'Tu color': una sinfonía visual
Fran Nieto |
La cineasta japonesa Naoko Yamada, de quien ya tuvimos noticia gracias al estreno puntual en el festival de Cine Fantástico de Sitges de casi toda su producción y del estreno a su vez en salas en 2018 de A Silent Voice, uno de sus más celebrados trabajos, nos ofrece en Tu Color otra dulce serenata a la juventud, al arte y a todo su poder transformador. En el centro de la historia se encuentran tres excéntricos adolescentes japoneses: la optimista Totsuko, la problemática Kimi y el tímido Rui. Parecen estar fuera de lugar en sus mundos hasta que la música los une, dando voz a sentimientos que de otra manera serían difíciles de nombrar.
Una breve sinopsis nos dice que Totsuko asiste a una estricta escuela cristiana, pero ve un "aura" colorida alrededor de todos, una peculiaridad que mantiene en silencio. Una compañera de clase brilla especialmente, la conmovedora Kimi, que pronto abandona la escuela. Totsuko sigue a Kimi hasta una librería, donde el sonriente Rui se une a su aventura. Cada uno enfrenta presiones, pero juntos acabarán encontrando su camino.
La directora entiende que la creatividad cura, como si fuera un bálsamo universal
Desde el primer vistazo que hace al azul brillante de Kimi, la gran curiosidad de Totsuko llama nuestra atención. Su don de sinestesia no hace más que realzar una perspectiva llena de posibilidades. Aunque la religión la sostiene, en el interior de Totsuko las preguntas encuentran su camino. Kimi, por su parte, parece reservada pero radiante, hasta que los rumores envuelven su marcha de la escuela. Sola, trabajando en una librería, el retiro esconde heridas desconocidas. Pero Totsuko no abandonará su conexión, siguiendo ela llamada del Color. Rui también lucha, soñando con la música en medio de los planes familiares de estudiar medicina. Tímido, encuentra consuelo en el sonido, compartiendo composiciones veladas por sueños. Surge un terreno común, las chispas vuelan a medida que sus talentos atípicos se entrelazan.
Visualmente deslumbrante gracias a la animación onírica de Science Saru (el mismo estudio de animación que nos ha regalado hace muy poco tiempo la serie de Netflix Scott Pilgrim da el salto y la reivindicable Inu-Oh, de Masaaki Yuasa), la película explora la empatía, la identidad y la espiritualidad con una gracia sutil. La sinestesia realza la vívida perspectiva de Totsuko sobre una historia que celebra la amistad y la claridad que aporta la creatividad. Yamada profundiza en temas actuales de trabajos pasados en esta conmovedora historia de inadaptados que, a través de la composición compartida, abren ventanas a nuevos futuros.
Juntos, estos desplazados encienden una amistad creativa. Allí donde las reglas y las expectativas los limitaban, a través de la libertad de la amistad, el anhelo se libera. Se forman vínculos más allá de la superficie, más profundos que las distinciones, piezas diversas que se combinan para formar un todo perfecto.
Su química, sutil como los suaves gradientes de color, fluye naturalmente como notas. Destacando el poder de la amistad, Yamada entiende a los marginados que buscan refugio en la pasión. A través de la música, los futuros se iluminan donde antes solo florecían frustraciones.
Totsuko encuentra consuelo donde otros encuentran rigidez: su fe conserva misterios que deleitan y angustian
La directora elabora su historia con cuidado por la expresión sutil. Así, los pigmentos impresionistas retratan un paisaje interior que solo Totsuko puede ver. Los personajes se funden con el escenario como notas musicales, mezclando la realidad con la canción sinestésica de la heroína. Totsuko observa todo a través de una lente prismática, revelando almas en tonos vívidos y temporales.
Somos testigos de cómo su mundo se transforma con la entrada radiante de cobalto de Kimi, y luego se vuelve monocromático con la partida de su amiga. Los panoramas personales cambian con el estado de ánimo, lo que mejora la empatía por emociones difíciles de nombrar. Los cambios sutiles traLos momentos memorables resuenan a través del medio visual. En la primera luz de una iglesia, los fieles disfrutan de una comunión silenciosa. Más tarde, la oscuridad cae donde la luminosidad de Kimi alguna vez iluminó los días de Totsuko.
En el clímax musical de la película, una actuación efervescente baña al público de alegría. Pero las epifanías privadas que preceden tienen un poder más difícil de transformar, revelando la inocencia central del don de Yamada: cómo la creatividad cura.
La directora entiende que la creatividad cura, como si fuera un bálsamo universal. Las voces divergentes de su trío, entrelazadas en armonías, muestran que el descubrimiento no tiene por qué ocurrir solo. Juntos ganan confianza, comprenden la complejidad de la vida y el arte y reciben alas para volar más allá de lo que fueron.
A través de la música, las almas se interconectan. Tu Color canta cómo, compartiendo alegrías y miedos, nos elevamos unos a otros a nuevos cielos.
Así, con los pies en la tierra, los personajes resuenan más allá de las costas ficticias. Todos encuentran en su interior lo que se les niega en el exterior: un refugio de la sociedad y consuelo mutuo. The Colors Within también protege a los espectadores, recordándoles que cuando la vida los desconcierta, en cada uno de ellos se encuentra la calma después de la tormenta.
Los vínculos entre Totsuko, Kimi y Rui enseñan sobre el poder de la creatividad para sanar y levantar el ánimo allí donde el estrés alguna vez prevaleció
Totsuko encuentra consuelo donde otros encuentran rigidez: su fe conserva misterios que deleitan y angustian. Yamada navega hábilmente por esta tensión, y la religión se presenta como un refugio y un grillete a la vez para impulsar su búsqueda de la visión.
Kimi atrae la mirada de Totsuko con una vivacidad que contrasta con las sombras apagadas de sus compañeros de clase. Su encuentro insinúa una atracción, queer pero casta, un hilo conductor que realza el tema del autodescubrimiento. Al aceptar sentimientos que antes temía que fueran ajenos, Totsuko comienza a ver la inmensidad de la vida.
A través de la historia de unos jóvenes llenos de energía que encuentran su lugar, el film finalmente nos deja una reflexión que perdura durante mucho tiempo. Los vínculos entre Totsuko, Kimi y Rui enseñan sobre el poder de la creatividad para sanar y levantar el ánimo allí donde el estrés alguna vez prevaleció.