sábado 06.06.2020
crítica del último libro de Pedro Olalla

Entre Cicerón y Olalla

Entre Cicerón y Olalla

De senectute politica es el último libro de Pedro Olalla, es un libro en la batalla por recuperar la esencia perdida de la Democracia, un libro contra la corrupción que emana de la ignorancia y del uso que de ella hace el poder. Pero sobre todo es una carta para la esperanza y la dignidad de la ciudadanía; trae violetas ceñidaspara la claridad y la belleza contra nuestros vicios. Solo es compartible la virtud.

Por ello, querido amigo -ya que ambas condiciones deben pertenecerte y más por una epístola cuya respuesta, la voz debida a Cicerón, no esperas-, escribo estas palabras y quisiera responder, brevemente, a lo que de ti dejas en él, o quizá en la estela que de él a ti marca el destino político de los hombres buenos y capaces.

Más allá de Céfalo y de Catón, más allá de la juventud que no sabe de geragogía [1], esta carta a Cicerón es una alabanza del valor de la senectud para la Democracia contemporánea.

«Las armas defensivas de la vejez, Escipión y Lelio, son las artes y la puesta en práctica de las virtudes cultivadas a lo largo de la vida. Cuando has vivido mucho tiempo, producen frutos maravillosos. La conciencia de haber vivido honradamente y el recuerdo de las muchas acciones buenas realizadas, resulta muy satisfactorio en el último momento de la vida.»

Marco Tulio CicerónDe la vejez. III 9

De senectute de Cicerón es una refutación contra la pasividad, la debilidad del cuerpo; se lucha contra la enfermedad del mismo modo que contra la vejez, contra la extinción de la mente, contra la dependencia. Pero sabemos que la dependencia y la pobreza (¡lo dijo antes de la era cristiana!) son los males que asolan la vejez, y por tanto la sociedad. Refutar la pérdida de placeres se contrarresta con ahondar en el valor del deseo, fuente de una virtud que nos aleja de la melancolía que traen las pérdidas [2].

Es en la vejez donde las contradicciones son más intensas y a la vez menos beligerantes con el equilibrio: pobre de la vejez -nos dice Cicerón- que tiene que defenderse con palabras [3].

«Los insensatos acumulan en la vejez sus vicios y su culpa. Esto ciertamente no lo hacía Ennio, de quien he hecho mención anteriormente, que dijo: "ahora ya descanso debilitado por la vejez como un caballo brioso, vencedor habitual de los juegos Olímpicos, en los últimos momentos de la carrera".

Marco Tulio CicerónDe la vejez. V 14

olallaEl querer vivir construye la dignidad del respeto de otros a lo vivido por uno, y finalmente la cercanía de la muerte, la conciencia de que nada es eterno y saberse el límite entre la esperanza y la decadencia. El fin de la metamorfosis, donde tiempo y escritura son la misma orilla de lo imaginario [4], un tiempo sin porvenir, una escritura del ánimo y la utopía que interpela desde lo extraño nuestra senectud política, es haber vivido. Quizá la ventaja de la edad sea no tener mañana. Debe ser inenarrable contemplar la ausencia extendida sabiendo que el deseo no es perturbado por lo irrecuperable. La vejez es la desrealizaciónde la realidad, el acto del eterno retornodonde presenciamos el naufragio del yo y el modo en que persevera el ser gracias al silencio de las metáforas, que para Cicerón surgen de la necesidad y acaban sosteniendo la belleza velada que se postula como secreta y al margen de la naturaleza pavorosa del poder. Solo aquí la condición del thánatos, del instinto de muerte, se entiende como parte amable de la vida, como el odio de querer vivir [5], porque se es lo sido, no restos o ruina, sino lo vivido, lo dado donde no cabe la ausencia dolorosa del duelo. Se acepta la metamorfosis -para Olalla en la longevidad contemporánea serán varias y diversas-, quizá la única de la vida material, el regreso al sentido de la tierra.

«(…) él no dudó en pronunciar aquellas palabras que Ennio grabó con estos versos:

"¿Dónde tenéis vuestras mentes, que solían ser sensatas hasta ahora, hacia qué camino de demencia han derivado?"» [6]

Marco Tulio CicerónDe la vejez. V 16

Tampoco sabremos jamás qué del antiguo miedo regresa con nosotros a la tierra y cuánto de él queda en lo escrito o dicho por la angustia del final del resistente. El logosde esta carta sutura las heridas del cuerpo del silencio con un no poder dejar de ser [7]: la poiesisno nos deja no ser, nos hace aparecer entre Olalla y Cicerón. Él recorre con su relato todas las transformaciones y busca la metaforizacióndel encuentro, del diálogo, con el romano que amaba la Hélade, la vida salvaje del pensamiento ordenando el caos del telospolítico del poder, la educación platónica que erigía al que nada espera ya para sí, al viejo, en la responsabilidad filosófica de regir la polis. Poco se ha hablado del compromiso del filósofo que regresa a la caverna, de la esencia de la paideia.

El futuro de la senectud es el recuerdo [8], o tal vez la memoria si la melancolía o la nostalgia no han vencido a la prudencia y al alma que busca. La angustia que ellas generan resulta estoica a su develamiento, porque el decir siempre sostiene a otro, y así es el erotismo hasta el fin de los días. No puede haber renuncia, sería tanto como negar haber vivido, y no hay muerte más cierta.

La muerte ha de ser pensada en la juventud, ahí radica la vida plena del sentimiento de finitud. En la madurez la muerte es la sombra que queda a la espalda, porque la vida es sueño. Nada hay más dispar a la muerte que el sueño, en él se vive intensamente el orden natural que evita el dolor.

El abismo del tiempo entre uno y otro se convierte en el fundamento del relato de Olalla hasta hacerlo imposible, hasta hacer posible y real la palabra política de Cicerón: la virtud como maestra única del querer vivir. No es el ciclo del imaginario, sino la conciencia sobre la profunda metamorfosis de los enemigos del Ars vivendi [9].

Es Petrarca narrando una historia de amor, espiritual y simbólica y dirigida a los que saben escuchar, aunando a Ovidio y Cicerón, Homero y Séneca, quien consigue desde la fructífera y honesta soledad, no la pena o el desamor, sino el fin del exilio y de la nostalgia [10]: condiciones de una comunicación con el logosincluso ausente. Sea, quizá, la conciencia de un afuera que ha dejado de ser la marca, la frontera metafísica del extranjero. Y Olalla asume el reto heteróclito del pensarse en otros, en el momento presente de estar existiendo. Pensarse es pensar en los otros, y hacerlo constituye la polites, la cualidad y calidad de ser ciudadano. Es aquí donde el diálogo con Cicerón ilumina el camino ético del humanista y helenista.

Para que la vejez sea buena, reconoce Olalla en Cicerón, la juventud ha de ser un diálogo con la muerte que lleve el carácter a la fuerza vital de la colectividad: construir una biografía es convertir el momento presente en el empeño ético y político del diálogo, no es otra cosa que la independencia hasta la muerte. 

«Si realmente no vamos a ser inmortales, es deseable que todo hombre muera en su momento oportuno. La naturaleza tiene, como todas las cosas, un límite de existencia. La vejez es el final de una representación teatral de cuya fatiga debemos huir, sobre todo y especialmente una vez asumido el cansancio.»

Marco Tulio CicerónDe la vejez. XXIII 85

Un ser sin biografía es un espectro, nos dice Olalla recordando a Sófocles. Enfrenta decrepitud y virtud, una lucha titánica que solo el hambre de conocimiento, envejecer aprendiendo, puede equilibrar. Nos recuerda que para Cicerón la conciencia es “una fuerza interior sembrada por los dioses en los hombres para indagar en busca del conocimiento”, y que ahí reside el valor contra el poder de hoy y su estrategia del miedo, de él se alimenta y así humilla el erosdel logos. Y esto les sucede a los jóvenes, ignorando de este modo la solidaridad y la justicia. Así, educados en la barbarie, el discurso de todosimpone la enfermedad y el dolor, desear no haber nacido.

Y pregunta Olalla: “¿Te acuerdas de aquellos principios?”Y uno se detiene en la página treinta y siete, una página de abismos abiertos por la palabra donde se teje la conciencia del animal político: Democracia, República: la deontología griega y la subversión contra el imperio dictatorial de la oligarquía. Hoy, lo defiende el feminismo filosófico republicano, la pobreza y el hambre, como ayer, son la enfermedad de la Democracia. El enemigo es la propiedad privada de lo común, y no solo lo es de los seres humanos; también lo es -dice Olalla- de la naturaleza y la filosofía. Es la naturaleza pervertida del dinero lo que amenaza el mundo de la vida. Este instrumento del poder ha convertido la vida pública en un simulacro, y ahí el totalitarismo asesina impunemente los principios esenciales de las leyes de Solón [11]. No queda otro pensar que la rebelión, ni otro acto que la lucha. Convertirnos en los nuevos hoplitas del viejo futuro: ut sit civis mundi: ser ciudadano del mundo.

Este hermoso libro nos devuelve la dignidad de la experiencia, porque en un mundo que envejece los senescentes -el gran climaterio- son la fuerza revolucionaria y la esperanza educativa de los que tienen la edad de la inquietud, tan poco proclives a cambiar. ¿Cómo enseñarles hoy a Heráclito, que permanece en el cambio lo que aprendemos y nada más, que como nos decía Aristóteles solo hay un placer que permanece en el tiempo: el conocimiento? Este sentido de la permanencia es una baluarte de la senectud. Y, ¿cómo hacer para que por sí mismos urdan conciencia y saber? ¿Cómo sin ello salir de una ars sórdida que envilece la memoria de los mejores en la historia?

En este estío de dos mil dieciocho, en España, se alzaron los viejos y se dirigían, casi desesperadamente, a los jóvenes. Se levantaron los que tienen memoria material de la lucha, de la que emana su autoridad. Pero se les orilló por esa lógica brutal de la vida subsidiada. Y los púberes [12] callaron incapaces de sostener la mirada de sus abuelos, y sus hijos tampoco salieron a la intemperie cívica de la que ellos les rescataron. ¡Qué tristeza esta mentalidad cautiva!

Olalla, llegados aquí, recuerda lo que dijo Isócrates: “No hay democracia más segura y más justa que aquella que confía los cargos a los más capaces y otorga a los ciudadanos el control sobre ellos”. Y esto solo es posible con una educación pública que instituya la virtud política y no la idiotez, la conciencia ciceroniana que epicúreamente nos aleja del miedo a la muerte y nos libera del culto idólatra a su ocultación, el ars amandi de la existencia cuyo derecho fundamental es poder decidir sobre la propia muerte.

Pedro Olalla, el Ático, ha escrito sobre la voluntad y la conciencia, sobre el saber de la segunda noche [13]…

Fa in modo di stare bene [14]

«Certamente la solitudine senza lettere è una prigióne, ed é uno gravissimo supplizio; ma dagli le lettere, e li é la patria, lì é la libertade , lì é il piacere. Egli è noto il parlare di Cicerone sopra dell' ozio, il quale dice: “Che cosa è più dolce dell’ ozio all' uomo litterato?” Da l'altra parte non meno è divulgato il detto di Seneca , cioè : “Lo ozio senza lettere è una morte ed è sepultura dell’ uomo vivo;”»

PetrarcaLa vita solitaria. Capítulo XXI


[1] Arte de aprender a envejecer.
[2] Que no nos falte la falta, decía Lacan.
[3] «No obstante debéis recordar que en toda mi disertación he defendido una buena ancianidad, basada en unos buenos cimientos de la adolescencia. Se deduce pues lo que dije en otro momento con el aplauso de todos: que la ancianidad es desgraciada si se tiene que defender con discursos. Ni los cabellos blancos, ni las arrugas hacen surgir de repente la autoridad. Los frutos de la autoridad los produce la edad vivida honestamente desde el principio.»
Marco Tulio CicerónDe la vejez. XVIII 62
[4] Maurice Blanchot: lo imaginario como metamorfosis del tiempo.
[5] Santiago López Petit.
[6] Quo vobis mentes, rectae quae stare solebant. Antehac, dementis sese flexere viai?
[7] Heráclito: el ser es una ficción vacía.
[8] Marco Tulio CicerónDe la vejez, XVIII 71.
[9] Para Cicerón es la virtud intelectiva.
[10] Del griego nostos: regreso; y algos: dolor, pena.
[11] «Ciertamente estos son afanes de los estudiosos, de los prudentes y bien formados, y crecen en proporción a la edad, de ahí aquella afirmación de Solón que aparece en un versículo de su obra: "Se envejece aprendiendo cada día muchas cosas". Pienso que no puede existir un placer mayor para el alma.»
Marco Tulio CicerónDe la vejez. XV 50
[12] «La adolescencia no debe buscar la infancia ni la edad media, la juventud. El curso de la edad está determinado y el camino de la naturaleza es único y sencillo.»
Marco Tulio CicerónDe la vejez. X 33
[13] Seres de la segunda noche, dice Levinas en Sobre Maurice Blanchot.
[14] «Con el mismo ahínco que se lucha contra la enfermedad, se debe luchar contra la vejez. Se ha de cuidar la salud, se debe hacer ejercicio moderadamente, se debe tomar alimentos y beber cuanto se necesite para tomar fuerzas, pero no tanto como para quedar fatigados. Pues una cosa y otra han de ser remedio para el cuerpo, pero mucho más para la mente y el espíritu. Tanto una como el otro, mente y cuerpo, son como una lámpara, que si no se las alimenta gota a gota, se extinguen con la vejez. Los cuerpos pierden agilidad con la fatiga del ejercicio, en cambio el espíritu se hace más sutil con el adiestramiento mental.»
Marco Tulio CicerónDe la vejez. X 36

Entre Cicerón y Olalla
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