martes. 23.04.2024

Poesía | VIVIANA PALETTA  

ÁNGEL ZAPATA

¿Qué concita Pleroma, este nuevo envite poético? Ángel Zapata nos depara siempre una propuesta a carta cabal, tan atrevida como sopesada, su luminiscencia, su riesgo. Y no defrauda, su nuevo libro es una obra singular, que deshilvana los zurcidos y parches que imponen el gusto y las temáticas más convencionales y, en esa misma medida, muestra la insuficiencia, lo insustancial en la literatura que nos aqueja. Hablo de Pleroma como discrepancia, desorden del statu quo, lo que hace más audaz y conveniente su propuesta. Afirmaba Marcelo Cohen, de forma tan lapidaria como reveladora, que «estamos enfermos de realismo»; una dolencia que avanza de forma silenciosa, imperceptible, para crear una mediana y consabida percepción de lo real y, por todo ello, inocua, incapaz de mostrar las costuras, mentiras y acomodaciones de nuestro modo de vida. Zapata se coloca de un golpe certero –ya lo venía haciendo con la trayectoria rigurosa de sus anteriores obras– en una pelea con esa tradición dominante.

Cada aforismo, cada verso de este libro sin embargo en prosa habla de nosotros, del modo de vida que hemos aceptado conscientemente o no

En primer lugar, por el lenguaje; este libro estalla de metáforas visionarias, que llevan la palabra a un extremo para obligarnos a mirar el fogonazo de su aparente contradicción, su imposibilidad, su vértigo, su abismo. «En los rostros, una estabilidad desorbitada»; «El desamparo hace gestos suaves como si escondiera un grillo en el puño»; «El amoniaco busca subir de clase alquilando trasteros»; «El tiempo: un puñado de pétalos». Como en su anterior libro, Luz de tormenta, hay un ánimo por el que se distingue siempre de superar lo convencional, lo establecido, lo previsible, el lugar común. En estas páginas, Ángel Zapata se aleja de cualquier concatenación preestablecida, cuestionando lo que se ofrece para hacer estallar la iluminación, el relámpago que despierte, que desestabilice el pensamiento, generando con la paradoja, el sinsentido, el absurdo, una revelación o un atisbo de la misma. «Para vergüenza de los tibios, he conocido más de un contramaestre que llevaba tatuada en las pupilas la rosa de los vientos»; «Donde todo es arena el tiempo nace como un lento rebaño de agua, allí copulan a escondidas los porqués redundantes y la mala costumbre de vivir»; «los mapas tosen, las aficiones desmedidas se mueven en silla de ruedas». Cada aforismo, cada verso de este libro sin embargo en prosa habla de nosotros, del modo de vida que hemos aceptado conscientemente o no. Imposible no sentirse concernido por esta catarata inacabable de alusiones personales, de observaciones y denuncias. Pero no es el género del sermón a lo que nos enfrentamos, es al filo del lenguaje, la provocación, la violencia de una verdad que se solapa o se reprime. «Hay nubarrones de bicarbonato cada vez que mencionamos la náusea: no es casual». «En las ferreterías recién abiertas las defensas maniacas espantan a la vida a perdigonazos. // Nadie acepta que lo Indescriptible lleva un año con el agua al cuello».

Los textos que conforman Pleroma se dividen en cinco secciones, un proemio y un epílogo que, a simple vista, parecen disgregarse en docenas de frases; sin embargo, los hila una desazón tenue, si es posible enunciarlo así; una desazón al mismo tiempo crítica, por momentos sarcástica, que exhibe un malestar delicado, también profundo, salpicado por toques de humor, ese modo agudo de descubrimiento: «Un ciclón se ha llevado hasta el confín de la troposfera el vestuario del Papa»; «Los condenados a morir en la horca lo hacen constar en el currículum»; «La idea de nacer me la dio un gilipollas en Seattle, de mí no habría salido algo tan drástico».

Ángel Zapata nos entrega en Pleroma literatura a contramano, tan exigente como dadora de sentido

En un discurso de continuo interrumpido, hilvanado de enlaces sutiles, que no pretende tejer argumentos sino sobresaltar, aludir e impresionar para quedarse, Ángel Zapata se ocupa no únicamente de la destrucción, sino que en él se abre paso una profunda conciencia del vacío (tan relevante desde el título), de la virtualidad, de lo que no se aprehende, de la fugacidad: «Temporalmente, el vacío bajo nuestros pies se ha llenado con seres apenas definidos y con boyas a la que nunca se ha asido nadie»; «Ahora que no hay escapatoria, me trastorna saber que la nieve odia posarse sobre nuestra desdicha». Frases con frecuencia lapidarias que nos invitan a la reflexión, a la contemplación: «Al final queda claro que todo era para nada»; «Quien beba del agua que yo daré no dejará de tener sed nunca». Y esta maravilla, «El pensamiento es en su mayor parte agua».

ÁNGEL ZAPATA.Pleroma. Los aciertos. Pepitas de calabaza.. Logroño, 2023. COMPRA ONLINE


Viviana Paletta
Viviana Paletta. Editora y escritora

La disidencia poética de Ángel Zapata