sábado 27/2/21
LIBROS | FEMINISMO

Los hombres que no amaban a las mujeres (Roberto Novoa)

Roberto_Nóvoa_Santos
Busto de Nóvoa (Facultad Medicina, Universidad Santiago de Compostela).

Roberto Novoa fue diputado en las Primeras Cortes Constituyentes, de la II República Española, representando a la circunscripción de La Coruña por la Federación Republicana Gallega, de marcado carácter liberal. Aceptó su candidatura por compromiso y amistad con Casares Quiroga, su actividad parlamentaria fue muy breve. En Las Cortes defendió una república integral, unitaria que reconociera las autonomías, pero en esa república no tenía cabida la mujer. Novoa, al igual que antes los “ilustrados franceses” intervino en el Parlamento español para negar el voto a la mujer. El Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República, del día 2 de septiembre de 1931, recoge el su discurso. Reproducimos algunos fragmentos:

“Hay también en el título III de la Constitución una alusión a la ecuación de derechos civiles en el hombre y la mujer, ecuación de derechos civiles e igualdad de sexos o para la expresión de la voluntad popular en un régimen de elección. Pero ¿por qué?, preguntamos, aun cuando la pregunta tenga un cierto aroma reaccionario? ¿Por qué hemos de conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos (…)”.

“¿Qué ocurriría o cuál sería la trayectoria que, por ejemplo, seguirían nuestro régimen parlamentario, nuestro régimen provincial o nuestro régimen municipal, si las mujeres pudiesen disponer también del voto? De momento, en los instantes presentes y dentro de un futuro próximo, esto tendería a convertirse quizá en un Estado conservador o teocrático. Es posible o es seguro quo hoy la mujer española, lo mismo la mujer campesina que la mujer urbana, está bajo la presión de las Instituciones religiosas; es seguro que hay una fuerza incoercible, que hay un movimiento absorbente para que la mujer siga una cierta trayectoria en el concierto vital, y yo pregunto: ¿Cuál sería el destino de la República si en un futuro próximo, muy próximo, hubiésemos de conceder el voto a las mujeres? Seguramente una reversión, un salto atrás. Y es que a la mujer no la dominan la reflexión y el espíritu crítico; la mujer se deja llevar siempre de la emoción, de todo aquello que habla a sus sentimientos, pero en poca escala o en una mínima escala de la verdadera reflexión crítica. Por eso yo creo que, en cierto modo, no le faltaba razón a mi amigo Basilio Álvarez al afirmar quo se haría del histerismo una ley. El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo; y por ello es voluble, versátil, es sensibilidad de espíritu y emoción. Esto es la mujer. Y yo pregunto: ¿en qué despeñadero nos hubiéramos metido si en un momento próximo hubiéramos concedido el voto a la mujer?

Se me puede argüir que en las naciones del centro y del norte de Europa, en donde se ha concedido- el voto a la mujer, no se ha modificado por eso el régimen político de la nacionalidad” (…).

“Habría que hacer la experiencia. Nadie sabe lo que va a ocurrir si antes no se lleva a cabo la experiencia; habríamos de hacer el experimento y luego veríamos el resultado, y si la experiencia daba la razón a los que creemos que la mujer solamente debe ser elegible y no electora, ¿qué pasaría entonces? ¿Haríamos una rectificación de conducta? ¿Daríamos en el camino una vuelta atrás, o bien nos sumergiríamos en el nuevo régimen electoral, expuestos los hombres a ser gobernados en un nuevo régimen matriarcal, tras del cual habría de estar siempre expectante la Iglesia Católica española?“.

El autor recoge las diversas teorías que el siglo XIX circulaban sobre la mujer y para argumentarlas, Novoa, heredero de los estudios de craneometria y frenología, ofreció datos destinados a demostrar que la capacidad craneal de las mujeres era inferior, al igual que en otras razas inferiores, como australianos, negros, y muy cercana a los antropoides. Su obra, “La indigencia espiritual del sexo femenino (las pruebas anatómicas, fisiológicas de la pobreza mental de la mujer. Su explicación biológica), expone ampliamente sus argumentos sobre la inferioridad de la mujer. Uno de los aspectos que destacaba era el antagonismo que existía entre belleza e inteligencia; aspecto que no utilizaba con los varones:

“Para mí, la mujer es tanto más linda, física y biológicamente considerada, cuanto más sencilla sea su alma, cuanto menos ”sabia y genial” se nos aparece su cabeza. Como si un secreto antagonismo existiera entre la originalidad y el conjunto de su forma, no puedo concebir la belleza femenina sino como un fruto del pobre árbol de su espíritu; los elementos estéticos de la mujer asientan precisamente sobre la indigencia de su alma, y su tono de voz su cabellera larga y espesa, la suculencia de sus pechos, al amor profundo, la fecundidad… no puedo comprenderlos desatados y sin relación con su inteligencia casi estéril, p 8  op. cit.

Para Roberto Novoa, la inferioridad de la mujer se aproximaba al de las “razas inferiores”, pero compensaban el déficit de su intelecto con el mayor desarrollo de los sentidos, como el oído, el tacto, el olfato, la vista…

“La mujer se asemeja, más que al hombre, por las fuerzas de sus reacciones, al salvaje y al niño; en esto la mujer conserva un parentesco psicológico más estrecho que el hombre con las razas inferiores y con el infante”, p 54 op.cit.

“El cerebro de la mujer se aproxima, más que al del hombre, al de los antropoides. La frente más estrecha en todas las mujeres de todas las razas que los hombres respectivos  y el menor desarrollo del lóbulo central en el sexo femenino, sobre todo en la tercera circunvolución frontal, que existe en los antropoides al estado rudimentario, son observaciones que vienen en apoyo de la capacidad anímica del sexo femenino es menor que sexo opuesto”, p 55 op.cit. 

Novo afirmaba que el desarrollo de los sentidos era opuesto al nivel de inteligencia.

“El progreso no está, pues, forzosamente ligado a la mayor perfección de nuestros receptores. Porque somos más inteligentes que los salvajes es por lo que nuestros  sentidos son más groseros que los de aquellos”, p 85 op.cit.

Para él la mujer que se desviaba de las funciones tradicionales de sus sexo comenzaba a perder atributos femeninos y se masculinizaba, perdía belleza y la capacidad de procrear. Había acudido a su consulta los padres de una jovencita muy estudiosa que había perdido la menstruación y él da un argumento seudocientífico:

“Bastó ordenarle que dejara sus novelas y su libros para ver reinstalarse la perdida función menstrual”, p 173 op. cit

¡Tremendo!

El libro del Novo Santos, fue adquirido por el Ateneo Obrero de Gijón: figura en su catálogo junto al escritor y filósofo, y no menos misógino, Edmundo Gonzalo Blanco, El feminismo en las sociedades modernas. Seguidor de Schopenhauer.

Hombres de ciencia, en perfecto maridaje con la Iglesia Católica y con relevantes filósofos de todos los tiempos, proclamaban la inferioridad de la mujer y, por tanto, la obediencia y sujeción que deben mantener al varón. Novoa argumentaba que la desigualdad de sexos venía definido por la naturaleza y, por ello, la mujer debía cumplir el papel asignado históricamente. Las teorías del doctor Roberto Novoa renovaron aspectos de la medicina, pero no fue capaz de profundizar en nuevas teorías que quebrasen el androcentrismo histórico. Novoa afrontó temas complejos desde el convencimiento de que la ciencia justificaba una diferencia radical entre los dos sexos y el voto negativo para la mujer que él proclamo en las cortes fue en esa dirección.

En 1932, después del periodo vacacional en su casa de Santiago, regresa a Madrid con la seguridad de que las continuas molestias intestinales son algo más que una úlcera, pero no deja de trabajar. En la primavera de 1933 decide a acudir al cirujano, convencido de que padece un cáncer de estómago. La operación fue en el Sanatorio del Rosario en Madrid, le operó el doctor Gómez Ulla, acababa de cumplir  48 años. El cirujano se encontró con un cáncer de píloro y con metástasis en hígado, páncreas e intestino; se le realizó una gastroenterostomía paliativa que permitió una recuperación aparente. Animado, se trasladó a su casa de Santiago para continuar la convalecencia pero le sorprendió la muerte el 9 de diciembre de 1933, a causa de una hemorragia interna. Fue enterrado en el antiguo cementerio de Santo Domingo.


LOS_HOMBRES_QUE_NO_AMABAN_A_LAS_MUJERES

Teresa Galeote

Autora del libro Los Hombres que no amaban a las mujeres 

Los hombres que no amaban a las mujeres (Roberto Novoa)