martes 1/12/20
EXPOSICIÓN | MUSEO THYSSEN

Una visión amable de la pintura expresionista alemana

La pintura expresionista, considerada la última vanguardia antes del cubismo y del arte abstracto, tardó en ser valorada y reconocida, más allá de los aficionados más inquietos y entendidos.
Joven pareja, de Emil Nolde. (Museo Thyssen)
Joven pareja, de Emil Nolde. (Museo Thyssen)

Como es sabido, el expresionismo fue un movimiento artístico que se desarrolló principalmente, aunque no exclusivamente, en la trepidante vida cultural de Alemania en las tres primeras décadas del siglo XX. 

Aunque ha pasado a la posterioridad sobre todo por la pintura, también incluyó teatro, novela, arquitectura, música, escultura, ballet, y muy en especial el cine y en este último arte dio nombres decisivos en la evolución y estética del cine, como Friedrich Murnau, Fritz Lang, Paul Leni, Ernst Lubitsch, Josef Von Sternberg, Georg Pabst o Robert Siodmak, grandes directores que en su mayor parte terminaron exilados en Estados Unidos con la irrupción del nazismo.

Centrándonos en la pintura expresionista, esta surge básicamente como una reacción ante el dominio artístico en las décadas precedentes del impresionismo, incluso ya en las ultimas obras de Van Gogh encontramos una cierta superación del impresionismo y una apertura a nuevas formas que poco después irían configurando primero el “fauvismo” y luego el expresionismo.

Esta nueva corriente artística, en lo que a la pintura se refiere, tuvo básicamente tres grupos diferenciados: el inicial en torno a 1905, conocido como “Die Brucke”, años más tarde, hacia 1911, “Der Blaue Reiter”, y tras el final de la primera guerra mundial, “Neue Sachlichkeit”, que se puede considerar la superación del expresionismo en evolución hacia un “verismo” con un claro contenido satírico, de  revulsiva crítica social y política, que incluso podríamos llamar “anticapitalista” y con una visión tremendamente pesimista de la otra cara de los llamados “felices años 20”.

El expresionismo fue uno de los objetivos de los nazis para acabar con todo lo que no fuera exaltación de la pura tradición germánica, denominándolo “arte degenerado”

El expresionismo fue uno de los objetivos primordiales de las campañas nazis para acabar con todo lo que no fuera exaltación de lo que consideraban la pura tradición germánica, denominándolo “arte degenerado”. Muchos de los creadores vinculados al expresionismo, con una notable presencia de artistas de origen judío, tuvieron que exiliarse, sus obras prohibidas cuando no quemadas e incluso se realizaron exposiciones para ridiculizar ese arte degenerado.

La pintura expresionista, considerada la última vanguardia antes del cubismo y del arte abstracto, tardó en ser valorada y reconocida, más allá de los aficionados más inquietos y entendidos. De hecho, el fascinante museo dedicado al expresionismo en Berlín, que sin duda alberga la más amplia colección de obras, sobre todo del estilo “Die Brucke”, no fue inaugurado hasta el año 1967.

La pintura expresionista en España

En España la pintura expresionista se demoró aún mucho más tiempo en darse a conocer. Fue en el invierno de 1982-1983 cuando, primero en Barcelona y luego en Madrid, se presentó una impresionante exposición procedente de la Colección Buchheim con nada menos que 461 obras, que asombró y entusiasmó a sus visitantes (el cartel anunciador de la misma aún permanece enmarcado en mi casa de Gredos).

En la primavera del año 2005 se celebró una nueva exposición en el Museo Thyssen de Madrid. Quince años después, el mismo museo ha inaugurado una nueva exposición, a partir del extenso patrimonio acumulado por la familia Thyssen desde mediados del siglo XX, en la que desde luego hay cuadros que ya fueron expuestos en el año 2005 y otros inéditos en exposiciones españolas.

La muestra incluye desde dos bellísimos paisajes de Gauguin y Van Gogh de 1887 y 1890 respectivamente o tres obras de Edvard Munch de los últimos años del siglo XIX, hasta un cuadro de Emile Nolde de 1947, aunque la mayoría son obras de las tres primeras décadas del siglo XX.

Predomina la presencia de pintores de la corriente “Die Brucke”, con cuadros de sus más significativos integrantes. Ernst Kirchner con nada menos que 10 formidables cuadros, Emil Nolde con 12 obras a cuál más sugestiva, Erich Heckel con 5 preciosos cuadros, Karl Schmidt-Rottluff, Otto Mueller o Max Pechstein. En segundo lugar, se encuentran los artistas vinculados a la tendencia “Der Blaue Reiter”, con el gran protagonismo del ruso Vasili Kandinski, con 7 magníficos cuadros, desde sus años más cercanos al fauvismo hasta los de estilo más influidos por las vanguardias abstractas, August Macke con cinco obras, el suizo Paul Klee, el también ruso Alexej von Jawlenski, el norteamericano Lyonel Feininger con seis cuadros, Franz Marc o Gabriele Munter. Por último, hay una pequeña representación del grupo “Neue Sachlichkeit”, con la presencia destacada de Max Beckmann con cuatro obras, entre ellas la deslumbrante “Quappi con suéter rosa”, George Grosz o Ludwig Meidner.

A diferencia de las anteriores exposiciones del expresionismo alemán, la actual es mucho “mas amable”, predominan los paisajes y retratos de gran belleza y hay poca presencia de las visiones duras y criticas que tanto impacto social causaron en su época.

En definitiva, una magnífica exposición que no defraudará a nadie y que afortunadamente estará abierta hasta el próximo 15 de marzo y esperemos que antes se levanten las fuertes medidas de confinamiento.

Una visión amable de la pintura expresionista alemana
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