jueves 6/8/20

Eric Vuillard: dos libros, dos resultados dispares

Eric Vuillard.
Eric Vuillard.

Eric Vuillard es un escritor y cineasta metido a historiador, nacido en Lyon en 1968 y que ha obtenido en su quehacer “histórico” numerosos premios y adquirido fama más allá del hexágono. En el 2017 escribió L´ordre du jour, que se trasladó al castellano al año siguiente con la traducción literal de El orden del día. En el 2016 ya había escrito para la época de la revolución francesa 14 Juillet, que se tradujo al castellano tres años más tarde. Vuillard ha intentado construir un fresco de la revolución francesa en este segundo libro, aunque solo se ha quedado en un conjunto de hechos, acontecimientos de la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789. Digo esto porque hay un trecho entre narrar uno de los acontecimientos más importantes de la historia moderna –junto con la Declaración de Filadelfia de 1776– que cambiaron el mundo y limitarse a un recuento de acontecimientos centrados en la toma de ese polvorín semi-olvidado que fue la Bastilla. O al menos para el mundo Occidental lo ha sido. Es evidente que el francés ha leído Los diez días que conmovieron al mundo, de John Reed, y lo ha intentado imitar –o al menos lo ha tenido presente–. O al menos eso es lo que parece, pero entre la obra maestra de Reed para la Revolución Rusa de 1917 y este 14 de Julio hay más trecho aún que el anterior trecho mencionado. No vemos en la narración de Vuillard más que hechos, pero no aparece para nada cómo todo lo que narra pudo decantarse con el tiempo en la construcción de una de las maravillas inmateriales: el Estado de Derecho, fruto de la revolución francesa, pero también de la americana, de la inglesa un siglo antes y de otras de menos calado. No aparecen Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Mirabeau, Robespierre, Danton, Marat, Condorcet, etc., ni la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, ni La Enciclopedia, etc. Es decir, no aparecen ¡las ideas!, que permitieron que, el sacrificio de muchos ciudadanos de toda condición, ciudadanos que dieron su vida más o menos conscientemente de lo que pasaba, fuera simiente para la posteridad. Para ser un libro sobre la Revolución francesa ni se ve la revolución ni se ven sus consecuencias posteriores. Revueltas sangrientas han sido innumerables a lo largo de la Historia, pero que hayan cambiado el mundo, muy pocas, y lo que aconteció en Francia, o mejor dicho, en Paris y Versalles en 1789, con sus años aledaños, dio paso a un mundo que apenas ya era reconocible medio siglo después. Vuillard, para ser francés y narrar un acontecimiento de su país, ha perdido una ocasión de oro, pero el intento, no obstante, es loable y la lectura de su libro recomendable por limitado que sea. Mejor dicho, es recomendable si el lector está prevenido de sus limitaciones: entonces lo podrá disfrutar.

Creo que más afortunado es el libro que trata sobre el fortalecimiento del nazismo merced a la ayuda de los grandes empresarios al partido de Hitler. Es verdad que no se detiene y el libro se parte en dos porque –lo que podríamos llamar la segunda parte u otro libro en un solo– trata de la manera vergonzosa con la que se comportaron los dirigentes austríacos cuando en 1938 el criminal nazi se anexionó Austria (1). También narra los titubeos de los primeros ministros y jefes de Estado que, como Chamberlain (inglés) y Daladier (francés), pastelearon con Hitler permitiendo la anexión del pequeño país ¿germano?; al igual que nada hicieron cuando anteriormente se anexionó la Alemania ya nazi los Sudetes. Pero es interesante la lista de empresas que apoyaron, se valieron de obra barata (prisioneros) o financiaron a Hitler en su genocidio. Veámosla: Bayer, BMW, Daimler, IG Farben, Agfa, Shell, Opel, Schneider, Telefunken, Siemens, la actual Varta y, por supuesto, la Thyssen-Krupp. Por supuesto que son muchas más, pero me limito a las que menciona Vuillard en su libro porque lo que evaluamos es su obra. Libro más logrado que el anterior porque lo es más de denuncia, más propio de un periodista que cuenta hechos sin la obligación de interpretarlos, de evaluarlos o de reconstruirlos como hitos de la Historia. Estupendo libro, muy recomendable.


(1) Eso sí, con el apoyo del 99% del pueblo austriaco según referéndum, todo hay que decirlo. Aquí la vergüenza es compartida.

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