nuevo se “acogen a esto de la Guerra Civil como escenario”…

La Guerra Civil, a juzgar por los datos que aporto en el anexo del libro, se ha convertido un negocio editorial rentable. Se publican muchas novelas sobre la Guerra Civil, porque la Guerra Civil vende. Las novelas con este tema se reimprimen, se reeditan, conocen ediciones de bolsillo, ediciones club, se hacen películas basadas en ellas. Lo que sucede es que la Guerra Civil apenas aparece en esas novelas sobre la Guerra Civil, no es más que un pretexto o un reclamo publicitario. Apenas hay una reflexión sobre lo que supuso la guerra, qué había en juego, qué tensiones históricas provocan su estallido, etc.

Las modas “sin ton ni son”, normalmente ser parte “y seguidilla” de las mismas es peligroso y muy mal acompañante y la literatura no es ninguna excepción, ¿no?

-No aportan nada nuevo, son simplemente un epígono de un modelo o esquema narrativo que ha funcionado. Si nos detenemos a analizar los epígonos que ha generado esta moda sobre la Guerra Civil, observaremos que muchas de ellas repiten un esquema idéntico: un personaje, en el presente, descubre por casualidad (es importante subrayar que es por casualidad, nunca hay una voluntad de recordar el pasado) un turbio episodio de la Guerra Civil; se investiga ese episodio, casi siempre familiar, y a partir de la indagación se modifica su propia percepción de sí mismo. Y fin. Los epígonos funcionan por imitación de un modelo que funciona, es decir, que vende.  

Pero yo creo que el lector, el librero sobre todo, el bibliotecario, el crítico debe estar muy al día de todo lo que se va publicando para poder aconsejar, para leer y aprender y para ser, también, parte del primer filtro y “hacer llegar” muy a su manera la opinión a muchos lectores que, al final, creo y con el tiempo todo lo van poniendo a su sitio… lo único que falta es tiempo para leer y a veces no dejarte llevar por campañas de marketing o de publicidad… ¿Qué nos puedes comentar?

Esa labor de mediación, casi de guardia urbano, de controlar la circulación de títulos, dejando pasar unos y deteniendo otros, que debe hacer el crítico, pero también, como señalas, el bibliotecario y el libro, es casi imposible de realizar hoy. Es imposible que nadie sea capaz –por tiempo material– de leer todo lo que se publica. El crítico ya no puede hacer uso de su autoridad para recomendar qué conviene leer entre todo lo que se publica, porque el crítico es incapaz de conocer todo lo que se ha publicado. Un crítico hoy solo conoce –y ha leído– una mínima parte de lo que se publica. ¿Qué sucede entonces? Que quien se aprovecha de esta confusión, de esta superproducción de títulos, son los grandes grupos editoriales que colocan sus mercancías con suma facilidad, tanto en los suplementos culturales como en las mesas de novedades de las librerías, invisibilizando a los pequeños proyectos editoriales. Cuando la oferta literaria se convierte en una selva, gana siempre es más fuerte.  

¿Por qué crees que hay muchos escritores, más o menos consagrados, que en los últimos años han aparcado otros proyectos o se han apartado de su camino habitual para dedicarse a escribir, sí(algunas veces, historias menores) aprovechando “el tirón” como escenario de la Guerra Civil:¿Crees que hay como una especie de “campaña de publicidad subliminal” orquestada por los grandes grupos editorial?

Entiendo que te refieres a Almudena Grandes y a sus Episodios de una guerra interminable. Aunque está claro que el fenómeno en parte responde a que el tema funciona bien comercialmente, quiero pensar que late en Grandes una voluntad de combatir el olvido y el silencio sobre algunos episodios de nuestra historia reciente. No obstante, creo también que en algunos casos a Almudena Grandes le sale el tiro por la culata y, si bien quería reivindicar la lucha republicana contra el franquismo durante la Guerra Civil y la posguerra, no es menos cierto que a la postre termina haciendo un flaco favor a la lucha republicana al contar la historia desde cierta equidistancia –sobre todo en El lector de Julio Verne- y reduciendo toda forma de conflicto a lo individual, olvidando que los individuos se encuentran insertados en una problemática histórica, en un conflicto político, y en consecuencia actúan determinados por su propia Historia.   

Bien hay que aclarar que no me refería al realizar esta pregunta a Almudena Grandes… la pregunta iba o estaba formulada en general, dado que son otros, también los escritores y escritoras que han abandonado su trajaectora habitual para “reiniciarse” en esta especie de corriente, la propia Alicia Giménez Bartlett es otra con su libro sobre La Pastora (Donde nadie te encuentre, Premio Nadal en su 67ª Edición…)

Estoy segura que este libro, su reflexión y contenido habrá levantado no pocas suspicacias, “sensibilidades” y demás entre algunos editores, algunos escritores …pero me da que tú no escribes ni reflexionas para que otros lean lo que quieran leer ni para que lancen loas desde los grupos editoriales más poderosos…me da la impresión que como literato y filólogo has visto como la literatura era presa de una moda (que las modas son malas consejeras) y que tú has querido reivindicar que la literatura, hasta la novela, están para otra cosa que solo entretener…

Es posible que, como dices, levante suspicacias y hiera sensibilidades. Pero ni era ese mi propósito ni creo que debería ser así. Un texto que se publica –que se hace público– está sometido a la crítica, y creo que es positivo que exista la posibilidad de generar un debate sobre, en primer lugar, cómo nos están contando la Guerra Civil española y, en segundo lugar, qué ideología están reproduciendo y legitimando estos discursos narrativos. Este libro tiene que servir para construir una esfera pública discursiva en la que se pueda debatir con rigor y argumentos y sin prejuicios qué entendemos por literatura, qué relación establece la literatura con la ideología dominante y, más concretamente, cómo nos están contando la Guerra Civil desde la novela española actual. La Guerra Civil como moda literariano es ni un ajuste de cuentas ni un escrutinio sobre qué novelas valen y cuáles no, sino un intento de abrir un debate sobre nuestra literatura y sobre nuestra historia, que creo que es muy urgente y necesario.

La Guerra Civil como moda literaria
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