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En estos tiempos en los que se deslizan mensajes sobre el exceso de vacaciones en nuestro país y que habría que imitar supuestos ejemplos de otros lugares, recordamos la historia de la conquista obrera de las vacaciones pagadas, y que tienen su gran momento con la decisión que tomó el Gobierno del Frente Popular francés a través de los Acuerdos de Matignon de 1936, que tratamos monográficamente en Nueva Tribuna.
- El inicio de las vacaciones pagadas
- Argumentos sobre las ventajas de las vacaciones pagadas (1926)
- Análisis socialista sobre las vacaciones retribuidas para los trabajadores (1929)
- El derecho a las vacaciones pagadas hacia 1930
El inicio de las vacaciones pagadas
Ante la discusión en 1923 en el Instituto de Reformas Sociales sobre el artículo relativo a los nueve días al año de vacaciones retribuidas en el contrato de trabajo, y el revuelo que eso provocó entre la clase patronal, los socialistas decidieron investigar qué se hacía en el mundo al respecto, y publicar esos datos para el conocimiento general y, lógicamente, en apoyo de los vocales obreros.
Después de la Gran Guerra comenzó a reconocerse el derecho a vacaciones retribuidas en distintos lugares.
En primer lugar, en el Reino Unido más de cien contratos colectivos o convenciones entre patronos y trabajadores habían acordado las vacaciones retribuidas, y con arreglo a la legislación de dicho país, había sido comunicados al Ministerio de Trabajo.
La mayoría de estos contratos colectivos establecían que debían ser pagados los salarios por los días de fiesta legales, y además para un cierto número de días, que variaba entre tres o doce al año. Generalmente, se establecía como condición para el disfrute de este descanso anual cierta antigüedad en la empresa, entre seis y doce meses. Había casos, además, en los que el número de días de descanso retribuido variaba en función del número de años que el obrero llevase en la empresa.
El descanso retribuido estaba más extendido en Alemania. Al parecer, el 72% del número total de contratos colectivos, y que afectaban al 86% del total de trabajadores, contenían cláusulas relativas a la vacación retribuida. La duración del descanso anual en Alemania era de unos tres días en el 50% de los casos, y luego había un 41% de contratos que establecían vacaciones de hasta seis días.
En Austria, por su parte, la ley sobre descansos retribuidos a los trabajadores marcaba una semana de vacaciones cuando el trabajador llevara un año en la empresa, y de dos semanas cuando se llevasen más de cinco años.
En Italia, las vacaciones pagadas se aplicaban ya en las grandes empresas. El descanso era de seis días en las industrias química, metalúrgica y textil, y aumentaba al doble en las empresas del gas, electricidad y en las imprentas. Era un derecho para trabajadores con un año de servicio, aunque había casos en los que solamente era necesario haber cumplido seis meses.
En Checoslovaquia había un decreto gubernamental que iba a ser presentado en el parlamento. El decreto preveía vacaciones anuales pagadas para los obreros de la industria, el servicio doméstico y los aprendices, después de un año de servicios ininterrumpidos. Las vacaciones iban a ser de seis días laborables para los obreros con menos de un año de antigüedad, y de doce para los que llevasen más de diez años con el mismo patrono.
Hemos trabajado con el número del 28 de junio de 1923 de El Socialista.
Argumentos sobre las ventajas de las vacaciones pagadas (1926)
El Socialista publicaba un artículo de E. Ryser desde Ginebra en julio de 1926 en el que el autor consideraba que la cuestión de las vacaciones pagadas para los asalariados era una de las reivindicaciones inmediatas de los obreros organizados y, por lo tanto, para ayudar a los que luchaban por este derecho y “necesidad social”, ofrecía argumentos. Para ello se basaba en las actas de los “Derechos del Hombre” de M. Maurice Millaud, hijo del economista y profesor de Economía política en la Universidad de Ginebra.
En primer lugar, el autor consideraba que las vacaciones pagadas a los obreros debían ser una medida urgente a tomar, en función de una concepción moderna sobre las relaciones entre el capital y el trabajo, en un sentido más equitativo en relación con el reparto de su colaboración, y en función de derechos y necesidades recíprocas. Por eso parecía un deber asegurar una existencia conveniente a los trabajadores.
El informe recordaba la importancia de la legislación obrera como instrumento para poner término a los abusos que se cometían en el ámbito productivo, citando algunas de las disposiciones más importantes. Pero la política social no solamente debía tener una función protectora, sino que debía cumplir otros objetivos, y en relación con la previsión. Y así había surgido una política social constructiva que limitaba la jornada laboral, y había puesto en marcha los seguros sociales.
Partiendo de este preámbulo o contexto, el autor afirmaba que empleados, funcionarios, comerciantes e industriales disfrutaban de vacaciones, pero no los obreros. Solicitar que se estableciesen permisos anuales pagados suponía un ejercicio de equidad y de justicia, es decir, se relacionaba con un derecho que no poseían los trabajadores.
Hemos trabajado con el número del 27 de julio de 1926 de El Socialista.
Análisis socialista sobre las vacaciones retribuidas para los trabajadores (1929)
El Socialista realizó un análisis sobre las “vacaciones obreras pagadas” en agosto de 1929 que rescatamos en este trabajo porque nos aporta información no sólo en relación con la postura socialista sino sobre la situación de esta reivindicación del movimiento obrero internacional a finales de los años veinte, en vísperas de la gran crisis.
El artículo de “Las vacaciones obreras pagadas” venía encabezado por una clara declaración: “El derecho del descanso”. La cuestión de las vacaciones pagadas derivaba, en nuestra opinión, de la anterior reivindicación internacional de las jornadas de las ocho horas, al reclamar, ocho horas para el trabajo, ocho para el descanso y ocho para el ocio. Ahora se trataba de ampliar el derecho al descanso y al ocio de la clase trabajadora, una reivindicación que terminaría por ser conquistada, y que ya existía en algunos lugares y sectores económicos en 1929. También habría que aludir al derecho anterior del descanso dominical, cuestión que en España generaría no pocas polémicas, con intervenciones del Instituto de Reformas Sociales, y denuncias del movimiento obrero por su incumplimiento, como pone de manifiesto la consulta del propio periódico El Socialista.
“Nada más legítimo que este descanso de las clases laboriosas” rezaba el artículo, sobre la reivindicación de conseguir unos días de descanso anualmente, pero con el abono correspondiente del salario. Una reivindicación que recordaba que las denominadas clases improductivas gozaban de dicho derecho cuando llegaba el calor.
Ya en el siglo XIX podemos detectar reivindicaciones en este sentido, pero hay que esperar al siglo siguiente para que se convirtieran en derecho y comenzara a generalizarse. La cuestión ya había sido tratada en la Federación Sindical Internacional y por las centrales sindicales de cada país, formando parte del programa de la OIT. Los socialistas españoles vaticinaban que las vacaciones pagadas no tardarían en imponerse, una premonición relativamente cumplida, como veríamos en el caso del Frente Popular francés en 1936, pero que tardaría muchísimo más para el caso español.
El periódico obrero socialista hacía un repaso de dónde se había conseguido aprobar las vacaciones pagadas, aunque en determinados sectores económicos, y también en el ámbito de los contratos colectivos. En el caso concreto español se hablaba del contrato de los empleados de comercio madrileño, que permitía disfrutar de quince días de vacaciones pagadas, y el de los periodistas con veinte días de descanso anuales. Por fin, también habían conseguido las vacaciones pagadas los ferroviarios, unos trabajadores especialmente combativos.
Por otro parte, el artículo ofrece una información interesante sobre la cronología de este asunto, descubriendo que, por ejemplo, en los Países Bajos a la altura de 1929 disfrutaban de este derecho el 76% de los trabajadores.
Hemos consultado el número 6406 de El Socialista, e insistimos sobre su lectura para los interesados en este tema por la información concreta que aporta de los distintos países, sobre su situación legal en la materia, y sobre los contratos.
El derecho a las vacaciones pagadas hacia 1930
En el período de entreguerras se discutió mucho sobre el derecho a las vacaciones pagadas. En junio de 1930 el periódico socialista español teorizó al respecto partiendo del hecho de que se consideraba que los trabajadores pasaban por ser “excesivamente exigentes”, porque siempre se encontraban pidiendo, reclamando. Era una gran verdad, pero en la realidad no se ofrecía nada; todo lo que se había conseguido había costado trabajo adquirirlo.
Una de las reclamaciones, consideradas más justas, de los últimos años, según el diario, tenía que ver con el descanso anual remunerado, las vacaciones pagadas, pero la reclamación no se había coronado con el éxito. En este sentido recordemos la conquista de este derecho gracias al Frente popular francés unos años después.
Al parecer, no se negaba la justicia de esta reclamación, pero no se contemplaba tomar la decisión de forma inmediata, ni por parte de los poderes públicos, ni por parte de la patronal.
El artículo estaba escrito en vísperas del verano, y se aludía a que se llegaba a una época del año en el que eran más apreciados los días de descanso, pero solamente podían disfrutarlos una parte de la sociedad, mientras que los asalariados de fábricas, talleres, almacenes y minas tenían que seguir esperando.
Los trabajadores eran tan útiles, y su labor tan indispensable, que la suspensión de su esfuerzo era demasiado perjudicial para que se les considerase de otro modo que como seres “inferiores condenados a un automatismo embrutecedor”, además de ser espectadores resignados de la abundancia y de los placeres que su trabajo proporcionaba a los afortunados. El descanso solamente existiría en caso de enfermedad, de paro forzoso o cuando llegaba la muerte.
Era un caso de egoísmo feroz, según la publicación socialista, de las clases privilegiadas, y contra esa situación había que reaccionar. Las vacaciones eran una necesidad para los trabajadores, de tipo psicológico (“moral”) y físico, frente al carácter de ostentación que tendrían las vacaciones para las clases inactivas.
Era una batalla que necesitaba librar sin tregua la clase obrera. Lo pedía el propio instinto de conservación ante los modernos métodos industriales, que estaban imponiendo una embrutecedora racionalización del trabajo y que no servían más que para explotar más intensamente que antes al trabajador, y aumentar las ganancias para el patrono.
Hemos empleado como fuente el número 6671 de El Socialista de 26 de junio de 1930.






