domingo. 14.07.2024
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Canalejas y sus ministros a la salida del Palacio tras jurar los cargos durante la crisis de gobierno de marzo de 1912. (Wikipedia)

(Época que va desde el veintiuno de octubre del año 1909 hasta el comienzo de la I Guerra Mundial)

CANALEJAS

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Segismundo Moret.

La herencia que deja el conservador Antonio Maura es recogida por el liberal Segismundo Moret. Éste había desencadenado el proceso que acabó con el primero, pero que también acabó comiéndoselo a él.

Maura le declaró a Moret una dura hostilidad y además se dio la circunstancia de que Moret tenía muy poca capacidad de maniobra política ante la carencia de su propio partido. En ese momento histórico, había un profundo malestar en los militares como consecuencia de los ascensos concedidos por la actuación en Marruecos y había un sector del partido liberal que mostraba su disconformidad.

En febrero del año 1910, Canalejas sustituye a Moret. Alfonso XIII siempre respetó más al conservador Maura que al liberal Moret.

Canalejas era un regeneracionista que se intentaba atraer a esa masa neutra de españoles popular, propagandista, educadora y combatiente. Para Canalejas era evidente que el partido liberal necesita completar su organización democrática.

Canalejas tenía una buena formación académica, sino porque desde siempre había defendido un programa netamente liberal. Canalejas dice que no ha venido a ocupar la Presidencia del Consejo, he venido a ejercerla.

Daba la sensación que con Canalejas iba a tener un líder firme que además no tenía la intención de traicionar el programa que siempre había defendido, lo que hizo que algunos republicanos se pasaran al partido liberal.

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José Canalejas.

Canalejas siempre supo imponerse a sus ministros e incluso deshizo una maniobra de Moret. Fue recibido con temor en los círculos palatinos y los nobles se dirigían a él como si fuera la última esperanza.

Maura fue neutral con Canalejas mostrando cordialidad hacia él y le decía: “Yo no puedo ser, yo no debo ser, yo no quiere ser jefe de una situación política en condiciones de incompatibilidad radical con el partido conservador, y añado que, para mí, el partido conservador no puede ni debe tener, ni, en lo que yo alcance a influir, tendrá otro jefe que usted”.

Los conflictos a los que tuvo que enfrentarse Canalejas eran fruto del surgimiento del movimiento obrero, sobre todo provenían las luchas obreras del movimiento anarquista y por el auge del republicanismo.

A veces las huelgas eran de cariz laboral, pero en otros casos tenían inmediata repercusión sobre la vida política al tratarse de una huelga de servicios públicos como los ferrocarriles. Canalejas actúo como lo hacían en Francia con la militarización.

La proclamación de la República portuguesa tuvo importante repercusión en España hasta el punto que no se entiende la subida al poder de Canalejas sin tener en cuenta lo que sucedía en Portugal.

Los monarcas español y portugués sufrían grandes presiones por parte del mundo republicano en el año 1909, y establecieron una especie de cooperación en defensa de sus respectivos tronos.

Cuando se constituyó la Republica en Portugal hubo proyectos de intervención armada española, entre octubre del año 1910 y marzo del año 1911. A partir de ese momento se prestó ayuda indirecta, política y material a los conspiradores monárquicos portugueses situados sobre todo en Galicia.

Esa voluntad intervencionista en Portugal creó una gran hostilidad hacia España y la situación continuó siendo inestable.

La intervención militar española en la costa occidental de Marruecos provocó fuertes protestas en unas clases sociales populares que nunca aceptaron el colonialismo español en el Norte de África.

La labor legislativa de Canalejas fue muy inferior a la de Antonio Maura, sin embargo fue capaz respuesta a algunas cuestiones sociales que eran demandadas por las clases populares.

Canalejas nunca tuvo una mayoría fiel como sí había tenido Maura y además su situación era mucho más difícil pues debía ser capaz de superar su aislamiento y hacer frente a los problemas del orden público.

Hay dos cuestiones que Canalejas no dio solución como fue el impuesto de consumos y el servicio militar:

Canalejas, cuando estaba en la oposición, había rechazado el impuesto de consumos, al que consideraba una expoliación al proletariado y que causa continuas protestas populares, pues gravaba los productos de primera necesidad.

Fue su ministro de Hacienda quien presentó un proyecto para su sustitución por un impuesto progresivo sobre las rentas urbanas, que motivo las iras de los ricos. Para poder aprobar esta ley, Canalejas llama a la disciplina de su propia mayoría parlamentaria y les dice “que quien vote no a esta ley está frente a mí y está fuera del partido liberal sometido a mi jefatura por su voluntad”. Treinta diputados liberales votaron en contra.

Debemos saber, que las clases populares estaban en contra de la redención del servicio militar a través de la redención en metálico. Al mismo tiempo el presupuesto militar era totalmente insuficiente y para los conservadores era la forma de poder mantener el ejército.

Resultaba muy sangrante que la derecha conservadora hablara de patriotismo cuando sus hijos eran los que evitaban por el proceso de redención en metálico hacer el ingreso en el ejército.

La reforma del general Luque consistió en convertir el alistamiento en obligatorio, aunque sólo cuando hubiera guerra. En tiempos de paz sólo duraría cinco meses para quienes pagaran una suma de 2.000 pesetas y diez meses para los que pagaran 1.500 pesetas.

Si estas medidas fueron bien vistas también presentó otras medias sociales en las que Canalejas era consciente de la necesidad del intervencionismo del Estado. Canalejas había ya sido anteriormente partidario del intervencionismo como buen reformista social que era.

Al comienzo de la legislatura de Canalejas se plantearon una serie de proyectos de ley relativas al mundo del trabajo, de la mujer, el contrato de aprendizaje, el fomento del ahorro, la seguridad social. De estos proyectos de ley algunos fueron aprobados y otros como el contrato de trabajo, provocaron una fuerte resistencia por los sectores del conservadurismo.

Siendo todas estas mediadas muy favorables a las clases populares, fueron dos lo proyectos estrellas del gobierno de Canalejas: las Mancomunidades provinciales; y el tema clerical.

En el tema de las Mancomunidades siempre Canalejas se había mostrado como un político centralista, y se conoce frases como que "con una mayor autonomía local no podía salir nada bueno”.

Canalejas no llegó a satisfacer por completo a quienes exigían una reforma y tampoco obtuvo para ella el consentimiento unánime de su partido. La parte centralista del partido liberal y los anticanalejistas del mismo, re revolvió contra él.

Canalejas pronunció uno de sus mejores discursos parlamentarios en la defensa de las Mancomunidades provinciales y consiguió convencer a la mayoría de los diputados de su partido. A pesar de esto, hubo diecinueve diputados liberales que votaron en contra entre ellos Segismundo Moret. Con la muerte de Canalejas, el proyecto de ley de las Mancomunidades estaba aprobado en el Congreso pero estaba pendiente de su ratificación en el Senado.

Respecto a la cuestión religiosa se le consideraba un furibundo anticlerical. Sin embargo, todos los políticos de turno tanto conservadores como liberales eran profundos católicos y practicantes.

Lo que se buscaba era la separación de la Iglesia del Estado y que de haberse realizado hubiera sido beneficioso para ambas partes. Los gobernantes españoles mostraban preocupación por la formación intelectual del clero. A ellos había que unir que la Iglesia española a través del Concordato debía recibir los clérigos el sueldo del gobierno. Había una queja reiterada sobre la indolencia del clero además que se sumaban con facilidad a las protestas contra el gobierno.

El objetivo final de Canalejas era una separación amistosa entre Iglesia y Estado a través de conversaciones discretas que facilitaran el acuerdo.

El Vaticano se esforzaba en su lucha ideológica contra el modernismo y en el caso español se dedicó como era práctica habitual la estrategia dilatoria y el mantenimiento del status quo del acuerdo con el convenio firmado con los conservadores en el año 1904.

Las medidas adaptadas por Canalejas fueron poco efectivas. Se levantó contra él una gran campaña de los medios clericales en junio del año 1910 por el hecho de la autorización que en los templos de otras religiones distintas de la católica pudieran mostrarse como distintas de la católica.

En diciembre del año 1910, fue aprobada la ley del candado, que era una disposición provisional y temporal destinada a impedir, durante dos años, el establecimiento de nuevas órdenes religiosas sin autorización.

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Caricatura de Manuel Tovar Siles que muestra a Canalejas intentando sujetar al clericalismo (en forma de burro). El pie de imagen dice: «¡Eh, mi amigo! Hay que atarlo más corto ó acortarle la ración». (Wikipedia)

Su eficacia, según relata el conde de Romanones en sus “Memorias”, se vio destruida al aceptarse una enmienda de acuerdo con la cual perdería su vigencia si al término de esos dos años no se hubiera aprobado la ley que solucionará definitivamente este problema.

Esta ley de candado contenía limitaciones a la presencia de frailes extranjeros y a la posesión de bienes inmuebles. Finalmene, la cuestión clerical no encontró una solución después de ser protagonista de la vida política del país.

La cuestión de las órdenes religiosas acabó perdiendo vigencia porque el paso del tiempo desapareció esa sensación de que las órdenes religiosas practicaban una auténtica invasión que ocupaba el espacio de la sociedad civil.

La labor del gobierno de Canalejas concluyó de forma trágica en noviembre del año 1912, cuando fue asesinado en la Puerta del Sol mientras miraba un escaparte de una librería. El anarquista que lo mató no tenía el propósito de atentar contra Canalejas sino contra Alfonso XIII.

Con su muerte se trunca un liderazgo sólido del partido liberal. Hubo una gran distancia entre el Canalejas radical de la oposición. Sin embargo, cuando llega al gobierno practica una política más suave.

Para las izquierdas esto provoca una gran decepción. Los socialistas organizan suscripciones a favor de las víctimas de la represión canalejista y el republicano Azcárate que era uno de los más respetados concluyó que la primera etapa del gobierno de Canalejas fue bastante peor que la del conservador Maura.

Sin embargo, Canalejas con todos los inconvenientes que tenía el sistema político español, fue capaz de dar solución parcial a muchos de los problemas que tenía planteado la España de la época.

El periodo que transcurre desde la muerte de Canalejas hasta el inicio de la Iª Guerra Mundial son conscientes que su llamada revolución desde arriba no tiene ninguna posibilidad.

MAURA Y CANALEJAS

Hay muchos matices entre las políticas desarrolladas por Maura y Canalejas pero ambos tenían un propósito en común. Su finalidad era que el sistema político vigente hasta ahora pudiese ser transformado desde la cúspide tanto de los conservadores como de los liberales.

Con la muerte de Canalejas y la inutilización de Antonio Maura acaba un periodo en que se había actuado con la manía de pensar seriamente y querer resolver los problemas de interés nacional o de los principios doctrinales.

Poco antes de que muriera Canalejas, Maura le había escrito diciéndole que “el partido conservador traicionaría la causa que representa si aceptase el caro de gobernar para reincidir en los miramientos con que hasta octubre del año 1909 le retuvieron”.

Antonio Maura reaccionó con violencia ante el rey y los liberales cuando se le permite volver al poder. En su manifiesto de 1913, interpretó la situación política en un sentido que era totalmente ajeno al sistema de la Restauración.

Da la sensación de no admitir la función moderadora del Rey, al reprocharle una intervención cuyo resultado había sido que “los uniformes ministeriales se confundieron con las casacas muy honradas, pero muy distintas, de la servidumbre palaciega”.

Lo que era fuera de lo común es que sin haberse producido una alteración del sistema político, se permitiera asegurar que Maura tuviera la mayoría de la opinión a su favor y exigía una rectificación de la política al propio monarca. De lo contrario habría que crear otro partido conservador, idóneo, decía en sentido despectivo, para turnar con los liberales.

Melquiades Álvarez dijo que Maura pedía la dictadura para sí y que “un partido que pide una dictadura para llegar al poder es un partido que involuntariamente se incapacita”.

Ortega y Gasset fue mucho más duro con afirmaciones como que “Maura no hacía otra cosa que dirigirse a la Corona y no al pueblo español; además, lo hacía exhibiendo un verdadero desierto de ideas como si no fuera capaz de esbozar otro programa que el vengarse de los liberales”.

Conde de Romanones

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Eduardo Dato.

Eduardo Dato ya había marcado distancias en el año 1911 respecto de Maura. Muchos le escribían para quejarse de que Maura hubiera reventado el partido al ejercer el papel del perro del hortelano, donde no permite gobernar a su partido ni que los hicieran otros.

La división definitiva del partido conservador no se produciría sino después del liberal. El conde de Romanones ha quedado como ejemplo de político profesional, corto de vista para todo lo que no fuera más que una pequeña política, habilidoso en la maniobra y en la zancadilla al adversario.

En su primer gobierno liberal del conde de Romanones no pasó de ser el deslucido ejecutor de una apariencia de programa canalejista. Ortega y Gasset empezó a considerar la postura conservadora identificada con Maura como un peligro nacional, a los liberales los juzgó como un estorbo nacional

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Conde de Romanones.

A Romanones le faltó la fuerza y la autoridad de Canalejas en su propio partido, porque a diferencia de él, le interesaba mucho llegar a la presidencia, pero menos ejercerla.

Prolongó la ley candado, pero su acuerdo con el Vaticano para no legislar sobre la materia sin acuerdo previo cerraba toda posibilidad efectiva de que el Estado pudiera decidir por sí mismo la cuestión de las órdenes religiosas.

Presentó un proyecto para la creación de Mancomunidades provinciales en el Senado, porque esta disposición formaba parte de la herencia de Canalejas, pero su defensa del mismo en la Cámara alta fue tan desangelada y su voluntad de transacción tan poco atendida que hasta un tercio de los votos contrarios procedían de su partido.

En el verano del año 1913, se produce la escisión del partido liberal y queda consumada cuando García Prieto y Montero Ríos crearon el partido liberal-democrático que consiguió el apoyo de un importante número de diputados liberales, quedándose el conde de Romanones con menos de la mitad de sus diputados. En octubre del año 1913, presentó la dimisión después de perder una votación.

En octubre del año 1913, el rey llamó a ocupar el poder al conservador Eduardo Dato, cuya actitud respecto a Maura siempre había sido respetuosa. Maura fue quien sugirió su nombre a Alfonso XIII. La clara mayoría del partido conservador aceptó a Eduardo Dato.

Como conclusión podemos decir que lo grave de un sistema político y una realidad social como la española del momento era que no encontraban solución rápida y que para lograrla no bastaba, por supuesto, con la buena voluntad de los programas políticos esbozados desde el poder.

La revolución desde arriba no necesariamente debía concluir en un éxito porque lo característico de la España de comienzos del siglo no era que la legislación fuera retrasada, sino que se incumplía de forma sistemática.

Para que esta situación cambiara era necesario que se produjera toda una modernización de la sociedad española. Con el comienzo del siglo, mucho más lentamente que otras sociedades europeas, la modernización aceleró su ritmo con respecto al siglo XIX, pero de manera insuficiente como para que pudieran verse satisfechos incluso los protagonistas ambiguos de esa regeneración desde el poder.

El Gobierno de los liberales: 'la revolución desde arriba'