sábado 07.12.2019
DANZA

La danza en tiempos heroicos: el Conservatorio de Murcia

La danza en tiempos heroicos: el Conservatorio de Murcia

Era octubre y una parte del techo de una de las aulas del Conservatorio Profesional de Danza de Murcia se vino abajo. Había alumnas dando clases. Pudo suceder una desgracia, pero mejor que no. No podemos vivir en un país en el que solo se actúa cuando ya es tarde y no hay remedio. La alarma social se ha convertido en el motor de combustión de nuestra clase política. Si no la hay mira para otro lado; si la hay, depende de la intensidad de la misma.

La primera imagen que se nos viene a la cabeza de la danza es la pintura de Degas. Esas amplias salas con altos ventanales, los vestidos blancos, los lazos azules, rojos, amarillos, el entarimado de madera, la luz que entra por la ventana, las copas de los árboles, el virtuoso del violín. Luego Tchaikovsky, el Lago de los Cisnes, por asociación el Concierto para Piano nº 1. Últimamente, las imágenes literarias de “Lectura Fácil”, de Cristina Morales, esa maravillosa novela que ha recibido el Premio Nacional de Narrativa. De estos temas tal vez hablemos otro día. Por último, la percepción, que hay que cambiar, de que la danza es un arte de mujeres. Tal vez por esta razón, se hable de alumnas cuando los medios de comunicación nos informan de la caída de una parte del techo, aunque la Asociación de Padres de Alumnos del Conservatorio de Danza de la Región de Murcia (Trasladanza) nos habla de “niñ@s, chicos y chicas admirables, ejemplares, disciplinados, entregados y verdaderos amantes de la cultura de la danza”.

No nos cabe duda de que debe haber algo de heroico en una juventud que da clase en aulas ruinosas, con techos que se vienen abajo, suelo en mal estado, sin aire acondicionado ni calefacción. Algo heroico y maravilloso en un tiempo en el que todas las manifestaciones del arte son postergados, remitidos al ámbito de lo estrictamente privado si se quiere practicas en condiciones, porque las instituciones públicas que tienen que protegerlo y promocionarlo se inhiben.

Vivimos en una Región, la de Murcia, en la que se habla de la danza cuando la ruina del edificio público en la que se enseña pone en peligro la vida de la gente que la práctica y la ama. Vivimos en una Región en la que se habla más de Tauromaquia, módulos de Formación Profesional para formar toreros y subvenciones, muchas subvenciones, para mantener esa, dicen, parte de la tradición más identitaria del alma nacional, que de los amantes de la danza. Sin embargo, reiteramos, debe haber algo de heroico para que el alumnado del Conservatorio Profesional de Danza escriban una carta a los medios de comunicación en la que exponen que “los que llevamos años aquí hemos visto trozos de fachada en el suelo, una contraventana caer sobre una compañera, el techo ha caído en alguna otra ocasión, los suelos en condiciones pésimas y algunas cosas más. El estado del edificio es lamentable, las aulas insuficientes, los espacios limitados y no se a las necesidades que demandamos” o para que recojan firmas en un lateral del imafronte de la Catedral de Murcia y en la Plaza de Los Apóstoles. Hay que creer en lo que se hace y en lo que se sueña.

También debe haber algo de heroico en las madres y padres de Trasladanza para continuar alentado a sus hijos en el estudio de la danza, cuando saben que la Administración Educativa los ignora, mira para otro lado o reincide en su incompetencia gestora. También esa heroicidad se puede predicar de esa comunidad educativa del Conservatorio “por el cariño, la sensibilidad y profesionalidad que han demostrado día a día” en palabras de Trasladanza.

En esta tierra de libertad de la que nos ha hablado en diversos titulares el presidente murciano López Miras, en esta nueva frontera de valientes, los alumnos del Conservatorio Profesional de Danza levantan su voz y nos señalan el camino. Tanto heroísmo no puede ser desperdiciado.

Hace un tiempo se dijo que una de las “malas artes” de la Consejería de Educación era hacer que la casa de la danza fuera una ruina para cerrarla y cedérsela a la Universidad Católica de Murcia. Tal posibilidad es creíble pero imposible, porque la historia la escribe la gente que ama, y los alumnos del Conservatorio aman la danza. Se podrá venir abajo el edificio del conservatorio pero la danza seguirá, en la calle o en las escalinatas de la Consejería de Educación. En eso reside la cultura y la belleza.