miércoles. 17.04.2024

Lovacaine | @lovacaine

Disney ha aprendido de los errores y ha conseguido perfeccionar, tras muchos fracasos, la fórmula de sus live action. Desde el calco plano a plano de “El rey león” (Favreau, 2019) hasta la dirección exageradamente limitada de "Aladdin” (Ritchie, 2019), “La sirenita” (Marshall, 2023) es, de lejos, la mejor de todas hasta la fecha. No es cuestión de imitar el material original, pues la película original de “La sirenita” (Clements, 1989) ni lo pide ni lo necesita. La nueva versión es consciente de que vivimos tiempos distintos y pretende adaptarse a ellos a pesar del surgimiento de alguna que otra voz adversa a las modificaciones. Pero en eso consiste ¿No? ¿Qué son las adaptaciones al final? ¿Cuál es buena y cuál es mala?

Es importante entender que las adaptaciones cinematográficas no deben ser una mera duplicación de la obra original. Deben encontrar una manera de mantener viva la esencia de la historia mientras la actualizan y la hacen relevante para las nuevas generaciones. En este sentido, "La sirenita" (2023) se esfuerza por ofrecer una narrativa fresca y emocionante, manteniendo la esencia de la historia de Ariel, pero añadiendo capas adicionales que enriquecen la experiencia. La historia principal queda intacta, el cómo la cuentas es lo que cambia.

"La sirenita" (2023) se esfuerza por ofrecer una narrativa fresca y emocionante, manteniendo la esencia de la historia de Ariel

Después de haber visto la película original hace unos días, los 45 minutos de añadido son un gran acierto para la adaptación. Encontramos mayor recorrido en la psicología y motivaciones de los personajes, Eric (Jonah Hauer-King) cobra mayor protagonismo y se come la pantalla dejando obsoleta a su versión animada y, por último pero no menos importante, ahondar en la figura de Úrsula, que es, en mi opinión, uno de los grandes villanos de la historia del cine.

En cuanto a los aspectos negativos, no me gusta como han sido diseñados Sebastián y Flounder, entiendo que pretenden hacerlos realistas pero toda la seriedad de la película se pierde con un CGI tan malo. Y es que hemos pasado de grandes producciones con efectos especiales impresionantes que nos dificultan la capacidad de distinción entre realidad y ficción a un trabajo mal hecho con planos llenos de puro chroma y cero emociones; para Disney parece que el cine es hacer caja y perder la vocación que les queda.

De todas formas, la película coge el timón y surca el mar hacia un destino de películas aceptables que veremos hasta donde dura, ya que la nueva versión de “Blancanieves” asoma por la ventana y no precisamente con noticias esperanzadoras.

La Sirenita (Rob Marshall, 2023)