sábado. 13.07.2024
Anthony Hopkins

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Jaime Polo | @lovacaine

La última sesión de Freud nos transporta al 3 de septiembre de 1939, un día antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, donde dos de las mentes más brillantes del siglo XX, C.S. Lewis (Matthew Goode) y Sigmund Freud (Anthony Hopkins), se enfrentan en un duelo filosófico sobre la existencia de Dios y el futuro de la humanidad. La película entrelaza las vidas de Freud y Lewis a través del tiempo y la fantasía, desbordando los límites del estudio de Freud para emprender un viaje dinámico y profundo.

La premisa es fascinante: dos titanes intelectuales en un intercambio intenso y significativo en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna. Anthony Hopkins, como siempre, ofrece una interpretación magistral, capturando la decadencia física y el fervor intelectual de Freud. Matthew Goode, por su parte, encarna a un C.S. Lewis lleno de convicción y reciente fervor religioso, contrastando de manera efectiva con el escepticismo acérrimo de Freud.

La premisa es fascinante: dos titanes intelectuales en un intercambio intenso y significativo en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna

Sin embargo, a pesar de estas actuaciones estelares, la película se siente sobrecargada y dispersa. Intenta abarcar demasiado: la salud deteriorada de Freud, la conversión religiosa de Lewis, la relación compleja con Anna Freud, y el inminente estallido de la guerra. Esta sobreabundancia de tramas deriva en una narrativa que carece de un hilo conductor claro y satisfactorio. El resultado es una película que, en lugar de concluir de manera contundente, simplemente se detiene.

A pesar de sus deficiencias estructurales, los debates entre Freud y Lewis son el corazón palpitante del filme. Las discusiones, especialmente sobre el sufrimiento, están llenas de vigor y profundidad. Ambas figuras han soportado grandes penas en sus vidas, lo que los ha llevado a concepciones diametralmente opuestas. Lewis ve el sufrimiento como parte del "plan de Dios", mientras que Freud, atormentado por la pérdida de su hija y nieto, considera esa idea como profundamente maligna.

‘La Última Sesión de Freud’ es una película ambiciosa que, aunque a menudo se siente desbordada, ofrece momentos de auténtica brillantez a través de sus debates filosóficos

Personalmente, habría preferido un enfoque más minimalista, concentrando la narrativa exclusivamente en Freud y Lewis. Personajes como Anna Freud o Ernest Jones podrían haberse mencionado sin aparecer en pantalla, logrando así una experiencia más concisa y enfocada.

En conclusión, ‘La última sesión de Freud’ es una película ambiciosa que, aunque a menudo se siente desbordada, ofrece momentos de auténtica brillantez a través de sus debates filosóficos. Hopkins y Goode elevan la película con sus actuaciones, aunque la dispersión narrativa impide que la obra alcance todo su potencial. Es una cinta que estimula la reflexión, pero que podría haber sido mucho más potente con una estructura más concentrada y cohesionada.

‘La última sesión de Freud’: el debate definitivo