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miércoles. 06.07.2022

En la mitología griega, Penteo era un rey de Tebas, hijo de Equión y de Ägave, hija a su vez de Cadmo, el fundador de Tebas y de la diosa Harmonía. Así aparece en la tragedia de las Heracles y Bacantes de Eurípides. El nombre de Penteo significa “hombre de las penas”, nombre destinado a la tragedia. Cadmo abdicó en favor de Penteo a causa de su avanzada edad. Este prohibió el culto a Dionisio, hijo de su tía Sémel y no permitió que las mujeres participaran en sus ritos.

Dionisio propició que Ágave y sus hermanas, Ino y Autónoe, se marcharan al monte Citerón en un frenesí báquico. En el encuentro entre Baco y Penteo, el dios le pregunta si quiere ir al Citerón para poder detener la bacanal y una vez convencido de la necesidad de ir al monte, le propone vestirse de mujer. Esta inversión que supone el travestismo respecto a la escena anterior de la tragedia de Eurípides de entrada con armas del guerrero para salvar a Tebas, y aquí huye vestido de mujer. El travestismo de Penteo no constituye la total asimilación con lo femenino porque no hay “castración” y se continúa usando el género masculino.

El Cambio de ropas no solo trasforma al hijo de Ägave en mujer sino también en chivo expiatorio. Las hijas de Cadmo vieron a Penteo en un árbol confundiéndole con un animal salvaje. Penteo fue derribado y desgarrado miembro a miembro por ellas.

El intercambio de ropas pasó de ser un fenómeno central de la esfera religiosa en la antigüedad, a ser considerado a fines del siglo XIX como una enfermedad, una desviación sexual respecto a la conducta normal del heterosexual, después de un largo período de criminalización y de encierro en prisiones. Así, en la tragedia de Eurípides el cambio de ropas se muestra como un síntoma del trastorno psicológico del rey.

Propongo usar en psicología el Complejo de Penteo para denominar una alteración de identidad de género. En el manual CIE-10 de la OMS se cataloga de travestismo a un trastorno de género, categoría que forma parte de los trastornos de la personalidad y del comportamiento en adultos. La definición es la siguiente: “llevar ropas del sexo opuesto durante una parte de la propia existencia a fin de disfrutar de la experiencia transitoria de pertenecer al sexo opuesto, pero sin ningún deseo de llevar a cabo un cambio de sexo permanente y menos aún de ser sometido a una intervención quirúrgica para ello”.

El último rasgo marca el diagnóstico diferencial entre travestismo y transexualismo, que consiste en el deseo de vivir y ser aceptado como un miembro del sexo opuesto, que suele acompañarse por sentimientos de malestar o desacuerdo con el sexo anatómico propio y de deseos de someterse a tratamiento quirúrgico u hormonal para conseguirlo.

En cuanto a la óptica psicoanalítica, en un principio se consideró como un tipo de perversión sexual. Actualmente el Psicoanálisis de orientación lacaniana estima que puede haber travestis en cualquiera de estas estructuras psicopatológicas, neurosis, psicosis y perversión sexual. Interesa destacar aquí la excitación sexual que el sujeto manifiesta al vestirse con ropaje del sexo opuesto, lo que supone tener un lugar privilegiado para la mirada del Otro. Algo de eso se percibe en el episodio cuarto de la tragedia de Eurípides, cuando Dionisio le pregunta a Penteo cómo se ve disfrazado de bacante. Eurípides establece como un síntoma patológico el cambio de ropa y marca diferencias con la tradición del teatro griego en que se contemplaba como una conducta ritual.

Complejo de Penteo