'Tokyo Zombie', de Yusaku Hanakuma: zombies, punk y belleza en lo torpe
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Pablo D. Santonja | @datosantonja
Hay cómics que entran por los ojos: trazos limpios, perspectiva perfecta, anatomías de manual. Y luego está Tokio Zombie, de Yusaku Hanakuma, una obra que se planta ante el lector con una especie de desafío: “Olvídate de todo eso. Aquí vamos a jugar con otras reglas”.
Editado en España por Autsaider Cómics, ese sello inclasificable que ya nos tiene acostumbrados a publicar rarezas necesarias, Tokio Zombie es un manga que se enmarca en el movimiento heta-uma. Traducido libremente como “malo-pero-bueno”, este término nacido en los círculos underground japoneses de los años 70 y 80 describe una estética donde lo burdo, lo “mal hecho” o lo amateur no solo es válido, sino que tiene un valor propio. Es una especie de punk visual que apuesta por la expresividad y la intención, por encima de la técnica tradicional.
Al abrir este cómic, lo primero que te golpea es el dibujo: personajes con ojos desiguales, líneas que tiemblan, fondos que apenas existen. Parece —y este es su poder— que cualquiera podría haberlo hecho. Pero esa “torpeza” es precisamente lo que le da su fuerza. Como en los mejores ejemplos del heta-uma, el estilo no busca la belleza clásica, sino una especie de crudeza directa, casi visceral.
Hanakuma no está interesado en el realismo. Sus zombis no dan miedo por cómo están dibujados, sino por lo que representan. Sus protagonistas, con caras inexpresivas y cuerpos desproporcionados, son vehículos de una historia donde lo grotesco se mezcla con lo cotidiano. Y ese contraste, entre lo apocalíptico y lo mundano, entre el trazo simple y la idea compleja, es donde Tokyo Zombie encuentra su tono único.
La historia podría parecer simple: un brote zombi asola Tokio, y un puñado de personajes trata de sobrevivir en medio del caos. Pero Tokyo Zombie no va de tiros ni de escenas espectaculares. Va de lo absurdo de la situación, del humor negro que emerge cuando todo se va al carajo. Los diálogos, sin ser densos, tienen chispa. A veces parecen absurdos, casi improvisados, pero esconden una mirada crítica y afilada hacia la sociedad japonesa contemporánea. La burocracia, el trabajo alienante, la cultura del conformismo, el aislamiento urbano… todo eso aparece, disfrazado de comedia macabra, que termina siendo un alegato de libertad anti-burgués. En ese sentido, Hanakuma está más cerca del mantra “eat the rich” que de George A. Romero: lo suyo es una crítica social disfrazada de película de serie B.
Además, el ritmo es impecable. La lectura fluye a toda velocidad, como si el trazo crudo del dibujo empujara también la historia hacia adelante. No hay escenas de relleno, ni explicaciones innecesarias. Es acción, extrañeza y humor, todo al mismo tiempo.
Vale la pena detenerse un momento en este concepto del heta-uma, porque más allá de lo estético, encierra una filosofía. Es una forma de romper con el academicismo, de decir que lo verdaderamente importante no es “dibujar bien”, sino tener algo que contar.. Y Hanakuma lo tiene. Frente a la industria del manga comercial, donde muchas obras son producciones casi en cadena, Tokyo Zombie representa el lado salvaje, libre, del medio.
Hay algo profundamente honesto en estas páginas. Una especie de desnudez artística que, en su aparente torpeza, te conecta con el autor de forma directa. Como si no hubiera filtros. Como si Hanakuma te dijera: “esto es lo que pienso, así lo dibujo, y si no te gusta, también está bien”.
La edición de Autsaider es, como siempre, coherente con el espíritu del libro. Papel de buen gramaje, impresión cuidada, sin artificios ni florituras innecesarias. Hanakuma llega a nuestras manos sin traducciones edulcoradas ni correcciones de estilo: tal como es, con toda su fuerza.
Además, es refrescante encontrar este tipo de obras publicadas en castellano. El manga alternativo, el que se aleja de los shonen, los seinen y las historias de instituto con tramas infinitas, sigue siendo un terreno poco explorado en nuestras librerías. Y Tokyo Zombie viene a recordarnos que el manga también puede ser raro, salvaje, y profundamente personal.
Tokyo Zombie no es un manga para todo el mundo. Y eso es precisamente lo que lo hace especial. Es una obra que desconcierta, pero que también hace disfrutar de otra manera de narrar. Si te atraen las estéticas punk, lo outsider, lo underground, este libro es una joya.
Así que ya sabes: si ves esta portada en tu tienda de cómics y te echa un poco para atrás... ábrelo. A veces, lo feo también sabe morder de maravilla.