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jueves 26/5/22

Despedidas

SUSANA IVÁN
La semana que ahora comienza va a estar plagada de conmemoraciones literarias que quieren celebrar no sólo el genio de algunos elegidos sino también nuestra fortuna por poder disfrutarlos y nuestra admiración por creadores y creaciones que nos han acompañado en nuestro camino...
NUEVATRIBUNA.ES - 20.4.2009

...El 23 de abril, Día Internacional del Libro, marcará el ecuador de esta semana que, por desgracia, se anuncia no sólo con buenas noticias (la entrega del premio Cervantes a Juan Marsé o el ingreso de José María Merino en la Real Academia Española, ocupando el sillón “m”). Lo hace también con la despedida a dos figuras de la creación literaria.

Por un lado, el “hasta luego” creativo de Quino, que ha anunciado su intención de dejar de dibujar temporalmente para reinventarse. Una noble y honesta decisión con la que el argentino pretende no defraudar ni engañar nunca a sus lectores, pero que nos deja a todos el sabor agridulce de las despedidas. El jueves en Barcelona, y del 29 de mayo al 1 de junio, en el Salón del Cómic de la Ciudad Condal, son, de momento, sus últimas citas hasta que encuentre un nuevo enfoque o una nueva línea gráfica. Esperemos que sea pronto.

Por el otro, el adiós definitivo a James Graham Ballard, escritor británico de Ciencia-Ficción, que fallecía el domingo a los 78 años víctima de un cáncer de próstata que, sin embargo, no le había alejado de la escritura, ya que, consciente como era de que no iba a vivir mucho, el escritor pasó los últimos meses de su vida realizando una especie de experimento literario en torno a su enfermedad para el que contó con la ayuda de su médico. Fruto de ello son las páginas de “Milagros de vida: Una autobiografía”, publicada el pasado año por Mondadori, y en la que Ballard continúa el repaso a su vida que ya abordara en otras de sus obras (no siempre encuadradas en el género de la biografía).

J.G. Ballard destacó toda su vida no sólo por ser un escritor brillante, sino por la temática abordada en sus obras y por el lenguaje, explícito y directo, empleado en ellas. De su prolífica labor creadora,, destacan, por lo conocidas y porque saltaron de las páginas de los libros a otros medios, dos de sus novelas: “Crash” (1973) y “El imperio del Sol” (1984).

La primera, adaptada al cine por David Cronenberg en 1996, se trata de una reflexión novelada sobre la relación entre el deseo sexual y los coches, en la que éstos simbolizan la mecanización del mundo y la capacidad del hombre para destruirse a sí mismo con la tecnología que produce. Y en esa atmósfera, los protagonistas comienzan a obsesionarse, cada vez más, con la violenta sexualidad de los accidentes de coches en general. La obra, tanto en su versión literaria como fílmica, levantó pasiones y ampollas, generando un intenso debate a su alrededor sobre los límites de la censura en las creaciones por el lenguaje realmente explícito con el que se describían relaciones sexuales instigados por la violencia. Por otro lado, “El imperio del sol” es la adaptación literaria que Ballard hace de su propia infancia. Nacido en el asentamiento internacional de Shanghai, donde la cultura y poder americanos dominaban sobre todos, la entrada japonesa en la Segunda Guerra Mundial tuvo un efecto directo en su vida. Tras el ataque a Pearl Harbour, el imperio nipón ocupó el asentamiento internacional, enviando a sus habitantes hasta entonces al campo de concentración de Lunghua. Ballard y su familia pasaron en él dos años, hasta el final de la Gran Guerra. Sus experiencias en este campo, alteradas con notables licencias literarias, son el sustrato y el eje de una notable novela que fue llevada al cine por Steven Spielberg que, a pesar de su calidad, no se convirtió en un éxito de taquilla (aunque sí de crítica).

Ahora, tras la desaparición de Ballard, nos quedan sus obras. Miles de páginas escritas a lo largo de más de 50 años. Novelas, relatos, artículos periodísticos y una autobiografía que recrean la distopía en la que el británico era capaz de dar rienda suelta a su creatividad, iluminando sin piedad y sin sonrojo la condición humana.

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