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lunes. 04.07.2022
PROTAGONISTAS DE LA ESCUELA RURAL

Fátima Martínez “La escuela rural es imprescindible para el futuro de los pueblos”

Fátima Martínez y Mari Carmen Abril, maestras del CRA Los Olivos (Gascueña, Cañaveras, Canalejas del Arroyo y Tinajas), conversaron con las estudiantes de Educación Infantil de la Facultad de Educación de Cuenca en la semana dedicada a la Escuela Rural en el área de Ciencias Sociales. 
Fátima Martínez y Mari Carmen Abril maestras del CRA Los Olivos
Fátima Martínez y Mari Carmen Abril maestras del CRA Los Olivos.

José An. Montero y Elena Satué | ¿Cómo te imaginas el día a día de un pueblo? Seguramente creas conocerlo al pasar los veranos en alguno. Pero, ¿cambia tu perspectiva en función de la época del año? Imagino que sí. Si piensas en el invierno del pueblo, podrías afirmar que es un lugar aburrido, con las calles vacías y sin vida.

Pero todavía quedan algunos superhéroes y superheroínas en la mayoría de los pueblos. Son personitas pequeñas. Todas las mañanas se visten de colores y, legañosas, se dirigen a su colegio, acompañadas de sus padres o sus abuelos. Aunque vayan cogidos de la mano, en realidad son bastante libres. 

Pueden ser cuatro, seis, ocho, dieciséis o veinte. De lunes a viernes, llegan a sus aulas, aprenden a leer, a escribir o a sumar y restar. Llenos de vida, con sus rabietas o enfados, pero también con sus sonrisas y su afecto, provocan que un pueblo tenga esperanza de vivir, de contar historias y de educar.

Pero, no son solo los niños los superhéroes de los pueblos. Hay profesionales que, cada día, velan porque estas pequeñas localidades no tengan que renunciar a algo tan preciado como es la educación de los más pequeños.

Por supuesto, hablamos de los profesores y profesoras que trabajan en las escuelas rurales. Y, en este caso, hay que desplazarse hasta el CRA Los Olivos. Las siglas CRA corresponden al Colegio Rural Agrupado y, en este caso, está conformado por cuatro pueblos o secciones: Gascueña, Cañaveras, Canalejas del Arroyo y Tinajas. Aunque su directora, Fátima Martínez, explica que este CRA “es un centro nuevo  ya que se creó en 2009. Cuando empezó tenía siete secciones y ahora nos quedan cuatro. Poco a poco se van cerrando colegios y tememos que dentro de poco uno de los que quedan se cierre y otro se quede con un aula unitaria”. 

La directora del CRA Los Olivos, junto con la secretaria del mismo, Mari Carmen Abril, cuentan con bastante tristeza que cuando un colegio se cierra es muy difícil que se vuelva a abrir. Es decir, cuando la puerta del colegio se cierra, la única ventana que se abre suele ser la del éxodo rural. 

Ambas maestras entienden el pensamiento de los padres al elegir entre el pueblo o la ciudad: “En un pueblo, las ventajas sociales son muy grandes porque te relacionas con todo el mundo y puedes salir a la calle sin ningún problema. Pero luego creo que todos optamos porque nuestros hijos vayan a inglés, a la piscina… Esas actividades solo las puedes hacer si te desplazas todos los días”. 

Y aunque sea cierto que no hay las mismas oportunidades en un lugar que en otro, es necesario focalizar las ventajas de que los niños crezcan en los pueblos. En relación con la educación rural, las maestras cuentan que su tarea es bastante más complicada en estos colegios que en uno convencional y urbano. Por su parte,  Mari Carmen Abril cuenta su trabajo diario actual en Cañaveras, el centro en el que trabaja de forma fija debido a que es profesora de infantil y estos maestros no cambian de pueblos habitualmente: “Yo este año llevo una niña de 4 años y otra de 5. Además, tengo dos alumnos de primero y tres de tercero. Aunque son solamente 7 niños, cada uno lleva niveles distintos. Hay que saber si hay apoyo de los padres o no lo hay. Normalmente la respuesta en casa es minoritaria, por lo que tenemos que motivarlos a base de creatividad”.

CRA Los Olivos

Además de la complejidad de preparar distintos tipos de actividades para cada curso, estas profesoras se quejan de la falta de apoyo por parte de la Delegación. Cuando se incorporan niños con algún tipo de discapacidad a los colegios rurales, deberíamos contar con un profesional extra para acompañar a ese alumno en su formación educativa, como sucede en el resto de colegios españoles. Cuentan algún caso especial en el que están peleando para conseguir refuerzos: “Hemos mandado informes y todo lo que nos han pedido. Seguimos esperando el AP para una niña que realmente lo necesita”.

No todo es malo. Las escuelas rurales tienen muchas ventajas. Una de ellas es el pequeño número de alumnos. Este CRA, por ejemplo, está constituido por 38 alumnos y 17 profesores. Por este motivo, la educación es más individualizada. Se conoce mejor a los alumnos, tanto sus virtudes como sus carencias. Gracias a este acercamiento profesor/a - familias - alumno/a, la educación está más personalizada, dando a cada alumno el refuerzo que necesita. 

Además de los colegios y el personal que trabaja en él, existen personas que luchan para que sus centros permanezcan abiertos año tras año. Ambas profesoras hablan de los ayuntamientos de estas localidades y de su importancia. Muchos de ellos, se comprometieron durante la pandemia con los profesores para que, si algún alumno no disponía de Internet, pudiera tener el material imprescindible. Además, tanto Abril como Martínez ponen el ejemplo de Gascueña, donde “la alcaldesa se esfuerza muchísimo. Hemos estado varias veces a punto de cerrar el colegio, pero ella se mueve para buscar pastores o personas a las que pueda dar trabajo. Su condición para vivir en Gascueña es que sean familias con niños a las que les facilita un hogar. Es más, las casas de los maestros se habilitaron a coste cero”.

Este tipo de iniciativas contra la despoblación dicen mucho de los pueblos luchadores y valientes que se comprometen y aman sus hogares. No solo son las casas, también el medioambiente. Tal y como explican las profesoras, otra de las ventajas de las escuelas rurales es su acercamiento con la naturaleza y el disfrute de los alumnos de ella siempre que hacen actividades por el entorno, como puede ser la plantación de árboles o excursiones por los alrededores.

Ninguno de los profesores de este CRA vive en alguno de los pueblos donde trabaja. Y al preguntarles el por qué, Abril reconoce que “quedarse en los pueblos es complicado para los profesores, sobre todo por las condiciones en las que te puedas encontrar cualquier casa. Puedes salir ahumado de ahí al no poder ni encender una chimenea para calentarte. Les merece la pena bajar a Cuenca capital”. Con este hecho se hace evidente el problema que sufren los pueblos en cuánto a la crisis de las viviendas.

Aunque no lo parezca, los pequeños superhéroes también se dan cuenta de que sus pueblos se vacían. Saben lo que es la despoblación y la sufren cada día. “Por desgracia han ido viendo que, conforme crecían, había niños y familias que han optado por venir directamente a Cuenca, entonces han ido perdiendo amigos. Amigos que empiezan viendo los fines de semana y  después solo para el verano. Los niños lo están viendo y viviendo” explica apenada Mari Carmen Abril. 

Las escuelas rurales son lugares mágicos. Día tras día se llenan de sonrisas de niños alegres que, después de pasar la mañana aprendiendo, se irán al parque, merendarán con sus compañeros de clase y disfrutarán de la libertad que les ofrece su pueblo.

Fátima Martínez “La escuela rural es imprescindible para el futuro de los pueblos”