domingo. 21.04.2024

Cristina Rosales García

El pasado jueves 31 de agosto arrancaba la segunda edición del Cala Mijas, ubicado en pleno corazón de la Costa del Sol y organizado por los mismos responsables del BBK. Con la incorporación de algunos cambios de distribución y organización respecto al año pasado, se optimizaba el recinto para ofrecer a su público tres días cargados de la mejor música nacional e internacional. El festival malagueño acogía a un total de 70 bandas y artistas de todo el mundo en sus seis escenarios repartidos entre el Sonora Mijas —Sunrise, Victoria, Sunset y La Caleta— y La Playa —El Torreón y Oasis—. En este último enclave tenía lugar la programación diurna y gmúsicaratuita, ubicada en la playa del Torreón, que servía de escaparate para los grupos de música más pequeños e independientes.

Tras una sorprendente (y magnífica) primera edición, ya había ganas de volver al Cala Mijas para revivir los nervios del verano pasado. La energía e ilusión acumuladas durante este año se vieron reflejadas en la jornada inaugural del festival que arrancó con las actuaciones de los sevillanos Vera Fauna y Juicy Bae, para tocar canciones de sus últimos discos, Los años mejores Antes de conocerte (Parte I: Premonición), respectivamente. A pesar del calor y de la inclemencia del sol, que, como es costumbre en Málaga, no perdonó, el público lo dio todo al ritmo de temas como “Los Naranjos” o “Malas lenguas”. Más tarde, el dúo catalán Cala Vento, formado por Aleix y Joan, se subía al escenario Sunrise para presentar Casa Linda, sin olvidarse, como no podía ser de otra forma, de trabajos anteriores como Balanceo Cala Vento, su álbum debut. Mientras, en La Caleta, la electrónica sonaba ininterrumpidamente desde las 17:00h, en un escenario mucho más amplio que en la pasada edición. Por la mesa de mezclas pasaron artistas como Buganvilla, Nicola Cruz, Prosumer o Cormac.

El festival malagueño acogía a un total de 70 bandas y artistas de todo el mundo en sus seis escenarios

Cupido se encargó de ponerle soundtrack a los últimos rayos de sol del jueves. Y, aunque el concierto resultara algo simplón, la banda liderada por Pink Flaco tocó algunas de sus canciones más movidas, AutoestimaNo sabes mentir Milhouse, con las que consiguió levantar a un público cada vez más animado. La primera actuación de la noche estuvo patrocinada por Amaia, que regaló un show mágico a sus fans. Gracias a su prodigiosa voz y a su, ya conocida, arrolladora personalidad, la pamplonesa dio uno de los mejores conciertos de todo el festival. Acompañada de su banda, un piano y de unas maravillosas versiones de “Fiebre” de Bad Gyal y de “Santos que yo te pinté” de Los Planetas (además de, por supuesto, canciones propias de sus dos discos), la que fuera ganadora de Operación Triunfo 2017 se metió a sus fans en el bolsillo.

Justo al finalizar, el público corrió hasta el escenario principal para asistir al concierto más esperado del día, el del cabeza de cartel de la primera jornada: Arcade Fire. Los canadienses, con lleno absoluto y algún fallo técnico, tiraron de artillería pesada al tocar sus mayores éxitos, desde “No Cars Go” y “Reflektor” hasta “The Suburbs” y, ¡cómo no!, cerrando con “Wake Up”. Un setlist completísimo que hizo retumbar y vibrar el suelo del festival. La puesta en escena, el juego de luces y las enormes pantallas a los lados del escenario hicieron de este el mejor show de la noche. Una noche que todavía tenía guardadas en la manga las actuaciones de IdlesFoals y Moderat, los otros grandes nombres del cartel, que sirvieron para despedir por todo lo alto el primer día de festival. Idles sacudió el escenario Victoria al ritmo de hits como “Car Crash” y “Danny Nedelko”, mientras que Foals hizo lo propio con “My Number” y “Mountain at My Gates”. Por otro lado, el trío alemán de música electrónica estuvo a la altura de las expectativas y, a pesar de la hora (3:05h), hizo bailar a un público totalmente entregado.

El viernes 1 de septiembre las puertas del recinto volvían a abrirse para iniciar la segunda jornada del festival después de haber estrenado su programación diurna en la playa. Los encargados de animar a los más madrugadores fueron el cantautor británico Charlie Cunningham y el mexicano Kevin Kaarl, que trajeron la música folk de ambos lados del charco. La puesta en escena sencilla de ambos artistas y sus letras consiguieron emocionar a un público que ya hacía cola para ver a los cabeza de cartel de esa noche.

La energía e ilusión acumuladas durante este año se vieron reflejadas en la jornada inaugural del festival

El grupo Cariño salía en escenario Victoria para tocar las canciones de su último disco Cariño, sin olvidarse de su álbum debut Movidas y de la versión de “Llorando en la limo” que las dio a conocer hace ya cuatro años. El trío madrileño (con baterista incluido) dio uno de los mejores conciertos del día y sus fans se entregaron al completo al ritmo de sus letras de pop de amor. Hubo tiempo para todo, desde cantar, bailar, reír, hacer alguna que otra (muy necesaria) reivindicación y hasta para que Paola, guitarrista del grupo, subiera a su hermana al escenario durante “tamagotchi”, un momento muy emotivo en el que ambas se emocionaron. Los siguientes en salir al escenario fueron los granadinos Lori Meyers que, como ya viene siendo costumbre, ofrecieron un enorme espectáculo al público que vibró con “Emborracharme” y “Mi realidad”. El grupo se mostró muy cercano con sus fans, con quienes interactuaron durante la hora que duró el concierto. Para su canción “No me merecía la pena” invitaron a Kora, con quien colaboraron hace unos meses.

Y por fin llegaba el momento de la noche que todos esperaban, la salida de The Strokes al escenario principal, el Sunrise. Arrancaron con un retraso de varios minutos, “Vamos a la playa” de fondo y sin apenas volumen (por exigencias de Julian Casablancas). El desastroso inicio no mejoró a lo largo del show: a pesar de los esfuerzos de los instrumentistas, Casablancas se cargó él solito su propio concierto al mostrarse estúpido casi todo el tiempo (con un “¡Visca Sabadell! Fuck this place” incluido) y un poco pasado de no sabemos qué. Entre canción y canción, el público pedía que subieran el volumen porque los bajos del escenario La Caleta prácticamente se solapaban con los temas del grupo estadounidense. Las canciones elegidas tampoco ayudaron a levantar el ánimo entre los asistentes (faltaron “The Modern Age” o “I Can’t Win” entre otras), que estaban más atentos a la visita sorpresa de Pedro Sánchez al festival. Simplemente decepcionante, especialmente para un cabeza de cartel como ellos.

El mal sabor de boca duró poco porque Delaporte estaba esperando en el escenario Sunset para meterse al público en el bolsillo desde el inicio. Sandra demostró, una vez más, su enorme talento, ya no solo musical, sino también de show-woman, pues supo guiar con una batuta invisible a la gente que había debajo del escenario. Durante “Ni un beso” dividió al público en dos mitades para una competición de coros, y en “Droga dura” los invitó a abrazarse entre ellos. Una auténtica fiesta donde no faltaron “Un jardín”, “Bang Bang” y su versión de “Toro”. ¡Sandra y Sergio, sois los mejores!

El sábado, la lluvia amenazaba con caer sobre el recinto Sonora, pero finalmente nos dio un respiro hasta bien entrada la noche. El Sunrise se llenaba para recibir a La Plazuela, confirmando así la independencia y la fuerza de una nueva escena andalucista en la industria musical; escena, por otro lado, en la que ya triunfan Vera Fauna, Califato ¾ o Derby Motoreta’s Burrito Cachimba. El grupo granaíno lo dio todo sobre el escenario con temas como “Péiname Juana” y “El lao de la pena”, que consiguieron mover hasta las primeras filas llenas de fans de Florence + The Machine (¡y eso ya es mucho!). A continuación, la fiebre andaluza seguía en el Sunset con una jovencísima Judeline. La gaditana protagonizó uno de los conciertos más bonitos de todo el festival, gracias a sus letras de (des)amor y a la emotiva actuación junto a su padre, que tocó la guitarra en una de sus canciones mientras ella cantaba. A pesar de su poca experiencia en directo, Judeline supo ganarse a su público y le estuvo muy agradecida en todo momento. El concierto terminó con su último lanzamiento, “Canijo”, con el que puso broche final a una tarde increíble.

Con esta segunda edición a la que han asistido más de 110.000 personas, el Cala Mijas se consolida como un imprescindible en la agenda festivalera del panorama nacional

Por otro lado, el concierto de Ethel Cain —el primero en España— consiguió reunir entre sus filas a fans de toda España que llevaban años pidiendo que viniera. A pesar de estar programado justo antes del de Florence, hubo mucha gente que no quiso perderse a la artista estadounidense. Ethel empezó con “A House in Nebraska”, una arriesgada decisión, destrozando sádicamente a todo su público, al que ya se le veían las lágrimas correr por sus mejillas. Algunos problemas de sonido distorsionaron canciones como “Family Tree”, una de las mejores de su disco. Sin embargo, el show fluyó sin más problemas.

Y, finalmente, la última cabeza de cartel del festival se subía, veinte minutos tarde, a un escenario que rozaba el lleno absoluto. Florence + The Machine salía descalza entonando “Heaven is Here” con un público que hacía de coro. Como si de un Mesías se tratase, la presencia de Florence se sentía casi religiosa. El escenario era su casa, se movía como le daba gana, bajaba para acariciarle la cara a sus fans y hacerles partícipes de esa experiencia mística. Así, entre sacrificios humanos (consistentes en subirse a hombros del de al lado), carreras entre el público (cualquiera diría que hace unas semanas se sometía a una intervención de urgencia por la que tuvo que cancelar varios conciertos) y coronas de flores, el espectáculo fue haciéndose cada vez más y más grande. Entre tema y tema no daba tiempo apenas a reponerse de los últimos acordes, “Hunger”, “Dog Days Are Over” y “Shake It Out” se sucedían sin apenas ser conscientes de lo que estaba sucediendo, culminando con “Rabbit Heart (Raise It Up)”. La complicidad con su público y su presencia en el escenario sirvieron para adentrarnos en el mundo de Florence; un mundo en el que ella es protagonista y el resto meros espectadores. 

Con esta segunda edición a la que han asistido más de 110.000 personas a lo largo de sus tres jornadas, el Cala Mijas se consolida como un imprescindible en la agenda festivalera del panorama nacional. Una cita que ya tiene fecha para el próximo año: 29, 30 y 31 de agosto. ¡Nos vemos!

El festival Cala Mijas pone el broche perfecto para despedir el verano