martes 30/11/21

Siempre nos han asegurado que nuestras acciones tienen consecuencias y, por lo que voy comprobando, parece que la cosa es cierta.

Lo que no se comenta tanto es que también los pensamientos tienen consecuencias y en eso los budistas y su Noble Camino con los 8 principios básicos de sus 3 categorías nos llevan ventaja. Ellos sí atribuyen consecuencias al pensamiento, bueno o malo, de manera que ellos se andan con más ojo que nosotros  a la hora de pensar.

Esto no pasaría de ser una tontería destinada a gastar “bites” si no fuera porque esta semana me he encontrado frente a la primera consecuencia de un pensamiento-intención ya estructurado; por primera vez en mi vida, una fecha concreta se coloca más allá de la fecha que he planeado como idónea para mi jubilación.

En terminología física, es la primera vez que algo trasciende ese horizonte de sucesos más allá del cual todo es ignorado.

Una simple fecha, la caducidad de una póliza de seguros me ha llevado hasta ese punto en el que empiezo a ser consciente de que lo que pase no tendrá -posiblemente - nada que ver conmigo.

Os aseguro que es una sensación curiosa.

Consecuencias