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@Montagut |
Cuando se estudian las desamortizaciones del siglo XIX nos fijamos casi de forma exclusiva en el mundo agrario y en las consecuencias que tuvo para la estructura de la propiedad y la agricultura. Pero la desamortización fue clave para las ciudades españoles, y Madrid no sólo no fue una excepción, sino un claro ejemplo.
Desamortizar fue uno de los instrumentos del liberalismo español para establecer un sistema de propiedad privada libre y protegida pero no vinculada como existía en el Antiguo Régimen con las denominadas manos muertas eclesiásticas, el mayorazgo nobiliario y las tierras de propios y comunes de los Ayuntamientos. Las nuevas autoridades desamortizaron las propiedades inmobiliarias de la Iglesia a través de la conocida como desamortización de Mendizábal, transformaron los mayorazgos en propiedad privadas de los nobles, consiguiendo incorporar a la aristocracia al nuevo orden, y terminaron por desamortizar a los Ayuntamientos con Madoz. En todo caso, hubo otras desamortizaciones menores, como las de Godoy, José Bonaparte y en el Trienio Liberal.
Desamortizar consistía en nacionalizar los bienes para luego venderlos en pública subasta.
Pues bien, muchos bienes inmuebles estaban en las ciudades, especialmente de la Iglesia. Al ser desamortizados la fisonomía urbana española experimentó el primer gran cambio de su historia.
En Madrid había muchos conventos, iglesias y otros bienes inmuebles religiosos de todo tipo, dada la condición de corte de la misma
En Madrid había muchos conventos, iglesias y otros bienes inmuebles religiosos de todo tipo, dada la condición de corte de la misma. En Madrid la familia real y la nobleza cortesana fundaron muchas de estas iglesias e instituciones de caridad, enseñanza o de atención social a través de las mandas y obras pías, que administraba el clero. Cuando se desamortizaron salió un volumen ingente de espacios, es decir, se multiplicó la oferta de suelo urbano, todo un sueño para generar plusvalías.
Y esa oportunidad fue entendida rápidamente por una burguesía, poco emprendedora en lo industrial, pero sí en ver donde existía un negocio que no requería un gran esfuerzo.
La burguesía española, y la madrileña, en particular, prefería comprar suelo y bienes inmuebles
Entre 1836 y 1845, es decir, en el período de desarrollo de la desamortización eclesiástica, la venta de bienes nacionales, es decir, de los bienes desamortizados, fue de tal calibre que absorbió gran parte del capital, un factor a tener en cuenta, además, para entender la falta de inversión en la agricultura y en la industria. Aunque el ferrocarril siempre fue un destino que interesó al capital hubo que tirar del extranjero para ponerlo en marcha. La burguesía española, y la madrileña, era un ejemplo claro, prefería comprar suelo y bienes inmuebles.
Ciertamente, esta ingente oferta de suelo hundió los precios, pero eso fue un acicate más y se formaron empresas con negocios millonarios, como la Peninsular, fundada, precisamente por Madoz. Un personaje clave en el negocio inmobiliario fue el marqués de Salamanca, el que da el nombre al famoso distrito de Madrid.
Pero, además, la forma de pago de los bienes que se compraban estimulaba más el beneficio porque se hacía a través de títulos de deuda pública, que se devaluaron de forma evidente, por lo que el valor de lo que se pagaba era muy inferior al real.
Una vez comprados los bienes inmuebles y el suelo se comenzaba, unos años después, con el juego de la especulación, es decir, se vendían a un precio mucho más alto cuando a partir de mediados del siglo se comenzó a diseñar el ensanche y cuando creció la necesidad de construir por el aumento demográfico de la ciudad, o de poner vivienda en alquiler. Se compró muy barato, y se vendió muy caro.
Los interesados en profundizar pueden acudir a un libro clásico, pero muy esclarecedor, Bahamonde Magro, A. y Toro Mérida, J., Burguesía, especulación y cuestión social en el Madrid del siglo XIX, Madrid: Siglo XXI, 1978.



