domingo 22.09.2019
JOSé CORONADO, PROTAGONISTA DEL FILM

“Fuego” nos dispara al corazón

Por Fernando Olmeda | Hay muchas y buenas razones para ver la última película de Luis Marías, porque, más allá del contexto post-ETA en que se desarrolla la trama, aborda cuestiones universales, como odio, la venganza o la redención. Nada de lo que narra Fuego nos es ajeno. 

“Fuego” nos dispara al corazón

Carlos, un polícia destinado en el País Vasco, sale ileso de un atentado terrorista en el que su esposa muere y su hija queda mutilada. Aunque logra rehacer su vida en Barcelona, no ha podido olvidar. Es más, ha preparado durante años su venganza, que no va directamente contra quien puso la bomba -porque está en prisión-, sino contra su familia. Su plan se tambalea cuando ve que el entorno del etarra es totalmente distinto a lo que imagina. Hasta aquí la sinopsis de una película que, desde luego, retrata con valentía tanto el sufrimiento causado por la violencia de ETA como las secuelas que ha dejado en el conjunto de la sociedad vasca. Pero Fuego va mucho más allá, porque profundiza en dos conceptos universales: el odio y la venganza, que anidan en lo más profundo del ser humano, y cuyos nocivos efectos son difíciles de neutralizar. 

Aborda, desde luego, las nefastas consecuencias del odio. El personaje que encarna José Coronado querría curarse del insoportable dolor que le mata por dentro, pero no sabe cómo expulsarlo de su interior, y no concibe otro medio para liberarse que el "ojo por ojo". En la delirante escalada que le conduce de regreso a Euskadi, da la vuelta a su propia historia y adopta el papel del etarra que le puso la bomba. Y no tiene en cuenta, además, que su plan para causar dolor provocará daños colaterales: las personas que le quieren. Pero sufre la contradicción entre ese propósito de venganza y su (inconsciente) deseo de curación. Quiere infligir el mayor daño posible, pero en el fondo no quiere. Como ha dicho Luis Marías, asumir que nunca se curará del todo le ayudará a entenderse mejor, y a entender a los demás.

“La venganza es un plato que se sirve frío”, leemos en Las amistades peligrosas, pero en Fuego es aplicable solo a la decisión de diferir en el tiempo su ejecución. Cuando se enciende la llama del odio, va extendiéndose y lo incendia todo, se convierte en incontrolable, incluso puede llegar a volverse contra uno mismo, la familia, el entorno… Pensemos en las situaciones que desencadenan genocidios, casos de violencia de género, crímenes xenófobos, etc.; o en las motivaciones que impulsan a los asesinos en serie; en ajustes de cuentas en contextos empresariales; en vendettas profesionales... Hasta en los aspectos más triviales de la vida cotidiana -desde conducir un coche a jugar al parchís- salta la chispa, sentimos ese deseo de desquite contra una persona o un grupo, como respuesta a una acción previa que se considera injusta o que ha causado un daño, sea real o percibido. Buscar el alivio emocional a través de la venganza es un error mayúsculo. Cuando nos vengamos, damos importancia al hecho ocurrido, pensamos más en él, nos sentimos peor. Si no lo hacemos, le quitamos importancia, lo olvidamos con más facilidad. La venganza mantiene abierta la herida.



La obsesión del personaje central de Fuego por tomarse la justicia por su mano me ha recordado las motivaciones que guían el comportamiento del protagonista de El Conde de MontecristoAlejandro Dumas plantea en la novela el conflicto entre las injusticias sufridas por Edmundo Dantés y la decisión de actuar por su cuenta. Del mismo modo que Dumas usa el concepto del remordimiento para que Dantés se dé cuenta de que un mal no remedia otro mal, Fuego nos ayuda a interiorizar lo mucho que podemos llegar a perder si nos dejamos llevar por el odio y la venganza. En un final devastador, el espectador se remueve en su asiento al ver lo que pueden llegar a provocar. Dantés -verdugo implacable de quienes le traicionaron y a la vez arrepentido por el mal que ha causado- es capaz de perdonar. ¿Qué hará Carlos, tan vengador justiciero como hombre desvalido e impotente frente al destino que tanto le ha hecho sufrir? Mejor ver la película.

“No es una superproducción, es una película pequeña y no va a llegar arrasando, pero esto es como echar los dados, nadie sabe cómo va a reaccionar el público”, ha dicho Marías. Deseo que tenga éxito, por el esfuerzo invertido y por la valentía y la calidad de una historia que se eleva por encima de la banalidad cotidiana, y se convierte en una conmovedora propuesta cinematográfica que invita a que nos miremos por dentro. Fuego dispara a nuestros corazones... y a nuestras conciencias. Frente al odio, la ira y el rencor, aún hay esperanza.

Fuego se estrena el 28 de noviembre en España

“Fuego” nos dispara al corazón