domingo 20.10.2019
MUJERES INVESTIGADORAS

La madre de la química moderna que lo perdió (casi) todo en la Revolución Francesa

Lamentablemente, así como la Revolución Francesa sirvió de chispa que dio luz a esta época de avance científica, también tuvo en ella un impacto devastador
Marie-Anne Pierrette Paulze
Marie-Anne Pierrette Paulze

Durante la Revolución Francesa muchas ideas y conceptos que hoy damos por básicas en nuestro mundo nacieron o evolucionaron de forma fundamental. Entre ellas se encuentran las bases de la química moderna, que en este momento y de la mano de dos personajes, dio los pasos que separaban la alquimia de una ciencia moderna, racional y exacta. Uno de esos personajes fue Marie-Anne Pierrette Paulze, apodada precisamente la “madre de la química moderna” porque estuvo directamente implicada en la creación y modelado de esas ideas.

Pierrette Paulze nació en 1758 en Loire, en una familia de aristócratas de los que fue la única hija entre cuatro hermanos. Su madre murió cuando ella tenía tres años y su padre decidió que creciese en un convento, algo que se convirtió de hecho en una puerta a un mundo culto e ilustrado, ya que era en estos sitios donde más fácil resultaba recibir una educación de calidad en aquella época. En ese entorno y gracias a sus capacidades, su formación fue sólida y completa: aprendió varios idiomas, entre ellos inglés y latín, además de formarse en pintura hasta convertirse en una dibujante y grabadora con talento. Todo esto le serviría después en sus trabajos científicos.

Un matrimonio científico

Al llegar a la adolescencia el matrimonio era el objetivo, y no le faltaban candidatos. El principal, un hombre que le triplicaba la edad, el conde de Amerval, al que ella definió como “un tonto, un insensible rústico y un ogro”. Sin embargo, su padre, buscando un pretendiente algo más acorde a los gustos y personalidad de su hija, acordó finalmente casarla con Antoine Laurent Lavoisier, que solo tenía el doble de años (ella 14, él 28). A pesar de que seguía siendo una diferencia de edad notable, ambos se entendieron bien desde el principio, compartían intereses intelectuales y durante años su unión fue feliz y fructífera.

M. y Mme Lavoisier de Jacques-Louis David, 1788 (Museo Metropolitano de Nueva York). Imagen: Wikimedia Commons.

Antoine era ya un conocido científico y Marie-Anne comenzaría a trabajar con él, recibiendo y ampliando su educación formal en áreas científicas de la mano de renombrados químicos de la época y convirtiéndose en compañera de trabajo imprescindible de su marido. “La señora Lavoisier poseía una inteligencia arrolladora y no tardaría en trabajar productivamente al lado de su marido. A pesar de las exigencias del trabajo de él (abogado y economista y más adelante nombrado administrador de la pólvora del Arsenal de París) y de una activa social, conseguían la mayoría de los días dedicar cinco horas a la ciencia, así como todo el domingo”.

Desmontando la idea del flogisto

Como decíamos al principio, el trabajo de ambos fue esencial para la modernización de la química. Sus trabajos se centraron en la idea del flogisto que, proveniente de la alquimia, era central en los conceptos químicos de entonces. El flogisto era el nombre que recibía un supuesto elemento presente en los compuestos inflamables y que se liberaba durante la combustión. El flogisto era algo imposible de medir con precisión y que daba a los elementos que se quemaban propiedades difíciles de predecir, manteniendo a esa química incipiente en un estado confuso y con cierta irracionalidad.

Antoine, asistido siempre por Marie-Anne, criticó estas nociones y demostró que los elementos cuando arden responden a unas variaciones medibles y predecibles, aportando racionalidad y claridad a este aspecto de la química. Entre ambos y en colaboración con otros científicos de su época desarrollaron una nomenclatura sistemática para referirse a las sustancias químicas y sus compuestos, ampliando esa racionalidad científica que la química adolecía hasta entonces.

Traductora crítica, dibujante detallista

Dentro de su colaboración, el trabajo de Marie-Anne sentó las bases de los avances que podría lograr su marido, entre otras cosas porque gracias a sus conocimientos de latín e inglés tradujo para él obras fundamentales en el campo en el que trabajaba, principalmente el Ensayo sobre Flogisto de Richard Kirwan. Pero no se limitó a traducir de forma aséptica, sino que a medida que se iba formando introducía notas críticas sobre los errores químicos que ella percibía en el texto.

Experimentos sobre respiración humana. Dibujo de Madame Lavoisier, que muestra a la autora
tomando notas en una mesa cercana. Imagen: Wikimedia Commons.

También su formación como pintora fue extremadamente útil en su tarea. Durante el día, el matrimonio Lavoisier pasaba horas en el laboratorio, él llevando a cabo experimentos y ella anotando observaciones, protocolos y resultados de forma metódica, además de dibujando diagramas y esquemas de los aparatos que utilizaba y sus diseños experimentales. Fueron trabajos tremendamente prácticos a posterior a la hora de entender los resultados del trabajo que hicieron. Ella se encargaría también más adelante de editar y organizar la publicación de los informes que elaboraban a partir de sus investigaciones. A pesar de ello, ella nunca incluyó su nombre en esas publicaciones.

La Revolución Francesa y el Terror

Lamentablemente, así como la Revolución Francesa sirvió de chispa que dio luz a esta época de avance científica, también tuvo en ella un impacto devastador. En 1973, durante la etapa llamada Reinado del Terror, Antoine fue acusado de traición debido a sus anteriores puestos de trabajo. El 28 de noviembre de ese año fue arrestado y encarcelado en la prisión de Port-Libre. Marie-Anne le visitaba con regularidad y trató de liberarle defendiéndole ante su acusador, que tenía a su vez el poder de liberarle. Utilizó entre sus argumentos la importancia de sus trabajos científicos y la gran repercusión que tendrían para Francia.

No sirvió de nada. El 8 de mayo de 1794, Antoine fue ejecutado en París, el mismo día que lo fue también el padre de Marie-Anne. Ella misma pasó un tiempo en prisión y todos sus bienes fueron confiscados. Tras la muerte de Antoine, ella siguió trabajando para recopilar todos sus resultados y, tras no encontrar un editor interesado, los publicó ella misma en 1803.

Marie-Anne volvió a casarse, esta vez con un científico inglés llamado Benjamin Thompson, conde de Rumford. Sin embargo, ella siempre mantuvo el apellido Lavoisier y la relación nunca fue la misma que la que tuvo con Antoine. Thompson nunca invitó a Marie-Anne a colaborar con él, su vida matrimonial y social nunca fue igual de feliz y al final terminaron divorciándose.

La casa de Marie-Anne siguió siendo hasta su muerte un lugar de encuentro de científicos e intelectuales donde se mantenían apasionadas conversaciones científicas. Falleció en 1836 a los 78 años.

Referencias

Marie-Anne Pierrette Paulze,Wikipedia

María Angélica Salmerón, Marie-Anne Paulze Lavoisier y el nacimiento de la química moderna, La ciencia y el hombre vol XXIII, no. 1, 2010

Adela Muñoz Paéz, Madame Lavoisier: la madre de la química moderna, Redes no. 8, 68-69

Autora: Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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